Pascale Warda "El impacto geopolítico de la guerra de Iraq"
Antes de entrar en el tema, permítanme recordar muy brevemente la historia un tanto ensombrecida de Iraq, en otro tiempo Mesopotamia.
A lo largo de la antigüedad, como en los tiempos modernos, Iraq ha pasado por diversas guerras. No obstante, si nos detenemos en la historia antigua, veremos que Mesopotamia estuvo en el origen de descubrimientos científicos como la astrología, la medicina, la escritura, las matemáticas, la geometría, el arte y la música, pero también de la industria de la guerra, la construcción, la división y la organización del tiempo, así como la primera ordenación de las leyes, de lo cual el famoso código de Hammurabi constituye la prueba de este florecimiento de la civilización mesopotámica.
Se trataba de una sociedad preocupada por la autoorganización pública, que practicó desde antiguo la confianza en los medios legislativos para legitimar la autoridad. El auspicio de la ley es percibido como fundamental para el mantenimiento, por un lado, de los derechos humanos vivos en la sociedad, y, por otro, para la salvaguarda de su rica herencia de logros. Esta fuerza creativa hizo de Iraq cuna de civilizaciones, heredera de los sumerios, acadios, babilonios, asirios… Caldea –patria del patriarca Abraham y antes el país de los dos ríos– representa igualmente el primer lugar de espiritualidad y fe en lo invisible, del cual los Reyes Magos fueron el testimonio ante el mensaje del nacimiento de Jesús. Desgraciadamente, todo esto sufrió un retroceso gradual de su importancia desde la caída de Nínive en 612 a. C.
¿Por qué?
Sin duda las razones son múltiples: desde su emplazamiento geográfico estratégico en el corazón de la región, entre Oriente y Oriente medio, donde todas sus fronteras son accesibles, ya sea a nivel terrestre, aéreo e incluso marítimo, a través del golfo pérsico. De la misma manera, la fuerza económica que Iraq posee, a la vez que su potencial humano, con una gran diversidad de capacidades a todos los niveles, le hacen objeto de atracción regional e internacional. En su historia de casi 7.000 años, Iraq es el país más invadido del mundo.
Iraq es la segunda reserva petrolífera mundial
Iraq ha carecido, a lo largo de su historia moderna, de líderes políticos fuertes que mantuvieran un régimen equilibrado capaz de respetar los derechos del hombre y de administrar las abundantes riquezas, que en principio deben pertenecer al pueblo iraquí. Sin embargo, durante casi cuatro décadas, el 95% de esas riquezas han sido dilapidadas por los adeptos de la dictadura sadamista en el interior y en el exterior del país, en compra de armamento o como mero provecho personal. No fue utilizado más que un 5% para satisfacer las necesidades del pueblo. Sin embargo Iraq es el segundo país del mundo en reserva petrolífera. Poseee 120.000 millonesde barriles de petróleo, y es el cuarto país del mundo en gas natural. Igualmente Iraq tiene un importante potencial turístico, tanto religioso, por sus antiguos monumentos, cuanto por su belleza natural, hasta el punto de que el norte del país es llamado la Suiza de Oriente. Además, está la agricultura y otras materias primas todavía no explotadas. Pero es por todos los ataques sin parangón a los derechos humanos en Iraq, que se hace necesario poner fin al periodo miserable que ha llevado al país de guerra en guerra, donde hasta en el presente los iraquíes no dejan de experimentar las consecuencias de la pobreza y la inseguridad, en las cuales lo que han ganado es un acrecentamiento de las injerencias extranjeras en los asuntos internos, lo que ha conducido a una invasión, una vez más, en la primavera de 2003 de los americanos y sus aliados.
El pasado régimen no solamente destruyó las relaciones internacionales iraquíes, sino que cercenó el vínculo político con las Naciones Unidas, así como, desde el fin de los años 80 del siglo XX, con la mayor parte de países del mundo.
El Consejo de Seguridad impuso sanciones económicas sobre Iraq, lo que ha producido hasta hoy enormes consecuencias en el terreno económico, sanitario, socio-educativo-cultural y de seguridad, que han empeorado, después de la caída del régimen, a causa de las negligencias que han deteriorado las infraestructuras. Esto se ha proyectado también sobre los lazos sociales y psicológicos que vivía el pueblo iraquí con sus diversos grupos sociales, culturales, religiosos… Hoy una de las más grandes pruebas de este impacto negativo es la corrupción administrativa y financiera, uno de los retos más importantes que las autoridades iraquíes deben resolver para abrir el camino a la reconstrucción y el desarrollo de un nuevo Iraq.
El nuevo régimen
Iraq vive la alegría de haberse desembarazado de un régimen que lo ha aplastado durante 35 años, y creía que sería recompensado con un nuevo sistema dotado de los principios de la democracia, a favor del cual el pueblo iraquí mostró su testimonio inmediatamente después de la invasión americana en 2003. Esto se hizo patente a través de las manifestaciones que llenaron Bagdad y que fueron un signo de práctica democrática. Ha habido también libertad de opinión y libertad de los medios de comunicación, multiplicándose los periódicos, radios, televisiones… Es la primera vez en su historia que el pueblo iraquí se expresa libremente. Igualmente, goza del derecho de reunión y de libre desplazamiento, así como de acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación, móviles o internet (Sadam condenaba a la pena de muerte sin juicio a cualquiera que poseyera un ordenador o una antena parabólica en su casa).
Así, el gobierno provisional, denominado Consejo Político Provisional, fue nombrado por la Autoridad Provisional (CPA) en julio de 2003 para asegurar un gobierno provisional iraquí después de la declaración del fin de los combates por el presidente Bush.
Las responsabilidades de los Estados Unidos y de la Gran Bretaña cambian de misión, siguiendo las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas 1483, por la exigencia no sólo de las fuerzas aliadas de promover el bienestar y la seguridad de los iraquíes, sino también para ayudarles en su derecho de autodeterminarse en sus territorios, garantizándoles los medios de crear su primer gobierno provisional (el que tomó el poder del 28 de junio de 2004 a abril de 2005), en el que yo misma fui nombrada ministra de Migración y Desplazamiento, y que tenía, entre otras, la misión de organizar las primeras elecciones del parlamento provisional, que, a su vez, formó el gobierno provisional en la primavera de 2005 para llegar al referéndum de 2005 de la nueva Constitución.
En las elecciones de enero de 2006, se eligió el gobierno llamado de “unión nacional”, representado en la persona de su primer ministro, Jalad Noury Kamil Almamiky, actualmente presionado por la influencia de las milicias.
Lo negativo no desalienta a los iraquíes
Ciertamente, todo esto no ha ocurrido sin la corrupción y desviaciones que ejercen las diferentes partes en el poder, como la practicada durante las elecciones en las regiones de la llanura de Nínive y otras, donde los asirio-caldeos, los shabacs y los yazidíes han sido privados impunemente de su derecho a voto en los grandes comicios, por la acción de las milicias. El reconocimiento del referéndum de la Constitución fue un logro, aun cuando Mosul y otras regiones se opusieron votando en contra. La corrupción caracterizaba al comité de las elecciones de una manera insolente. La Constitución pasó, a pesar de los múltiples defectos y problemas que contiene, porque era necesario que fuera aprobada con toda rapidez para cumplir el programa de las fuerzas multinacionales, llamadas, más pronto o más tarde, a abandonar el territorio iraquí, una vez las fuerzas nacionales estén preparadas para asumir toda la responsabilidad en seguridad.
Sin embargo el pueblo iraquí soporta con coraje estas circunstancias a pesar de sus inconvenientes y aspectos negativos. Se halla en el buen camino hacia la democratización del país, aunque difícil y desgraciadamente sangriento, pero portador de esperanza para el futuro. En la actualidad, los resultados de esta experiencia están lejos de ser satisfactorios, pues han surgido de soluciones parciales no exitosas, realizadas con métodos inadecuados y corruptos, fundados sobre compromisos parapolíticos entre algunos grupos influyentes de los partidos políticos en el poder. Por otro lado es esto precisamente lo que ha agravado la situación en las ciudades iraquíes, como Bagdad, Ramada, Dyala, Mosul, Kirkuk, Telaafar y otras, sin olvidar la degradación progresiva de los servicios públicos.
La incapacidad política de los líderes en Iraq
La razón fundamental de esta degradación no es sólo financiera y de seguridad, pues una mejora tangible se realizó con el aumento de los salarios de 3.000 dinares (con un valor de menos de 2 dólares USA) a 300- 500 dólares por mes, después de la caída del régimen, mientras que el valor de la moneda iraquí es el mismo. Y el balance presupuestario anual del gobierno iraquí de 2007 es de 41.1 mil millones de dólares, con los que la administración actual debe estar en situación de financiar el servicio público iraquí a fin de procurar la vida normal de los ciudadanos.
¿Cuál es, pues, la solución?
La crisis política iraquí, que se remonta muchos años atrás, demuestra que la solución requerida es, sobre todo, “política”, contrariamente a la insistencia en la situación de inseguridad que muchos se empeñan en acentuar. Porque sería ilógico creer que la vida se para por completo. La inseguridad, cada vez más grave, no es sino el resultado normal de la falta de “mentalidad política”, que precisa ser total y seriamente reformada, y formada, de acuerdo con los principios democráticos. Sobre todo porque los políticos iraquíes de hoy piensan que ellos son los únicos capaces de ser los jefes de su partido, los únicos en el gobierno y en el parlamento porque no tienen fe sino en ellos mismos, ¡y esto sucede tanto al nivel de los pequeños como de los grandes partidos!
Hasta el momento, ningún partenaire político iraquí ha aceptado ceder un poco de sus propias y estrechas prioridades y metas con el fin de lograr el diálogo esperado por el pueblo a nivel nacional, sea bajo el título de reconciliación nacional o de cualquiera de las vías capaces de reunir actualmente al mayor número posible de partenaires políticos en el poder. Dicho de otro modo, la incoherencia y la divergencia de la política iraquí se incrementa porque no hay una solución política promovida por los leaderships, capaz no sólo de asegurar la autoridad y la soberanía, sino de hacer de ella su prioridad fundamental, pero también de conseguir la unidad de objetivos que debe estar regida por los intereses y los derechos, continuamente violados, de los iraquíes. ¡Hay demasiadas gentes que representan el papel de políticos sin serlo realmente y esto desde hace casi un siglo!
La situación se complica cada vez más bajo la ocupación que hizo posible la liberación del pueblo iraquí de las atrocidades de Sadam. Pero casi todos los políticos iraquíes de hoy llegaron al poder sin un programa y una estrategia que arbitrara los medios y los cambios para un “después” de la caída del régimen totalitario. Esta falta de lo esencial les ha conducido a buscar soluciones según referencias religiosas, utilizando las divergencias sectoriales con el fin de aseguraruna cantidad de votos que adquirieron en las llamadas elecciones democráticas.
Consecuentemente, han llegado al poder, por el cual luchan y en el que desean permanecer a todo precio, para administrar las riquezas, de manera que no se observa una gran diferencia con el sistema dictador del que son herederos, habiéndose convertido en políticos de su misma escuela.
La solución debe ser política
Sólo con soluciones políticas lograrán los políticos imponer seguridad y respeto por las leyes. Ésta es la condición necesaria para lograr nuevas estrategias o un plan que consiga la seguridad en las zonas rurales o en las ciudades afectadas por la violencia terrorista. Esta victoria sólo será posible una vez desarmadas las milicias, y cuando las armas estén en poder únicamente del ejército y la policía. Porque estas milicias, que antes tenían una cierta importancia, no son ya necesarias. Así pues, como en todo el mundo, la dignidad y la protección del país es deber y responsabilidad de las fuerzas armadas nacionales oficiales, dotadas de la aptitud legal de representar y defender a todos los iraquíes sin discriminación, tal y como declaró en su discurso el señor Almaliky durante su nominación como primer ministro del nuevo gobierno iraquí.
Puesto que desde la declaración de recuperación del poder por los iraquíes en mayo de 2004, la prioridad de los americanos y de sus aliados no representa necesariamente los intereses iraquíes, sino sobre todo sus propios intereses y estrategias a largo y corto plazo, quiero dejar bien claro que, para mí, la situación es responsabilidad de los políticos y de las diferentes instituciones iraquíes. Corresponde a los iraquíes llevar a cabo el desarrollo de su país, del cual han retomado las más altas competencias a todos los niveles, tanto legislativas como ejecutivas, jurídicas e incluso de seguridad en un gran número de regiones.
La democracia es como un edificio a reconstruir
La democracia debe desarrollar sus principios fundamentales, y así tiene que pasar en Iraq. La democracia es como un edificio a reconstruir. Las instituciones, supuestamente formadas democráticamente con sus principales consejos, no están todavía en disposición de practicar los principios democráticos, que los políticos deben asumir bajo su entera responsabilidad, pero no en base al reparto o descentralización de los poderes y de las tareas administrativas fundándolas sobre el principio de pertenencia sectorial o de discriminación, tal y como lo he vivido de cerca a nivel administrativo en el parlamento iraquí; hasta el punto que ello se utiliza sin ocultamiento para justificar los fraudes contra las leyes, practicados por las autoridades actuales, comenzando por las más altas entre ellas. Es más que evidente que no solamente ellos están satisfechos de esta situación, sino que buscan cada vez más explotar la mejor vía para arreglar las cuentas con sus partenaires. Y esto no lo llevan a cabo únicamente los grandes partidos, sino también algunos que no tienen ni un solo representante.
La noción de servicio público
En Iraq se está todavía lejos de concebir la tarea pública como servicio, sino que se interpreta como si fuera la mejor oportunidad, que no debe dejarse escapar, de progreso para el beneficio personal, familiar o sectorial. Existe un problema en la comprensión misma de la noción de “servicio público”, con una generación política no dispuesta a adquirir compromisos importantes ni ponerse seriamente al trabajo de diseñar políticas y estrategias con los mecanismos adecuados para asumir sus pesadas responsabilidades, agravadas por soluciones parciales y sectoriales. Existe demasiada diversidad cultural, política, religiosa, regional, y no una referencia que a los ojos de los iraquíes esté dotada de derecho preponderante y aceptada por todos. Aun cuando las referencias religiosas tienen asegurado un respeto inmenso de todos los iraquíes, toda pertenencia marca una fractura. Es aquí donde se oculta el nudo fundamental del problema iraquí, en las divergencias esenciales de los principios sectoriales, que, incapaces de reunir las diferentes tendencias políticas, se imponen como un hecho cerrado. Sin embargo el pueblo iraquí está lejos de admitir un sistema como el de Welaya al Faqih, a la manera iraní, por ejemplo, que hace depender las autoridades políticas de la supremacía religiosa.
Esto, evidentemente, representa un debilitamiento de hecho para el jefe del gobierno y los otros cargos políticos o administrativos. El derecho del primer ministro de formar su consejo de ministros se halla inhabilitado por los jefes de las listas parlamentarias o de los grupos políticos. El resultado es que el gobierno se encuentra paralizado y sometido a frecuentes cambios de ministros e incluso del gabinete entero. Todo esto entorpece el derecho de los iraquíes a reconstruir su país y a salir de la vida inhumana que vienen sufriendo desde decenios. Es a partir de estos hechos, surgidos tras la composición del primer consejo político promovido por Paul Brimer, que estas perturbaciones del espíritu político se han hecho patentes, y también la desviación de los políticos que siempre vi luchar por la causa nacional iraquí de liberación de un régimen que ha asfixiado la existencia a lo largo de 35 años de dictadura y de tiranía contra los grupos iraquíes sin distinción.
La diversidad en Iraq no es un descubrimiento americano
Este país de antiguas civilizaciones vive en la diversidad étnica y religiosa, donde creencias diferentes al cristianismo y al islam perduran a pesar de las persecuciones continuas, como los yazidíes, o los mandeanos (seguidores de Juan el Bautista, que no han admitido la preeminencia de Jesús sobre el Bautista).
Por tanto, la utilización de esta diversidad no es sino una carta a jugar al mismo tiempo por los grupos políticos en el interior de Iraq y por los países que apoyan a dichos grupos con el fin de truncar de antemano el paso inevitable de Iraq de un régimen tiránico a uno democrático, reivindicado hoy día por todos los participantes en el poder. Separar la religión de la política es el deseo claro de la mayoría de los iraquíes para la creación de un Estado neutro, que yo prefiero no calificar de laico en el sentido iraquí del término. Porque siendo una sociedad creyente de forma casi absolutamente mayoritaria, de mezcladas tendencias religiosas, el término laico se interpreta mal. Todas las facciones políticas, incluida la islamista moderada, desean tender hacia un país institucionalizado y libre donde se respeten los valores espirituales. La mayoría de las mujeres que se manifestaron en 2004-2005 para abolir la decisión 137 que estipula la eliminación del código de 1959 para imponer la sharí’a islámica como único fundamento de las leyes, eras mujeres musulmanas, que gritaban: “No queremos volver al año 1500”. Hoy, con la gran influencia de los medios de comunicación, especialmente en Europa, todo este trabajo parece irreal, y nosotros los iraquíes hacemos un llamamiento a los países, pues no deberían dejar caer el gran esfuerzo requerido para un cambio de tal envergadura, como los europeos mismos han vivido en los últimos siglos, y que para proteger su tranquilidad y prosperidad deberían ayudarnos en la lucha por nuestro progreso.
El Iraq de hoy vive en una inestabilidad política que fue acentuada por los errores americanos que propiciaron el debilitamiento del ejército, así como el hecho de dejar las fronteras abiertas, lo que ha permitido a los países vecinos, por un lado, interferir en los asuntos internos de Iraq, y, por otro, la indiferencia ante el paso de terroristas. Pero también la responsabilidad es de los iraquíes, que no han respetado la ley de “desbaathificación” para distinguir a los opresores del pasado régimen del resto de los baathistas que no eran necesariamente criminales. En la administración ha habido una utilización de esta ley de una manera ilegal, practicada por los ministros para admitir las demandas de los partidos políticos influyentes. Todo esto fue como una provocación por la cual un número importante de iraquíes se libraron a las acciones destructivas actuales.
Los desequilibrios
La última guerra de invasión de Iraq, que nosotros llamamos “el cambio” o incluso la “liberación”, del 9 de abril de 2003, certificó un cambio y un desequilibrio geopolítico, no solamente en Iraq, sino también a nivel regional y mundial, que más allá de la región medio-oriental causa repercusiones internacionales a los europeos, a los Estados Unidos y a sus aliados. Es posible calificar este acontecimiento histórico de “guerra mundial no declarada”. La incoherencia y la inestabilidad política produce un impacto singular sobre Iraq y sobre la economía mundial: el precio del petróleo ha triplicado su valor, la inestabilidad del dólar, el alza de valor del euro… Ha habido también un enfrentamiento entre Inglaterra, que se ha alineado con los Estados Unidos, además de algunos otros países europeos, como España, Italia, Polonia y otros países de la Europa del Este, que han enviado sus tropas, frente a Francia y la mayor parte de los europeos que han rechazado la guerra de Iraq. A nivel de Oriente medio y la región del Golfo, la caída de Sadam, que representaba una fuerza de sostén para los países árabes (sunitas), ha reorganizado un cierto equilibrio en frente y contra la influencia iraní (chiítas). Esto ha sido acentuado por el desmantelamiento del ejército iraquí de un lado, y, por otro, por causa de la inexistencia de una autoridad y un poder fuerte y capaz en Iraq de contrariar a los Estados Unidos.
Así, la influencia iraní aparece particularmente en el sur, donde Irán fortalece las actividades chiítas, lo que produce interferencias políticas y económicas, y también de seguridad. Mientras Siria sostiene a los nacionalistas árabes y a los baathistas, que utilizan su territorio para mantener sus lazos en el interior. Este es uno de los factores más fuertes que hace perdurar la situación de desorden y de inestabilidad, y consecuentemente, procurar un abrigo para los que escapan a la justicia. Dicho de otro modo, el incremento de la indiferencia con respecto a la seguridad concerniente al mantenimiento de sus fronteras, se ha convertido en puerta fácil para la penetración de terroristas en Iraq.
Turquía contempla las inquietudes seguidas de amenazas, vista la debilidad de la autoridad central iraquí y las previsiones de la constitución concernientes al futuro de Kirkuk, el federalismo y las reivindicaciones kurdas no sólo para incluir Kirkuk bajo su autoridad regional, sino igualmente las regiones de Dyala, la llanura de Nínive y de Mosul también. Esta inquietud consiste en evitar un eventual progreso del proyecto kurdo iraquí para su separación de Iraq, con la meta de una independencia que Turquía teme contagiosa en su sudeste, donde especialmente hace frente a los movimientos kurdos sobre sus territorios. Palestina percibe la caída de Sadam como una muestra evidente del sostén financiero y político que refuerza la balanza en provecho de Israel y aumenta los factores de su fuerza y de sus influencias. Por otro lado, existe un esfuerzo israelí para que la inestabilidad perdure en Iraq. Israel ve la posibilidad de un Iraq fuerte y próspero económicamente como un factor de amenaza contra su existencia, puesto que Iraq no ha firmado ningún acuerdo de paz, mientras que un Iraq débil sirve a sus intereses y su seguridad. Incluso Jordania, después del cese del petróleo gratuito que recibía, comienza también, tras la caída del régimen, a ejercer presiones sobre las autoridades iraquíes, siendo más exigente con los refugiados en su territorio. Jordania acoge hoy un gran número de recursos humanos iraquíes, y también un gran número de inversores. Hombres de negocios y grandes sociedades que, por la situación de inseguridad, han abandonado Iraq.
A causa de la influencias iraníes que utilizan a los chíitas, los países del Golfo, y a su cabeza Arabia Saudí, e incluso Kuwait, que ha colaborado con fuerza en la abolición del régimen de Sadam, se inquietan, al igual que Egipto. Todos ellos han reclamado una reunión excepcional con el ministro de Asuntos Exteriores americano para ponerle en guardia del peligro chiíta, sustentado, según su opinión, por las influencias iraníes a través de la lista chiíta de la Coalición Iraquí Unida, que es una lista enteramente chiíta.
Los flujos de una migración colosal
Las realidades mencionadas más arriba causan un flujo de migrantes bajo diversas formas: desplazados internos y externos hacia diferentes regiones, y al mismo tiempo hacia países vecinos. Según el ministerio de Migración y Desplazamiento, Iraq está en el primer rango en número de emigrantes en el mundo, entre 5 y 6 millones de personas, si no más, de los cuales, según estimación del HCR, 1,2 se encuentran en Siria, y quizá el doble en Jordania, en Turquía y en los países del Golfo. Es un flujo colosal. Ello representa un problema para estos países, que difícilmente pueden poner a su servicio los alojamientos precisos, aunque la mayor parte llega con una capacidad financiera tentadora y rápidamente realizan proyectos que contribuyen a la activación del país de acogida.
La incoherencia se halla entre los políticos y no en el pueblo
Los desplazamientos por razones sectoriales han marcado muchos barrios en Bagdad, durante un periodo en el que las incoherencias se han acentuado entre los diferentes grupos políticos que no llegan a sentarse juntos –desgraciadamente, hasta el presente– incapaces de discutir los problemas que los separan. Porque el pueblo está lejos de esta mentalidad, si no es presionado por esas mencionadas tendencias políticas. En términos de mis relaciones de todos los días con estas diferentes pertenencias culturales, religiosas, étnicas… puedo asegurarles que raramente hay personas que se enfrenten con otras. Al contrario, todo el mundo denuncia esta situación “sunnita-chiíta”, e incluso acusan claramente a las autoridades y a las listas concurrentes, pero también a las fuerzas multinacionales, a las cuales tachan de indiferentes y de no llegar a dominar esta dura realidad de discriminación considerada por todos los iraquíes como una manipulación extranjera. Es a partir de este hecho que los iraquíes no se librarán a una guerra civil, incluso si los medios de comunicación intentan precipitarla, por su artificio de presentar los acontecimientos de manera sensacionalista, logrando una verdadera desinformación con el fin de deformar la opinión pública en provecho de manipulaciones políticas, sobre todo en Europa, pero también en los Estados Unidos.
La retirada de las fuerzas españolas es un ejemplo por excelencia de cómo las repercusiones de estas manipulaciones han causado efectos geopolíticos importantes, que han afectado a corto término a la situación política interior en España, pero también a las estrategias españolas en Iraq. Incluso estas influencias mediáticas han jugado su papel sobre los grandes aliados de los americanos, los británicos, que han sido obligados, por respeto a la opinión pública, a retirarse de Basora. Puede ser que con estos últimos exista una diferencia, que consiste en que el ejército iraquí se siente con capacidad de garantizar la seguridad de la región.
El éxito de la democratización en Iraq
Para concluir, podemos afirmar que la autoridad de las fuerzas multinacionales en el affaire Iraq, juntamente con las autoridades iraquíes, se ha convertido, cada vez más, en la única superpotencia. Es preciso que el mundo vea sin ninguna ambigüedad que el éxito de la experiencia de la democratización de Iraq no es solamente la victoria de la democracia, o todavía una victoria americana concebida como reforzamiento americano para ser cada vez más la superpotencia del mundo, sino que es también la victoria sobre el terrorismo que tiene al mundo entero como objetivo. Y ningún país es el ejemplo de la oscuridad del terrorismo, puesto que éste ataca a los seres humanos en sus valores más fundamentales. Los atentados en Argelia, Marruecos más recientemente, y antes en España y otros lugares son los ejemplos explícitos de ello, lejos de ser una especie de contrarreacción a la presencia de los americanos, tal y como los políticos quieren hacer creer para obtener los mayores beneficios políticos posibles y necesarios para sus estrategias a corto plazo. Hace falta, según mi opinión, que Europa no aplauda si los americanos no triunfan en Iraq. Porque el pueblo iraquí merece ser ayudado para reconstruir su país o desarrollarlo, ya que es esto lo que falta, y la ocupación encontrará su término para retornar a su casa, pronto o tarde. El intercambio es, en todos los sentidos, la condición sine qua non para conseguir un mundo nuevo. Incluso la apertura del país es requerida no sólo para el provecho de los iraquíes solamente, sino para el provecho de los países que pueden aportar a los iraquíes su tecnología, sus instrumentos de democratización validados por tantos años de experiencia, de los cuales Iraq tiene una gran y urgente necesidad. Porque éste no es un país eternamente al abrigo de la ayuda humanitaria, sino un país rico y capaz de participar en la mejora de la historia humana.
© Pascale Warda
Traducción de Rosa María Rodríguez Magda
Pascale Warda nació en Duhok - Dawidya en 1961, en el seno de una familia asiria, perteneciente a la Iglesia Católica Caldea. Diplomada en Estudios de Derechos Humanos por la Universidad Católica de Lyon. Ha sido representante del Movimiento Democrático Asirio (ADM) en Francia, así como cofundadora de la Sociedad de Derechos Humanos Iraquí. En 2001, regresó a Iraq y fue elegida presidenta de la Unión de Mujeres Asirias. Entre 2004 y 2005 fue ministra de Migración y Desplazamiento en el gobierno de Iraq. (El presente texto fue leído en Valencia el 18 de abril de 2007, como conferencia inaugural del curso “Europa y el Islam: El futuro de las identidades culturales”, celebrado en la UIMP de esta ciudad, organizado por la directora y el jefe de redacción de esta revista).
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