Debats 85 Verano 2004 - ESPAIS

Marx y el marxismo

I. Cuando el comunismo soviético se derrumbó a finales del S. XX, nadie podía afirmar que este había fracasado por una cuestión técnica. Sería difícil imaginar un colapso más ignominioso estatal (moral, material e intelectual). El comunismo había tiranizado y empobrecido a sus súbditos, y había asesinado a cientos de miles de ellos. Durante décadas de régimen comunista en la Unión Soviética y en sus países satélites, cualquier alusión a los confirmados y oficialmente declarados objetivos y fines de la doctrina comunista (igualdad, libertad de ser explotados los individuos, verdadera justicia, etc.) habría provocado sólo una sonrisa amarga. Finalmente, cuando los monumentos fueron derribados, las estatuas de Karl Marx fueron desfiguradas con el mismo rencor que las de Lenin y Stalin. El comunismo fue repudiado, tanto como teoría como práctica, sus exponentes fueron apartados de la escena política y social, tanto los fundadores intelectuales como los sociópatas gobernantes.

La gente en el oeste, cuyo juicio no estaba distorsionado por el hecho de haber vivido en el sistema que inspiró Marx, en su mayoría llegaron a una visión del fenómeno marxista mas desapasionada. Los occidentales tendían a pensar que Marx había sido mal interpretado. Estos pensaban que el comunismo de la Europa del Este y de la Unión Soviética fue una perversión del pensamiento de Marx. Lo que había ocurrido en aquellas tierras atrasadas e ignorantes habría horrorizado a Marx tanto como nos horroriza a nosotros. Tales acontecimientos no tenían nada que ver con las ideas de Marx.

Se sugiere, incluso, que Marx tenía razón sobre una gran cantidad de cuestiones (sobre una gran cantidad de cuestiones relativas al capitalismo, tales como las referentes a la globalización y a los mercados internacionales, a los ciclos económicos y sobre la forma en la que la economía forja las ideas). Marx era un visionario; esta palabra continúa surgiendo una y otra vez sobre su obra. Uno puede descartar totalmente al comunismo tal como se practicó en la Unión Soviética, en la Europa del Este (y en China y en Cuba y el que se ha proclamado en cualquier otra parte del mundo en el que se haya practicado), pero no desdeñar a Marx.

II. Parece que existe poco peligro de que ocurra esto. En 1999, la BBC realizó una serie de encuestas en las que preguntaba a la gente que dijera cuáles eran en su opinión los hombres y mujeres mas grandes del milenio. En Octubre de aquel año, pocas semanas después del décimo aniversario de la caída del muro de Berlín, la BBC hizo pública la elección que la gente había hecho de cuál era “el pensador más grande”. Este era Karl Marx. Einstein era el segundo, Newton y Darwin eran los tercero y cuarto respectivamente. “Aunque las dictaduras a lo largo del S. XIX han distorsionado las ideas originales de Marx, el programa de la BBC, financiado por el Estado, señalaba: “su trabajo como filósofo, como científico social, como historiador y como revolucionario es respetado hoy por los estudiosos del mundo académico”. Al menos, por lo que respecta al segundo aspecto, la BBC estaba en lo cierto: a Marx todavía hoy se le respeta.

Hay que admitir que, como campo de estudio académico, la teoría política y económica marxista ya no está en su momento más alto. Presumiblemente, a estas alturas, la mayoría de las cosas que Marx quiso decir, o que concebiblemente pudiera haber querido decir, han sido postuladas y adecuadamente debatidas, aunque lejos de haberse hecho esto de una manera concluyente o definitiva. Pero una disminución de la actividad analítica de la obra de Marxs dentro de las asombrosamente voluminosas fuentes primarias no es la mejor medida de la perdurable influencia intelectual de Marx. Los libros sobre Marx dirigidos a los estudiantes de la licenciatura y a los no especialistas continúan vendiéndose de forma continua en la Europa Occidental y en USA, y nuevos libros continúan apareciendo continuamente. La editorial Verso acaba de publicar, con recensiones laudatorias, la obra de Megna Desai Marx Revenge. Desai es profesor de Economía en la London School of Economics. Este autor argumenta que Marxs fue mal interpretado, y que este gran hombre estaba en lo cierto en muchas más ideas y teorías que aquellas por las que se le ha dado crédito. En agosto de 2002, la Oxford University Press publicó el libro Why Read Marxs Today?, escrito por Jonathan Wolff. También este libro es muy interesante de leer. El autor, un profesor del University College of London, es un hábil expositor y analista de la filosofía política. En su libro, Jonathan Wolff argumenta que Marx fue erróneamente interpretado, y que el gran hombre estaba en lo cierto en muchas más cuestiones que aquellas por las que se le da crédito. Las recientemente dadas a conocer memorias de Eric Hobsbawn, el famoso historiador y un impenitente miembro del parido comunista durante toda su vida hasta que murió, también merecen que se les mencione.

Las reseñas sobre las memorias de Hobsbawn son unas favorables y otras desfavorables. También Hobsbawn argumenta que Marx fue mal interpretado, y que el gran hombre también tenía razón en más temas de aquellos por los que se le había dado crédito.

Se puede decir que Adam Smith ocupa, en relación al capitalismo liberal, que es un orden económico comparativamente exitoso, aproximadamente el mismo lugar que Marx ocupa en relación al socialismo. Buscando en amazon.com y otras librerías, éstas muestran que los títulos impresos sobre Marx superan a los libros impresos sobre Adam Smith en una proporción entre cinco y diez. El dedicar un día a hojear las listas de lecturas de los estudiantes de la licenciatura sugiere que, en las Facultades de Ciencias Económicas, Adam Smith supera con creces a Marx (algo curioso, dado que Marx se consideraba a sí mismo principalmente como un economista). En las demás ciencias sociales y en las humanidades ocurre lo contrario. Como podía esperarse, Adam Smith raramente aparece en las listas de lectura obligatoria, a pesar del hecho de que en la obra de Adam Smith hay mucho más que economía, aunque parece que no hay forma de impedir el encontrar a las obras de Marx, de sus expositores y de sus discípulos por todas partes. Es la amplitud de la continua influencia de Marx, especialmente por contraposición con su extraña irrelevancia para la economía moderna, lo que resulta tan llamativo. ¿Cómo se puede explicar esto?. ¿Qué continúa siendo valioso, si es que algo lo es, en los escritos de Marx? Esta no es una cuestión fácil de contestar, dado que, evidentemente, el propio Marx tenía él mismo tales dificultades para hacerse comprender.

III. Cuando se lo proponía, Marx era un autor muy convincente, formulando epigramas agresivos de primera clase y a una velocidad impresionante. Las frases finales del Manifiesto Comunista (1848) son merecidamente célebres: “los trabajadores no tienen nada que perder excepto sus cadenas. Ellos tienen un mundo que ganar. Trabajadores del mundo uníos”. Marx también tenía una capacidad envidiable para los improperios históricos. En una ocasión, en El Capital (1867 - 1894) Marx define, de una forma que se hizo famosa, el objeto de su investigación como “trabajo muerto, que, como los vampiros, sólo vive chupando el trabajo vivo, y vive más cuanto más trabajo chupa”. Esta frase no sólo es inolvidable, sino que es también muy adecuada si uno cree en la teoría del valor trabajo de Marx. Este podía expresarse de una manera brillante cuando se lo proponía.

No obstante, Marx fue también capaz de escribir de una forma asombrosamente aburrida y de una complejidad impenetrable. Véanse las páginas iniciales de El Capital que retomaría después. En su trabajo científico, como él le llamaba, acuñó una jerga a un ritmo asombroso, subrayando términos para enfatizar su opacidad y después cambiando su significado cuando le parecía. Probablemente, lo que Marx creía en 1844 no era lo mismo que lo creía en 1874: la sola constante en su obra consiste en su convicción de lo que él había dicho en todo momento era la verdad absoluta, y además era de forma consistente con lo había dicho anteriormente. La mayoría de los escritos de Marx publicados, incluyendo El Manifiesto y los volúmenes II y III de El Capital fueron editados, corregidos o secretamente escritos por Friedrich Engels. En consecuencia, durante muchos años, separar lo que escribió Marx de lo que escribió Engels, en lo que el mundo entiende por la obra de Marx, es en sí mismo una industria académica.

Aun hoy día, cuatro cuestiones parecen ser cruciales y la mayoría del resto del pensamiento de Marx se deriva de ellas. La primera consiste en que Marx creía que las sociedades siguen leyes de un movimiento que lo abarca todo suficientemente como para poder hacer predicciones a largo plazo sobre la evolución de la historia que sean fructíferas. En segundo lugar, Marx creía que estas leyes tenían un carácter exclusivamente económico: lo que configura la sociedad, la sola cosa que conforma a la sociedad son las “fuerzas materiales de la producción”. En tercer lugar, él creía que estas leyes, hasta el fin de la historia, deben expresarse como una lucha feroz de clase contra clase. En cuarto lugar, Marx creía que al final de la historia, de las clases y del Estado (cuyo único fin estriba en representar los intereses de las clases gobernantes) deben disolverse para dar paso a un paraíso sobre la tierra.

¿En qué aspectos, entonces, el comunismo de estilo soviético fue una desviación de estas creencias, tal como los comunistas occidentales modernos gustan de argumentar? Se dice que principalmente ello se debió a que Rusia quiso ir demasiado deprisa. De acuerdo con las leyes del movimiento de la historia de Marx, se supone que la sociedad progresa desde el feudalismo al capitalismo, justo hasta aquel punto en el que el feudalismo crea dificultades a las fuerzas de producción en lugar de servirlas, como había hecho hasta el momento. Posteriormente, el capitalismo, a su vez, daría paso al socialismo, y, de una manera muy similar, este daría paso a la dictadura del proletariado. Una vez que el potencial productivo del capitalismo ha sido completamente alcanzado, de tal manera que, a partir de ese momento la continuación de su existencia es obstáculo para la suficiencia material en lugar de ser un medio para esta. Pero Rusia pasó directamente desde el feudalismo al socialismo. Este fenómeno ocurrió demasiado deprisa. Marx habría podido decirle a Lenin que este cambio no funcionaría nunca.

¿Es esto realmente lo que habría dicho Marx? No existe ninguna duda de que Lenin se creía un autentico seguidor de Marx, y él tenía toda la razón al considerarse como tal. A finales de S. XIX, el pensamiento socialista estaba ya dividiéndose en varias ramas. Las leyes del movimiento de la historia de Marx estaban mostrándose erróneas. El capitalismo todavía florecía. No había ningún signo de que la tasa de beneficios estuviera disminuyendo, de tal manera que anunciara el fin del capitalismo. La clase trabajadora estaba obteniendo el derecho al voto en todos los países industrializados. El Estado del Bienestar estaba empezando a tomar forma. Las condiciones de trabajo en las fábricas estaban mejorando, y los salarios estaban aumentando muy por encima del nivel de subsistencia. Todos estos fenómenos contradecían las leyes de Marx. En respuesta a esta situación, la izquierda empezó a dividirse. Por una parte, estaban los reformistas y los socialdemócratas, que veían que al capitalismo se le podía dar un rostro humano. De otro lado, estaban los que creían que el sistema de Marx podía ser llevado a la práctica, desarrollándolo y reformulandolo, manteniendo siempre su lógica subyacente y, lo que es fundamental y crucial, manteniendo y poniendo en primer lugar su espíritu revolucionario por contraposición a la postura evolucionista sobre las leyes de Marx.

¿Qué lado habría tomado Marx entre estas posturas? ¿Revolución o reforma? ¿Habría continuado insistiendo en que el vampiro fuera destruido?, ¿o se habría convertido en reformista, pidiendo de una forma amable que se chupara un poco menos de sangre? Parece poco probable que Marx hubiera tomado esta última postura. Él era un scholar, pero también un fanático y un revolucionario. Su incapacidad para alcanzar acuerdos y ceder en sus posturas, tanto con sus camaradas como, violentamente e intransigentemente con sus oponentes, era patológica, y el prefacio a la edición en ruso del Manifiesto Comunista de 1882 (su último escrito publicado) Marx esperaba que se produjera una revolución en Rusia, revolución que podría convertirse en “la señal para una revolución proletaria en el oeste, de tal manera que una complementara a la otra.” Si esto ocurría, Rusia, a pesar de sus características precapitalistas, “podría servir como el punto de partida para un desarrollo comunista”. Lenin, sin duda, estaba en lo cierto al creer que él y no aquellos timoratos burgueses acomodaticios era fiel al pensamiento del maestro.

IV. Incluso si el comunismo soviético fue fiel a las ideas de Marx, o al menos lo intentó, ello no condenaría todo el pensamiento de Marx. Este todavía podía haber estado en lo cierto sobre algunas cuestiones, posiblemente incluso sobre las cuestiones principales. Algunos aspectos de pensamiento impresionan aún hoy día. Sin embargo, sus muchas afirmaciones sobre el alcance de los mercados globales (una prueba favorita de que “Marx previó el futuro” se encuentra, de hecho, entre los mejores ejemplos). El S.XIX fue una era de globalización, y Marx fue sólo uno de los muchos pensadores que se dieron cuenta de ello. La crecientemente rápida integración global de los últimos 30 años únicamente continúa una tendencia que estaba teniendo lugar de una forma vigorosa durante la vida de Marx, y que fue posteriormente interrumpida en 1914.

Marx fue mucho más vigoroso en prever el poder productivo tremendo del capitalismo, vio que el capitalismo estimularía la innovación hasta un grado que las empresas gigantes llegarían a dominar las industrias del mundo (aunque no completamente en la forma en que él lo expresó). Con razón, subrayó la importancia de los ciclos económicos (aunque sus explicaciones de sus causas y sus consecuencias estaban equivocadas).

La paradoja central que Marx enfatiza (es decir, que su propia colosal productividad llevaría al capitalismo al fracaso, haciendo que el socialismo fuera materialmente posible y lógicamente necesario) resultó ser falsa. No obstante, Marx todavía podía, con razón, afirmar que él había presentado más claramente que otros la gran medida en la que el capitalismo determinaría las condiciones materiales del mundo. Y esto a su vez refleja algo más que exige al menos un respeto a su pensamiento: el sorprendente alcance y la ambición del pensamiento de Marx.

Pero continúa siendo cierto el hecho de que los temas que mas le importaban eran erróneos. El poder real que él pretendía que tuviera su sistema era de ser predictivo. Pero sus predicciones son unos irremediables fracasos. Por lo que respecta a su visión del capitalismo, uno puede siempre argumentar que Marx estaba equivocado en la previsión sobre cuándo se producirían sus defectos: al final, cuando el capitalismo haya agotado su curso, se demostraría que él tenía razón. Puesto que, de esta forma, este argumento, al igual que ocurre con muchas otras apologías que se han hecho sobre Marx, tiene la ventaja de que es imposible demostrar su falsedad. Pero esto no lo hace plausible. El problema con este argumento es que deja fuera de la escena a la clase. Esta es una sabia omisión, ya que la clase es una idea que se ha convertido en algo confuso, hasta el punto de no tener sentido. Sin embargo, el antagonismo de clase es indispensable para la visión del mundo de Marx. Sin este, incluso el capitalismo sucumbiría al estancamiento o al declive, ya que falta el mecanismo para derrumbarlo.

La lucha de clases es la condición sine qua non del marxismo. Pero la lucha de clases, si alguna vez existió, ha acabado. En las democracias occidentales hoy día, ¿quién elige quién gobierna y por cuánto tiempo?, ¿quién le dice a los gobiernos cómo han de ser reguladas las empresas? Esto lo hacen en buena medida Sus trabajadores asalariados; es decir, el proletariado. Y esto se debe a, y no a pesar de, las cosas que Marx más deploraba: la propiedad privada, los derechos políticos liberales y el mercado. Marx no podía haber estado más equivocado.

V. No obstante, el marxismo mantiene una gran influencia mas allá del decreciente número de los que se proclaman a sí mismos marxistas. La teoría del valor trabajo y el resto de la teoría económica de Marx puede que sea charlatanería intelectual, pero muchos de sus supuestos rasgos analíticos y hábitos de pensamiento están expandidos en el mundo académico occidental y en otras muchas esferas.

La idea fundamental de que la estructura económica determina todo ha sido especialmente perniciosa. Según este punto de vista, por ejemplo, el derecho a la propiedad privada solamente existe porque sirve a las relaciones de producción burguesas. Lo mismo se puede decir de cualquier otro derecho o libertad civil que uno encuentra en la sociedad actual. La idea de que tales derechos tienen una implicación moral más profunda es una ilusión. La misma moralidad es una ilusión, sólo otra arma mas de la clase gobernante. Como dijo el filosofo comunista húngaro Lukács: “La ética comunista hace que el más alto deber sea el actuar cruelmente... este es el más elevado sacrificio que nos pide la revolución.” La acción humana no tiene ningún efecto: somos meras víctimas del “sistema” hasta que lo repudiemos definitivamente.

Lo que se aplica en la ética también se aplica a la historia, la literatura y el resto de la humanidad y de las ciencias sociales. El marxismo “actual” los ve a todos tal como han sido comprendidos tradicionalmente, no como tenemos por la investigación intelectual desinteresada, sino como formas de un control social. Nunca preguntan lo que un pintor, un escritor de teatro o un filósofo pensaba que estaba haciendo. Uno sabe antes de mirar a su trabajo lo que éstos realmente estaban haciendo: socavando los cimientos de la clase dominante. Esta estructura mental ha hecho profundos estragos, principalmente en los estudios literarios, pero no sólo en este campo, sino también en los departamentos de las universidades y en los campus de todos los países del mundo de la Europa occidental y especialmente en los EEUU. El resultado de esto ha sido no un debilitamiento del estado, sino una reducción de las oportunidades de intercambio intelectual inteligente, y la confianza en que la gente joven puede recibir una educación liberal decente.

El pensamiento marxista es también profundamente utópica, lo que constituye otro rasgo influyente de aquel. A pesar de su título, el “manifiesto comunista” no era un programa de gobierno, era un programa para conquistar el poder o, más bien, para observar de una manera razonable cómo el poder caía en las manos de uno. Es decir, el Manifiesto es un comentario sobre los defectos y la dinámica del capitalismo. En ningún pasaje del Manifiesto, ni en ningún pasaje de sus escritos, se molesta Marx en escribir cómo el comunismo que él predicaba y proponía funcionaría en el mundo real.

VI. Marx una vez dijo: “En una sociedad comunista, en la que nadie tiene una esfera exclusiva de actividad... La sociedad regula la producción general, y de esta manera hace posible para una persona hacer hoy una cosa y otra cosa mañana: Cazar por la mañana, pescar por la tarde, cuidar ganado por la noche, criticar después de la cena tal como yo tengo en mente, sin nunca llegar a ser un cazador, un vaquero o un crítico” Si el ganado estaría contento con ser cuidado sólo por la noche o, tal como la gente piensa que hay que hacerlo, es una de las muchas cuestiones que a uno le gustaría ver tratada por Marx, cómo el comunismo funcionaría en la práctica. El resto tiene que ser deducido por uno, ya que la ausencia de las cosas que él deploraba del capitalismo (la desigualdad, la explotación, la alienación, la propiedad privada y demás cuestiones) no se explica por Marx cómo se llevarían a la práctica, ni cómo funcionaría un sistema que alcanzara estos objetivos.

Es sorprendente que los críticos militantes actuales de la globalización, ya sean marxistas declarados o sean de otras ideologías actúen de la misma manera.

Aquellos no presentan una alternativa adecuadamente elaborada al orden económico actual. En su lugar, dichos críticos invocan una utopía libre de stress medio ambiental, de injusticia social y de ropas deportiva de marca, proponiendo la vuelta a una época dorada industrial que nunca realmente existió. Nunca le dan una formulación clara a esta alternativa futura ni la ofrecen para someterla a un examen crítico.

Los antiglobalistas han heredado de Marx algo más que esto. Muestran un furor autojustificando, una rebelión violenta, una predisposición a recurrir a la violencia real (en respuesta “a la violencia” de la otra parte), una demonización de las grandes empresas, la división del mundo entre explotadores y víctimas, un desprecio por las reformas paulatinas, un entusiasmo por el activismo, una impaciencia con la democracia, un desprecio de “las libertades y lo derechos liberales”, un sospechar de los acuerdos negociados, y una presunción de hipocresía (o de una ingenuidad infantil) de los que depende el orden económico de mercado.

La antiglobalización ha sido adecuadamente descrita como una religión secular. El marxismo es igualmente una religión secular: un credo completo, con un profeta, unos textos sagrados y la promesa de un paraíso envuelto en un misterio.

Marx no fue un científico como él afirmaba ser. Marx fundó una fe. Los sistemas económicos y políticos que él inspiró están muertos o están muriéndose. Pero esa religión contiene una amplia Iglesia, y ésta continúa viva.

© José Casas Pardo

José Casas Pardo es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia.

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