Debats 84 Primavera 2004 - QUADERN

La piel del espacio. Postestructuralismo y ciberpercepción

Este texto habla sobre las relaciones existentes entre el postestructuralismo y la cibercepción, facultad postbiológica definida por Roy Ascott, ejemplificados según dos propuestas arquitectónicas inscritas en ambas corrientes: la casa Gehry (1978) y La piel Capaz (2001) como modelos de nuestro pensamiento contemporáneo que ponen de manifiesto el papel de lo protésico-técnico y el cuerpo propio, así como las visiones fragmentarias u holomáticas del espacio como lugar de representación o construcción respectivamente, al amparo del binomio dentro-fuera como eje explicador de la percepción espacial.

Actualmente la tecnología, lo añadido al cuerpo, se sobreimpone a la expresividad somática también de la música; pero sobre todo se impone en la constitución de la arquitectura como arte dominante.

J. M. Ripalda

El espacio, pero no pueden ustedes concebir ese horrible adentro-fuera que es el verdadero espacio.

H. Michaux

En 1979, el arquitecto Frank Gehry reconstruye una vivienda unifamiliar en Santa Mónica, California, USA

La casa consiste en un armazón de metal corrugado que envuelve tres lados de una bonita casa rosa de los años veinte, creando nuevos espacios entre el armazón y las antiguas paredes exteriores.

El antiguo armazón de madera permanece en algunos lugares como una suerte de andamiaje de la memoria, pero la zona de comer y la cocina se han extendido más allá de él y se localizan, fundamentalmente, en lo que antes era la entrada de coches y el patio (cinco escalones por debajo de la antigua planta baja) Estas nuevas zonas entre el armazón y la envoltura están, en su mayor parte, acristaladas, y por tanto se abren visualmente al antiguo “exterior” o “aire libre” y son indistinguibles de él. Sea cual sea la emoción estética que nos produzca esta innovación formal... claramente tendrá algo que ver con la desaparición de las categorías de interior/exterior, o con una reordenación de éstas.

(Jameson, 1991:139)

El entrecomillado pertenece al texto de Macrae-Gibson, Secret life of buildings (1985), citado por F. Jameson en Teoría de la postmodernidad (1998) al comentar la casa Gehry que a su vez es comentada por J.M. Ripalda en De Angelis ( 1996), en cuya nota de la página 94 hace explícito su deseo de animar a nuevos comentarios. En la página siguiente dice:
En líneas generales la respuesta de Gehry a la vieja casita consiste en superponerle la propia respuesta como una nueva piel a través de la cual se pueda seguir viendo intacta. Esta nueva piel es tenue y barata, de intensa relación con la estructura anterior y a la vez de radical diferencia en material y formas. La respuesta es desde luego inconclusa, como lo es ya en el fondo el imprevisible uso que harán los usuarios de cualquier arquitectura; pero también lo es porque Gehry no ha pretendido una respuesta definitiva, el momento queda en una definición abierta entre el pasado y el futuro, interior y exterior, continente y contenido.

El concepto “piel” y todas las implicaciones entre pasado y futuro, interior y exterior y continente y contenido está también presente en otro proyecto arquitectónico, la instalación virtual interactiva del arquitecto Emilio López-Galiacho, titulada Piel capaz. Un ataud tecnológico para edificios vampiro (2001). Crea un espacio arquitectónico que fusiona los espacios real y virtual en uno solo basándose en la propuesta cibercepción del teórico Roy Ascott, definida en su artículo Arquitectura de la cibercepción (2000) en Ars Telemática como la ampliación del humano a través de lo que Ascott llama “la tecnología transpersonal”, que es la de la red, la del ciberespacio. Para este autor los límites entre natural y artificial hoy son irrelevantes. La concepción del espacio que de ello se deriva es una apuesta por la fusión de límites entre realidad virtual y física.

Una descripción de la instalación virtual La piel Capaz:
Se oculta con la piel la Villa Rotonda de Palladio, en Vicenza, Italia2, y los participantes navegan por un espacio virtual sujetando en sus manos dos pequeños sensores ultrasónicos de tres dimensiones que controlan un entorno virtual proyectado, describiendo un vector proyectado que delata el punto de vista del sujeto. Si éste mueve los brazos, el mundo y las proyecciones robóticas sobre el suelo giran. Al aproximarse a la pantalla se produce un zoom dentro del mundo y, si cruza la palabra “enlace” proyectada sobre el suelo, salta a otro punto de vista.

Galiacho define el proyecto así:
Este proyecto habla de la superposición de espacio real y espacio cibernético a partir de la fuerte presencia de la arquitectura monumental, reivindicando el lugar físico y su memoria como punto de encuentro entre el edificio y sus representaciones virtuales, y de la posibilidad de contemplar monumento, lugar y representación a través de una nueva mirada dentro del contínuum espacio real-espacio virtual. En este caso una mirada irónica que comenta la simplona cultura del conservacionismo a ultranza. La Piel capaz es una estructura modular y estandarizable, diseñada para ocultar permanentemente monumentos. Una prótesis arquitectónica tecnológicamente me-diatizada, un interface rígido que esconde edificios a partir de la geometría simple de módulos prismáticos. El interior de la piel actúa como una pantalla de proyección que recoge y enfrenta al monumento a la información que éste genera. La piel se constituye simultáneamente en espejo y en paisaje cibernético que sustituye al paisaje real, proponiendo nuevas miradas sobre conceptos como lugar, monumento y representación. La Piel capaz presenta una lectura irónica de la arquetípica y necrofílica cultura del conservacionismo arquitectónico: una cultura que convierte a los edificios en vampiros condenados a la existencia eterna. Frente a la imposibilidad de la eutanasia arquitectónica- la respetuosa, ecológica, barata, liberadora y digna muerte asistida de un edificio-, propongo la construcción de un ataud tecnológico para edificios vampiro.

Tanto la casa Gehry como el proyecto de Galiacho desarrollan el concepto “piel” (wrapping) asociado al edificio. Éste queda atrapado en el interior de su exterioridad como una especie en vías de extinción ( en el caso de Galiacho el edificio se convierte en su propio ataúd), pero no en sentido museístico o zoológico, sino como producto del pasado que de alguna manera mantiene un diálogo con el presente que literalmente lo envuelve. La piel es diálogo y espejo. No tanto de lo que no se quiere ver, esas formas arquitectónicas fijadas en un tiempo, la villa Rotonda, la casa unifamiliar americana, que las transporta hasta el nuestro, sino de lo que se quiere ver atravesado de presente a través de la piel simbólica de un estadio cultural. Diálogo porque enfrenta al edificio a sí mismo, en una interfaz que nuestra mirada apenas puede atravesar según una visión de conjunto.

La casa resulta tan inabarcable en una perspectiva única, en una fotografía, como en una concepción (Ripalda, 1996:98)

Es así como la totalidad se cuestiona. La piel de Gehry es un pliegue espacial alrededor de la casa, como una zona de espesor en esa zona en que la calle se abulta, abultamiento o engrosamiento cuántico, zona de intensidad, creando un espacio arquitectónico reduplicado. La totalidad de esa intervención es inapreciable según una vista exterior que sólo nos ofrece una pantalla, la piel, a través de la cual se vislumbran fragmentos de la antigua casa. Pero una visión de la totalidad es ya imposible, la piel impide el acceso a la totalidad nueva que es puro fragmento, una envoltura parcial que deslocaliza. Esta imposibilidad de acceso a la totalidad mediante la visión es denunciada por Macrae-Gibson en la interpretación que hace de la casa, diferente a la de Jameson quien no considera la casa como “la descripción de la desfamiliarización y la renovación perceptiva” de Macrae-Gibson, sino perteneciente al “debate sobre la representación” (pp. 148-149)

Para Gehry, el mundo se esfuma hacia múltiples puntos, y no presupone que ninguno se relacione con el ser humano erguido. El ojo sigue teniendo una importancia crítica en el mundo de Gehry, pero el sentido del centro ya no posee su tradicional valor simbólico (Jameson, 1991:142)

Digamos que en tanto que el ojo está aún presente como elemento que rige el juego del acceso a la totalidad, lo que verdaderamente se ha desplazado invisible a la visión es el centro. Si la visión es el órgano privilegiado es porque todavía está presente en el proyecto de Gehry un intento representativo de lo que Jameson llama”las paradójicas imposibilidades de representación de la última mutación evolutiva del capitalismo tardío”, éstas son “ “otra cosa” que ya no es ni la familia ni el barrio, ni la ciudad ni el Estado, ni siquiera la nación” ( p.142) En este sentido, los primeros intentos desde el arte que cuestionan o deconstruyen el concepto “casa” y sus significados asociados de estabilidad, perdurabilidad y centralidad hay que buscarlos en Gordon Matta-Clark. Más tarde Rachel Whi-teread consigue la reversibilidad del binarismo exterior/interior.

Estos autores ponen en tela de juicio lo que se entiende por arquitectura deconstructiva, tal y como la practica Eisenmann, Tshumi o Gehry, denunciando como paradójica la deconstrucción en arquitectura que aún quiera seguir manteniendo intacto el concepto de habitabilidad. Sólo renunciando a dicho concepto se puede invalidar la dicotomía interior/exterior, pues las casas que Matta-Clark corta son vestigios de un pasado cuyo futuro es la muerte, intervenciones quirúrgicas antes de su desaparición definitiva.

Splitting (1974) es la obra en la que Matta-Clark3 invalida las ideas de estabilidad y protección asociadas al hogar, seccionando una casa unifamiliar en dos partes iguales. Creador del concepto “ anarquitectura” al cortar diversos edificios literalmente deconstruyendo sus significados asociados, la creación de espacios imposibles, investigación semiótica arquitectónica en torno al desmembramiento de las partes, da la idea de una arquitectura interesada en la deconstrucción más que en la construcción de nuevas formas de habitar, de ahí el término anarquitectura que mostraría como paradójica una arquitectura que construye pretendiendo deconstruir. La deconstrucción de las formas de habitar mediante los cortes provocados en las arquetípicas construcciones no añade elementos sobre el esquema inicial, como en Gehry, sino que las propias estructuras existentes se desmembran o descomponen antes de ser finalmente demolidas.

En House (1993), Whiteread crea en cemento el vaciado del interior de una casa victoriana que es el exterior que observamos a tamaño natural, y lo sitúa en una calle del East End londinense donde será destruida tres meses después. El interior está construido como fachada bloque compacta, con lo que literalmente el interior es exterior, asemejándose a una tumba, similar a la idea de los edificios-ataúd de Galiacho. En este trabajo, el par interior/exterior alcanza la unidad total no encontrándose ambos términos enfrentados mediante el diálogo de la piel y el juego de los espacios. La única posibilidad de deconstruir fielmente lo arquitectónico, invalida la habitabilidad como concepto que guía en último extremo la mentalidad arquitectural, delimitando así mismo lo que puede ser considerado arte y lo que cae bajo el concepto de arquitectura, aquél arte que remite a la funcionalidad de lo habitable. Aquí, Hegel citado por Ripalda adquiere toda su significación

La arquitectura no produce figuras con significado espiritual y subjetivo en sí mismas y que comporten ellas mismas el principio de un exterior perfectamente conforme con su interior (cap.5 p.2)

Esta exigencia de acomodación entre el interior y lo exterior, de identificación plena, sólo podría llevarse a cabo desde un arte no funcional que pueda identificar literalmente el binomio y no sólo fluidificarlo como en el caso de Gehry. Fluidificación entre el interior y el exterior mediante “operaciones de injerto”, tal como denomina Ripalda a las construcciones de Eisenmann y Gehry, pieles que se superponen a las estructuras del pasado.

El sacrificio de lo habitable se constituye en no arquitectónico cuando ya no representa efectivamente más que su propia representación. El interior es en House literalmente exterior e interior, sacrificando el concepto habitabilidad, puesto que no le interesa la construcción de un espacio habitable, sino que lo habitable, ese molde obtenido del interior de las habitaciones victorianas, es el hueco interior vivido que es fachada de un exterior clausurado, necrofílico. La imposibilidad de seguir manteniendo unos edificios vampiro, enterrados en su propia significación de “hospital, o “escuela”, nominaciones inertes que no responden a la verdadera realidad cibernética de nuestros días, es lo que también impulsa a Ascott/Galiacho a pensar en otra arquitectura que tiene en cuenta el ciberespacio, que la realidad material de los edificios materiales no es ya la sólida representación.

Un edificio en sí mismo puede considerarse la piel de nuestros cuerpos, a su vez envoltura de órganos no autónomos, en un juego de muñecas rusas que preserva la existencia de un continente y un contenido y la repite como garantía de existencia. Envase y envasado, piel de piel que no puede seguir la estrategia de la serpiente. Envolver es proteger, preservar, tal es la función de la piel sobre el interior del cuerpo y del edificio sobre nuestros cuerpos, marcando límites y estableciendo la dialéctica interior-exterior que se reproduce en el juego de las sedimentaciones. Dialéctica alienante para Hyppolite citado por Bachelard:

Ustedes sienten qué alcance tiene ese mito de la formación de lo de fuera y lo de dentro: es el de la alineación que se funda sobre esos dos términos. Lo que se traduce en su oposición formal se convierte más allá en alineación de hostilidad entre ambos. (p. 255)

Para Bachelard esta dialéctica pretende “fijar el ser” porque así aspira a una totalidad que lo supera, “se quiere trascender todas las situaciones para dar una situación de todas las situaciones”, “ se hace pasar a la categoría de absoluto la dialéctica del aquí y del allá”.

Jameson observa también cómo con la arquitectura de la casa Gehry se produce una desubicación de la posición existencial del ser

En tanto individuos, siempre estamos dentro y fuera de todas estas dimensiones yuxtapuestas, algo que vuelve enormemente problemática nuestra antigua posición existencial en el Ser ( el cuerpo humano en el paisaje natural, el individuo en la antigua aldea o comunidad orgánica, incluso el ciudadano en la nación. Estado) (1991:153)

Y es así como el lenguaje (dentro-fuera) opera sobre el espacio exigiendo una omnisciente mirada que abarque el lenguaje mismo y sus espacializaciones, allí-aquí. El ser se localiza en el interior de esa piel linguística, envuelto y protegido. Sin embargo,

Se da a esos pobres adverbios de lugar poderes de determinación ontológica mal vigilados. Muchos metafísicos exigirían una cartografía.

No son más que palabras, “ la cancerización geométrica del tejido lingüístico de la filosofía contemporánea”. Que es también otra piel, la que reviste el mundo y el yo. Otra capa más que envuelve y fija la existencia en las coordenadas de una metafísica que pretende ubicar el ser en el espacio. Sin embargo el espacio no posee en sí mismo una delimitación, es el “horrible dentro-fuera” de Michaux, horrible porque la angustia que provoca viene determinada por la imposibilidad de refugio o huída: “ ¿ A qué afuera podríamos huir?. ¿ En qué asilo podríamos refugiarnos?.( Bachelard, 2000:257) y por la imposibilidad de sentir el vacío, ese hueco de espacio que no hay, agujero negro que es ese horrible dentro-fuera.

Pero al mismo tiempo que Bachelard pretende expulsar lo geométrico de las intuiciones filosóficas ( pág.252), sabe que éstas regresarán al galope. La filosofía posee un pensamiento arquitectónico, geométrico y la imagen está reticulada de espacio reticulado inevitablemente. Pensamos un pensamiento que usa expresiones geométricas, que espacializa el espacio. El ser es también una figura arquitectónica, pieza que encaja en el espacio pensado cartesianamente para elidir el vacío. Es una espiral

Ya no se sabe enseguida si se corre al centro Para avanzar giro sobre mí mismo ciclón por lo inmóvil habitado.

(Jean Tardieu)

Así el ser en espiral, que se designa exteriormente como un centro bien investido, no llegará nunca a su centro. El ser del hombre es un ser desfijado. (Bachelard, 2000:253)

Por ello, para abandonar la dialéctica dentro-fuera es necesario abandonar una forma de pensar geométrica, la expresión primera del ser no es geométrica, sino discursiva. El pensamiento geométrico, un pensamiento estructurado, proporciona estabilidad al delimitar espacios fijos que sirven como punto de referencia para un yo que se puede situar siempre respecto al eje x/no x. La casa Gehry diluye estas coordenadas de un sujeto situado respecto a un espacio cortado por el eje dentro-fuera. La Piel Capaz provoca la misma sensación. Sin embargo en ambas propuestas se precisa una membrana que secciona ese espacio violentamente opuesto y por ello enajenante en el sentido de Hyppolite, para multiplicar los puntos de vista como en la visión estereoscópica o caleidoscópica de una mosca. La piel envuelve y al mismo tiempo secciona como la doble hoja de un cuchillo cuya presencia también corta el espacio y es ella lo que hace que pensemos en términos de x/no x como en una entidad que se recorta sobre el espacio y lo divide. Secciona porque marca el límite donde se acaba algo que es la propia piel, sobre el espacio inmenso donde ambos se recortan, el edificio y su piel, según el esquema figura-fondo, según el esquema de la representación. Ambos son intentos de escapar a la representación aún representables. La piel es una interpretación más, una capa más de lenguaje a añadir, como los comentarios sobre comentario que puedan hacerse sobre el propio comentario que es la casa Gehry. Ambas geométricamente ocupan un lugar en el espacio-estructura, pueden ser vistas como el pasado envuelto por el presente que no quiso deshacerse de él. Pero no lo ocupan en el espacio discursivo que reniega de la localización ( dentro-fuera, forma-contenido, etc) aun a pesar de que se localizan en la indeterminación y la reversibilidad. Un pensamiento no geométrico sólo puede ser discursivo, único lugar donde la espacialización se disuelve. Para Jameson la casa es el intento de pensar un pensamiento material (p.154) contrariamente a La Piel Capaz que huye deliberadamente de la materialidad, en ese sentido el intento de pensar un pensamiento inmaterial en el sentido de Lyotard.

Gehry y Galiacho hacen representaciones de la forma en que el pensamiento piensa, sin dejar por ello de utilizar espacios que emergen del espacio simulando ser abultamientos de ese espacio no naturales, sino protésicos. Estas cápsulas o vainas4 que pretenden ser parte geométrica naturalizada del espacio percibido son prótesis explicativas del pensamiento contemporáneo, siguiendo la imagen comparativa que Ripalda establece entre filosofía y arquitectura, si bien podemos entender la arquitectura del pensamiento o más bien espacios de pensamiento que hoy se revelan como no jerarquizados y por eso invalidan el concepto mismo de arquitectura. Roy Ascott encuentra que una arquitectura que no tenga en cuenta lo que denomina cibercepción es aquella que aun sigue presa de la representación. Así define la ciudad como un conjunto de construcciones de representación que no funcionan bien. Sus edificios pueden ser denominados “hospital”, “escuela”, “biblioteca”, pero mientras no articulen estos significados dentro de sistemas integrados, cibernéticos, mienten descaradamente. Y demasiados edificios mienten descaradamente. (p. 99)

Ascott, a diferencia de Virilio, no teme por la desaparición de la ciudad física a favor de una ciberespacial, sino que apuesta por una interfaz entre ambos mundos y declara que “ la nueva tarea del arquitecto consiste en fundir las estructuras materiales con los organismos del ciberespacio para lograr un nuevo continuum”. Abomina de la arquitectura muerta de las grandes superficies comerciales, cajas de cemento que con su estética Disneylandia no pueden dar cuenta del espacio cibernético en que se desarrollan nuestras relaciones comunicacionales. La arquitectura de la cibercepción proporciona la visión espacial del siglo XXI y no considera la ciudad como el espacio vacío de relaciones cuerpo a cuerpo de Virilio, sino que la ciudad es humana cuando es ciberceptada: “nada es más humano, cálido y sociable que una pandilla de chicos dando una vuelta por Internet” (p. 97).

Galiacho toma literalmente esta idea de Ascott y la lleva a cabo en La Piel Capaz. Los edificios mienten o se constituyen en su propio ataúd, separados de la nueva facultad de percibir y vivir el espacio en la era cibernética. La cibercepción es esa nueva facultad postbiológica que constituye un cambio cualitativo de nuestro ser.( pág.95). El ser individual, no conectado, viviendo su angustia aislada desde su ubicación mónada y la lacra de una identidad fija e inmutable, un yo único, cede paso a un individuo interconectado “el sentido del individuo está dejando paso al de la interfaz”. Las mentes encerradas filosóficamente y socialmente en un cuerpo solitario, flotan ahora libres en el espacio telemático. Cibercepción es la suma de percepción, entendida como el conocimiento del entorno mediante la sensación física y cibernet, como la suma de todos los sistemas telemáticos, y ésta es parte de nuestro sistema sensor. Es decir, la tecnología se convierte en parte de nuestro cuerpo puesto que una vez que nuestros cerebros están conectados telemáticamente, se crea un nuevo cuerpo. Versión similar a lo que Derrick de Kerckhove, discípulo de McLuhan, llama psicotecnología: la mente humana se potencia o amplia con las nuevas tecnologías, creando una especie de mente colectiva como inconsciente electrónico.5

La cibercepción está enfrentada a la representación y la autoexpresión. La piel aséptica de la tecnología sustituye a la artesanal piel del recubrimiento de Gehry, forma obsoleta de percibir el espacio. En su lugar Ascott propone la “conectividad global” y el “constructivismo radical·” y ante la desilusión provocada por la certeza de un mundo que no cree en metarrelatos y aparece fragmentario propone “encontrarnos a nosotros mismos” en la paradójica tarea de ser yoes múltiples Encontrarnos de nuevo a nosotros mismos, después del desecho y la pérdida humana de la era de la razón, la era de la certeza, la era del determinismo y los valores absolutos. Después de la era de la apariencia, del romanticismo del individuo privado, solitario, esencialmente aislado, paranoico. (...) En nuestra cultura telemática, en lugar de la paranoia celebramos la telenoia: la conexión de mentes e imaginaciones a través de redes transpersonales abiertas, envolventes, colaboradoras (p. 97)

El postestructuralismo de Ascott le conduce a repudiar los dualismos: urbano/rural, ciudad/campo, artificial/natural, día/noche, trabajo/juego, local/global, por considerar que las fronteras entre estas ideas han desaparecido o cambiado notablemente. Sin embargo su aspiración a la totalidad a través de la cibercepción lo distancia de los intentos de representación de la fragmentariedad, como la casa Gehry y de la concepción lyotardiana que repudia la totalidad como totalización (1989), pero que reconoce los procesos de desmaterialización que sufre la realidad con las nuevas tecnologías (1988). Ascott aspira más que a una desestabilización de los dualismos a una superación en la fusión de sus términos.

La cibercepción significa la obtención de un sentido del conjunto, la adquisición de una perspectiva a vista de pájaro sobre los acontecimientos, del punto de vista del astronauta sobre la Tierra, el punto de vista del cibernauta sobre los sistemas (p. 97)

Los pares interior/exterior, texto/contexto, forma/contenido, figura/ estructura, naturaleza/técnica, necesidad/azar, totalidad/fragmento se desestabilizan con “los gestos artesanales y táctiles” de Gehry según Ripalda (pág.99). En Ascott encontramos una fusión de los dualismos o su superación en la totalidad abarcante de un mundo interconectado tecnológicamente, sin que la representación de la fragmentariedad obtenida mediante un diálogo con el edificio del pasado sea necesaria, sino que un edificio del pasado para estar vivo necesita la inmaterialidad de las proyecciones ciberespaciales como una piel que no fragmenta sino que envuelve y atraviesa conservando la totalidad.

Y es precisamente en la fusión de los límites entre las polaridades cuando la totalidad aparece como Weltanschauung en el mundo telemático. La totalidad para la cibercepción presupone el holomatismo.

El principio holomático significa que cada interfaz entre un individuo y la red consiste en un aspecto de una unidad telemática: estar en cualquiera de las interfaces es estar presente virtualmente en todas las otras interfaces que existen dentro de la red (p. 96)

También este holomatismo potencia el resurgir de la conciencia tanto tiempo atrapada en una visión del mundo mecanicista y en contrapartida una desmaterialización del cuerpo, tanto humano como material, puesto que la materialidad física de los edificios en las ciudades no da cuenta de la realidad ciberceptada y se enquista en la representación y puesto que el cuerpo humano aparece inmóvilmente conectado sólo a través de la mente. Para Ascott el problema de la arquitectura occidental es su excesiva preocupación por las superficies y las estructuras y el poco interés que muestra por los sistemas de vida. “No hay biología de la construcción, sino simplemente física del espacio”. El fin de la representación está en la cibercepción que ha abandonado la semiología como apoyo a nuestras estructuras (pág.100), en su lugar la “aparición” sustituye a la “apariencia”. Así el papel que juega el edificio no se define mediante una implicación semiológica, sino que él mismo se comporta según la función pretendida. La inclusión del ciberespacio en el espacio real insta a diseñar la inmaterialidad de la ciudad, en contraste con “las cajas de cemento y las decoraciones al estilo de Disneylandia”. La piel del espacio es por fin una película inmaterial que puede verse como pura apariencia y proyección.

© María Teresa Aguilar García

NOTAS


1 Museo de Monterrey, México.1997. Festival Internacional de Info-arquitectura. Madrid 1997. Karlstad. Suecia 2000


2 El proyecto puede ser aplicado en el Arco de Trajano ( Roma), el Partenón ( Atenas), la Torre de Pisa, la Estatua de la Libertad y la Giralda de Sevilla.


3 “ La obra "Spliting" (Partición) de 1974, es la síntesis de intensas investigaciones sobre los límites de los sistemas espaciales. Durante mucho tiempo Gordon Matta Clark recorría los barrios marginales de Nueva York a punto de ser demolidos. En esta particular radiografía urbana, llegaba a esos espacios abandonados y con su moto sierra construía nuevos espacios: cortaba ventanas en los techos, puertas en el suelo, el corte era una nueva herramienta para delinear un territorio arquitectónico inédito. Estos cortes creaban una arquitectura nueva sobre otra arquitectura, luego estos edificios eran derribados. En la obra "Spliting" (partición) Gordon llega a una casa unifamiliar antes de ser demolida. Allí con su motosierra realiza un corte transversal, y a medida que la grieta crecía la luz del sol comenzaba a penetrar lentamente en la casa. Los amigos invitados a esta acción entraron a recorrer la casa. La inestabilidad que inspiraba el lugar y la percepción psíquica de atravesar la grieta era el verdadero instante de obra.Así narraron sus amigos la obra de Gordon: "Para cruzar el corte, había que saltar sobre la grieta. Se percibía el abismo de un modo sinestésico y psicológico...". Deconstruir con el corte la arquitectura, abrir otra dimensión psíquica-espacial, utilizar la escansión como la gestación de un nuevo orden perceptivo, tales fueron algunos de los aportes radicales de Gordon Matta Clark al arte contemporáneo y la historia de la cultura. Fotografía y subjetividad ..Deconstrucción del espacio. Radiografías urbanas de G. Matta-Clark. Fabiana Barreda http// www.psi.uba .ar. noviembre.2001.


4 En los años 60, los artistas plásticos Christo y Jeanne-Claude cubren con kilómetros de tela sintética la costa australiana, después el Pont Neuf parisino o el Reichstag de Berlín. Esta piel, sin embargo, se ajusta a la sinuosidad del objeto que recubre literalmente, no dejando entrever, plástico opaco, pero sí dejando ver aquello que para poder ser visto no puede ser tapado. Obras que pueden ser consideradas los primeros intentos antirepresentativos que actúan directamente sobre el espacio ambiental de la naturaleza y la ciudad, (por eso sus obras no pueden adscribirse exclusivamente al Landart) cuando paralelamente los intentos antirepresentativos también actuaban sobre el cuerpo directamente, como es el caso del Bodyart naciente por estas fechas. La atención vuelta sobre la piel material es el resultado del olvido de la representación como método de expresarse artísticamente, concentrándose directamente en la materia que ya así no es susceptible de ser representada, sino que el lienzo es la propia piel, o la piel del lienzo cubre la propia materia antes representable, como en el caso de Christo.


5 Ambos, de Kerckhove y Ascott, parecen apuntar a la creación de un cuerpo coral, aquél organismo polifónico que definitivamente ha enterrado la noción de individuo como organismo autónomo. Las colonias coralinas son los organismos vivos más grandes del planeta, presentes sobre la superficie terráquea a vista de satélite. La conexión planetaria de este tipo de organización biológica es mayor que la de cualquier manada de organismos individuales, constituyendo el ejemplo por excelencia de interconectividad y el rechazo del cuerpo individual. Sin embargo, la conectividad de las conciencias en la red no presupone la creación de un cuerpo coral físico ya que lo que nos define es la autonomía e independencia física respecto de los otros, el corte de un efímero cordón umbilical nos lanza a un mundo en el que no podemos sobrevivir si, por ejemplo, nacemos pegados por alguna parte del cuerpo a nuestro hermano gemelo univitelino. La conectividad material amenaza nuestra supervivencia y sólo una inmaterial conectividad puede proporcionarnos la ilusión de un cuerpo único. Sin embargo, la red cibernética materializa la conectividad de las conciencias desde el cuerpo inevitablemente individual. La prótesis promociona la ilusión de cuerpos corales que a través de sus conciencias conectan sus cuerpos inmóviles, solitarios y cerrados sobre su piel. Opera a nivel del inconsciente colectivo.


BIBLIOGRAFÍA


ASCOTT, R.: “La arquitectura de la cibercepción” en Ars Telemática, comunicación, Internet y Ciberespacio. Giannneti, Claudia (ed). Làngelot. Barcelona, 2000.
BACHELARD, G.: La poética del espacio. Madrid: FCE, 2000.
JAMESON, F.: Teoría de la postmodernidad. Madrid: Trotta, 1998.
LYOTARD, JF.: La condición posmoderna. Madrid: Cátedra, 1989. Lo inhumano. Buenos Aires: Manantial, 1988.
RIPALDA, JM. De angelis. Filosofía, mercado y postmodernidad. Madrid:Trotta, 1996. http://www.telefónica.es/fat/pieltext.html. Proyecto “Piel capaz”.

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