El Sahara Occidental: un reto pendiente
Hace pocos días, el actual Secretario General de Naciones Unidas, Koffi Annan, instó a Marruecos a aceptar y llevar a la práctica el último Plan Baker para el Sáhara Occidental. Para este fin, se ha prorrogado la estancia de la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental) otros tres meses, hasta el 31 de enero de 2004; sin embargo, las autoridades marroquíes le han respondido al unísono y en voz alta y desafiante, que ellos rechazaban enérgicamente dicho plan, además de acusar al propio Annan de ser imparcial e injusto al pretender imponer su puesta en práctica. Está de más decir que el último Plan Baker, en esencia, ha sido magistralmente engendrado por los politólogos e ideólogos del palacio real marroquí hará unos tres años y que, en una primera etapa, los saharauis se opusieron a su aplicación. El plan consiste en la concesión al Sáhara Occidental, ocupado por el Ejército marroquí desde 1975, de una autonomía durante cuatro años para después, y en el plazo máximo de un año, celebrar un referéndum de autodeterminación. Es importante saber, sobre todo por la injusticia que implica hacia el pueblo saharaui, que en dicho referéndum tendrían derecho a votar, además de los saharauis, todos los colonos marroquíes que las autoridades palaciegas han ido introduciendo sin reparos ni disimulos en territorio saharaui a lo largo de las últimas décadas. De hecho, la operación de “invasión” efectiva por parte de colonos deportados del interior marroquí ha sido tan efectiva que, en la actualidad, estos últimos, los intrusos, son en número cuatro veces más que la población natal indígena. Entonces, si tan bien están las cosas para el invasor marroquí ¿por qué Marruecos se niega rotundamente a aceptar la aplicación de su propio plan, el Plan Baker? Para ello, retrocedamos en el tiempo para vislumbrar los verdaderos entresijos de la invasión militar del Sáhara Occidental por parte del Ejército Real de Marruecos.
Los Acuerdos de Houston
En la etapa inmediatamente anterior al Plan Baker, la referencia más clara y notoria la constituyen, indiscutiblemente, los Acuerdos de Houston de 1997. Bajo los auspicios de la ONU y, también, conducidos por el norteamericano James Baker, estos acuerdos supusieron en su día el desbloqueo del proceso anterior y parecían dar el carpetazo final al espinoso problema de la identificación de votantes saharauis, pues milagrosamente los dos litigantes, el pueblo saharaui y el rey de Marruecos, aceptaron el acuerdo y lo firmaron conjuntamente en Houston. De esta manera, se resolvió la cuestión de algunas tribus excluidas anteriormente y se continuó con el arduo proceso de identificación de votantes. Finalmente, la Minurso confecciona una lista de votantes que deja fuera a cerca de 130.000 candidatos propuestos por las autoridades de Marruecos y se les invita a recurrir dentro de las condiciones determinadas a priori. Entretanto, en el verano de 1999, muere el rey de Marruecos Hassán II y le sucede su vástago Mohamed VI que, de entrada y sin tapujos, le escupe a la comunidad internacional su insolente “no al referéndum del Sáhara”. En un momento en el que todos los obstáculos parecían quedar atrás, entra en escena un nuevo personaje: Mohamed VI. El nuevo rey, en vez de continuar los sabios e inteligentes pasos de su padre Hassán II y cumplir con los compromisos contraídos por su monarquía con el pueblo del Sáhara Occidental y la comunidad internacional, sigue al pie de la letra otros dictados diametralmente opuestos al derecho internacional y a la paz y estabilidad de la región. Los mismos siniestros dictados serán los que le empujen a crear y cocinar el primer Plan Baker para, años más tarde, rechazarlo de plano: el asunto parece de locos. Pero retrocedamos algo más.
El alto el fuego
El 6 de septiembre de 1991 se firma el alto el fuego entre el Ejército de Liberación Saharaui y el Ejército Real de Marruecos, hecho que pone fin a una guerra fratricida de más de tres lustros y pone en evidencia que el diminuto ejército saharaui ha sido capaz de “presionar” al intocable Hassán II y persuadirle de que la mejor solución del conflicto eran las negociaciones directas entre Marruecos y los propios saharauis con el objeto de celebrar un referéndum de autodeterminación en la zona, referéndum que la comunidad internacional espera desde principios de los años sesenta (resoluciones de la Asamblea General de la ONU número 1514 (XV) y 2072 (XX)). Mas, como es de suponer, tras el fin de las “hostilidades” el rey de Marruecos hará de la dilación su credo particular: retrasará al máximo la llegada del personal de la ONU al territorio del Sáhara ocupado (aproximadamente un 75 % del territorio del Sáhara Occidental), deportará a la fuerza a cientos de miles de ciudadanos marroquíes hacia el territorio saharaui bajo su dominio e intentará incluir a tribus no vinculadas al territorio por el mero hecho de que algunos de sus miembros residían desde hacía décadas en el Sáhara y, como tales, tenían derecho de voto. Finalmente, ocurrió lo que tenía que ocurrir: Hassán II bloquea el proceso de identificación de votantes alegando que si esas tribus no eran admitidas en bloque para optar por el derecho a votar, el plan quedaría paralizado para siempre. Esto ocurrió en 1995 y la situación de bloqueo continuaría hasta 1997.
La guerra
A finales de 1975, el Ejército Real de Marruecos invade el Sáhara occidental por el norte, mientras por el sur lo hacía su aliado, aunque no por mucho tiempo, el Ejército de Mauritania. Para hacernos una idea de la mentalidad del entonces joven rey Hassán II, he aquí la prepotente respuesta que le dio a un periodista tras preguntarle por lo que haría en caso de que los saharauis osaran atacar a los súbditos marroquíes que venían a invadir el Sáhara: “me los como de un bocado”. Sin embargo, se atragantó y tuvo que echarlos de su boca. En aquel entonces, la situación de los saharauis era deplorable en todos los sentidos, pues acababan de ser abandonados por España sin ninguna posibilidad de poder defenderse ante la invasión genocida llevada a cabo por dos ejércitos bien equipados y entrenados. En los primeros meses de la invasión, los combatientes saharauis, jóvenes estudiantes y antiguos miembros de los cuerpos españoles de Policía Territorial y Tropas Nómadas, no llegaban al millar; mientras que el ejército marroquí superaba los 50.000 efectivos y el mauritano contaba con más de 2.000. Tres años más tarde, el ejército saharaui contaba con 11.000 combatientes, el ejército marroquí con más de 120.000 y el mauritano con alrededor de 15.000. Las cifras son elocuentes; sin embargo, la inteligencia y la fuerza de voluntad de los dueños del desierto rompió todos los pronósticos: tres años después de empezada la invasión y a pesar de la intervención de la aviación francesa al lado de los invasores, Mauritania se vio obligada a firmar la paz con los saharauis, abandonado así su “parte” del Sáhara, y el Ejército Marroquí sufrió pérdidas incalculables en personal y armamentos, siéndole capturados hasta finales de 1979 más de 1.000 prisioneros. De todas formas, el ejército invasor marroquí ocupa la zona saharaui abandonada por Mauritania y continúa cumpliendo la orden de “exterminar cualquier indicio de vida o todo aquello que representara un apoyo humano o material a los combatientes saharauis”1. Un año más tarde, la destrucción del ejército de Hassán II a manos de los combatientes saharauis sigue en alza y el número de países que reconocen a la joven República Árabe Saharaui Democrática (RASD) aumenta vertiginosamente, tanto que en julio de 1980 la Organización para la Unidad Africana (OUA) la acepta como miembro de pleno derecho. El megalómano Hassán II, ante la aplastante derrota diplomática que supuso la aceptación de la RASD en el seno de la OUA, respondió con un insulto a los países africanos afirmando que celebraban “reuniones tam-tam”. Un año más tarde, acepta la celebración de un referéndum según la resolución adoptada por la OUA en la Conferencia de Nairobi de 1981; sin embargo, una semana después, el rey Hassán II ya estaba hablando de la celebración de un “referéndum interior en Marruecos”, y eso a pesar de que existían evidencias de que Marruecos había logrado una enorme cantidad de documentos y credenciales en blanco de la época colonial española para que pudiera entregárselos a ciudadanos marroquíes y hacerlos pasar por saharauis. De esta manera, aumenta el aislamiento internacional de Marruecos y la ONU, en sus continuas reuniones y resoluciones, exige a Marruecos su retirada del territorio para que se pueda culminar el proceso de autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental. En un gesto de desesperación, Hassán II solicita la ayuda de los Estados Unidos ofreciéndoles a cambio tres bases militares como punto fundamental de apoyo a la Fuerza de Despliegue Rápido. La respuesta de la administración Reagan no se hace esperar: aviones OV-10 “Bronco” de detección electrónica, cazas Phantom F-5, helicópteros “Cobra”, tanques M-60, morteros 120 mm, cañones de 105 mm, ametralladoras “30 americana”, camiones GMC, etc., además de la idea de construir un enorme muro que sirva de defensa de todo el Sáhara. En resumen, cuando el problema parecía casi resuelto militar y políticamente, Hassán II recibe ayuda americana para continuar resistiendo a los ataques saharauis y seguir su política de represión y genocidio en las zonas que controla. He aquí lo que dijo en diciembre de 1980 el ex embajador de Estados Unidos en la ONU, el señor Young, después de realizar una visita a los territorios liberados y a los campamentos de refugiados saharauis: “ [...] considerando el armamento casi intacto y el número muy elevado de prisioneros marroquíes que he visto, está claro que Marruecos no puede ganar la guerra... si prosigue en esta actitud, Marruecos corre el riesgo de conocer graves problemas y desilusiones comparables a las que tuvo Estados Unidos en la guerra de Vietnam...”2. Pero la ayuda americana y la construcción progresiva de muros defensivos en distintas zonas del Sáhara sólo darían al moribundo ejército de Hassán II unas bocanadas más de aire, pues terminados los muros y una vez familiarizado el combatiente saharaui con la nueva situación táctica, es decir, a mediados de 1987, comienza la caída en picado del castillo de naipes militar construido por Marruecos. De hecho, el efecto fue tal que un año y medio después, el 4 de enero de 1989, Hassán II estaba sentado en la misma mesa de negociaciones con aquellos a los que siempre había negado la existencia como pueblo particular y diferente a los de su entorno. Seis meses más tarde, se desdice una vez más de sus compromisos y los saharauis vuelven a la carga: cuatro grandes batallas consecutivas y de una ferocidad inusitada le hacen cambiar de idea, por lo que acepta la celebración de un referéndum de autodeterminación bajo los auspicios de la ONU. Dos años después, entra en vigor el alto el fuego.
Hemos visto claramente que hay un conflicto sin solucionar en el Sáhara Occidental, una antigua colonia española del noroeste africano que fue invadida brutalmente por el ejército de un país vecino, Marruecos, bajo la mirada impasible de la comunidad internacional. En realidad, el Sáhara incluso llegó a ser provincia española, la número 53 desde el año 1958. Y la pregunta primera que nos viene a la mente es: ¿por qué Marruecos invadió el Sáhara? La respuesta es bien sencilla, y es que pretende que el Sáhara es una región que siempre ha formado parte de su reino hasta que fue ocupada por España a principios del siglo XX. Sin embargo, los saharauis y la gran mayoría de la comunidad internacional saben que esto no es cierto, puesto que el Sáhara nunca estuvo sometido a ningún sultán marroquí y, aun siendo cierto lo de la pretendida sumisión, que no lo es, el derecho de un pueblo a autodeterminarse está por encima de cualquier afán expansionista venga de quien venga. Así las cosas, la mejor manera de hacerse una idea mucho más objetiva y realista sobre la cuestión del Sáhara Occidental es hacer una mirada retrospectiva y rebuscar en la historia verídica y documentada de la región para, luego, opinar sobre el conflicto con argumentos sólidos e inamovibles capaces de desbaratar cualquier discurso propagandístico basado en la demagogia y el oportunismo. Así que retrocedamos todavía más en el tiempo.
Verdades históricas
El Sáhara Occidental estuvo habitado por tribus negras hasta el siglo IV d.C. en que bereberes trashumantes, pertenecientes sobre todo a las tribus Sanhaya, gracias a la domesticación del camello las expulsaron hacia el sur y disputaron este dominio al imperio de Ghana en los siglos IV al X. En el siglo VIII, estos bereberes del Sáhara Occidental se islamizaron y si nos remontamos al siglo XI, veremos que la historia del noroeste de África es la historia de estas tribus Sanhaya, tribus nómadas procedentes del Sáhara Occidental, que, impulsadas por razones económicas, van a enfrentarse a las tribus sedentarias de la zona hasta lograr imponerse a ellas y constituir un imperio después de crear la poderosa coalición de los almorávides3. Estas tribus musulmanas del grupo bereber Sanhaya irían, con el tiempo, mezclándose con las tribus musulmanas árabes provenientes de oriente y es a partir del siglo XIII cuando se produce el mestizaje árabo-bereber, configurándose de esta manera las tribus saharauis tal y como las conocemos actualmente, pues, de hecho, la sociedad saharaui se asienta sobre unos cimientos tribales que van a repercutir en todos los ámbitos de la vida del individuo.
En lo referente a la presencia europea en la región, ya en el siglo XV España había realizado expediciones a la costa atlántica africana, según lo atestiguan varios libros y cartas marinas. Podemos citar como ejemplo el relato anónimo que se conserva de mediados del siglo XV, titulado Libro del conocimiento de todos los reinos. En éste se describen las costas atlánticas de África. En relación a los posibles vínculos entre estas tribus saharauis y los sultanes de Marruecos, se sabe que durante los siglos XVII y XVIII estos últimos intentaron imponer su autoridad en la zona sin ningún resultado. De hecho, ya en el Tratado de Paz y de Comercio de 28 de mayo de 1767 entre España y Marruecos, se declara de forma expresa que este último no tiene soberanía sobre los territorios del Sáhara:
Su Majestad Imperial (de Marruecos) se aparta de deliberar sobre el establecimiento que Su Majestad Católica (de España) quiere fundar al sur de río Non, pues no puede hacerse responsable de los accidentes y desgracias que sucedieran a causa de no llegar allí sus dominios. De Santa Cruz al norte, Su Majestad Imperial concede a los canarios y a los españoles la pesca...4.
Unos días antes, el 22 de mayo, el sultán le especificaba en una carta al soberano español que “la costa, desde Santa Cruz al Sur (se refiere a Agadir), no siendo de mi jurisdicción, no puedo franquearla ni ser responsable de los acasos que en ella sucedieren”.
Después de 1860, en España se inicia un cierto interés por el tema africano y en 1864 se produce el primer intento exploratorio llevado a cabo por el militar catalán Joaquín Gatell y Folch. En 1881, las pescaderías canarias, tras negociar con las tribus saharauis del litoral, adquirieron la península de Río de Oro, adquisición que se consolidaría con los diferentes acuerdos que se irían concertando entre España y las tribus del Sáhara Occidental: “el 28 de noviembre de 1884 con los Aulad Dleim sobre Cabo Blanco; el 2 de abril de 1866 con los Tekna sobre la región comprendida entre el río Draa y Cabo Bojador, más su hinterland; el 12 de julio de 1886 con los Aulad Dleim, los Aulad Bu-Sbaa, los Erguibat y los Yahia-U-Osman sobre la zona de Iyil y Adrar Tamar”5. Más tarde, en el año 1903, fue nombrado el primer gobernador político-militar en el Sáhara; en 1916, éste ocuparía cabo Juby al norte y en 1920 la Güera, al sur, cumpliendo con lo estipulado en el Proyecto de Tratado de 1902 entre España y Francia. En los años treinta, se culminaría la ocupación española de todo el territorio que, oficialmente, era suyo desde 1884. En 1958, el diez de enero, a propuesta del almirante Carrero Blanco, se aprueba un decreto por el que se crea la nueva provincia del Sáhara Español y, desde ese momento, los habitantes de la nueva provincia tienen los mismos derechos y deberes que el resto de los españoles.
Pocos años antes, entre 1953 y 1956, Allal El fassi, presidente del partido nacionalista marroquí Al Istiqlal, había elaborado su desquiciada teoría sobre el “Gran Marruecos”, pretendiendo que el verdadero Marruecos es un gran imperio que comprende todas las posesiones españolas del Norte de África (Ceuta y Melilla y sus islotes, Ifni, territorio de Villa Bens y el Sáhara Español), la actual Mauritania completa, buena parte de Argelia y Mali, teniendo como frontera sur el río Senegal. Estas pretensiones anexionistas fruto del exacerbado nacionalismo de su artífice, con el paso del tiempo tendrán cada vez más seguidores, a pesar de padecer de una ausencia absoluta de argumentos históricos sobre los que basarse. Su inconsistencia quedaría demostrada de manera convincente por el dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de 1975. Gracias a esta “desquiciada” teoría del “Gran Marruecos” España perdería la región de Villa Bens en 1958, Ifni en 1969 y el Sáhara en 1975. Mirada con otros ojos, la teoría no era tan desquiciada, pues dio muchos frutos a Marruecos pero, eso sí, únicamente a costa de España y sus posesiones en África, ya que Francia rechazó las pretensiones marroquíes y en 1958 creó la República Islámica de Mauritania. Marruecos no reconocería este nuevo Estado africano hasta 1970. En 1962 y siguiendo los dictados de la desquiciada teoría expansionista, Marruecos ocupa la región argelina de Bechar, pero un año más tarde los argelinos la recuperan en la llamada Guerra de las Arenas.
En 1961, y en contra de lo sostenido anteriormente, el representante de España presenta ante la Cuarta Comisión de la ONU un informe sobre los Territorios no Autónomos del Sáhara. En los siguientes años, Mauritania y Marruecos exigirán la entrega de estos territorios por considerarlos suyos. A partir de 1966, los dos países flexibilizarán su postura y exigirán la autodeterminación del pueblo saharaui mediante un referéndum justo y auspiciado por la ONU, lo que será respaldado por la resolución 2229 (XXI) de la Asamblea General de la ONU. Desde este momento, España intentará que los saharauis manifiesten al mundo su apego a la metrópoli y su rechazo al referéndum, sin embargo, únicamente tuvo en cuenta a los ciudadanos saharauis de mayor edad, es decir, marginó a los jóvenes por considerarlos de poca relevancia en la sociedad. De hecho, esta miopía política sería la causante de la creación del primer movimiento saharaui de carácter nacionalista. Marruecos, cada vez que encuentra ocasión para ello, sigue exigiendo la celebración de un referéndum para la autodeterminación del pueblo del Sáhara y, mientras tanto, España no sabe cómo debilitar al movimiento nacionalista saharaui resucitado el 10 de mayo de 1973 bajo el nombre de Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguia El Hamra y Río de Oro); incluso crea un partido fantoche, de nombre PUNS, para contrarrestarlo y asegurar los intereses de España en el Sáhara en un futuro. Sin embargo, en 1974 las cosas van a cambiar, pues el discurso marroquí se radicaliza repentinamente, ya no exige la celebración de un referéndum para la autodeterminación del pueblo saharaui, sino que pide la entrega inmediata de “sus” territorios saharauis. Es como si la quimera del “Gran Marruecos”, aletargada durante años, volviera a despertar. Para “probar” la veracidad de su petición propone a España llevar el caso al Tribunal Internacional de Justicia, a lo que ésta se niega; entonces, prueba suerte en la ONU, que acepta llevar el asunto ante el TIJ a título consultivo y sin que ello afecte el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui (resolución 3292 (XXIX) de 13 de diciembre de 1974). España, que ya preparaba la celebración de la consulta para finales de 1975, se ve obligada a paralizar el proceso y esperar el dictamen del TIJ. Mientras tanto, Marruecos, al ver que Argelia se mantenía en su postura de apoyo a la libre autodeterminación de los pueblos y para no quedar aislado, embauca a Mauritania prometiéndole la mitad del Sáhara Occidental una vez recuperado. La invasión del Sáhara está decidida desde mayo de 1975 por Hassán II independientemente de lo que diga el dictamen del TIJ, por lo que no escatimará en esfuerzo, dinero y otros privilegios para atraerse al circulo de personalidades más influyentes en las decisiones del caudillo de España Francisco Franco. Logrará “convencer” al Alto Estado Mayor y a la Presidencia para que apoyen la entrega del Sáhara a Marruecos, misión que cumplirán mejor incluso que el propio Hassán II, sin olvidar el apoyo esencial de Estados Unidos.
Las cartas estaban echadas, el proceso de autodeterminación del pueblo saharaui había sido paralizado y Marruecos tenía que actuar de manera contundente para así zanjar el asunto a su favor. Pocos días después de la emisión del dictamen del TIJ sobre el Sáhara Occidental, Hassán II, haciendo gala de su inigualable manipulación de las masas, lanza en dirección al Sáhara a más de 300.000 civiles tras convencerlos de que el dictamen había apoyado la marroquinidad del Sáhara. La marabunta de marroquíes engañados fue tristemente conocida por el nombre de “Marcha Verde”. España no hace nada al respecto y, finalmente, negocia con el monarca marroquí para que haga retroceder a sus súbditos. El resto de los acontecimientos se desencadenó en una especie de efecto dominó fatal para el desamparado pueblo nativo del Sáhara Occidental: firma del Acuerdo Tripartito entre España, Marruecos y Mauritania, abandono del Sáhara por parte de España, huida en masa de la población saharaui hacia el desierto, entrada de los dos ejércitos invasores en el territorio para perseguir y dar muerte a los huidos y, para rematar la faena, la intervención de la aviación francesa con sus mortíferas e internacionalmente prohibidas bombas de napalm y fósforo blanco para ayudar a los verdugos del pueblo saharaui. Los civiles que se salvan de la masacre son acogidos por Argelia que, en un acto de valentía y generosidad, les entrega parte de su territorio para que se asiente en él la población civil saharaui. Y empieza la guerra contra los dos ejércitos invasores ...
Conclusiones
Esto es, en líneas generales, la triste historia de un pueblo orgulloso y hospitalario cuyo único pecado ha sido, y es, vivir en paz en su propia tierra, mas intereses ajenos y viles traiciones han hecho que viva un calvario de 28 años sin que nadie de la comunidad internacional haga nada al respecto. Y lo verdaderamente deplorable es que este pueblo, el pueblo saharaui, está en su legítimo derecho al luchar por su libertad, y en este sentido se han emitido todas las resoluciones de la ONU, pues no hay que olvidar que para esta organización el Sáhara Occidental figura como Territorio no Autónomo en espera de un referéndum de autodeterminación. Mientras, por la otra parte, tenemos al Reino de Marruecos, reconocido internacionalmente como fuerza ocupante y, como tal, se le ha exigido infinidad de veces el abandono del territorio para que el pueblo saharaui pueda culminar su autodeterminación. Hassán II, envalentonado por su antigua metrópoli y por Estados Unidos, hace oídos sordos a lo que le dice el mundo y sigue con su política de limpieza étnica y de repoblación del Sáhara con súbditos marroquíes. Sin embargo, los saharauis no se quedan con los brazos cruzados y utilizan la única lengua que entiende el monarca marroquí, la de las armas, por lo que se rinde y acaba aceptando la celebración del referéndum. Tras la firma del alto el fuego, la política del invasor se especializará en la dilación y en la contaminación informativa para, con el tiempo y el cambio de rey, evolucionar a un rechazo rotundo de la celebración del referéndum de autodeterminación, incluso cuando las condiciones y circunstancias del mismo han sido dictadas por los propios invasores. Y el mundo sigue sin hacer nada al respecto, nadie presiona al monarca alauita para que razone y se deje de canalladas; en realidad, las únicas presiones que se han hecho fueron hechas sobre la desamparada víctima, el pueblo saharaui, que año tras año ha ido haciendo concesiones hasta quedarse prácticamente en taparrabos. Es muy fácil hacer leña de árbol caído. Nadie se atreve a presionar al monarca marroquí, cuando está claro que es quien está rompiendo las reglas de juego y violando los derechos básicos, no ya de su propio pueblo sino también los de otro pueblo vecino. Lógicamente, el rey de Marruecos no es tonto, y por ello aprovechará y rentabilizará al máximo esta pasividad internacional en relación al Sáhara, para prolongar la agonía de la víctima, arraigar el hecho consumado y hacer que los ciudadanos del mundo lo vayan aceptando poquito a poco. En una palabra, la monarquía marroquí practica hasta la saciedad la premisa goebbeliana de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.
La legitimidad de la causa saharaui es conocida ad nauseam pues, como hemos visto, España al asentarse en el territorio lo hizo en cumplimiento de acuerdos específicos con las tribus de la zona desde 1881, una vez confirmado que los sultanes marroquíes negaban tener ninguna soberanía sobre el territorio. En realidad, incluso anteriormente, España ya había firmado acuerdos con el jefe saharaui de la región norte : “el 3 de julio de 1866 se firma el Convenio “entre el Taleb Mohamed en nombre y representación del Chej Hebib Beiruk, Jefe superior del territorio situado en la costa de África entre el río Asasa y el río Chebaica, y por la otra don Guillermo Butler, asociado con don Francisco Puvana””6.
Respecto a la política dilatoria de los actuales gobernantes marroquíes, hay que reconocer que tampoco es algo que nos deba sorprender, pues ya en el año 1900 el ministro de Estado Aguilar de Campo decía ante el Congreso de los Diputados, en su sesión de Cortes del 7 de diciembre, lo siguiente:
Mi contestación ha de ser concreta y terminante. S.S. y los señores diputados saben cuán difíciles son los tratos con el Gobierno del Sultán de Marruecos. Allí hay una serie de procedimientos dilatorios, unos por razón de etiqueta marroquí, otros por la índole misma de un país cuya manera de ser está fundada no en la puerta abierta, sino en la puerta cerrada a cal y canto; y es muy difícil obtener de ese Gobierno ninguna especie de concesiones; se obtienen, pero a fuerza de muchísimo tiempo7.
La mejor prueba existente del carácter tergiversador y manipulador de los reyes de Marruecos es el dictamen emitido por el TIJ en 1975 y sobre el cual se basó Hassán II para enviar la desgraciada marabunta de la Marcha Verde y, así, acabar ocupando a sangre y fuego el Sáhara Occidental. En respuesta a la primera pregunta “el TIJ consideró que en 1884 el Sáhara no era terra nullius tomando la literalidad del Real Decreto de 26 de diciembre de 1884 que declaró que tomaba el Río de Oro “bajo su protección” sobre la base de acuerdos con los jefes de las tribus locales”8. Y en relación a los supuestos vínculos de soberanía que Marruecos pretende tener sobre el Sáhara, he aquí lo que resolvió el TIJ:
incluso teniendo en cuenta la estructura específica del Estado cherifiano, los elementos examinados hasta ahora no establecen ningún vínculo de soberanía territorial entre este Estado y el Sáhara Occidental. Dichos elementos no muestran que Marruecos haya ejercido una actividad estatal efectiva y exclusiva en el Sáhara Occidental. Sin embargo, indican que un vínculo jurídico de sumisión (allégeance) existía durante el período pertinente entre el Sultán y ciertas, pero sólo ciertas, poblaciones nómadas del territorio9.
El rey de Marruecos afirmó en su momento, y lo hace ahora, que “el dictamen del TIJ decía expresamente que los territorios del Sáhara Occidental estuvieron en el pasado bajo la soberanía de los sultanes de Marruecos”. Pero lo sorprendente no es que él intente imponer sus mentiras y tergiversaciones sino que, además, se salga con la suya.
Hasta ahora, la ONU no ha hecho nada a favor de la causa justa del pueblo saharaui, simplemente se ha dedicado a “decir”; y como ya hemos visto, con alguien que luce insolentemente un historial como el de la monarquía marroquí no sirven las palabras, de hecho, las palabras e incluso las amenazas son su hábitat natural, se siente a gusto en medio de una guerra de palabras: no se avergüenza, no tiene compasión, ni se sonroja ni siente pudor, vive de la inmoralidad y del sufrimiento ajeno. Lo único válido para quien no respeta nada ni a nadie es la presión sin límites, es la solidaridad de todos los justos del mundo con la causa justa del pueblo saharaui; en definitiva, es tener el suficiente valor y el debido sentido de la responsabilidad para plantarle cara y decir: “¡No hay alternativa a la legalidad internacional!”. Hay que dejarle claro, mediante diversas medidas de presión, que la única solución válida y duradera del conflicto del Sáhara Occidental pasa por el respeto a las resoluciones adoptadas por la ONU durante cuatro décadas, es decir, el respeto a la autodeterminación del pueblo saharaui en un referéndum libre y transparente en el que participen todos los saharauis y nadie más que los saharauis. Quien se salga de este marco no le hace ningún favor ni al pueblo saharaui ni a la paz y estabilidad de la región. Ya es hora de que todo el mundo entienda y se convenza de que sólo la fuerza de la razón prevalece y no la razón de la fuerza.
© Laroussi Haidar
NOTAS
1 CONTRERAS GRANGUILLHOME (1983: 100).
2 CONTRERAS GRANGUILLHOME. (1983: 121).
3 BOSCH VILA (1956: 43-45).
4 GARCÍA FIGUERAS (1941: 50).
5 CONTRERAS GRANGUILLHOME (1983: 36).
6 GARCÍA FIGUERAS (1941: 80).
7 GARCÍA FIGUERAS (1941: 118).
8 RUIZ MIGUEL (1995: 95).
9 RUIZ MIGUEL (1995: 95-96).
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
A.C.D.P.M. (1995). Sáhara, 20 años bastan. Gijón: La Industria.
BALTA, P. (1990). Le grand Magreb. Des indépendances à l’an 2000. París : La Découverte.
BOSCH VILA, J. (1956). Los Almorávides. Tetuán : Marroquí.
CARO BAROJA, J. (1955). Estudios saharianos. Madrid : CSIC.
CONTRERAS GRANGUILLHOME, J. (1983). La independencia del Sahara Occidental. Méjico, D.F.: Federación Editorial Mejicana.
GARCÍA FIGUERAS, T. (1941). Santa Cruz de Mar Pequeña – Ifni – Sáhara. Madrid: Ediciones Fe.
HERNÁNDEZ PACHECO y CORDERO TORRES (1962). El Sáhara Español. Madrid: Instituto de Estudios Políticos.
OMAR YARA, A. (2001). Genèse politique de la société sahraouie. París : L’Harmattan.
RUIZ MIGUEL, C. (1995). El Sahara Occidental y España: Historia, Política y Derecho. Madrid: Dykinson.
STORA, B. (2002). Algérie, Maroc: Histories parallèles, destins croisés. París : Emina Soleil.
TUQUOI, J. (2001). Le dernier roi.Crépuscule d’une dynastie. París : Grasset.