Debats 75 Invierno 2001/2002 - ESPAIS

Traducción de la lenguas, traducción de las culturas en la América andina


“Y no lo traduje como intérprete, sino como orador, con la misma presentación de las ideas y de las figuras, si bien adaptando las palabras a nuestras costumbres. En los cuales no me fue preciso traducir palabra por palabra, sino que conservé el género entero de las palabras y la fuerza de las mismas. No consideré oportuno el dárselas al lector en su número, sino en su peso” (El orador perfecto, 46 a. C.; traducción de Miguel Ángel Vega).

“¿Qué caminos puede emprender el verdadero traductor, que quiere aproximar de verdad a estas dos personas tan separadas, su escritor original y su propio lector, y facilitar a este último, sin obligarle a salir del círculo de su lengua materna, el más exacto y completo entendimiento y goce del primero? A mi juicio sólo hay dos. O bien el traductor deja al escritor lo más tranquilo posible y hace que el lector vaya a su encuentro, o bien deja lo más tranquilo posible al lector y hace que vaya a su encuentro el escritor.” (Sobre los diferentes métodos de traducir, 1813; traducción de Valentín García Yebra).

“Toda reescritura, sea cual sea su intención, refleja cierta ideología […] Reescribir es manipular, una actividad que se lleva a cabo al servicio del poder, y en su aspecto positivo puede ayudar a la evolución […] de una sociedad” (Palma Zlateva (ed.): Translation as social action, 1993: vii).

”una estructura dinámica, abierta a sufrir transformaciones precisamente por la incorporación de elementos ajenos” (Traducir al otro. Traducción, exotismo, poscolinialismo, 1997: 54).

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Para todos los indios     consejo.    Hermanos mios      y hijos mios

Llapa runaconapac      conasca      Vauquijcóna     churijcona

a todos vosotros      a hijos      como      os amo.     Por tanto

llappayquichicta     churij    sinacta    cóyayquíchic.     Chaypac

de dios     nuestro hazedor     los mandamientos     os diré…

dios     ruraquéchicpa     camachicuscáta     villascáyquichic…

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QVICHVA

huarmicunari ama huc huc caricunacta ricuycachanquichu, munapayanquichu: coçallayquicta casarascallayquicta mu¬nacuy yuyacuy. Caricunapas amatac huc huc huarmicunacta ricupayaspa muna¬payaychicchu, casarasca huarmillay¬quicta munacuy yupaychacuy

AYMARA

Hani halla huma marmi mayni chacha vñahatati, hani munapayahatati, ayno¬maqui huaylluma, hupana chuymapa¬camaqui hacama. Huma chachasca hani mayni marmi vñassina munapayahatati: marmimaqcuyama, hupan chuymapaqui catuma

“Y por huyr el vicio de estos dos extremos se tomo el medio, que es lenguaje comun, facil, y proprio, obseruando en la traduccion, la regla de interpretar sentido por sentido, mas que palabra por palabra. Y tuuose en esto mas attencion a las provincias, que estan fuera del Cuzco, y de los pueblos a el comarcanos, y mucho mas a los que estan desde Guamanga hasta Quito, y a los de los Llanos, donde no hablan con la perfeccion que en el Cuzco, sino algo corruptamente”.

Desde la perspectiva inversa, desde el texto escrito en quechua y en aimara, o desde la mentalidad del hablante nativo de estas lenguas que escribe en castellano, he de hacer también algunos comentarios pertinentes. Lo primero es que no parece oportuno fijarse en las obras monolingües castellanas escritas por los cronistas (Pedro Cieza de León, Antonio de la Calancha, Juan de Betanzos, etc.), que traducían una cultura nueva a su vieja lengua, proyectando los parámetros o esquemas apriorísticos de sus mentes a una realidad tan sorprendente como la americana. Había que encontrar Eldorado (o su versión indígena, el Paititi) y derrotar a las Amazonas, casi del mismo modo que se sacaba la plata de Potosí o se conseguían cargamentos de oro a base de dispensar por ellos apresurados "favores". No obstante, algunas de aquellas obras, aunque imperfectas y subjetivas, han dejado interpretaciones impagables del indio y su mundo. Otras, de un rigor histórico incuestionable, nos han mostrado con exactitud los entresijos de aquel magno imperio. Pese a todo, desde la perspectiva traductológica, no existe el encanto de la búsqueda de equivalencia entre lenguas, aspecto que centra este ensayo, salvo en aquella interpretación cultural en que hay involucradas palabras indígenas, cuya traducción o no se hace o provoca las largas paráfrasis explicativas de la descripción. De igual manera, tampoco parece lo más idóneo insistir en que, aunque parcial también, la misma visión tuvieron los cronistas de signo contrario –mestizos o indígenas– de lo que representaban en sí los españoles (Felipe Guaman Poma de Ayala y su Primer nueva corónica y buen gobierno (1615); Titu Cusi Yupanqui y la Relación de la conquista del Perú (1570) o Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, con su Relación de antigüedades deste reino del Pirú (1613) entre ellos). Se trata de dos polos opuestos en una serie continua en que los entrecruzamientos no faltan: desde el sorprendente mestizaje de la república inca idealizada, con rey español, de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso a la defensa a ultranza del indio de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias del Padre Las Casas. Esta traducción intersemiótica, por su complejidad, habrá que dejarla en parte para análisis más profundos. No obstante, a lo largo de las obras anteriores y de infinidad de otras más, se comprueban muchos de los hechos translémicos que pueden dar norte a lo que supuso este formidable enfrentamiento de culturas: las palabras del quechua –menos las del aimara– pasaron a raudales al español, constituyéndose algunas de ellas en préstamos universales (es el caso de papa, llama, cóndor, cancha…). No existía traducción para ellas, lo mismo que tampoco para caballo, asno, cruz o bautizar, llevadas de acá. Los españoles, en su deseo de aproximar los dos mundos, bautizaron a veces –es decir tradujeron– las entidades autóctonas con nombres importados: al “yuthu” se le llamó perdiz, carnero a la “llama”; pera era la "palta", es decir, el aguacate, y pepino o pimiento, según los casos, la "achogcha" y la "caigua". Los diccionarios de los siglos XVI y XVII, que fueron bastantes, recogen exhaustivamente las diferentes propuestas. Y hoy en día, aún quedan huellas de aquel proceder traductológico, sobre todo porque un fuerte mestizaje ha hecho que converjan hacia un punto, aunque no coincidan de hecho, muchas realidades enfrentadas. Llamar a los meses del año indistintamente por sus nombres indígena e hispánico parece útil, ya que las realidades que nombran son coincidentes sólo aparentemente: abril, el mes cuarto, se expresa mediante el compuesto abril killa (“luna de abril”), el culto inka raymi (“fiesta del inca”) y el ya antiguo ariwaki o ayriwa (de ayriwaki “mazorcas de maíz, henchidas de fruto”), pero aymura killa “mes de la cosecha y entrojamiento” refiere, en realidad, a este mes y a mayo, sin correspondencia perfecta; es lo mismo que si para nombrar los signos zodiacales quisiéramos homologar tauro a abril.

Ayauya waqaylli,
ayauya puypuylli
llut’u puchaq
wamrayki,
llut’u puchaq
waqchayki
waqallamusunkin
Piedad de mis gritos,
Piedad de mi llanto,
emplasto de olluco,
tu hijo,
emplasto de olluco,
este indigente
viene a implorarte
Unuqsaykita
yakuqsaykita
kachallamuway
waqchayki
runayki
llaqta runa
kamasqaykiman
El líquido tuyo,
tus aguas
ruego que envíes;
este indigente,
tu siervo,
hombre de esta tierra
al que tú creaste.

A, Wiraquchan, t’iqsi qhapaq, –kay qhari kachun, kay warmi kachun–, ñiq apu, hinantin […] chichha kamaq, maypim kanki? “Oh, Viracocha, Señor egregio, que eres el fundamento [del mundo] tú que dijiste: –Hágase el hombre, hágase la mujer–, Tú, Creador de todo [ser] material, ¿dónde estás?”

Tiqsi Wiraqucha,
qanlla qaylla Wiraqucha,
tukuypi kaq apu.
Wiraqucha kámaq, churaq,
–Qhari kachun, warmi kachun-
nispallaraq ruraq
tú sólo, aquí presente, Viracocha,
Señor que está en todas partes.
Gobernador Viracocha, Proveedor [nuestro]:
Haya varón, haya hembra–
simplemente con decirlo los hiciste.
Mayun takishan,
tuyan waqashan,
wayran mayushan,
ichhun, tuta p'unchay sukashan.
Wamanikunaq, apukunaq kirunpi,
rit'i sutushan, llipipishan.]
Hatun mayunchismi qaparishan.
Maypitaq kanki ñuqaykurayku
wañusqaykimanta?]
Está cantando el río,
llora la calandria,
se arremolina el viento;
la paja de la estepa día y noche vibra.
Nuestro río sagrado brama;
En las crestas de nuestros Wamanis
de nuestros apus, en sus sierras,]
la nieve gotea y brilla.]
¿En dónde estás desde que te mataron
por nosotros?]
Qayllallapi
puñunki
Chawpi tuta
hamusaq
Al cantico ["muy cerquita"]
dormirás.
[A] media noche
yo vendré.
Payakuna, mat’ikuychis
paqtañataq paqtañataq
sikiykichisman yaykunman
Viejas, apretad los muslos.
¡Cuidadito, cuidadito,
no se os metan al trasero!,
Chhikallata phutikuychis.
Kusi kachun huk samipi.
Ñan warmiyki makiykipi.
Wañuymanta qispinkichis.
Cesen ya vuestras tristezas.
En la dicha estad alegres.
Ya has abrazado a tu esposa
y estáis libres de la muerte.
Chay yunkapin ancha Pikin,
chaymi runata k'irichan.
Unu q'uñi chayta pichan.
Chaymi nuqapaqqa sipiy.
Hay mucha Pulga en el valle
de esas que pican al hombre.
Un matecito las mata.
Esa será, pues, mi muerte.
Qanmi, Quyllur, llanthuwanki. Tú, Estrella, me darás sombra.

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“[32] chaysi ña villca coto hurcoman chayaptinca tucoy ani malcuna ña hun¬tasca pomapas hatucpas huanacopas con dorpas yma ayca animalcuna¬pas chaysi chay runa chayap tin pachalla cochaca pahcyamurca chaysi chaypi an¬cha quihcquinacuspa tiarca [33] tucoy hinantin hor(co)cunactapas tu coy pam¬paptinsi chay villca coto hurcolla aslla puntallan mana yacup cha¬yascan carca chaysi hatucpac chupantaca yaco hucocharcan chaysi chay ya¬namanpas tu¬corcan chay si pihcca punchaomantaca ñatac yacuca huraycur¬can chaque¬rirca.

[32] Cuando llegaron al monte de Willkakutu, ya se había reunido allí toda clase de animales: pumas, zorros, guanacos, cóndores, todo tipo de animales en gran número de ellos. Tan pronto como el hombre llegó al lugar, el océano se desbordó. Allí permanecieron juntos en apretado tropel [33] Todos los va¬lles y montes fueron cubiertos por las aguas, excepto el Willkakutu, o para ser más exactos, todo excepto su cumbre. El agua empapó hasta la cola del zorro. Por eso se le volvió negra. Cinco días después, las aguas descendieron y todo co¬menzó a orearse.

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© Julio Calvo Pérez

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