Debats 75 Invierno 2001/2002 - ESPAIS

El escritor del mundo global está desnudo dentro de una jaula de cristal

1. La novela transparente

Es raro que en estos meses dominados por el debate sobre El Gran Hermano nadie haya recordado la “leyenda” de Georges Simenon. Sin embargo, mientras que las televisiones de media Europa transmiten programas que borran todas las fronteras entre la realidad y la ficción, la fabulosa historia del novelista francés tendría mucho que enseñarnos. Vamos a ver de qué se trata. En 1927, el creador del comisario Maigret aceptó la apuesta de escribir un libro en la calle, ante los ojos de todo el mundo, aislado apenas en una especie de jaula de cristal. La prueba tenía que haber durado siete días y siete noches para culminar en una obra “transparente”, expuesta a la mirada del público como si fuera una especie de radiografía. Anticipándose a los protagonistas de las nuevas series, que deciden vivir bajo la perenne e indiscreta mirada de las cámaras de televisión, Simenon aceptó mostrar a la curiosidad de los viandantes el proceso de elaboración de su propia actividad creadora, en una revelación al mismo tiempo provocadora y de sacrificio.

Aunque no pudo llevarse a cabo, ya que quebró el periódico que iba a publicar el texto final, semejante propuesta de espectáculo sigue siendo muy significativa y deja claro lo profundo que era el sentimiento de desafío que impregnaba la obra del escritor.

Pero aparte de esto, semejante anécdota nos sirve para introducirnos en el núcleo de un concepto que parece dominar nuestro convulso cambio de siglo, es decir, la globalización. Como es sabido, en su base se halla un fenómeno de carácter socio-económico, o sea, el desplazamiento de materias primas de su lugar de origen al de elaboración y consumo. Pues bien, en el intento de aplicar tal lógica al universo de la producción literaria, resulta espontáneo pensar en el desafío que imaginó Simenon. No es éste el caso de hablar de poesía, práctica antagónica por excelencia al “mercado de la palabra”. Limi­té­monos, por tanto, a examinar la transformación hacia la que se encamina la figura del narrador: el primer peligro que se cierne sobre su futuro, en un mundo cableado, telemático y lingüísticamente homogéneo, reside aparentemente en una forma de visibilidad espantosa y cegadora.

Como un San Sebastián atravesado por las miradas de sus observadores, el novelista del nuevo mundo se nos presenta, ante todo, desnudo, completamente expuesto a los ojos del público. Nos encontramos ante el icono de un Salman Rushdie primero “escondido” de forma espectacular por la policía inglesa y luego “exhibido” de forma igualmente espectacular en los escenarios de los conciertos de rock. La primera impresión que sugiere la noción de “literatura globalizada” consistirá entonces en una metamorfosis del autor que se siente cada vez más atraído hacia la órbita teatral del actor. Podemos considerar esta transformación como punto de partida de un breve análisis que para afrontar un tema tan variado y complejo tratará de proceder con muestras.

2. Un hindú en inglés

¿Cuál es la verdadera patria de un escritor? Una respuesta muy difundida sugiere que podemos deducirlo por el idioma en el que toman cuerpo sus obras, y en este sentido bastaría recordar el llamativo ornamento de la narrativa en lengua inglesa producida por autores de origen asiático y africano. Sin embargo, la solución no es siempre tan clara e inmediata. Vidiadhar S. Naipaul, por ejemplo, que nació en Trinidad en el seno de una familia hindú y más tarde se trasladó a vivir a Londres, hizo de tal interrogante el centro mismo de su poética. De hecho, si el inglés es el hilo conductor de de todos sus transplantes culturales (o mejor dicho, el hilo de sutura de su universo interior), los mundos que une dicho idioma siguen estando dramáticamente separados a pesar de la aparente comunión lingüística.

Sobre este tema tratan muchos de sus libros y en concreto An Area of Darkness (1964). Dividido en tres partes, y cada una de ellas introducida por un “breve preludio burocrático”, el texto reconstruye el retorno a los orígenes. La peripecia del protagonista culmina en Bombay, donde por primera vez en su vida deja de sentirse un extraño. Diferente de los demás hasta ese momento, tanto en Trinidad como en la capital inglesa, ahora consigue verse como un hindú entre los hindúes disolviéndose en el anonimato de la muchedumbre. Sin embargo, la alegría le va a durar muy poco y la necesidad de ser distinto vuelve dominada por una segunda naturaleza: “Era como si se me negara una parte de mi personalidad”.

Con tal de afirmar cualquier rasgo distintivo, el yo narrador compra unas gafas de sol muy caras y la experiencia del viaje se resumirá de forma figurada cuando éstas se rompan.

La escena con la que termina el primer capítulo nos lo muestra así: cansado, irreal, tras los cristales de la montura rota y tambaleante, “con la calle que a cada paso se deshacía en pedazos”. Detengá­monos ante esta escena. Naipaul esboza aquí la imagen viviente de una identidad condenada a encontrar consuelo únicamente en la ruptura. También de esto habla la noción de globalización literaria: del deseo de sustraerse a los halagos de una homologación demasiado indiscreta y de la necesidad de reivindicar un “malestar” que sea don y herida, distancia crítica y patrimonio cultural.

3. Un inglés en inglés

¿Qué pasaría si un Estado europeo se reprodujera y transformara en una copia a escala de sí mismo? ¿Cuál sería el curso de la historia si toda una nación fuera sustituida por una especie de país-sosias en miniatura? Nace como una irónica pero turbadora reflexión sobre el poder devastador del lugar común el texto de Julian Barnes England, England.

Jugando con la historia fantástica, el novelista imagina que una pequeña isla turística acaba sustituyendo a su original haciendo retroceder a la madre patria a un estadio preindustrial.

Desencantada e inquieta, la directora, protagonista del argumento, es capaz de comprender perfectamente el alcance de tal mutación. No por casualidad, a quien le pregunta si cree en el proyecto contesta: “Creo que funcionará porque nadie ha perdido nunca dinero animando a los demás a ser vagos”.

En este libro sobre Inglaterra escrito en inglés, Barnes realiza una violenta crítica sobre los mitos del turismo, de la autenticidad y de la diversión de masas, donde la idea de globalización se refleja en la representación de un mundo alucinado hecho de simulacros kitsch y postmodernos. Así como en el pasado la pedagogía proyectaba ediciones ad usum delphini, es decir, desprovistas de todo aquello que pudiera turbar la sensibilidad de un niño (en este caso, el heredero al trono de Francia), la novela de Barnes sugiere que en un futuro próximo la propia realidad será sustituída por una copia ad usum turisti. La muerte del original retoma las tesis que Walter Benjamin elaboró para el concepto de “aura”, aunque ahora a la posibilidad teórica de hacer una reproducción técnica tal y como apunta el pensador alemán parece haberse añadido otra, por decirlo de algún modo, deontológica. Por lo tanto, clones por un lado y mercado por otro.

Quizás por ello el libro parece remitir a aquel paso de Søren Kierkegaard con el que Dwight Macdonald concluía su ensayo más famoso: “Para que todo se reduzca al mismo nivel, es necesario, en primer lugar, procurar un fantasma, una abstracción monstruosa, algo omnicomprensivo que no sea nada, un espejismo, y ese fantasma es el público”.

4. El inglés de América

Cosa americana: éste, según Dwight Macdonald, habría tenido que ser el título de su primer estudio traducido al italiano. Lo ha recordado el autor del prefacio de dicho libro, Claudio Gorlier, explicando que con esta expresión el crítico estadounidense quería imitar la fórmula típicamente italiana de Cosa Nostra. La propuesta era verdaderamente audaz, pero al final la elección recae en Contraamérica y el volumen, intensamente deseado por un lector como Nicola Chiaromonte, salió en los años sesenta editado por Rizzoli. La verdad es que la acogida resultó más bien fría a pesar de que entre los escritos figurara ya el entonces celebérrimo de la cultura de masas. Sin embargo, los tiempos cambian y el texto que más tarde volvió a proponerse como Masscult & Midcutt ahora se considera un pequeño clásico.

Para afirmar su sentido, conviene volver al título rechazado. ¿En qué consiste la Cosa americana, Su cosa, es decir, ese fenómeno que desde Estados Unidos ha invadido todo el planeta? Macdonald (extraña inversión del nomen omen) lo explica recurriendo a otra característica conquistada por la civilización de allende el océano: el proceso de homogeneización. Una técnica de este tipo (destinada a repartir los glóbulos de nata por toda la masa de la leche en lugar de permitirles aflorar a la superficie). A él le parece que esto se corresponde perfectamente con lo que sucede dentro de la industria cultural, con la única diferencia, añade, de que mientras la nata sigue estando presente en la leche homogeneizada, en un cierto sentido desaparece totalmente de la cultura homogeneizada.Como conclusión, puede resultar curioso acercar la reflexión de Macdonald a aquella tan diferente de Gille Deleuze en el ensayo La fórmula de Bartleby. El filósofo francés identifica una vocación esquizofrénica activa en la literatura norteamericana, una derivación que la llevaría a “tirar de un hilo de la lengua inglesa hasta deshacerla entera”. Respecto al europeo, explica Deleuze, el habitante de los Estados Unidos es aquel que se libera de la función paterna, ya que es hijo de un padre desmigajado, es decir, hijo de todas las naciones.

Por otra parte, es típica de tal cultura la concepción de una sociedad “en desarrollo”, “en archipiélago”, móvil y desflecada porque ha sido sustraída de la autoridad paterna. No pensamos en un puzzle, prosigue el autor, donde las distintas piezas reconstruyen el todo original, sino que más bien nos imaginamos un conjunto de elementos libres y en suspensión, grupos desligados y relaciones fluctuantes, islas e interislas, puntos inestables y líneas sinuosas. Algo así como una capa de Arlequín, un entramado de ejecución infinita o en forma de empalme múltiple; en pocas palabras, un patchwork o, lo que es lo mismo, “la invención americana por excelencia”.

Podemos dar por finalizada esta cita. Forzando la lectura de Deleuze, no parece excesivo sostener que el fenómeno de la globalización ha encontrado en Estados Unidos su laboratorio experimental. Idioma, mercado, novela: es a partir de estos tres componentes como se desarrolla la literatura mundial, configurando sus productos desde una perspectiva que ya es planetaria, aunque en una acepción bastante lejana de ese concepto de Weltliteratur que Goethe preconizó en su tiempo.

Volver al sumario