Alfonso el Magnánimo y la poesía aragonesa
La nómina de los autores nacidos en el reino de Aragón que compusieron poesía cancioneril en el siglo XV es larga, y refleja el valor que se le concedió al género en la época y su gran repercusión social. La mayor parte de los poetas era de origen noble, y su dedicación a la poesía era esporádica y circunstancial. Podemos considerar como autores aragoneses a Pedro de Santa Fe, Hugo de Urriés, los hermanos Villalpando, Juan y Francisco, Juan de Moncayo, Juan de Sesé, García de Borja, Pedro Cuello, Sarnés, Alfonso de Montaños, Juan de Ortega, Pedro de Urrea, Pedro Marcuello y Eximén Aznáriz.
Destacan Hugo de Urriés y Pedro de Santa Fe, vinculados a Alfonso V durante los primeros años de su reinado. Con ello se puede comprobar que la importante labor cultural y de mecenazgo que caracterizaba al Magnánimo es anterior a su toma de contacto con Italia.
Hugo de Urriés, poeta de origen noble, pasó toda su vida al servicio de la monarquía aragonesa, primero en la corte de Fernando de Antequera, para continuar a las órdenes de su hijo Alfonso el Magnánimo, y más tarde al servicio del hermano del rey, Juan II de Navarra.
Fue uno de los nobles que más directamente apoyaron al Magnánimo en sus primeras expediciones italianas. Es el poeta aragonés del amor por excelencia. En sus largos poemas elaboró una interesante teoría amorosa con la que demostró tener sólidos conocimientos de filosofía escolástica y también aristotélica, como en su “Definición de amor”. En el poema de Urriés destaca la aplicación de la concepción aristotélica sobre la amistad al terreno amoroso, ya que habla de un amor útil, otro delectable y otro honesto, recomendando este último, basado en la virtud y, por tanto, verdadero y duradero.
También sabía también muy bien cómo cantar al amor y lo demuestra en “Decir del casado”, tema muy poco frecuente en la poesía cancioneril, ya que no era habitual que los poetas dedicaran sus versos a la propia mujer.
Pedro de Santa Fe debía de ser zaragozano y tal vez fuera un funcionario de la corte, dada su condición de bachiller. En 1418 recibió una ayuda del Magnánimo para continuar sus estudios, para seguir preparándose en la Universidad y obtener el grado de licenciado. Es decir, el monarca se preocupó por la formación del poeta y actuó como su mecenas subvencionándole parte de la misma. Este hecho es importante porque la edad del rey entonces era de veintidós años y tan solo tenía uno de reinado; y porque esta labor de mecenazgo ejercida por el Alfonso V con Pedro de Santa Fe desde los inicios de su gobierno no sería la única.
El monarca ya contaba en su juventud con un importante círculo de escritores y poetas que lo acompañaban en sus diferentes estancias por los reinos peninsulares y también en sus primeras expediciones italianas.
En la época, la poesía era una manera de servir a un superior, además de una forma de entretenimiento. Los poetas eran recompensados con distintos encargos por los que recibían dinero, en agradecimiento a esta manera de servir a alguien que era en definitiva la dedicación a la poesía.
En relación con la faceta del Magnánimo como bibliófilo, en 1418 Alfonso V le encargó a Pedro de Santa Fe la obtención de una copia de uno de los códices que poseía Enrique de Villena en su biblioteca, las Historias de Trogo Pompeyo, y en 1431 representó al rey en una subasta de libros que se efectuó en Barcelona.
Pedro de Santa Fe compuso varios poemas en alabanza al rey, poesía de loores con unos fines propagandísticos muy claros, que sirvieron al Magnánimo en sus primeras campañas militares para acrecentar su fama como combatiente y buen monarca.
Alfonso de Aragón se convirtió en materia poética de la mano de muchos autores que poetizaron parte de su vida. Entre los temas que los autores prefirieron abordar en relación con el monarca cabe diferenciar tres motivos distintos: el primero engloba a poemas que hablan de la personalidad del rey, el segundo incluye a los que tratan de asuntos amorosos, referidos tanto a la reina María como a su amante Lucrecia d’Alagno, y el tercero agrupa a las composiciones que tienen que ver con los acontecimientos históricos, de tipo político o militar.
Pedro de Santa Fe escribió un poema en honor del monarca ensalzando su personalidad, el que lleva la rúbrica “Lohor del serenísimo rey Alfonso” y que se ha conservado en el Cancionero de Palacio, colectánea que encierra un cancionero de autor del propio Santa Fe. También se ocupó de la vida personal del monarca en varias composiciones en las que menciona a la reina María, una de ellas con ocasión de la despedida de los esposos antes de que Alfonso V emprendiera rumbo a Italia.
No obstante, en relación con los poemas dedicados al Magnánimo, Pedro de Santa Fe destaca, sobre todo, por ser uno de los poetas que dio forma versificada a las hazañas del rey. Santa Fe se convirtió en el cronista poético de la primera expedición a Italia protagonizada por el Magnánimo entre 1420 y 1423.
Escribió cinco poemas conservados en el Cancionero de Palacio, además del dedicado a la despedida entre los monarcas, que figuran en orden cronológico, y precedidos de unas rúbricas que explican en cada composición el contexto histórico y político e incluso aluden a las fechas en las que ocurrieron los acontecimientos.
Con estos poemas Alfonso V acrecentaba su fama como guerrero y combatiente, además de como un excelente monarca que es adorado por su pueblo. Santa Fe también dirige alabanzas a los que acompañaban al rey en sus campañas militares, lo cual sirve también para acrecentar la fama del monarca.
Alfonso V, pues, fue un magnánimo mecenas desde los primeros años de su reinado. Su mecenazgo no hizo más que acrecentarse con la llegada a Nápoles y con la paz de la que pudo disfrutar el rey después de que este reino fuera conquistado.
© Concepción Salinas
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