Debats 104 Verano 2009 - ESPAIS

La nobleza valenciana en la política expansionista de Alfonso el Magnánimo

Entre 1420 y 1448, Alfonso el Magnánimo dirigió en persona sus ejércitos. A lo largo de casi treinta años el monarca estuvo directamente involucrado en la práctica de la guerra en escenarios variados y con resultados muy diversos. Combatió en querellas dinásticas con el poderoso vecino peninsular, Castilla, en empresas de botín tunecinas y, sobre todo, en la conquista del reino de Nápoles y las posteriores aventuras centro- italianas. Para lograr sus objetivos en todos esos frentes, Alfonso el Magnánimo se vio obligado a movilizar gran cantidad de recursos y a desplegar variados medios organizativos. La política militar de Alfonso el Magnánimo, inseparable de la financiera, permitió reforzar una organización militar directamente vinculada al monarca y articular una de las primeras experiencias europeas de ejército permanente.El contexto militar sufre grandes cambios ente las campañas de 1420 y las de 1448. En 1420, el Magnánimo inicia su bautismo en armas, a los cuatro años de ascender al trono. Se embarca en una expedición para lograr el honor y la fama para reafirmarse en sus reinos: el trono de Nápoles, donde desembarca en junio de 1421, iniciando su primera aventura local.Para esas primeras campañas, en 1420-1421, el Magnánimo valora erróneamente sus recursos militares. Carece, como sus antecesores, de fuerzas permanentes y depende de los ejércitos que pueda movilizar para operaciones concretas, durante no más de tres o cuatro meses, y siempre realizando exigentes esfuerzos financieros. No dispone ni de capital ni de tropas propias, libres de negociación con la sociedad política de sus reinos.Para marchar a Cerdeña, articula un relevante potencial armado, limitado en su tiempo de servicio: una escuadra de cerca de 30 galeras y 14 naves donde embarcan unos 1.500 ballesteros y 4.000 combatientes de caballería; aunque muchas participan a sueldo, el grueso de los combatientes a caballo los aportan nobles de sus reinos que sirven a su nuevo rey gratuitamente, sin recibir soldada, a la espera de recompensas futuras.

Para embarcar rumbo a Nápoles, de nuevo el Magnánimo debe iniciar la lenta tarea de reunir otro ejército durante la primavera de 1421. Con recursos propios únicamente, logra congregar una flota de 16 galeras y 8 naves donde embarca fuerzas menores, 1.000 ballesteros y 1.000 hombres de armas a sueldo, la mayor parte aportados por nobles y caballeros de su corte. A esos efectivos se une el ejército del condottiero Braccio de Montone (4.000 caballos), contratado por el Magnánimo y la reina de Nápoles.

Por tanto, en este periodo de primeras campañas, Alfonso el Magnánimo todavía recurre al servicio gratuito y no tiene asegurado el concurso regular de unas mismas tropas.La situación cambia substancialmente en 1448. Las campañas y los recursos empleados para financiarlas confirman la relevancia de los cambios acaecidos en las estructuras militares.En 1446 hace cuatro años que el Magnánimo ha salido victorioso en la guerra de conquista de Nápoles contra René d’Anjou y su bando nobiliario. Desde entonces no ha habido año que no haya mantenido movilizadas tropas.

Acomete la renovación de un ejército que ya le sirve y está previamente contratado. La administración financiera real abona adelantos anuales de soldada (pagos fraccionados llamados acorriment o imprestanza) que remuneran el servicio en los meses de campaña (normalmente un semestre o de mayo a octubre); y en el transcurso de las operaciones o periodos de inactividad, sigue retribuyendo pequeñas cantidades para el mantenimiento de las tropas.

La imprestanza o emprestança (60 ducados por lanza) es un adelanto que costea el servicio a realizar y la preparación de las compañías y que se abona en pagos fraccionados, el grueso en moneda (ducados), generalmente dos tercios, y el resto en especie (en paños, draps), en función de las disponibilidades de la Tesorería.

El ejército que con esa política financiera se despliega en 1446-1448 no se moviliza para la ocasión. Ya sirve desde anteriores campañas y dispone, por tanto, de contratos (condotte) que son activados periódicamente. Fruto de la continuidad de la guerra y de su política financiera ha podido articular fuerzas regulares. Aunque para campañas concretas no dejará de reclutar compañías de condottieri y barones locales, el grueso de su ejército son tropas permanentes y profesionales remunerados por la tesorería real.Los sistemas de reclutamiento y administración de tropas, el volumen de fuerzas armadas movilizadas, así como la continuidad de servicio de estas experimentaron cambios relevantes. La política militar de Alfonso el Magnánimo provocó tres resultados muy perceptibles.

En primer lugar, consolidó un modelo de organización militar a la altura del de los estados europeos más evolucionados (reinos de Inglaterra y Francia, principados y ciudades-estado italianos), debido, entre otros factores, a una situación de guerra casi permanente desde 1420. El sistema de reclutamiento tan evolucionado dependía a su vez de una administración militar centralizada en la Casa Real en la que, sin embargo, no se generaron oficios y cargos, a diferencia de otros ámbitos, como el financiero, el judicial o gubernativo.

En segundo lugar, articuló algunos de los mayores ejércitos movilizados por un rey de Aragón en sus conflictos mediterráneos, y logró reforzar la flota de guerra al servicio directo del monarca. Alfonso el Magnánimo reactivará el potencial naval de la Corona de Aragón directamente vinculado a su persona. Al hilo del expansionismo mediterráneo de sus campañas de los años 20 y 30, el Magnánimo promovió la construcción por parte de la administración real de galeras de guerra propias del rey, en atarazanas o drassanes en Barcelona, Valencia, Cullera y, tras sus conquista, en Nápoles; unas galeras reales a las que se unirían las contratadas a nobles y caballeros de la Casa Real. El resultado sería un mayor control regio sobre las escuadras movilizadas.

Además, se constata una tendencia al alza en las fuerzas terrestres: En sus primeras expediciones (1420-1421) o en aquellas organizadas desde sus dominios ibéricos (conflictos con Castilla de 1425 y 1429-1430 o la armada a islas tunecinas en 1432), el ejército a sueldo del rey difícilmente supera los 5.000 hombres, con no más de 2.500 caballos. Sin embargo, en vísperas de la conquista de Nápoles (las campañas finales de 1441-1442) y, sobre todo, en sus posteriores conflictos centro-italianos (1446-1448), Alfonso el Magnánimo ha logrado duplicar sus fuerzas asoldadas, alrededor de 8.000- 10.000 hombres, en sus mayoría caballería (algo más de 6.000 caballos).

Finalmente, provocó el nacimiento de una de las primeras experiencias de ejército permanente en la Europa del siglo XV: la caballería del Magnánimo tras la conquista de Nápoles. El ejército permanente de Alfonso el Magnánimo, nacido en torno al rey y sus guerras exteriores –en el reino de Nápoles y en la península italiana– demostraba que era posible una vía clientelar de formación de fuerzas permanentes. El Magnánimo dispondría así de una fuerza de 3.000-4.000 hombres, en torno a la mitad de las tropas que movilizaba a sueldo en campaña, de naturaleza permanente por su base profesional, su servicio contratado y dependiente del estado –del rey– y por sus cada vez más uniformes marcos de encuadramiento, en pequeñas comitivas de lanzas reagrupadas a su vez en esquadres de relativa consistencia numérica.

© Jorge Sáiz

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