Relaciones de Alfonso el Magnánimo con la ciudad y el Reino de Valencia
Hace bastantes años Hamilton definió el siglo XV valenciano como Siglo de Oro, y no se refería exactamente a la pléyade de escritores y obras cumbre que se produjeron a lo largo de dicha centuria, sino más bien al auge económico que se observa.
La afirmación del citado autor ha sido repetida por otros colegas que han considerado el Cuatrocientos valenciano como época de esplendor, por contra,
otros historiadores no sólo dudan de este esplendor sino que opinan que se trata de una centuria de crisis o recesión. Hace ya tiempo que me ocupé sobre el particular llegando a la conclusión de que ambas teorías podían ser correctas. El siglo XV sería un periodo de expansión si nos estuviéramos refiriendo a la ciudad de Valencia; por el contrario, sería de crisis o recesión si lo referenciamos al resto, o a gran parte del territorio valenciano.La conclusión a la que llegamos la sustentamos
en el análisis de una serie de fuentes, en primer lugar aquellas que nos acercan al conocimiento de la demografía regnícola.Por lo que se refiere a la capital, los escasos datos con que podemos contar son los que llevó a cabo Torres Balbás, según el cual la Valencia de la conquista del siglo XIII contaría con unos 15.000 habitantes, cifra esta que viene a coincidir grosso modo con la indicada tanto por la Veronne como por Cabanes cuando analizan el censo urbano de 1239.
El siguiente dato demográfico nos lo proporciona el impuesto del morabatí del año 1355, que consigna 4.729 vecinos para la capital; finalmente Gaspar Eximeno, notario-escribano de la ciudad de Valencia, señala que en 1489 la localidad contaba con 8.840 vecinos. En resumen, Valencia contaría con unos 15.000 habitantes en el siglo XIII, unos 21.000 a mediados del XIV y con unos 45.000 hacia finales del XV, lo que equivale a decir que prácticamente duplica su hábitat a lo largo del siglo XV.
Por lo que se refiere al resto del territorio, por lo general hacia finales del siglo XIV, tanto el censo fiscal del año 1373 como el de 1385 presentan unas cifras de fuegos que ya no vuelven a alcanzar a lo largo de gran parte del siglo XV. Siempre de modo general, las localidades valencianas comienzan a perder fuegos a partir de finales del siglo XIV de forma suave y sosegadamente para iniciar una fuerte caída a lo largo de gran parte del siglo XV, por supuesto durante todo el reinado del Magnánimo.Si bien la pérdida de fuegos es más acentuada en la localidades del norte del reino que en las situadas en el centro y mucho más que las ubicadas en el sur, lo bien cierto es que la pérdida de fuegos es nota común en las diversas localidades ubicadas en la mayor parte de las comarcas y que representan tanto a los núcleos pequeños como a los medianos, e incluso a los más importantes del país, por lo que no se puede hablar de crisis demográfica para el periodo del Magnánimo reduciéndola solo a unas determinadas zonas del país, ni tan siquiera a localidades de un numero determinado de fuegos; la primera mitad del siglo XV se nos muestra como un autentico caos demográfico para la inmensa mayoría de los lugares acerca de los cuales disponemos de los datos demográficos.
De la confrontación de los datos aportados para la capital del reino y de los del resto, o gran parte de las localidades regnícolas, cabe deducir que ambas siguen caminos diferentes; mientras la ciudad de Valencia muestra evidentes síntomas de atravesar por un periodo de bienestar y auge, el resto de localidades sufren una crisis de proporciones importantes.
Ahora bien, a esta conclusión llegamos apoyándonos exclusivamente en cifras relativas a la demografía, demografía a la que nos acercamos mediante los datos
proporcionados por un impuesto fiscal como es el impuesto del morabatí, lo que no resulta fiable del todo, puesto que es eso, simplemente un impuesto
fiscal, por tanto ofrece dudas a la hora de interpretar sus cifras como datos demográficos.Deberemos pues buscar otras fuentes que conformen o denieguen lo dicho por el morabatí; estas otras fuentes son los Manuals de Consells, Llibres de Consells o Llibres de Sessions, que con estos nombres se conocen las actas de los Consells locales; documentación muy valiosa pero que únicamente la poseen muy pocas poblaciones.En las reuniones de los diferentes Consells se anota una serie de noticias relacionadas con la peste, epidemia que consta en 1420 en Castellón con tal virulencia que tiene que cambiar de lugar el cementerio porque ya no caben más sepulturas en el que había, la mortandad es tan grande en el reino que se pide en 1421 indulgencia al Papa, y en Valencia se paga a una persona que se había dedicado a contar diariamente los muertos habidos en la ciudadLa epidemia vuelve en 1428, con fuerte presencia en Valencia y Sagunto; otro tanto ocurre en 1439, año en que Valencia paga a una costurera por las mortajas para los fallecidos por la peste.
En 1450 vuelve con virulencia la epidemia en gran parte del territorio; en 1454 lo hace en Xàtiva.La presencia de la peste a lo largo de varios años en el territorio valenciano apunta de alguna manera el periodo de decadencia demográfica por el que atraviesa gran parte de las localidades valencianas; ahora bien, no hay que olvidar
que esa peste se ceba también en la capital y las cifras de su demografía no van a la baja ni mucho menos.Consecuencia inmediata de la crisis creada por las pestes es el empobrecimiento de la población; en 1421 la localidad de Castellón tiene que aplazar el pago de los impuestos dada la extrema precariedad con que se hallan los vecinos, entre otras cosas porque el precio del trigo ha subido de forma desproporcionada.La vecina Vila-real no puede hacer frente al pago del morabatí correspondiente
a ese año 1421, debido a las consecuencias de la peste y a la mala anyada de blats. Otro tanto ocurre con Alcoi. Cinco años después, en 1426, es Alzira la que pide remisión de deudas debido a la pobreza de sus habitantes.El grado de pobreza sigue afectando a distintas localidades; así, en 1429 la ciudad de Valencia retira la subvención a un maestro que leía poesía a los escolares en Valencia por estar la ciudad muy pobre por la guerra con Castilla; o Castellón, cuyo Consell tiene que acceder a un préstamo extraordinario en 1430 debido a la penuria económica que atraviesa.Nuevamente nos hallamos ante un mar de dudas, puesto que si bien la noticias acerca de la pobreza nos aparecen relacionadas con varias localidades, lo que nos hace pensar en su realidad, no es menos cierto que algunas de estas noticias
nos resultan un tanto extrañas, tal es el caso de la referida a la ciudad de Valencia, cuando se nos aparece siempre rica y opulenta, o el caso de Castellón, que en el mismo año en que aparece la peste, en 1420, con fuertes mortandades, el Consell adquiere una lanza como premio para fiestas de la Virgen de Agosto; o, en 1422, únicamente un año después de tener que aplazar pagos debido a la extrema pobreza, se instituye un premio para el vencedor de un torneo de tiro de ballesta.
Reveladora de inestabilidad social resulta la movilidad de la población a lo largo del periodo que estamos analizando; a través del estudio de los linajes
que nos ofrece el morabatí podemos observar la citada movilidad de la población, así:En 1415, Càlig cuenta con un 41% de linajes que no estaban en 1385; Cervera
del Maestrat con un 39%, Sant Mateu con un 36%, Xert con un 26%, Onda con un 32%. Sueca tiene en 1428 un 42% de linajes que no estaban en 1400, l´Alcúdia un 29%, Algemesí un 74%, Carcaixent un 16%. Benimaclet cuenta con un 34% de estirpes en 1445 que no existían en 1421, Meliana un 52%, Tavernes Blanques un 91%. Castellón tiene un 46% de linajes nuevos con respecto a 1398. Vila-real un 19% en 1445 con respecto a 1415. Sagunto un 26% en 1431 respecto a 1415. Ontinyent un 40% en 1433 respecto a 1421. Alzira un 43% en 1450 que no estaba en 1433. Finalmente Xàtiva un 74% de 1433 es nuevo respecto a 1378.Con variaciones en el porcentual, lo que sí queda claro es que existe una fuerte movilidad, lo que equivale a un fuerte desarraigo de las estirpes lo que supone una etapa de inestabilidad debido a la pobreza existente, lo que se traduce en la búsqueda de mejores horizontes, lo que no parece lograrse, al menos en muchas de las localidades sino más bien todo lo contrario.Tal es el caso de Vila-real, en el moratabí del año 1415 un 5% de sus vecinos no alcanzan los quince maravedís, por lo que se les excluye del pago del impuesto
al ser considerados pobres; en 1445, el porcentaje de pobres alcanza el 10%. En tan solo treinta años se ha duplicado el porcentaje de pobres a la vez que ha disminuido el número de vecinos. Con respecto a Almazora, el morabatí del año 1421 contó con un porcentaje del 6’5% de pobres, doce años después, en 1433 la cifra se eleva al 10%.Por si los datos de movilidad y de pobreza que nos ofrece el censo fiscal del morabatí no fueran del todo claros, nuevamente los libros de sesiones del Consell de diversos lugares vuelven a incidir en el estado de penuria de muchas localidades. Tal ocurre con Alzira, cuyo Consell ofrece ventajas de tipo fiscal a todo inmigrante que vaya a domiciliarse en ella en 1435.Otro tanto ocurre en Castellón, que pretende atraer población mudéjar para su morería concediéndoles casa, tierra y dinero a toda pareja que se estableciese allí.
Lo mismo ocurre con otras villas que pretenden mitigar la pérdida de habitantes mediante la captación de inmigrantes, cosa que no siempre se consigue. Tal es lo sucedido con Alzira que, pesa a las ventajas que ofrece a los que vayan a poblarla, ve cómo sus alquerías se despueblan en 1440 a pesar
del aumento de ventajas respecto a las señaladas en 1435.La penuria demográfica se constata claramente ante las necesidades que hallan los Consells cuando intentan contratar a algún artesano del que carecen, como sucede en Castellón, que tiene que prestar dinero a un barbero-cirujano para que vaya a trabajar allí en 1420; o las grandes ventajas fiscales que le ofrece la villa a un alfarero en 1432 para que deje Nules y vaya a Castellón.Quizás con matices, pero todo hace pensar que estamos ante dos realidades divergentes en la etapa del Magnánimo: mientras hallamos una vía de aumento demográfico y poderío económico para la capital, observamos otro camino que lleva a gran parte de las localidades valencianas hacia una pérdida de habitantes y un aumento de la pobreza.
¿Cómo se ha producido esa dualidad?
En un mundo fundamentalmente agrario en el que los excedentes no suelen ser demasiados, el garantizar la alimentación de un colectivo no dedicado a la producción agropecuaria, como es el caso de la ciudad de Valencia, no resulta fácil.
Cuando se presentan años de escasez, la ciudad importa trigo de los graneros más importantes con los que garantizar el aprovisionamiento necesario. Con el fin de escapar a los problemas que supone el aprovisionamiento de los mercados de Sicilia y el norte de África, los jurats de Valencia intentarán obtener el grano en el territorio valenciano.Aprovechando las dificultades económicas por las que pasa la monarquía de turno, los jurats de la capital presionarán
al monarca con donativos con el fin de conseguir de ellos los privilegios necesarios mediante los cuales asegurarse el avituallamiento importando los granos de las localidades valencianas, impidiendo, por lo tanto, el libre comercio de granos en beneficio propio.
La política de favores para su ciudad en perjuicio de otras localidades valencianas, política que ha venido ejerciendo desde la conquista, aumentará más si cabe durante el reinado del Magnánimo, siempre necesitado de ayudas económicas para sus guerras, ya fuera contra Castilla, ya en tierras italianas.Ahora bien, con el Magnánimo ya no se tratará de monopolizar la producción cerelera o apropiarse de la producción de carne, oprimiendo para ello a otras localidades; durante el reinado del Magnánimo se trata de situaciones mucho más concretas en las que no está en juego la subsistencia de la población sino el simple y puro dominio de la capital.
Así, cuando la capital del Turia tiene problemas de jurisdicción sobre el puerto rival de Sagunto, el problema se soluciona a favor de la primera mediante
la subvención al monarca de 15.000 florines y un préstamo de otros 35.000.
Los donativos de la ciudad de Valencia al Magnánimo son constantes: la ciudad mantiene a sus expensas una escuadra de galeras que debía partir hacia Cerdeña proporcionando bizcocho y 10.000 florines en metálico, así como rescatar la galera real varada en Dénia sin paga ni provisiones para su tripulación.
Cuando el monarca se halla en un momento crítico de la campaña de Nápoles, los embajadores de la ciudad de Valencia le entregan 55.000 florines, lo que permitirá pagar la soldada a más de 1.200 jinetes. En la guerra de Génova, Valencia acordó entregar 15.000 florines y adelantar una galera.El entendimiento económico de la ciudad
con el rey le permitirá al Magnánimo escapar de las puntillosas Cortes catalanas porque no necesitaba dinero de aquellas; por su parte, de la capital del Turia obtendrá una serie de ventajas, en su mayoría, a costa de otras localidades del reino.
Es más, el dominio de la capital sobre el resto de localidades es tan grande que la producción de estas últimas no sólo estará en función de las necesidades de la ciudad de Valencia, sino también en beneficio de sus mercaderes.Esta última aseveración la sustenta el hecho de que el comercio que se lleva a cabo desde la capital del Turia con las ciudades del norte de Italia y con los puertos de la Europa del norte, los productos que se exportan son mayoritariamente lana y agropecuarios, productos
de los que Valencia es deficitaria y que consigue a base de monopolizar la producción.
En definitiva, la política de donativos y préstamos a la monarquía por parte de la ciudad de Valencia constituye una de las causas por las que la capital sortea con mayor holgura los problemas del siglo XV, saliendo airosa de ellos a costa de sacrificar a otras localidades del reino con el monopolio que ejercer no sólo para sus necesidades, sino también para las ganancias de la oligarquía gobernante.Esta doble situación hará que, conforme vaya avanzando el Cuatrocientos, la diferencia de posición entre la capital y las otras localidades esté cada vez más separada, lo que propiciará que una parte de los habitantes de las localidades valencianas emigren hacia la capital, donde esperan lograr un mejor nivel de vida.
La ciudad de Valencia ve aumentar su población a lo largo de la primera mitad del siglo XV gracias a los inmigrantes que le llegan procedentes del propio reino. Según los libros de Avehinaments, a lo largo de la primera mitad del Cuatrocientos se avecinan en Valencia un total de 1.303 personas, cifra esta, no obstante su relatividad, que representa el 79% del total de los avecinados; aumento importante para la capital, a la vez que disminución para las localidades de las que proceden los inmigrantes.
Queda, pues, claro que la política del Magnánimo en lo referente a la pugna capital/resto de localidades, fue totalmente favorable a la primera, no sólo permitiendo, sino potenciando que la ciudad de Valencia impusiera sus intereses al resto de poblaciones del reino. Será la capital la que encabece en beneficio propio las concesiones que el monarca otorgue al reino.¿De lo dicho se desprende que el auge de la ciudad de Valencia se basa exclusivamente en el aprovechamiento del resto de localidades?
El auge de la capital no se cimentó en exclusiva a expensas del resto de poblaciones. Su auge estaba tanto en los beneficios que obtenía del resto de localidades
con la organización económica del territorio en función del beneficio exclusivo de la capital, de la movilidad demográfica hacia la metrópoli, como de su condición de gran puerto mediterráneo, gran centro mercantil y financiero en el que la expansión comercial se debió a la conjunción de intereses entre los hombres de negocios italianos con la burguesía y los operadores económicos locales en torno al comercio de productos agropecuarios, especialmente la lana, con destino a los puertos de Génova- Savona, Pisa y Venecia.
Cuando el futuro comenzó a situarse más al sur y más allá del estrecho de Gibraltar, el tráfico noritaliano de largo recorrido que integraba los circuitos del Mediterráneo y del Atlántico utilizó, más que los puertos catalanes, el puerto de Valencia, convertido en etapa obligada de los viajes genoveses y, algo más tarde, de las galeras de estado venecianas (la muda) que periódicamente hacían la ruta de Levante a Flandes; al menos desde 1436 las galeras venecianas
de las líneas de Aigües Mortes y de Berbería se concentraban en Valencia, cerrando el ciclo de intercambio de la cuenca mediterránea antes de adentrarse
en el Atlántico.
La originalidad del circuito valenciano residía en que, por primera vez, los agentes comerciales y las naves de estas líneas regulares hallaban en esta escala mercaderes abastecedores de productos variadísimos, por lo general de poco coste y gran volumen, algunos de ellos alternativos
a los tradiciones suministros de Levante: azúcar, arroz, esclavos, grana, hilo de seda, frutos secos…A mitad del camino entre Italia y el Mar del Norte, Valencia proporcionaba en los viajes de ida los productos más corrientes de exportación atlántica y, en los viajes de vuelta, las materias primas necesarias para las industrias locales de las ciudades del norte de Italia.La fecundidad de esta apertura mediterránea comprendía numerosas fuerzas sociales, además de la burguesía mercantil,
e iniciativas culturales. En ella tienen un gran papel las minorías étnico-confesionales, la participación de la pequeña
nobleza de los caballeros fue determinante, acorde con el peso emergente que representaban en la sociedad de su tiempo.Como ningún otro grupo personalizaron a mismo tiempo la doble dimensión, militar y mercantil, de la expansión. Por una parte intervinieron como armadores, patronos de naves, miembros de sociedades comerciales de ámbitos internacionales o como inversores y socios comanditarios.
¿Nuevo modelo de gobierno?
Los monarcas de la Corona de Aragón no residieron en una capital de modo fijo. Cuando el territorio valenciano se incorpora a la Corona, su monarca, Jaume I, es un rey itinerante, basta con leer su Crónica para ver de primera mano cómo el rey no permanece en ningún lugar más de un año seguido. El monarca pasaba largas temporadas no sólo en las tres capitales, Zaragoza, Barcelona y Valencia, sino también en una serie de poblaciones más o menos importantes. Tampoco
sus sucesores van a residenciarse de forma fija en un único lugar. Los predecesores del Magnánimo se habían arreglado con visitas regulares de inspección por sus reinos y estados peninsulares mientras los virreyes controlaban las islas en nombre suyo.Durante la primera etapa de su gobierno, hasta la conquista
de Nápoles, el segundo Trastámara siguió idéntica política a la llevada a cabo por sus predecesores. El rey era un extraño que de vez en cuando recalaba en Valencia.La llegada del soberano a territorio valenciano era siempre motivo de festividad, como sucede en Castellón en 1417 o en Valencia en 1423, festividades que muestran la rareza del suceso.
Valencia, como el resto de localidades importantes, tratará de retener consigo a la persona del rey el mayor tiempo posible, dado que su permanencia reportaba beneficios económicos así como dividendos de buena imagen.El continuismo de la política itinerante del monarca termina en 1432, cuando fija su residencia en tierras italianas para el resto de su reinado. A partir de esta fecha gobernará cada estado a través de un delegado, fuera con el cargo de virrey o el de lugarteniente general.Desde un primer momento quedó claro que la autoridad delegada estaba sujeta en cada caso particular a su control, tan estricto como el tiempo y la distancia permitían.
Esta política hacía que tanto el Regne de València como los otros estados hispanos tuvieran la sensación de haber sido relegados a una condición provinciana por una dinastía forastera. Políticamente deploraban un estado de cosas que situaban al rey más allá de su control, tanto física como financieramente.La generosidad de su respuesta tras el desastre de Ponza se debió en parte al cálculo de que les daba la oportunidad de reafirmar su centralidad arrancando a Alfonso de las acechanzas de Italia como ya lo habían hecho en 1422.La reina María será la mantenedora de la autoridad del rey en los estados hispánicos; el juicio de los historiadores con respecto a su gobierno son dispares, mientras Ryder y Batlle la consideran como una política torpe, Visón y Warenfigth valoran su capacidad política y su sagacidad.
Por lo que se refiere a su lugarteniente, en el Reino de Valencia se viene considerando como positiva, puesto que su prioridad fue la tutela y bienestar de sus súbditos. Gastará el dinero de los impuestos en la promoción de la cultura y el arte, por lo que constituyó un gran impulso a las letras valencianas en esta centuria tan importante al hacer de su corte un foco de creación literaria.La ausencia regular del rey de la ciudad de Valencia había hecho que el obispo titular adquiriera un papel de primer orden con actuaciones importantes en el campo político. Con el nombramiento de Alfonso de Borja al frente de la diócesis de Valencia, el Magnánimo halla
un magnífico consejero y vicecanciller que actuará al servicio del rey, lo que le obliga a estar ausente de su diócesis, ocupado en las misiones que el monarca le encomendaba.Esta ausencia del obispo va a ser un grave handicap, tanto para la ciudad como para toda la diócesis, privada de la presencia de un personaje que, a menudo, desempeñaba funciones políticas y diplomáticas de primer orden.En definitiva, el nuevo modelo de gobierno, por lo que a Reino de Valencia se refiere, no significa cambios estructurales en cuanto a la tradicional forma de gobernar de los anteriores monarcas, sí en cuanto a que se esfuma el posible control que el reino había ejercido hasta entonces con sus monarcas.
Domesticación dela doctrina pactista
Una de las aspiraciones del reino dentro de la Corona de Aragón será conseguir una serie de organismos autónomos con respecto a la administración real. Así en las Cortes de 1418 se crea la Generalitat al hacer permanente la Diputación del General; la creación de este organismo le significó al rey una ayuda de 189.000 florines, de los que 45.000 ya habían sido adelantados por la ciudad de Valencia y otros 60.000 estaban destinados a la redención del real patrimonio.
Otro tanto sucede cuando se quiere tener un auditor propio, el mestre racional, sus propios archivos o unas reglamentaciones para controlar a los notarios, los valencianos tuvieron que entregar al rey 40.000 florines cuando la capital había invertido 30.000 florines en la construcción y puesta a punto
de unas galeras.Ahora bien, estos grados de mayor autonomía, comprados al rey a precio de oro, se irán erosionando bajo la presión del autoritarismo real que va acabando con el tradicional ordenamiento basado en el pactismo entre la Corona y las instituciones representativas del reino.
Los municipios van a ser domesticados por la Corona. En la ciudad de Valencia la intervención de la realeza se concretará con la introducción de la CEDA, un sistema de revisión de cargos de los jurats que reservaba al monarca la confección de la lista de candidatos que tenía que votar el Concejo General.El alejamiento del rey respecto a la ciudad exigía la colaboración de delegados de su confianza, poderosos y bien informados de los entresijos de la compleja política municipal; por ello acabaría siendo el mestre racional el que informara al rey de los candidatos idóneos y el que elaborara las listas en último extremo.
En el resto de los gobiernos municipales, la injerencia de la corona se tradujo en la sustitución del tradicional sistema de cooptación por un nuevo régimen de insaculación en el que la monarquía era la encargada de confeccionar las listas de los candidatos que iban a entrar en el sorteo.Los municipios no eran partidarios de este nuevo sistema; como ejemplo, tenemos la ciudad de Castellón, que no la aprueba en 1444, pero tiene que aceptarla en 1446, si bien vuelve a insistir pidiendo su revocación en 1461, tal como nos indican sus libros de Consells.
En lo concerniente a la Generalitat, que se había convertido en un poderoso instrumento de las oligarquías del reino y, por lo tanto, en una amenaza potencial para la Corona, la monarquía la supeditará mediante el control del proceso electoral y la colocación de candidatos fieles.Para ello impone la designación de los jurados de la ciudad de Valencia, hombres de confianza del rey, como acabamos de señalar. Juntamente con el control de los cargos, los oficiales reales forzaban a los diputados a avanzar créditos a la Corona e incluso a embargar el cobro de algunos impuestos; esto es, intervenían a menudo los recursos de la institución.Grados de autonomía pagada a precio de oro que quedaba en la nada por la política de la Corona que rompía el frágil equilibrio entre rey y reino llevado a cabo hasta entonces. Se pasaba de una política pactista a otra soberanista.
Ruinosa política financiera
Las rentas y tributos tradicionales ya no son suficientes para mantener a las monarquías de la Baja Edad Media. Se ha de recurrir a una nueva modalidad de fiscalidad del estado basándose en impuestos y tasas, tanto generales como universales.
La intervención de la Generalitat y de los municipios encargados de recaudar y administrar los impuestos recortaba la autonomía financiera y política de la Corona, obligada a solicitar donativos y subsidios a las Cortes y a las ciudades, aceptando a cambio contrapartidas jurídicas y políticas.
Recuperar la autonomía, obtener la aportación fiscal del país sin la mediación política de las oligarquías nobiliaria y urbana va a ser el objetivo principal del Magnánimo. Eso exige, en primer lugar, el saneamiento del patrimonio real, y en segundo lugar el recurso a fórmulas alternativas como la deuda pública.El patrimonio recaudaba aproximadamente medio millón de sueldos anuales, lo que venía a representar entre un 60 y un 70% del conjunto de los recursos financieros de la Corona en el país.
De esta cantidad apenas llegaba a la tesorería una cuarta parte, y ello no siempre requería de forma regular. La función del patrimonio real no dotaba de liquidez a la monarquía, tan sólo servía para sufragar los gastos ordinarios, el mantenimiento de aparato administrativo. Para los gastos extraordinarios —fundamentalmente
la guerra— el rey dependía de los subsidios de las Cortes y de los municipios. En el Reino de Valencia los nuevos impuestos, que habían quedado en manos de los estamentos y de las haciendas locales, representaban un 25% del total de los ingresos de la Corona.
Entre 1418 y 1475, las Cortes valencianas aportaron a la monarquía 8.258.000 de sueldos para financiar campañas militares, a los que habría que añadir otros 3.809.021 otorgados por la ciudad de Valencia en préstamos. Si esto era lo entregado, lo recaudado ascendería al triple, puesto que la Generalitat
retenía otros dos tercios para sus propios gastos.Otra realidad era la lentitud en la recaudación y, sobre todo, la negociación política con los estamentos del reino encargados de aprobar y recaudar los impuestos. Con el fin de solucionar estos problemas, la Corona arbitrará una nueva política financiera basada en el recurso cada vez más frecuente de la deuda pública y, en particular, el crédito censalista.
La deuda pública se convertirá en un eficaz instrumento financiero que permita obtener los recursos necesarios rápidamente sin la mediación política de los estamentos.Durante el último cuarto del siglo XIV, los ingresos de la ciudad de Valencia descansaban sobre dos fuentes básicas: por una parte, en los préstamos de amplios sectores de la sociedad urbana, a través del crédito censal, implantado en la hacienda local a partir de 1366; por otra, en los impuestos indirectos sobre el consumo y el intercambio de bienes. A partir de comienzos del siglo XV, los créditos censales se instalan como base principal de las finanzas municipales. La emisión de censales, la creación de una deuda pública, era la mayor respuesta del gobierno urbano para obtener la liquidez inmediata que no podía encontrar en el arrendamiento de sisas y para cubrir los dos gastos mayores a los que había que hacer frente la ciudad: el aprovisionamiento alimentario y el apoyo financiero a las empresas militares de la monarquía.El censal era inicialmente para las economías domésticas, y para las públicas, una solución de emergencia. La forma más rápida y barata de obtener dinero en metálico. Ahora bien, el problema era que rápidamente adquirió un carácter estructural que hipotecaría los ingresos tradicionales y obligaría a contratar nuevos censales con el fin de satisfacer los intereses periódicos o redimir los más ostentosos.
La progresión al recurso del censal toma tal auge que san Vicente decía lo siguiente: Mal punt hi son entrats los censals que tot lo mon han destroit. Ja les comunitats no poden suportar les carrechs del cesals. Los singulars tots quasi son endeudats e empobrits a cens.En pocos años la mayoría de las denuncias
ante los justicias locales estaban relacionadas con el impago de las pensiones, al mismo tiempo que la inflación censalista se apoderaba de las haciendas locales. En Castellón, por ejemplo, los intereses de la deuda pública representaban en 1426 las tres cuartas partes del total de los gastos. En Valencia, el porcentaje fue del 29% en 1365, del 35% en 1402, y del 75% en 1429, lo que venía a significar en términos absolutos más de medio millón de sueldos anuales entre 1412 y 1427, únicamente en el pago de intereses.
La creación de nuevas contadurías —la clavería dels censals y la de quitament— dedicadas respectivamente al pago de intereses y de la amortización de la deuda, muestra hasta qué punto el problema del endeudamiento había desbordado la capacidad administrativa de las haciendas locales.La política de la deuda pública desembocará
en muchas ocasiones en situaciones caóticas, ya que la totalidad de los presupuestos se gastaban en satisfacer la deuda, en el pago de intereses y censos, mientras que apenas se destinaba a gastos de inversión.El total de los gastos devengados por una localidad concreta podría ser la siguiente: un 85% se destinaba a pagar intereses y censos, juntamente con los gastos ocasionados por pleitos a los que se veía envuelta la localidad y la v debida al re; un 10% lo constituían los salarios de los propios jurados y de los empleados a su cargo; finalmente un exiguo 5% se gastaría en obras públicas y servicios comunitarios.
El mercado del censal se articulaba a dos niveles: en el inferior, circulaban los censales privados contratados en el ámbito local o, como mucho, el comarcal,
en el que estaba implicada toda la población, como deudores o como acreedores o, incluso, como ambas cosas. Ahora bien, suelen ser los grandes linajes del lugar los principales beneficiarios de estas operaciones crediticias.Un segundo nivel, las grandes sumas requeridas por las haciendas municipales
y por las familias nobiliarias únicamente podían ser cubiertas por los acreedores de la ciudad de Valencia, el mayor mercado financiero del reino, hacia el que afluían igualmente los intereses de la deuda concreta del país rural.
Se establecía de este modo un doble movimiento entre el campo y la ciudad, en claro beneficio de esta última, que se veía reforzado por la vecindad en Valencia de buena parte de los principales acreedores locales y comarcales.La expansión del sistema entre el resto de municipios contribuirá a que Valencia consolide su liderazgo financiero en el reino, al dominar sus ciudadanos las haciendas de la mayor parte de las villas valencianas y absorber así, en forma de pensiones, los recursos del país.
El mercado del crédito beneficiaba, en último extremo, a los rentistas de la capital, liderados por la nobleza y las clases medievales.Un ejemplo de cuanto estamos diciendo nos lo muestra el estado de la deuda pública municipal a los largo del siglo XV: Burriana mantiene en manos de acreedores locales un 25% de la deuda pública, el 75% restante está en manos de acreedores de la ciudad de Valencia; Castellón cuenta con un 23% en manos locales y el 77% en poder de los de la capital; Alcoi presenta un 14% de la deuda pública en manos de los acreedores locales y un 90% en los de Valencia. Finalmente, Vila-real presenta
un 50% de deuda pública en manos de los acreedores locales y otro tanto en las de Valencia.
Supeditación del reino a su capital y de ambas al rey, este es el resultado de la política del Magnánimo, que conseguirá domeñar el poder local mediante la instauración de un nuevo modelo de gobierno en el Reino de Valencia, una domesticación de la política pactista del reino y, finalmente, una ruinosa política financiera. Los únicos beneficiados serán una oligarquía reclutada entre los miembros de la mediana y pequeña nobleza, así como los grupos urbanos vinculados a la administración, el comercio y las leyes.
© Ramón Ferrer
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