Debats 102 Invierno 2008

Responsabilidades y Deberes

Todos los seres humanos y la comunidad humana en su conjunto, a través de su existencia, se esfuerzan constantemente por alcanzar la cima de una montaña llamada “Perfección”. Para todo hombre su propia vida es parte de una eternidad eterna, experimentada por él como individuo.

¿Cuál es la fuerza motriz de las acciones y deseos humanos en esas personas que son conscientes, en tanto seres humanos, de que son mortales? Pues es imposible evitar lo inevitable. Al margen de las innumerables diferencias en motivaciones, y olvidando el instinto biológico de supervivencia, la humanidad está propulsada por una energía vital y el deseo de vivir. Sus actividades y su firmeza dependen de muchos factores.

De acuerdo con varios filósofos, sólo hay tres elementos que influyen en el comportamiento humano: el miedo, la fe y el provecho. Pero, con todo, hay otra dimensión que aporta con mucha frecuencia sustanciosas adiciones a esta tríada de casualidad del comportamiento humano, contradiciendo incluso sus propias motivaciones: el deber y la responsabilidad de los miembros de la humanidad.

La noción de deber y de responsabilidad se desarrolla junto con la evolución de la consciencia humana, y, de acuerdo con Aristóteles, es el hombre el único que, dotado de razón, es también una criatura tanto política como pública.

Al final del segundo milenio, no sólo es útil, sino vitalmente importante, mirar hacia el próximo siglo e intentar captar los contornos del tercer milenio en este horizonte. ¿Cómo los percibimos desde el punto de vista del deber y la responsabilidad de la humanidad? Es importante, primero de todo, llegar a un común entendimiento de lo que es una de las principales contradicciones de nuestra época, que llamamos la “época de la supervivencia”.

Tal definición de nuestro tiempo está bastante justificada, teniendo en cuenta el factor de globalización del mundo en la actualidad. La existencia de la humanidad y el medio ambiente está amenazada por peligros globales que a largo plazo suscitan la cuestión de la supervivencia real de la humanidad. De acuerdo con ello, la principal contradicción en esta época de supervivencia es la imposibilidad de satisfacer los crecientes gastos de la civilización mundial con las mismas estrategias de desarrollo y sin disminución de los recursos naturales. En pocas palabras, el planeta Tierra no vive conforme a sus medios. Y asegurar las necesidades vitales de las generaciones actuales se hace, en gran medida, a expensas de las generaciones venideras, empleando para estos propósitos enormes recursos materiales e intelectuales.

A fin de cambiar este orden fijado de cosas, es necesario elaborar una estrategia de supervivencia. Tal desarrollo se ve agravado por el hecho de que la comunidad mundial, con todos los dramas y tragedias crecientes de inestabilidad entre países ricos y pobres, y entre personas ricas y pobres, deterioro del medio ambiente, etc., continúa gastando enormes cantidades en la producción de armas cada vez más sofisticadas. La época de supervivencia requiere un pensamiento planetario y una nueva cultura de la solidaridad. Pensar “planetariamente” quiere decir aceptarse a uno mismo no sólo como individuo y ciudadano de tal o cual país, sino como ciudadano del común planeta Tierra, como miembro de una comunidad humana interdependiente que puede hacer frente a peligros globales debido a una nueva cultura de la solidaridad. La comunidad mundial necesita una nueva filosofía y una nueva estrategia de supervivencia, porque al final del segundo milenio la humanidad se está acercando al punto de no retorno.

En primer lugar, el tic-tac de la bomba ecológica, la constante tendencia hacia el agotamiento de los recursos naturales que son particularmente vitales para la vida misma, la energía, agua potable, y aire limpio y no contaminado. A esto debería añadirse la cada vez más amplia separación entre ricos y pobres, tanto países como grupos de población, que incrementa el nivel de las tensiones dentro de la sociedad y entre países desarrollados y en vías de desarrollo. El continuo incremento de armamento, su desarrollo y diseminación, incluyendo armas de destrucción masiva, mantienen en perspectiva e incluso aumentan la probabilidad de guerras a gran escala, llevando a un cataclismo mundial.

Debido a estos factores, en esta época de supervivencia, debemos inevitablemente repensar la noción del deber y la responsabilidad de la humanidad. Esto quiere decir, en particular, que teniendo en mente la necesidad de respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, que han sido de gran importancia durante los siglos XIX y XX, el siglo XXI debe inevitablemente ser un siglo, y el comienzo de un nuevo milenio, en que se observen los deberes y las responsabilidades de la humanidad. Muchos pensadores de nuestro tiempo hablan de esto. Entre ellos, el profesor Hans Küng, autor del proyecto llamado “Ética Global”; el profesor Carl Friedrich von Weizsäcker, autor del concepto de “ascetismo democrático”; y miembros del grupo de expertos de alto nivel sobre la “Búsqueda de un Orden Global. Los Problemas de la Supervivencia”, liderado por Helmut Schmidt y Hans d’Orville, y apoyado por el profesor Serguei Kapitza, vicepresidente de la Academia Rusa de Ciencias Naturales. En los últimos años, la UNESCO ha prestado una creciente atención al problema de las responsabilidades y deberes humanos, y la XXIX sesión de su Conferencia General adoptó el 12 de noviembre de 1997 la Declaración sobre las Responsabilidades de las Generaciones Actuales con las Generaciones Futuras. Por responsabilidad, se entiende aquí una categoría moral que determina los motivos de la actividad humana en los intereses de la humanidad. Deber es una categoría de responsabilidad moral y ética de un ser humano y de su propia conciencia individual.

En esta conexión, en esta época de supervivencia, hablamos de ética global de supervivencia. En otras palabras, la ética global de responsabilidad en la época de supervivencia implica convicciones personales así como normas vinculantes en legislación internacional y nacional basada en la conciencia de las responsabilidades humanas, de las responsabilidades de las instituciones públicas y estatales por acciones que ponen en peligro la existencia de la humanidad o le causan daño masivo o irreparable. Tales acciones deben ser vistas como crímenes contra la humanidad.

Cuando hablamos de responsabilidades y deberes humanos en esta época de supervivencia, debería tenerse en mente que la esencia de las relaciones públicas ha determinado la estrecha interdependencia entre libertad y responsabilidad, así como entres derechos y deberes humanos, teniendo en cuenta la globalización del mundo. I. En la actualidad, la UNESCO está considerando el borrador de una Declaración del Derecho Humano a la Paz. Esto también demuestra la creciente preocupación de la comunidad mundial por preservar la paz, peligros que adquieren un carácter de catástrofe potencial y global en las actuales condiciones de un orden global del mundo. Vinculado a esto, el artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que afirma Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona debe, en toda lógica, ser la base de una cláusula similar en la propuesta Declaración Universal de Responsabilidades y Deberes Humanos: Responsibilidad por la amenazaza para la paz global y la vida en la Tierra debida a acciones de personas e instituciones públicas y privadas, y las decisiones y leyes adoptadas por ellos que sean portadoras de un peligro de guerras globales y catástrofes.

Y de esta responsabilidad se sigue que El deber de todo miembro de la humanidad es que nunca, bajo ninguna circunstancia, use o contribuya al uso de armas de destrucción masiva (nucleares, químicas, biológicas o de cualquier otro tipo) o de otras acciones que representarían un peligro para la vida en la Tierra, es decir, el peligro de una catástrofe ecológica global.

En este sentido, el cambio de la noción de deber humano debe extenderse al ámbito militar e inculcarse en el trabajo de los oficiales militares, que, como ciudadanas de la sociedad global, nunca deben dar o ejecutar órdenes que impliquen el uso de armas de destrucción masiva. En el espíritu de una ética global, la misma responsabilidad global se aplica a científicos, responsables de la elaboración y desarrollo de armas de destrucción masiva, y gobiernos y líderes políticos que adoptan planes para el uso de armas nucleares. Es evidente que la cuestión de tales responsabilidades sólo se discute en la arena pública y está lejos de adquirir el status de un postulado moral comúnmente aceptado ni el de un carácter legal interno. Sin embargo, el debate en la comunidad mundial sobre este asunto, provocado por la creciente conciencia de lo inaceptable de las consecuencias globales de las armas de destrucción masiva, contribuye al fortalecimiento de una categoría que afecta a una nueva responsabilidad global en esta época de supervivencia.

II. En esta época de supervivencia, la comunidad mundial se enfrenta a un problema tan viejo como el mismo mundo: el problema de la intolerancia y la violencia, que hoy adquiere el carácter de peligro global. La intolerancia y la violencia, en el mundo multipolar y con la ausencia de la disciplina de dos bloques, como reacción a la antigua discriminación, opresión o violencia, toma cada vez más el carácter de conflictos y guerras interétnicos e interreligiosos.

El fundamentalismo nacionalista y religioso que remueve prejuicios, intolerancia y violencia presenta un peligro real de fuego global. Recordando el derecho humano a la libertad de pensamiento y expresión, conciencia y creencia (artículos 2 y 18) de la Declaración Universal de Derechos Humanos, estos artículos deben reflejarse en la Responsabilidad por manifestaciones de intolerancia por personas o instituciones públicas o privadas que adopten decisiones y leyes que pueden provocar el espíritu y la práctica de la intolerancia y que violan los derechos humanos enshrined en la Declaración Universal de Derechos Humanos. De esta responsabilidad, se deriva el siguiente deber: Deber como una categoría ética y una norma para personas que asumen puestos de responsabilidad que deben supervisar el orden público y detener la extensión de la intolerancia, al verla como un peligro concreto para la comunidad mundial y como un crimen contra la humanidad.

III. Desde los tiempos antiguos hasta el presente, los portadores de sabiduría moral han considerado que la injusticia es una de las cargas más insoportables del hombre. El hambre, la enfermedad, los malos tratos, como prueba la historia, pueden ser aguantados si tales penurias le afectan a uno (para una persona son percibidos como una tragedia personal). Pero cuando un hombre ve que los ignorantes enseñan a los ilustrados, cuando la virtud es humillada, y la riqueza es arrebatada con mentiras, y los trabajos pesados no acaban con la pobreza, donde la incultura, las mentiras y el vicio gobiernan en una sociedad o en un país, el corazón y alma de sus ciudadanos sufren injusticia. Y muchas personas, no dadas por su naturaleza a la agresión, y en particular los jóvenes, intolerantes hacia la injusticia, se preparan para manifestarse, incluso violentamente, contra leyes y sistemos que coexisten con la injusticia y la agitan. En un mundo global, donde gracias a la comunicación y a la información, los países y las gentes se convierten en vecinos y aprenden de sucesos y condiciones de vida de cada uno mucho más rápido que antes, la distancia cada vez más grande entre países ricos y pobres adquiere el carácter de peligro global. Es necesario promover la conciencia pública de que la Responsabilidad por la injusticia, debida a acciones de personas o instituciones públicas o privadas, que adoptan decisiones que no respetan los derechos contenidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esta responsabilidad determina el siguiente Deber de luchar contra la injusticia como categoría ética y norma para personas en puestos de responsabilidad que deberían garantizar la implementación de los derechos humanos.

IV. La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en noviembre de 1997 la resolución 52/15, que proclamaba el año 2000 como el Año Internacional para la Cultura de la Paz. Muchas figuras de la ciencia y la cultura, así como representantes de la vida pública, incluyendo a ganadores del Premio Nobel de la Paz, se pronunciaron a favor de una Década para la Cultura de la Paz de las Naciones Unidas, que comenzaría en el año 2000.

Esto demuestra que el concepto promovido por Federico Mayor Zaragoza, director general de la UNESCO, para sustituir la actual cultura de guerra y violencia por una cultura de la paz encuentra apoyo y una positiva respuesta en la comunidad mundial. Un amplio movimiento internacional por una cultura de la paz es cada vez más fuerte y gana influencia en instituciones nacionales e internacionales de diferentes países y contribuirá a un asentamiento gradual de una cultura de la paz como filosofía global y estrategia de la comunidad mundial.

Esto quiere decir que el nuevo siglo puede no ser sólo un siglo para un mayor fortalecimiento de la democracia, sino también un siglo de justicia social y solidaridad para el conjunto de la comunidad mundial, y por tanto un siglo de responsabilidad global. En la actualidad, el deber y la responsabilidad aún no son elementos aceptados públicametne de una ética global y aún no han adquirido el carácter de normas y deberes internamente vinculantes.

Esas figuras de la vida pública, científica y cultural que son conscientes de los peligros globales que amenazan la supervivencia de la humanidad deben comprender primero sus deberes y responsabilidades a fin de contribuir a la instalación de una ética global de responsabilidad en la opinión pública mundial. ¿Cómo? ¿Creando un mecanismo de supervisión de esta ética global, de estos deberes y responsabilidades? Esta pregunta requiere los esfuerzos intelectuales y morales de la comunidad mundial. Debería tenerse siempre en mente que ya hay logros en este ámbito. La historia de la lucha contra el apartheid, el antisemitismo y otras manifestaciones de intolerancia y xenofobia demuestra lo efectivo de las normas y sanciones jurídicas, políticas, económicas y de cualquier otro tipo. Sin necesidad de esperar a la elaboración y adopción de normas internacionales referidas a la ética global, es posible comenzar con el apoyo del movimiento público para una ética global y la educación de los ciudadanos en el espíritu de las responsabilidades humanas a fin de que todos sean conscientes de sus deberes y responsabilidades para contrarrestar los peligros globales de esta época de supervivencia. Para esto, hay una arma moral en relación a las personas e instituciones públicas y privadas que adoptan decisiones que llevan en sí mismas el peligro de la guerra global o de un conflicto global causado por la intolerancia y la injusticia. El escritor y piloto francés Antoine de Saint-Exupéry previó la ética global cuando escribió en su libro Tierra de hombres:

La grandeza de un hombre está en su conciencia de responsabilidad. Él es responsable del destino de la humanidad, dado que depende de su trabajo.

Ser un hombre quiere decir sentir que se es responsable de todo. Avergonzarse de la pobreza, aunque no sea por culpa de uno. Enorgullecerse de los triunfos de los amigos. Y saber que, poniendo una piedra, se ayuda a construir el mundo.

La ética global quiere decir:

Sentir la propia responsabilidad por lo inaceptable de las guerras y la violencia, porque la gente sea torturada y asesinada;
Sentir la propia responsabilidad por los seres esclavizados y la desigualdad entre los seres humanos;
Sentir la propia responsabilidad por la injusticia hacia los otros.
Sentir la propia responsabilidad como ciudadano del planeta quiere decir ser consciente del propio deber moral para contrarrestar los peligros y males globales.

Para esto, pueden adoptarse diferentes fórmulas de ostracismo moral no violento, sobre todo hacia quienes, a la vista de la comunidad internacional, son portadores de peligros globales y de intolerancia global. Para esto, es necesario, en primer lugar, inculcar en la conciencia y opinión pública la necesidad de ser intolerantes con todas las manifestaciones y acciones de representantes e instituciones públicas y privadas que quebranten las normas de la ética global y de las responsabilidades y deberes globales.

Al alba del tercer milenio, la humanidad tiene una ocasión única de llevar a cabo esfuerzos por la promoción de una ética global de responsabilidades y deberes que formen parte inseparable de una cultura de la paz. En el Informe Preliminar del director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, a las Naciones Unidas sobre una Cultura de la Paz (152 EX/42 de 2 de abril de 1998) se subraya:

El año 2000 tiene una importancia histórica, como fin de un milenio y anunciando el comienzo de uno nuevo. Puede ser visto por la gente como un momento histórico en torno al cual puedan ser movilizados para un cambio fundamental. Es una oportunidad única para implicar a las personas en un esfuerzo común en la transición de los valores, actitudes y comportamientos del pasado, que con tanta frecuencia llevaron a guerras, violencia e injusticia social, a aquellos valores, actitudes y comportamientos que pueden hacer posible un futuro caracterizado por una cultura de la paz.

© Vladimir Lomeiko

Traducción de Josep Carles Laínez

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