Debats 102 Invierno 2008

Los Deberes del Hombre y la Familia

Si existe un ámbito social en el que es preciso subrayar la existencia de deberes, es el familiar. La familia es el primer núcleo en el que se desarrolla la convivencia de los seres humanos y entre sus fines básicos se encuentra la protección, crecimiento y formación de los futuros protagonistas de la historia del hombre. Es en la familia donde nace el amor y la comprensión; donde crecen sentimientos de abnegación y generosidad; donde brillan la mutua ayuda y el espíritu de sacrificio. La familia porta y transmite valores, conserva tradiciones y cultos, y genera nuevas virtudes y conocimientos. La familia se constituye en escuela de formación, en la que unos enseñan lo que aprendieron de sus mayores, entremezclando conceptos culturales, tradiciones pragmáticas y recuerdos sentimentales.

Pero la familia constituye la primera muestra celular del universo. Por eso, al propio tiempo, en la familia se presenta descarnadamente toda la sintomatología de las enfermedades que aquejan al mundo actual, con singular presencia de los sentimientos de insolidaridad y violencia, que tan desgraciadamente reinan en el mundo de hoy. La gravedad de estas muestras es que cuando se presentan lo hacen con especial fuerza en su impronta. El receptor es el niño o el joven, cuya blandura en formación le hace recibir, de forma permanente e indeleble, el sello del mal hacer. Lo padecido en tal situación cobra presencia difícilmente olvidable y corregible. Las raíces afectadas son de cura casi imposible. Evitar tales males en estos momentos en que el hombre está en fase de formación es especialmente importante, y a ello deben tender nuestros esfuerzos. Aquí se está incubando el ciudadano del mañana, pero también el homble público del futuro. Lo que se haga por él en el seno familiar, se estará haciendo por el amplio núcleo abierto a su influencia en el porvenir.

Por otra parte, en el seno de la familia se pone de manifiesto la competencia por el poder, con la lucha entre personas, sexos y generaciones. El ámbito familiar es campo de ensayo y entrenamiento para la lucha social. Marido y mujer contienden a veces por el mando en la organización familiar. A veces pretenden sojuzgar el uno al otro. Dominarlo. Explotarlo. Los hijos frente a los padres y éstos de cara a aquellos constituyen en ocasiones bandos en la lucha por el poder. Y cuando esto es así la familia es campo de batalla y muestrario de vilezas y violencias, antagonismos y perversiones.

Subrayar los deberes existentes en el ámbito familiar frente a los tradicionales derechos, es dotar a esta célula social de la conciencia de su responsabilidad en el conjunto de la sociedad. Por todo ello, formulamos algunas propuestas encaminadas a definir ciertos deberes en el ámbito familiar, para promover su implantación, donde no se encuentran presentes, y su promoción, donde quizá son objeto de olvido o de clara infracción.

1.- En primer lugar, parece evidente que debe establecerse una protección de la familia, como principio rector de otras obligaciones:

Todos tienen el deber de promover, fomentar y proteger la unidad de la familia, la libertad en su constitución y la pacífica convivencia en el seno de sus miembros, sin distinción por razón de la forma o el orígen en la formación de dicha familia.

2.- En segundo término, ha de hacerse mención de los criterios de igualdad entre los miembros de la pareja, en tanto que cónyuges o convivientes, al igual que como progenitores. Si bien este principio parece evidente, lo cierto es que existen muchas sociedades en que ni siquiera a nivel teórico exixte igualdad entre los miembros de la pareja y, desde luego, muchas más, en que la desigualdad existe en el plano práctico:

Todos tienen el deber de respetar y fomentar la igualdad en el seno de la pareja que constituye, encabeza e integra una familia, sin discriminación por razón de condición, religión, sexo, edad, raza o por ninguna otra.

3.- Una razón del mantenimiento de la sumisión de uno de los miembros de la pareja al otro –con mayor frecuencia de la mujer–, incluso sometiéndose a tratos inhumanos y degradantes y a violencias físicas y psíquicas, es la dependencia económica de la esposa al marido y la incertidumbre de su futuro –y el de sus hijos– en el caso de decidirse a romper su unión. Esta situación desgraciada de desamparo debe ser asimilada por la sociedad con criterios de solidaridad lo mismo que la enfermedad o el desempleo. Es más, resulta hoy de amplia generalidad que los sistemas de seguridad social de los paises avanzados protejan con cargo a los fondos públicos las situaciones de desamparo de un cónyuge como consecuencia del fallecimiento del otro. Las pensiones públicas de viudedad son objeto de amplio reconocimiento, lo mismo que las de orfandad.

Pues bien, lo que defendemos es que se extienda esta protección a los supuestos en que el desamparo se deba al abandono del cónyuge y del progenitor, de modo que el Estado supla esta atención, sin perjuicio naturalmente de su acción para recobrar lo satisfecho del legalmente responsable. De esta forma, nadie vendría constreñido a permanecer en una situación inhumana por razones de desamparo económico:

Los Estados deberán incluir entre los supuestos de previsión, la cobertura de las necesidades alimenticias de las personas dependientes de sus cónyuges y progenitores en los casos de incumplimiento por parte de éstos de sus obligaciones de tal orden, sin perjuicio del derecho de repetición contra los obligados.

4.- El principio de igualdad tiene una aplicación específica en cuanto se refiere a la autoridad parental sobre los hijos, que en algunos lugares corresponde exclusiva o preferentemente al varón. Al propio tiempo, es necesario definir que esta autoridad o potestad ha de ejercerse siempre en beneficio de los hijos sometidos a ella:

Todos tienen el deber de ejercer la autoridad parental sobre los hijos menores o incapacitados en igualdad concurrente con el otro progenitor, salvo suspensión o privación de tal autoridad por el órgano judicial competente, por causa grave y en interés del menor. Los progenitores tienen el deber de proporcionar a los hijos sustento, cuidado de su salud, física y mental, habitación, vestido, educación y formación integral y eliminar y defenderlos de cualquier forma de explotación personal, laboral o sexual. La autoridad parental deberá ejercerse en todo momento en beneficio del menor. Cuando los progenitores no vivan juntos, deberá respetarse el posible ejercicio de sus deberes parentales por parte de ambos, fomentando la relación con los dos. Los progenitores tiene el deber de respetar el domicilio de los menores e incapacitados, sin trasladarlos ilícitamente de su lugar de residencia.

5.- En la actualidad, se vienen produciendo abusos en las adopciones, especialmente en las de carácter internacional, anteponiendo las apetencias de los adoptantes, con frecuencia procedentes de países ricos y con abundantes medios económicos, que materialmente compran niños, sin respeto para éstos, con fines egoístas, que a veces son, incluso, delictivos:

En las adopciones, todos deben tener en cuenta el superior beneficio del adoptado y el deber de los adoptantes de integrar a los adoptados en su familia, como un hijo biológicamente suyo.

6.- La pérdida de la solidaridad familiar se manifiesta con cierta frecuencia respecto a los mayores. Pero también se expresa por parte de éstos que sólo reclaman sus derechos, sin recordar sus obligaciones. En la actualidad, el grupo social de los mayores está integrado no sólo por personas enfermas, inhábiles o discapacitadas, a las que resulta cruel pensar en exigir nada, sino por personas jubiladas, pero a las que los avances geriátricos, el mayor cuidado de la salud y la antelación temporal de los retiros, mantienen en situación de compensar de muchas formas el esfuerzo que la sociedad hace por ellos:

Los mayores deben ser objeto de especial consideración y protección en consonancia con sus inhabilidades, discapacidades, limitaciones físicas o psíquicas o enfermedades.

Los mayores deben en la medida de sus capacidades, colaborar con la sociedad en la que están integrados y especialmente en el seno de la familia, para transmitir a las futuras generaciones su memoria histórica y sus experiencias.

© Luis Zarraluqui

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