Carta abierta: ¿Qué significa ser cristiano en Iraq?
Hoy aproximadamente hay más de tres mil millones de personas que afirman pertenecer a una de estas tres religiones: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Por supuesto, los que creen en cualquiera de estas tres religiones afirman que su religión es la verdadera. Pero estas tres religiones no están en armonía unas con otras, se pelean, se contradicen… Sin embargo es interesante que las tres religiones principales ya mencionadas, aunque están en desacuerdo en muchos asuntos, concuerdan en un punto principal: “Amar al único Dios verdadero y al prójimo”
Ése es el gran mandamiento tanto del Antiguo Testamento: Escucha, OH, Israel, Jehová nuestro Dios, es uno. Y tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza vital (Deuteronomio 6: 4-5); como del Nuevo Testamento: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo (Mateo 22: 37-40); y del Corán: Ésta es la buena nueva que Dios anuncia a sus siervos, que creen y obran bien. Di: Yo no os pido salario a cambio, fuera de que améis a los parientes. A quien obre bien, le aumentaremos el valor de su obra. Dios es indulgente, muy agradecido (Sura 42:23).
Ahora bien, tenemos que preguntarnos: ¿Por qué no puede evitar ninguna de estas tres religiones el que la humanidad haya entrado en las situaciones críticas que les rodean?
Digo esto porque soy de origen iraquí, pertenezco a una familia cristiana, católica, caldea. Iraq es un país mayoritariamente musulmán, con un 60 % de chiítas, un 35% de sunnitas, un 3% de cristianos, y un de judíos, yazidíes, sabeanos y de otras religiones. Estoy muy orgulloso de haber nacido en un país tan rico, no sólo en petróleo, sino también en historia y cultura.
¿Quién puede hablar de historia y olvidarse de mencionar Mesopotamia, Nínive, Ur de los Caldeos, Babilonia y Bagdad de las mil y una noches? He participado, por obligación, en dos guerras: Irán-Iraq (1980-1988) y en la primera guerra del Golfo (1991). He sufrido muchas persecuciones y prisiones, siendo uno de los afortunados que han logrado salvarse. He podido escapar y buscar una nueva vida aquí en España (Madrid) en el año 1992 como exiliado político, y desde el año 1999 tengo la nacionalidad española y me considero español de los pies a la cabeza. He podido conseguir mis metas: doctor en filología Árabe por la Universidad Complutense de Madrid, también diplomado en ciencias empresariales, además de tener el título de formación profesional de peluquería y estética de primer grado.
Quiero olvidar todo lo que he visto y vivido, aunque sigo sufriendo cuando pienso en mi país, mi familia, mis amigos y mis recuerdos, especialmente estos últimos años que no pasa ni un día sin que haya víctimas y violencias. No veo ninguna luz ni hay ninguna señal de que vaya a finalizar esta guerra.
Pregunto, ¿cuántas mujeres llevan el título de viudas?, ¿cuantos niños se han quedado huérfanos?, ¿cuántos padres han perdido a sus hijos?, ¿cuántas familias se han quedado sin techo?
Muchos, muchísimos… Me atrevo a decir esto porque he vivido muy de cerca estas situaciones, he visto a muchos jóvenes amigos míos muriendo en mis brazos, niños que no han llegado a conocer a sus padres, padres que todavía no han recuperado los cadáveres de sus hijos y no han superado el dolor de su pérdida. Familias que se han quedado en la calle siendo su colchón el suelo y su manta el cielo. Todo esto por la maldita guerra. Claro que en la guerra todo vale, pero ¿quién paga el precio?
Les puedo asegurar que, como siempre, los pobres, quienes menos culpa tienen. Personas como las que han muerto en el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York en el año 2001 y en el atentado del 11 de marzo en Madrid en 2004, que todos hemos sufrido por ellos. Gente como mi familia, cristianos creyentes, todo lo que hacen estos días es rezar y rezar pidiendo a Dios su ayuda.
El pueblo iraquí en general y los cristianos en particular lo están pasando muy mal, especialmente estos últimos años que están gobernados por los radicales chiítas, que están obligando a todas las mujeres cristianas a llevar el velo. En Basora, donde gobierna el grupo radical chiíta de Muqtada Al-Şader, viven mi familia y muy pocos cristianos; en esta ciudad, la gran mayoría de los cristianos debieron huir, porque en el tiempo de Sadam las bebidas alcohólicas estaban permitidas y la mayoría de los cristianos tenían bares y los restaurantes vendían alcohol. Tras la caída del régimen de Sadam, todos aquellos cristianos que vendían alcohol han sido perseguidos, han matado a muchos de ellos, quemando todos los bares y restaurantes. Mi padre, uno de ellos: tenía un bar y un restaurante, quemaron los dos en 2004, un año después, a la edad de 65 años, mi padre murió de angustia; seis meses después de la muerte de mi padre, murió mi tío de lo mismo con 60 años.
Ahora bien, quien quiere vivir en Basora de los cristianos y ser protegido ha de pagar un “impuesto” para alguna tribu chiíta. Por eso la mayoría de los cristianos están escapando, y quien no se va es porque tiene propiedades y no puede venderlas, y si sale sin protección, los grupos religiosos se quedan con ellas. Pero el que no tiene nada se va a Siria o Jordania, y luego intentar a buscar una salida a un país europeo, Canadá, Estados Unidos de América o Australia. Por eso hay más de 150.000 cristianos en Siria y Jordania. Como el caso de mi hermana: escapó a Siria con su marido y sus dos hijos, luego a Australia, porque un grupo radical chiíta invadió su casa en Basora y los amenazaron a muerte, pues su marido tenía una discoteca en el tiempo de Sadam y ella (mi hermana) se negaba a llevar el velo al salir a la calle.
En muchas partes del mundo, los cristianos más o menos pueden celebrar las navidades libremente. En Iraq, los cristianos, desde la caída del régimen de Sadam, no pueden celebrar las Navidades, ni pueden asistir a la misa del Gallo ni a cualquier misa tranquilamente, como antes. Aparte, han quemado muchas iglesias en todo el país y la gente cristiana tiene miedo de ir a las mismas. No quedan muchos cristianos en Iraq, los pocos que quedan están pidiendo auxilio porque no saben qué futuro les espera.
Iraq sin cristianos no es Iraq, ésta es la verdad y debe conocerla todo el mundo, especialmente aquellos que tienen su mente y su corazón llenos de odio, fanatismo, radicalismo y deseos de hacer el mal a los cristianos iraquíes, cuna de las primeras civilizaciones mesopotámicas. No tienen razón quienes los maltratan y desean expulsarlos de su tierra natal, con todos los medios a su alcance, sin que haya ninguna causa que lo justifique. Son gente pacífica, aman su tierra y quieren vivir en paz y armonía.
Me gustaría hacer una referencia a la presentación del arzobispo caldeo, Emmanuel Tercero Daly, el Patriarca de la Iglesia Caldea, en la ciudad de Arbil al norte de Iraq, en la televisión `Ištar, el día 7 de mayo de 2007. La cara triste y de preocupación que tenía cuando estaba leyendo las cartas e informes de los sacerdotes cristianos, de las principales ciudades iraquíes, Bagdad, Basora y Musol (Nínive), entre otras, reclamando a todas personas de corazón sensible, mentes limpias y puras, con ideas cristianas de paz, amor y fraternidad, el auxilio y la ayuda necesarias para parar el movimiento anticristiano por parte de los grupos radicales islámicos contra los cristianos de estas ciudades, persiguiéndolos, asesinándolos y obligándolos a abandonar sus casas y sus bienes. Es un plan (declara el Arzobispo) de vaciar Iraq de cristianos, aniquilarlos y saquearles su historia, cultura y entidad. Todo eso ante los ojos de la opinión publica internacional, que ésta mirando al otro lado.
Durante treinta y cinco años, el pueblo iraquí estaba condenado a cadena perpetua bajo el régimen de Sadam. En el año 2003, y con la llegada del imperio anglo-americano y el régimen de los radicales chiítas, lo condenó a muerte bajo la bandera de libertad, prosperidad y democracia.
¿Dónde esta la libertad, la prosperidad la seguridad, y la democracia que prometió el señor Bush al pueblo iraquí antes de la guerra? La obligación del señor Bush es cumplir lo que ha prometido al pueblo iraquí y al mundo entero.
Todos podemos o debemos asumir un papel muy importante para responder a la llamada de los que sufren en Iraq. Hemos de ser testigos para proclamar la verdad y luchar sin violencia, con palabras como lo hizo y predicó en su tiempo Jesucristo, contra las mentiras de los fanáticos. Gritamos en voz alto “No al radicalismo religioso”, “No a la guerra”. Y, sobre todo, apoyar y ayudar a conservar la historia, cultura y la entidad del pueblo de Cristo en Iraq.
© Raad Salam Naaman
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