Debats 100 Invierno/Primavera 2008 ENCONTRES

La familia Borja: Religión y poder. Entrevista a Miguel Batllori


Con motivo del Any dels Borja, la revista Debats decidió invitar a un grupo de especialistas a que expusieran algún aspecto concreto de sus investigaciones sobre los Borja. En esa línea, nadie mejor que el P. Miquel Batllori para comunicarnos directamente su visión personal. Batllori, jesuita y miembro de la Real Academia de la Historia, ha dedicado numerosos trabajos a clarificar las peripecias políticas, religiosas y humanas de una familia importante, no sólo a nivel de Valencia, sino también de la cultura y la política europea y mundial.

A.M.

Todos conocemos la notable curiosidad del P. Batllori por los temas culturales y religiosos de la Corona de Aragón y de la notable investigación realizada sobre estos temas. Nos interesa, no obstante, conocer cómo surgió su interés por los Borja.

M.B.

Surgió de un error histórico. Cuando yo era un joven estudiante de Historia y Derecho dedicaba el mes de agosto a descansar en una casa de campo, donde estaba el archivo de mi familia. Mi padre era Antonio María Batllori de Orovio, y allí estaba el archivo de los Batllori y de los Orovio, mas concretamente el de una rama de esta familia vasca, radicada en Cataluña desde el siglo XVIII. Los Orovio estaban entroncados con los Duques de Veragua. Mi tercer abuelo, Jose María de Orovio y Colón de Portugal, era de la línea de los condes de la Puebla que se entrelazó con los Borja a principios del Setecientos. Dado ese entronque de los Colón con los Borja habíamos pensado en casa que también éramos descendientes de los Borja. Pero investigaciones más a fondo de un primo mío, Antonio Vilar de Orovio, abogado especializado en las causas de herencias de la nobleza de Cataluña, revelaron que nuestra familia con quien enlazaba era con el séptimo duque de Veragua, que todavía no era pariente de los Borja. Fue el octavo duque de Veragua quien entroncó con una Rojas y Borja. Así, pues, los descendientes del octavo duque son descendientes de los Borja, pero no así nosotros, que descendemos del séptimo duque. Este error histórico hizo que comenzase a interesarme, desde joven, por la familia de los Borja.

Por otro lado, también influyó el hacer el noviciado durante dos años en Gandía en el palacio de los Borja, no solamente de san Francisco de Borja, sino de toda la rama ducal de los Borja en Gandía, que es anterior, concretamente de los dos primeros hijos de Rodrigo de Borja, luego papa Alejandro VI: Pere-Lluís, de madre desconocida, y Joan de Borja, hijo de Vannozza Catanei. Este hecho me abrió un camino interesante de la historia del Reino de Valencia a partir de los primeros duques borgianos de Gandía. Más tarde, siendo ya jesuita, me interesó mucho la figura de san Francisco de Borja, que veo que ahora también interesa a las publicaciones de la Institució Alfons el Magnànim.

Así pues, hay tres razones para explicar mi interés por los Borja: dos históricas y otra pseudohistórica, que es el parentesco, sólo de afinidad, de mi familia con los Borja, no por descendencia directa. Por otra parte no me desagrada que nuestra relación sea sólo de afinidad, subrayando el adverbio.

A.M.

Usted cuenta en algunos de sus trabajos que fue directamente a buscar datos históricos sobre Ramon Llull, mientras que respecto a Arnau de Vilanova comenta que se los encontró en sus investigaciones, sin buscarlos con tanto interés. ¿Con los Borja fue también así, o fue directamente a estudiarlos?

M.B.

No, con los Borja conocía ya, a través de la quinta edición alemana de La Historia de los Papas por Ludovico Pastor de 1924, el fondo importante y reservado de la familia Borja, que se halla en el Archivo Vaticano y que fue encontrado por su prefecto, monseñor Angelo Mercati, hermano del eruditísimo cardenal Giovanni Mercati. Son una serie de documentos que conforman nueve volúmenes de documentación personal de Alejandro VI en torno a los años 1493-1494. Como el 31 de diciembre de 1494 entraron las tropas francesas de Carlos VIII en Roma y al cabo de pocos días entró el rey, lo más obvio es pensar que era la documentación que tenía Alejandro VI en su gabinete de trabajo y que llevó consigo al refugiarse en el castillo de Sant’Angelo a través de esa famosa galería. Aquel fondo borgiano se conservó en el archivo de Castel de Sant’Angelo, ya que, si hubiera vuelto al Palacio del Vaticano, seguramente se hubiera perdido, pues es lo que ocurre con la documentación privada de los Papas tras su muerte.

Así pues, solamente por casualidad, por el hecho de que Alejandro VI se llevara los papeles que tenía entre manos cuando entraron las tropas francesas y que luego no volvieran al Vaticano, ha hecho que poseamos ahora nueve volúmenes de documentación personal de Alejandro VI muy importante. Es curioso que sólo algunos pocos historiadores hayan utilizado este fondo, pero hay que tener en cuenta que una buena parte de esa documentación está en la lengua de Alejandro VI, y los filólogos italianos no han sabido seguir la tradición provenzal de los alemanes, y esos documentos les ocasionaban serias dificultades. Algunos de los mejores paleógrafos del Vaticano tenían problemas para interpretar la letra, que es muy varia, de Alejandro VI, como su lengua. Alguno se ha preguntado cómo es posible que Gregorovius, un prusiano, transcribiera con facilidad los textos de Alejandro VI y en cambio un italiano, no. La razón es que la Deutsch-Romanische Philologie, la tradición romanística alemana, está basada principalmente en el provenzal. A través del provenzal se llega muy fácilmente a la lengua de los Borja. Eso es lo que me decía el lulista padre Platzek, doctor en filosofía, como dicen allí, pero siempre con una buena base filológica provenzal. Él no tuvo ninguna dificultad, enseguida encontró los textos de Ramon LIuII fácilmente asequibles.

A.M.

¿Explicaría esto por qué Alejandro VI tiene tantos historiadores que lo estudian, mientras que de Calixto III apenas nadie dice nada?

M.B.

Bien, tengamos en cuenta que el gran problema, y casi el único, del pontificado de Calixto III fue el de la guerra contra los turcos y por tanto todos los especialistas en esas guerras se han interesado mucho por su actitud. En cambio, en tiempos de Alejandro VI, aunque existía el peligro turco, poco antes de su pontificado había tenido lugar la caída de Tarento, su política no se paralizó alrededor de este tema, sino que fue más compleja. Fue una política italiana, española y europea. Por ello todos los historiadores de Italia, España y del resto de Europa que se interesan por los últimos decenios del siglo XV, estudian a Alejandro VI, cuya actitud en apariencia variable e inconsecuente se entiende bien en una época en la que casi de año en año cambiaba la situación política de Italia y de Europa. Precisamente esa actitud versátil de Alejandro VI denota su gran talento político, ya que, si en su tiempo hubiese tenido una visión única e invariable de la política, no habría destacado tanto en este campo.

A.M.

¿Esto explicaría un poco el éxito, o digamos el gran renombre de Alejandro VI?

M.B.

Que ya venía de Rodrigo de Borja cuando era sólo cardenal.

A.M.

Pero el hecho de que sea él un sobrino de un Papa anterior, Calixto III, ¿no explica que toda la gran fuerza de la familia en Italia se deba más a éste que a Alejandro VI?

M.B.

No, porque quedaron muy pocos Borjas en Roma después de Calixto III: únicamente su sobrino Rodrigo y los que estaban vinculados a la familia de Rodrigo. La mayor parte de los Borja de tiempos de Calixto III tuvieron que regresar a España porque eran muy mal vistos. El sobrino predilecto de Calixto III, Pere-Lluís, tuvo que salir a galope de Roma, apenas falleció el Papa. Murió inesperadamente en Ostia sin poder alcanzar un barco que le llevara a Valencia. Así pues, en Italia se quedó únicamente el grupo borgiano del cardenal Rodrigo, formado por valencianos y también por otras personas procedentes del Reino de Valencia y de toda la Corona de Aragón, que estaban alrededor de su personalidad. Se puede decir que por encima de la huella de Calixto III destacan los personajes del entorno de Rodrigo, como cardenal y como Papa.

A.M.

En este caso, lo que se pregunta un historiador normal es: ¿Cómo es posible que una familia bienestante, con ciertos territorios y posesiones en Xàtiva, diera el salto a una situación italiana para decidir prácticamente asuntos de nivel e interés mundial?

M.B.

Hay que considerar que los Borja eran una familia de la nobleza media que en las luchas de Pedro el Ceremonioso contra los nobles valencianos de origen aragonés, casi todos partidarios de la Unión, apoyaron al primero, pese a sus antecedentes aragoneses. Esto promovió un ascenso económico y social de los Borja, que pasaron así a ser una familia muy favorecida por los reyes de Valencia y Aragón por haberse puesto de su lado contra los nobles aragoneses. Ya en el siglo XIV aparecen figuras importantes de los Borja en Xàtiva y en la ciudad de Valencia.

A.M.

Usted estudió en su discurso de ingreso a la Real Academia de la Historia las relaciones de Alejandro VI con los Reyes Católicos y los reyes de Nápoles, es decir, con la Casa Real de Aragón. Él antes había tenido, como legado pontificio, unas relaciones ambiguas, si no recuerdo mal, en su visita en 1474, con los Reyes Católicos. La iniciativa pertenece a Rodrigo de Borja o a Fernando el Católico?

M.B.

Yo creo que la iniciativa partió de Sixto IV, que era el Papa en aquel momento. Fue él quien envió como cardenal legado en España a Rodrigo de Borja. Lo que deseaban los Reyes Católicos era la legitimación de su matrimonio, ya que eran parientes cercanos y por tanto su matrimonio canónico había sido inválido, como contraído entre parientes sin previa dispensa pontificia. Su convalidación, su “sanatio in radice”, en terminología canónica, que implicaba el considerar aquel primer matrimonio como válido, fue concedida por Sixto IV en un momento en que esperaba obtener una gran ayuda de los reyes de Aragón y de Castilla en la lucha contra los turcos. Sin embargo, éstos estaban muy empeñados en la reconquista del Reino de Granada y esto hizo que el Papa obtuviera muy poco de ellos. Lo realmente importante es si en la obtención de esta bula para la “sanatio in radice” del matrimonio influyó o no el cardenal Rodrigo. La realidad es que esto se desconoce, ya que no se cuenta con documentación apodíctica para probar históricamente que fuese el Cardenal de Borja quien insistiese cerca del papa Sixto IV para que la concediera.

A.M.

Aparte de estas relaciones iniciales de 1474, esto no impidió que cuando Rodrigo fue propuesto para el obispado de Cuenca tuviera problemas por parte de los reyes doña Isabel y don Fernando, que querían controlar la elección de obispos.

M.B.

Sí, sobre todo cuando quiso alcanzar también el arzobispado de Sevilla tan importante en la corona de Castilla. En ese momento, los reyes embargaron todos los bienes que Rodrigo de Borja y sus hijos Pere-Lluís y Joan tenían en los reinos de España. Este fue el momento de mayor fricción, ya que los reyes dependían de Roma para muchos asuntos y a su vez Borja dependía también mucho de ellos, sobre todo en lo referente a su política familiar. Entonces predominaba una política mas bien de tipo religioso por parte de los reyes y una política mas bien familiar por parte de Alejandro VI.

A.M.

¿Esto explicaría, a pesar de todas estas diferencias, que Alejandro VI publicara la bula sobre el dominio hispanoportugués después del descubrimiento de Colón o fueron motivos estrictamente religiosos sociales los que le llevaron a esto?

M.B.

En historia no hay nada que sea estricto, sino que todo está implicado, de manera que no hay ni motivos puramente políticos ni puramente religiosos. Aquí realmente hay que descartar la idea de Giménez Fernández, persona que yo apreciaba mucho a nivel humano y como historiador, que decía que las bulas alejandrinas eran totalmente inválidas porque eran simoníacas, pues habían sido dadas para poder obtener el ducado de Gandía para los hijos del Papa. Yo creo que esto es una exageración. La Historia es más complicada. Tengamos en cuenta que Giménez Fernández provenía del campo de la Historia del Derecho y generalmente los historiadores de esta disciplina tienen una mentalidad muy distinta de los historiadores de tipo político y cultural. En mi opinión, no se puede decir claramente que aquellas bulas fueran simoníacas. Esto es una exageración, una visión que en parte es verdadera, pero no es completa. En aquel momento, los reyes dependían del Pontificado romano para su actuación religioso-política en España, y al mismo tiempo el Pontificado dependía también del mundo hispánico. Hay que recordar que en aquellos momentos, cuando Francia comenzaba otra vez a tener una gran importancia política en Europa, el apoyo de Alejandro VI a los Reyes de España, como entonces se comenzaba ya a denominarlos, representaba un freno a la política imperialista de la nación gala. Esto se vio claramente cuando al amenazar Carlos VIII con la invasión de Italia para conquistar el Reino de Nápoles, se produce el patrocinio de los reyes Fernando II de Aragón y Fernando I de Nápoles por parte de Alejandro VI.

A.M.

Por tanto, a la pregunta sobre si las causas fueron políticas, religiosas o intereses nacionales hispanos, usted ha respondido que fue un poco de todo.

M.B.

Esencialmente era de Borja, a quien le interesaba el enaltecimiento de su hijo primogénito, Pedro Luis o Pere-Lluís, que fue el primer duque borgiano de Gandía. Siendo aún cardenal Rodrigo de Borja quería enaltecerlo, pero no veía la manera de hacerlo en Italia. En aquel momento, tal enaltecimiento sólo se podía conseguir a través de los reyes de Aragón y de Castilla. Por tanto, el movimiento principal vino de Borja, no de los reyes. Pero, por otro lado, Fernando II de Aragón (V en Castilla) tenía un gran interés en preparar una prerreforma de la Iglesia en España, fundamentalmente con el nombramiento de obispos que fuesen residenciales y doctos pero que, al mismo tiempo, le permitieran utilizar esta orientación religiosa con fines políticos. La política religiosa de Fernando nos es muy conocida gracias a las investigaciones de mi gran maestro en la Universidad de Barcelona, don Antonio de Latorre, que publicó y estudió la documentación del Archivo de la Corona de Aragón referente a las relaciones internacionales de los Reyes Católicos, sobre todo las referentes a Italia, al mismo tiempo que Luis Suárez estudiaba en Simancas la política religiosa de Isabel la Católica. Las dos colecciones de textos se completan mutuamente y nos desvelan que en esa reforma el rey estaba tan interesado o más que la reina contra lo que se solía decir y que, frente a la tesis de Bataillon en su libro sobre Erasmo y España, la supuesta reforma cisneriana había empezado mucho antes de que los reyes hubiesen conocido a fray Francisco Jiménez de Cisneros. Además, la reforma cisneriana se limitó exclusivamente a una parte muy restringida de la Corona de Castilla en el momento en que estaban de nuevo separadas las dos coronas.

A.M.

Habría que analizar ahí una serie de cuestiones: por un lado, lo de la llamada reforma cisneriana y por otro el nombramiento del hijo de Fernando el Católico para arzobispo de Zaragoza. ¿No sería un poco contradictorio?

M.B.

Estas contradicciones son muy frecuentes. De todas formas, como es natural, no todos los hijos bastardos de Fernando el Católico, tan numerosos, podían obtener grandes ducados. Aunque sí poseían ricas tierras, como el Condado de Ribagorza u otros feudos en Aragón, Valencia y Cataluña, la Iglesia ofrecía más facilidades para alcanzar pingües rentas.

Tengamos en cuenta que este hijo bastardo de Fernando el Católico, tan mundano y tan laico, como era el arzobispo D. Alonso de Aragón, fue el mentor de san Francisco de Borja. Esto se debió a que, en el momento de las Germanías, el duque de Gandía, don Juan de Borja y Enríquez, tuvo que abandonar esta ciudad al ocupar su palacio los agermanados. Se refugió en Peñíscola y envió a su hijo y heredero a Zaragoza para que fuera educado por el arzobispo de Aragón, refinado humanista. Por ello, y también por haber sido aragonesa la madre de san Francisco de Borja, doña Juana de Aragón, hija del mencionado don Alonso, fue el santo Borja uno de los escritores valencianos que mejor dominaron en su siglo la lengua castellana.

Ésta fue su lengua propia y, siendo lugarteniente real en Cataluña, firmaba siempre sus escritos tanto latinos como catalanes como el “Marqués Lugarteniente General”. Entonces no era aún duque de Gandía, sino marqués de Llombai. Por otro lado, la lengua castellana había empezado ya a entrar en el palacio de Gandía con doña María Enríquez, madre del tercer duque, don Juan.

A.M.

En cambio, cuando era duque de Gandía, tuvo un lego franciscano como director espiritual. ¿No fue así?

M.B.

Sí, pero fray Tejada era castellano.

A.M.

De ahí entonces el influjo de la lengua castellana.

M.B.

No fue exactamente así. Tal influjo provenía, como acabo de decir, de su abuela Enríquez y del ambiente cultural del arzobispo de Zaragoza, D. Alonso de Aragón. Conviene recordar también que la madrastra de san Francisco de Borja, doña Juana de Castro, fue la gran protectora de Bernardo Pérez de Chinchón, clásico traductor castellano de varias obras de Erasmo. No obstante, la familia Borja de Gandía utilizaba siempre el valenciano como lengua oficial del ducado, siendo prueba de ello los testamentos del posteriormente canonizado Francisco de Borja. Hay que señalar, además, que en uno de sus codicilos se encuentra la primera fundación económica de la Universidad Gregoriana como colegio romano.

A.M.

¿Se puede decir entonces que el castellano estaba bastante extendido?

M.B.

Sí, la verdad es que la nobleza valenciana, con sus entronques aragoneses y castellanos, comenzó muy pronto a castellanizarse, aun dejando aparte Segorbe, que por su tradición aragonesa, aun perteneciendo al Reino de Valencia, pasó rápidamente del aragonés al castellano. Lo propio le digo de muchas familias nobles valencianas procedentes de Aragón que habían conservado el aragonés como lengua familiar.

A.M.

En el transcurso de su larga etapa de investigación, su interés por la historia de la Compañía es evidente, pero ¿sus estudios sobre san Francisco de borja están relacionados con la historia de la Compañía o por su interés por los Borja?

M.B.

Por las dos cosas, pero quizás más por su relación con los Borja. Hay ya mucha gente que ha estudiado el siglo XVI y yo mismo he publicado algunos estudios sobre san Francisco de Borja y san Ignacio. Pero son tantos los especialistas en ambos personajes que yo no he preferido profundizar en ese personaje como miembro de la familia Borja.

A.M.

¿Cree usted que quedan campos por estudiar?

M.B.

No hay ningún gran problema histórico que se pueda decir que esté agotado. Pongamos como ejemplo contemporáneo a san Francisco de Borja o el gran libro, ya mencionado, de Bataillon sobre Erasmo. Tras él se han publicado otros muchos que lo completan y rectifican en varios aspectos. Aun un tan excelente libro de base, como éste, no agota el tema. Y aun en el caso de que no aparezca nueva documentación, ni nuevos textos, surgen nuevas interpretaciones sobre la personalidad y el ambiente en que han vivido.

A.M.

¿Qué cree que puede desarrollarse sobre los Borja en el futuro? De ellos, por ejemplo César Borja, no se conoce ni se estudia mucho en España, quizás porque no haya aquí documentación referente a él.

M.B.

Hay que tener en cuenta que era un príncipe italiano, si bien escribía siempre a su padre en la propia lengua familiar. Incluso en sus cartas en italiano o latín la frase de despedida solía ser: “Sempre prest al vostre servei”.

A.M.

¿Qué campos cree usted que serán objeto de investigación en el futuro: el político, el religioso, el de la polémica...?

M.B.

Bien, un campo que todavía está por explorar, y del cual se ocupan bastantes historiadores valencianos en la actualidad, es el referente a las características históricas, sociales y económicas de los feudos de los Borja, tanto en La Safor como en el Marquesat de Llombai. Recordemos que el primer marqués con título oficial fue san Francisco de Borja, pues antes Llombai era sólo una baronía. Los historiadores que en la actualidad se dedican con tesón a la historia socio-económica del Reino de Valencia de los siglos XV y XVI tienen todavía un amplio campo por labrar. Lástima que algunos de ellos confundan esa nueva historia con toda la historia.

A.M.

En cuanto a la reforma eclesiástica o los problemas que pudieran crear tanto Alejandro VI como Calixto III, así como la vitalidad religiosa valenciana del siglo XV, ¿cree que son todavía temas que merecen mayor dedicación investigadora?

M.B.

Sí, son historias que van paralelas. Se sabe, por ejemplo, que muchos clérigos escritores valencianos del S. XV tenían sus familias. Pero esa decadencia moral del medio y alto clero fue generalizada entonces en toda Europa, y ya en dicho siglo, la pre-reforma católica, y luego la reforma luterana, movieron a la Iglesia hacia unas posiciones y actitudes mucho más sinceras y radicales.

A.M.

¿Hay algún aspecto más que quiera exponernos sobre los Borja o los estudios relativos a la época?

M.B.

Los estudios borgianos continuarán porque es una familia que interesará siempre. Los Borja han sido objeto de historia y de leyenda, y como familia legendaria su historia se prolongará. Por esta razón es tan importante el libro del doctor Rottgen que se publicó, traducido, aquí en Valencia hace un par de años, ya que en él se ve que la historia de los Borja ha sido más bien una pseudohistoria legendaria antiborgiana que ha hecho perdurar el mito de los Borja desde el Renacimiento del siglo XVI hasta el Romanticismo del siglo XIX. Y aun en nuestros mismos días a las varias óperas antiborgianas ha venido a sumarse el anuncio de la representación, en Barcelona, de un drama de un autor de origen italiano que fue prohibido en Alemania y que pone en solfa teatral toda la ya secular leyenda antiborgiana. En mi opinión, se podrían ahorrar una obra tan anacrónica sobre una familia cuyos defectos habían sido los propios de su tiempo.

A.M.

Por mi parte nada más. Le agradezco que se haya prestado con su generosidad habitual a responder con sus grandes conocimientos a esta serie de preguntas. Muchas gracias.

Aquí tiene el lector las palabras del P. Miquel Batllori. Una visión amplia y objetiva del resultado de sus investigaciones. Y, como siempre que de Batllori se trata, observamos su criterio ponderado y amplio, que abarca imbricados aspectos políticos, sociales, eclesiásticos y humanos. La historia que pretende conocer nuestro pasado aparece aquí, como la vida misma, compleja, rica en matices y apasionante. En este caso, aparece ante nuestros ojos la trayectoria de una familia valenciana de proyección universal. Es menester agradecer al P. Batllori su generosidad al aceptar nuestra invitación.

© Antonio Mestre

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