Debats 99 Invierno/Primavera 2008 - QUADERN

Redes transnacionales: los chinos de Zhejiang


Francia ha sido testigo de una de las más antiguas y significativas diásporas chinas que se han dado en Europa. El país acoge a entre 200.000 y 300.000 personas que provienen fundamentalmente de los barrios de las afueras de la ciudad portuaria de Wenzhou, situada a unos 500 km. al sur de Shangai, dentro de la provincia meridional china de Zhejiang.

Hay entre ellas varios comerciantes y empresarios que saben poner en movimiento los recursos humanos y financieros necesarios para establecer redes que se asienten sobre una organización étnico-empresarial. Así, estas personas trabajan fuera de los límites de los estados-nación, a través de sus redes financieras transnacionales.

El movimiento de bienes y de los correspondientes flujos financieros ha aumentado notablemente, tal y como lo ha hecho el de personas, al albur del desarrollo de los intercambios comerciales entre China y Europa. Sin embargo, y paradójicamente, ambos países han mantenido el control de sus fronteras en lo que respecta a la inmigración. En un contexto de estas características, la gestión de los movimientos migratorios acabó en manos de las organizaciones privadas. Si bien la zona de emigración no es necesariamente un área en la que no existan derechos y aunque las prácticas que allí se desarrollan no siempre son contrarias a la legislación de los países de recepción, nos ocuparemos de las consecuencias de esta paradoja, particularmente en lo que respecta a la relación entre el flujo migratorio, el endurecimiento de las cautelas fronterizas y el desarrollo del crimen organizado (una actividad que crece a ritmo exponencial y que incluye la inmigración ilegal). Dos son las perspectivas que hacen posible este análisis de las redes transnacionales de los chinos de Zhejiang: la primera es histórica, y la segunda, económica.

Tal y como mostraremos, algunos clanes (asentados en sus propios poblados) crearon, sobre la base de una tradición migratoria de más de cien años de antigüedad, redes intergeneracionales e intercontinentales con China como nexo. Su movilidad geográfica se caracteriza por un vaivén entre diferentes continentes que queda articulado a través de unas redes empresariales de enorme flexibilidad. Por una parte, la historiografía china oficial hace hincapié en los factores económicos que intervienen en la emigración, por otra, los trabajos etnográficos muestran que los elementos políticos que contextualizan las dinámicas migratorias se han mantenido constantes antes y después de 19491. En un clima de extrema violencia, emigrar forma parte de una estrategia en la que ganar dinero permite a la gente obtener algo de autonomía económica que, a su vez, ayuda a las personas que deciden emigrar a hacer frente a las circunstancias que coartan su libertad de acción y de movimiento.

Tras un breve repaso histórico, nos centraremos en una época mucho más reciente, caracterizada por la intensificación de los intercambios comerciales, y centrada en el ingreso de China en la OMC. Analizaremos el desarrollo del crimen organizado, así como las formas contemporáneas de esclavitud en lo más profundo de este espacio transnacional. Nos serviremos de un estudio realizado in situ por la Organización Internacional del Trabajo en Francia2 para mostrar que los inmigrantes chinos no siempre eligen pertenecer a las redes étnico-empresariales, sino que esto es más bien la consecuencia de un proceso económico basado en la explotación laboral.

Para terminar, presentaremos algunas de las medidas adoptadas conjuntamente por Francia e Italia en sus relaciones con las asociaciones chinas, en el marco del Programa Europeo “Equal: The Chinese of Europe and Integration” implantado entre 2001 y 2006 con el fin de mitigar las situaciones extremas.

Factores históricos vinculados a la emigración en un periodo de cien años

Los movimientos de emigración de la provincia de Zhejiang, que se han producido durante más de un siglo y que se fundamentan en la separación política que se mantiene hasta hoy, encuentran su explicación en distintas situaciones de dominio y exclusión. Efectivamente, fue entre 1930 y 1940 cuando comenzó la emigración hacia Europa en esta región, especialmente desde los distritos de Wencheng y Qingtian, ambos puestos de primera línea de las tropas del Kuomitang, siendo la primera de ellas base para las Fuerzas Aéreas estadounidenses. Además, el terreno accidentado propio de esta pequeña región, hacía escasear las tierras cultivables. Los terratenientes controlaban las sociedades mercantiles de los prósperos puertos de Shanghai y Ningbo. Por otro lado, es cierto que algunas de las tribus de estos distritos pertenecían a unas clases de Mandarines, estrechamente relacionadas con la corte imperial de Ping antes de 1911 y vinculadas al sector comerciante y empresarial, favorable al Kuomitang, que iniciaría los intercambios económicos, especialmente en la zona del Asia-Pacífico (Japón y sureste asiático, tras la guerra chino-japonesa entre 1937 y 1954). Sin embargo, cuando cesaron las relaciones comerciales, en 1932, los comerciantes se vieron obligados a dirigirse a otros mercados: durante este periodo, entre 20.000 y 30.000 habitantes de Qingtian emigraron a Taiwán, los Estados Unidos y Europa, mientras la falta de inversión en la región por parte de las autoridades locales iba dejando en la marginación a quienes habían decidido quedarse.

Con la llegada de estos inmigrantes a Francia se formó uno de los movimientos favorables al Kuomitang más importantes de Europa y que aglutinaba a unos seiscientos miembros. Algunos de los comerciantes de Qingtian que se enriquecieron, ya fuera en el extranjero o en otras regiones de China, volvieron a comprar las tierras más fácilmente cultivables de las llanuras cercanas a Wenzhou (en concreto en Ouhai y Li’ao). Así fue como los pobladores de Qingtian pasaron de ser comunidades rurales organizadas por medio de alianzas tribales, a extenderse tanto dentro como fuera de China a la par que establecían redes empresariales ya en los años veinte y treinta del siglo pasado.

La investigación etnográfica que llevamos a cabo en las llanuras nos descubrió que los primeros en emigrar estaban relacionados con las tribus de Qingtian provenientes de las montañas.

La organización en el extranjero

La biografía de Hu Xizhen, extraída de un artículo sobre la historia de los chinos en el extranjero que apareció publicado en un periódico local, ofrece el retrato de un emigrante modelo de aquella época. En 1925, Hu decidió no alistarse en el Ejército del Kuomitang y abandonar China para ir a Japón a ganarse la vida. Aquél mismo año, acabó viajando a Italia:

De allí, se marchó a Francia, donde conoció a unos compatriotas que eran mercaderes ambulantes. Con la aprobación de una nueva ley entre 1931 y 1932, el Gobierno francés prohibió la venta ambulante china y restringió la posibilidad de contratar a inmigrantes en las fábricas del país. Hu volvió entonces a Milán y abrió un negocio de marroquinería. En 1937, exhibió sus productos en la Exposición Internacional que se celebraba en Paris, y uno de sus bolsos de piel tuvo un enorme éxito. A raíz de ese golpe de suerte, hizo venir a su familia para trabajar en los varios talleres que fue abriendo3.

Las ferias internacionales de comercio facilitaron las relaciones comerciales con el extranjero, tal y como señaló en 1935 el entonces Cónsul francés en Gante (Bélgica):

Es posible afirmar que alrededor de doscientos chinos viajaron desde su país para probar suerte en la Exposición celebrada en Bruselas. La mayoría habían venido por San Francisco gracias al bajo coste del pasaje que ofrecen hoy las compañías navieras del Pacífico. Parece que solo algunos vendrán por Marsella o Hamburgo. Y, en cualquier caso, se teme que muchos de estos asiáticos acabarán estableciéndose como vendedores ambulantes y de baratijas4.

Las compañías comerciales también desempeñaron una labor clave como apoyo logístico a la inmigración. De hecho, fueron las muchas sociedades chinas dedicadas a la producción de productos de lujo y de manufactura china en Europa las que propiciaron la llegada de los cientos de nuevos comerciantes ambulantes.

De nuevo, son las fuentes diplomáticas las que dan cuenta de esta organización: una carta del Ministro de Interior francés fechada el 2 de marzo de 1931 y referente a un grupo de chinos de Zhejiang reza:

… estos extranjeros llegaron a Marsella el 21 de enero de 1931 a bordo del transatlántico Angers. Aunque traían visados de paso para entrar en Portugal o en Suiza por Francia, en lugar de viajar a estos países, se dirigieron a París con la intención de vender sus exóticas baratijas. Cuando se examina su correspondencia, parece que estos mercaderes extranjeros, vinculados todos a la compañía de Kune He Chong Cie de Shangai, pertenecen a una organización internacional que cuenta con conexiones por todas partes: Paris, Manchester, Varsovia, Moscú, Milán, Bruselas. Todos presentan sus pasaportes con visados para entrar y salir de Alemania, que han obtenido gracias a la intervención de los chinos de Ravensburgo, Sttutgart, Nassau y la Embajada alemana en Copenhague.

Los chinos de Qingtian, chispa y motor de las primeras corrientes migratorias hacia Europa, confinados en una zona rodeada de montañas en que no había suficiente terreno cultivable, se vieron obligados a abandonar la tierra de sus antepasados y extenderse, con la ayuda de sus compatriotas, por un vasto territorio.

A raíz de la agitación política que caracterizó los años anteriores y posteriores a 1949, la emigración se convirtió en una de las pocas alternativas que había para poder mantener a la familia.

El techo de cristal de Hukou

Existen otros factores políticos más recientes que han contribuido al aumento de la emigración: fundamentalmente la ideología anticapitalista y antiempresarial propia de los años maoístas, la instauración del pasaporte interno (el hukou) y las consecuencias de la planificación familiar forzosa.

En los años ochenta, el Gobierno aprobó una nueva ley que sólo permitía el nacimiento de un niño por familia. Esta forma obligatoria de control de la natalidad llevó a muchos clanes a marcharse, de modo que la emigración constituyó, en estos casos, una huída de las restricciones políticas que hacían peligrar la base de la estructura social del clan.

En lo que respecta a los movimientos poblacionales dentro de China, estos habían quedado controlados mediante la imposición del pasaporte interno, el hukou, en la década de los cincuenta. No siempre resulta fácil partir y establecerse en algún otro lugar a quienes portan uno de éstos; además, está prohibido que sus hijos se les unan. Esta frontera interior constituye una fuente de discriminación, dado que los habitantes de las ciudades gozan de una mejor protección social, un acceso más variado al mercado laboral, empleos mejor remunerados y ventajas para que sus hijos se beneficien de una educación mejor en las escuelas urbanas. En un contexto así, algunos de entre quienes poseen un pasaporte interno consideran que emigrar al extranjero resulta mejor que establecerse en una ciudad donde no tendrán los mismos derechos que los residentes (salvo que paguen un gravoso impuesto).

Además, hasta la década de los noventa, la actividad empresarial se veía con recelo en una sociedad cuya aplastante ideología comunista desaprobaba tales actividades. La mayoría de los comerciantes eran titulares de pasaportes “de bolsillo”, que les permitían salir del país en cualquier momento. Tanto de modo oficial como a través de los sobornos, creaban un espacio autónomo en que podían seguir con sus negocios con relativa libertad, al margen de los impuestos del Gobierno central, la oficina fiscal o cualquier otro control de las autoridades administrativas. Con todo, una vez que alcanzaban un nivel económico elevado, resultaba difícil esconderlo, de modo que preferían marcharse al extranjero con sus beneficios. Quienes ya contaban con parientes cercanos fuera les transferían dinero para que lo invirtieran allí.

A partir de la década de los ochenta, cuando China empezó a abrirse al mundo, las redes de emigración se fueron extendiendo por comunidades rurales distintas a la de Qingtian. A comienzos de los años noventa, cuando los índices de emigración a Francia estaban en su punto más alto, acabaron marchándose hasta los habitantes de la ciudad de Wenzhou. Para quien emigra ahora, ya no resulta imprescindible tener contactos de familiares en el extranjero, pues basta con disponer del dinero suficiente. Además, una vez en Francia, se encuentra empleo con facilidad en la industria textil y en el sector de los restaurantes, y la deuda inicial puede saldarse con rapidez después de los dos o tres primeros años de trabajo5.

No obstante el cambio en el perfil sociológico de quienes emigran que se ha experimentado a lo largo de los años, la emigración ha permanecido siempre como estrategia de supervivencia, tanto antes como después de 1949. De hecho, en el país de origen, China, la existencia de fronteras internas continúa generando situaciones de discriminación que, a su vez, alimentan la dinámica de las migraciones. En cualquier caso, y al margen de la forma de presión política que se ejerza, los movimientos migratorios de los chinos de Zhejiang se caracterizan por el retorno, las “re-migraciones” y las “migraciones de paso”, en las que ni el país de origen ni el de acogida actúan como anclas: parece más frecuente que el primer país en el que se asientan no actúa sino como trampolín para emigrar hacia un nuevo destino.

Al contrario que en otras diásporas, la de los chinos de Zhejiang queda definida por el ingenio de quienes pasan por encima de la difícil situación social en que viven, es decir, por encima del racismo que experimentan dentro de la nueva sociedad en que se insertan. Se organizan, hacen frente a todo lo que se les opone y prosperan en las redes económicas y empresariales que ellos mismos van tejiendo en la zona de expansión, más allá de los límites de los estados-nación, con el fin de formar un área transnacional. La elección del país de destino carece de importancia siempre y cuando sea posible trabajar allí; y se puede emigrar de nuevo si las circunstancias resultan más prometedoras en algún otro lugar.

Del movimiento de bienes al tráfico de seres humanos

Según la tesis defendida por Peter Nolan6, las prácticas de comercio ilegal e informal puestas en práctica en la región de Wenzhou desde la década de los setenta demuestran que el Gobierno central carecía de capacidad de control a nivel local. La economía sumergida se había organizado alrededor de pequeños bancos privados y de los concentrados negocios familiares. En 1984 el Gobierno estableció el “modelo económico de Wenzhou”, que, si bien adquirió fama a lo largo y ancho del país, sólo sirvió para confirmar que la Administración reconocía ahora un sistema que ya existía, pero que nunca había llegado a controlar, y que estaba en manos de los funcionarios locales7.

Al hacer oficial la liberalización económica, algo que los empresarios locales llevaban pidiendo con insistencia durante mucho tiempo, el Gobierno central ejerció algún control haciendo que tuvieran que rendir cuentas a los funcionarios del fisco. Así describía M.X.Fulin8, un empresario de Wenzhou, la situación que se vivía en aquel momento9:

¿Por qué se marcha al extranjero tanta gente de Wenzhou? (…) Por los controles. Queremos llevar nuestro pequeño negocio y eso es capitalismo, así que corremos el riesgo de acabar en prisión. (…) Quienes comercian con el mundo exterior necesitan ayuda. (…) Yo soy uno de ellos. (…) Me planteé irme fuera en 1987. Ahora se está mejor. Si algo no va bien con los funcionarios del Partido (y a veces hay problemas), contamos con un pasaporte de bolsillo y estamos siempre preparados para irnos.

Los chinos de Zhejiang en Pekín, Italia y Francia tienen en común que la experiencia que compartieron en sus lugares de origen estuvo caracterizada por la renuencia a tratar con los funcionarios del Gobierno, de los que sospechaban. Xiang Biao10 compara esta vivencia con el movimiento similar que se produjo en la región de Taiji11, y que surgió a partir del establecimiento de redes profesionales, ocasionalmente transnacionales, que propugnaban un tipo de autonomía contraria al control del Estado.

En Francia, el censo de 1999 mostró que la proporción de empresarios chinos está por encima de la media nacional, o sea, un 2,7% de la población activa francesa en todo el país, frente a un 10,6% en el caso de la población trabajadora china12. Sin embargo, el número de negocios chinos con más de diez empleados es menor que el de la media nacional, pues suele tratarse de empresas familiares. En Francia, el 76,6% de los inmigrantes chinos trabajan en la producción de bienes de consumo y en los servicios a título individual (como la limpieza, el cuidado de menores, etc.), de los cuales el 30,2% se concentra en la industria de la restauración y el 23,8%, en el comercio13.

Las empresas chinas emplean sobre todo a trabajadores chinos y, a la inversa, la mayoría de éstos trabajan en negocios dirigidos por compatriotas. El rápido aumento del número de empresas provocó una demanda de empleo que ha de ser satisfecha con la inmigración, pues los trabajadores locales no resultan suficientes para cubrirla. De hecho, los datos recogidos por la Organización Internacional del Trabajo en 1992 y 1998 muestran que la mayor infracción en términos de trabajo ilegal era el trabajador no declarado. En este sentido, la proporción de delitos vinculados a la contratación de extranjeros de todas las nacionalidades sin los permisos de trabajo necesarios descendió de un 13 a un 3% entre 1992 y 199814, con la excepción de los empresarios chinos que con frecuencia contrataban a personas sin permisos de residencia o que habían entrado en el país de modo irregular.

Una de las razones más importantes que justifican la emigración china es la necesidad de trabajar en el extranjero. Alguien que quiera marcharse elegirá el país al que dirigirse en función de sus posibilidades de encontrar empleo (pues de éstas depende su capacidad para saldar sus deudas), luego se pondrá en contacto con un traficante (pues si tuviera que irse por la vía legal no conseguiría la autorización necesaria para ir a vivir a Francia), y pedirá prestado a su familia el dinero que se requiere para el viaje (entre 20.000 y 30.000 €15), pues en la mayor parte de los casos ni siquiera el dinero obtenido por la venta de todas sus pertenencias le reporta la cantidad suficiente. A su llegada al país galo, destinará parte de su salario a devolver el préstamo. Esta es la razón por la que los inmigrantes en situación irregular constituyen para la economía sumergida una fuerza de trabajo barata, vulnerable, dependiente y flexible.

En Francia, como en Italia, esta economía étnica sólo funciona cuando queda integrada en el mercado laboral local, que se reduce a una cadena de subcontratación (desde los dueños a los fabricantes) que no incluye a los nacionales chinos. Puede incluso que se trate de importantes equipos comerciales16. En un entorno marcado por altos niveles de competitividad, sólo es posible obtener beneficios significativos a través de las redes y condiciones de trabajo ilegales, una situación de la que todo el mundo es cómplice (cliente, vendedor y productor). Según el estudio in situ realizado en Italia en 1996 por François Brun y Ren Kelong, los chinos llegaron a adaptarse al mercado de la industria textil en la provincia de Prato (Toscana), que estaba en crisis:

En general, los negocios chinos son cada vez más pequeños, aunque más numerosos (479 en 1997, 1.559 en 2002, 1.724 en 2003). Recientemente, los chinos han aprendido a hacer frente a los requisitos de la situación económica. ¡Al tomar el relevo de la producción de prendas prêt-à-porter y con la ayuda de la etiqueta “made in Italy”, disfrutan ahora de un mayor espacio del mercado que se había complicado, gracias a la rapidez de producción de los pedidos, garantizada por el trabajo de los subcontratistas chinos!17

Según los últimos datos estadísticos18 sobre la lucha contra la inmigración ilegal y las redes vinculadas a ésta, tomados entre agosto de 2005 y agosto de 2006, a pesar de un aumento del más del 16% en la tasa de expulsiones de extranjeros en situación irregular, los arrestos de miembros de dichas redes y de quienes contratan a los trabajadores sin permisos descendió en un 11,71%. Las investigaciones llevadas a cabo in situ sobre las migraciones demuestran que la mayoría de los nuevos inmigrantes que son deportados, vuelven a Francia pasado un tiempo después de haber sido devueltos por la fuerza a sus países de origen. Aunque tienen que volver a pagar el viaje, parece bastante probable que les resulte más fácil abonar el importe de dos (20.000 € x 2) si están en el extranjero, que el coste de uno si se quedan en China. En 2004, el estudio de la Organización Internacional del Trabajo sobre el tráfico y la explotación de inmigrantes chinos en Francia demostró que el aumento de las deportaciones y del refuerzo de las medidas fronterizas había llevado al desarrollo de nuevas vías para la inmigración ilegal, además de haber hecho las redes de tráfico aún más complejas.

Las oleadas de regularización facilitaron la circulación dentro de la zona europea: los inmigrantes pudieron resolver su dilema ante la dicotomía entre el estatus administrativo (posible en algunas áreas) y las oportunidades en el mercado de trabajo (que no siempre coinciden con el país en que se emitió el permiso de residencia). De hecho, durante el periodo de regularización se dirigían a un país europeo para obtener el estatus administrativo, lo que les permitía acceder al mercado de trabajo. Así, cuando volvían al primer país en que habían establecido (por ejemplo, Francia), si eran deportados, no eran devueltos a China, sino al país del que habían obtenido el permiso de residencia.

Una vez pagada la deuda adquirida para poder realizar el viaje, los inmigrantes mantienen una importante dependencia de sus redes étnico-empresariales: por ejemplo, si el trabajador que llega quiere montar su propio negocio, sabe que puede pedir prestado de nuevo, aunque su familia también puede mandarle el dinero desde China. Es importante recordar que, entre 1985 y 1990, muchos negocios estatales chinos cayeron en bancarrota, lo que tuvo como consecuencia la salida de flujos de capital que los directores reinvirtieron en China o en el extranjero con el fin de iniciar nuevos proyectos empresariales propios. El capital inicial invertido oscila entre 30.000 €, en el caso de una fábrica en la que se explota a los trabajadores, y 230.000 € si se compra un negocio ya establecido.

En Francia, la emisión de una licencia mercantil depende de si se cuenta con un permiso de residencia, de modo que los inmigrantes que no pueden obtenerlo, ni siquiera después de haber vivido en el país durante cinco o diez años, se ven forzados a pedirle a gente de confianza (normalmente familiares o amigos íntimos) que aparezcan como titulares del negocio. Los niños que emigraron siendo pequeños o que nacieron en Francia también resultan clave para el desarrollo de la estrategia empresarial familiar, pues además de estar en situación regular, algo que no ocurre con sus padres, a menudo han adquirido un alto nivel de francés. La interdependencia entre estas redes es, por tanto, económica y familiar: incluye tanto a los nuevos inmigrantes que deben saldar la deuda adquirida en el viaje, como a los nuevos empresarios que acaban de convertirse en acreedores, en China o Francia, del capital inicial. La pertenencia a estas redes está estrechamente vinculada al desarrollo de la estrategia empresarial, hasta tal punto que, por un lado, el éxito comercial de los empresarios constituye un indicador de su nivel de integración, y, por otro, la distancia entre el bajo estatus del inmigrante en situación irregular y la “omnipotencia” de aquéllos impide el avance en la escala social. En este contexto, tal y como apunta R. Rastrelli, “[r]educir la situación a una relación forzada amo-esclavo que implica el empleo de la violencia, la opresión y el aislamiento, disminuye la importancia del significado de la identidad cultural y las normas desacatadas por el propio mercado local”19. El informe de la OIT hace hincapié en que la mezcla étnica y la diversidad de actividades profesionales de los chinos contribuyen a la ampliación y a la apertura de los nichos de mercado en que se concentran (como la industria textil, la manufactura de productos de piel y la restauración asiática).

Consciente de esta tendencia, el programa franco-italiano titulado “The Chinese of Europe and Integration” acabó en 2006: uno de sus objetivos había sido el lanzamiento de programas de formación profesional para gente joven de entre 16 y 25 años, y para mujeres de todas las edades. Paradójicamente, el área económica está organizada autónomamente de modo que, si bien resulta posible actuar con libertad, constituye, al mismo tiempo, una zona sin derechos en la que acampan la explotación laboral y el crimen organizado. Los nuevos inmigrantes se integran económicamente al trabajar como empleados de sus compatriotas ya establecidos. El poder de las redes profesionales transnacionales se alimenta de los flujos económicos y de mercado que existen entre China y Europa, perpetuando así un orden jerárquico, y desigual. El debate continúa abierto y encendido en torno a cómo desarrollar, en los países y sociedades de acogida, los medios para luchar en esas zonas en las que la ley no está presente.

© Véronique Poisson
Traducción de Nuria Brufau Alvira

Véronique Poisson es miembro del Laboratorio Migrinter en Poitiers.

NOTAS


1 La República Popular China se fundó en 1949.


2 La investigación se llevó a cabo entre 2003 y 2004, y estuvo dirigida por el SPL (Special Action Programme on Forced Labour of the International Labour Organisation). Los hallazgos que se obtuvieron como resultado aparecieron publicados en C. Gao Yun y Véronique Poisson (2005) Le trafic et l’exploitation des immigrants chinois en France (Brussels: Bureau international du travail BIT).


3 Pan Hongsong (1983) “Liyi Huaqiao Hu Xizhen”, Ziliao Huijuan, Zhejiang Huqiao Lishi Yanju, 1, pp. 34-42 (traducido para esta edición).


4 AD Series (archivos diplomáticos): Asia 1930-1940, subcategoría “Common Affairs”, 103, p.113 (traducido para esta edición).


5 A partir del año 2000, y tras el colapso de la producción textil en Francia, resulta cada vez más difícil saldar la deuda después de unos años de trabajo. Algunos inmigrantes han quedado insolventes al encontrarse en paro.


6 Peter Nolan y Furen Dong (1990) Market Forces in China: Competition and Small Business –The Wenzhou Debate (London and New Cork: Zed Books Ltd).


7 Cuando los funcionarios iban a inspeccionar una empresa, a cambio de sacar tajada nunca se hacía mención de las prácticas comerciales ilegales que allí se empleaban. Esta forma de funcionar se desarrolló hasta tal punto que podemos hablar de crimen organizado a nivel institucional (por parte de los representantes del Estado) frente al comercio privado.


8 En el momento de la entrevista, M. Xu dirigía una de las mayores industrias de lentes de la ciudad de Wenzhou, con más de 1.500 trabajadores a su cargo. Nacido en Qingtian, algunos de sus parientes emigraron a Hong Kong y Europa.


9 Entrevista número 7, fechada el 21 de marzo de 1998 en Wenzhou. Anexo de la Tesis Doctoral de V. Poisson, p. 183.


10 Xiang Biao (1999) “Zhejiang village in Beijing: Creating a visible non-state space through migration and marketized networks” en Frank N. Pieke y Hein Mallee (eds.), Internal and International Migration (London: Curzon) p. 244.


11 La comparación con los movimientos de Taiji permite a Xiang Biao afirmar que esta zona autónoma (creada a partir del establecimiento de las redes económicas transregionales) no es de naturaleza anti-estatal, sino que aparece como un movimiento de retirada, dispuesto a crear lazos con las autoridades del Gobierno en el momento oportuno.


12 Emmanuel Ma Mung, “Immigration and Ethnic Labour Market” (2004) en F.Hillmann, E.Spaan y J.Van Naerseen (eds.), Asian Migration and Labour Market Integration in Europe (London:Routledge).


13 Ibid.


14 Yun y Poisson, Le trafic et l’exploitation des immigrants chinois en France, p. 66.


15 Esta cantidad equivale a entre 20 y 25 años de un salario medio (calculado sobre un salario base de 100 € al mes).


16 Entrevista realizada a la OCRIEST (Central Office for theRepression of Illegal Immigration and the Employment of Foreigners without Documents) y a la Inspección de Trabajo, BIT en 2004.


17 François Brun y Ren Kelong (septiembre-octubre 2006) “Europe: the area of the mobility of migrants: The Chinese of Italy” en Migrations Sociétés, 18, 107 p. 151 (traducido para esta edición).


18 Según National Crime Watch.


19 Citado en Yun y Poisson (2001) Le traffic et l’exploitation des immigrants chinois en France, p.66-134. R.Rastrelli (2001) Chinese Immigration in Prato (Prato), p.134 (traducido para esta edición).


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