Desplazamientos y deportaciones en Irak
En 2005, Irak era el quinto país del mundo en cuanto al número de desplazados internos (después de Sudán, Colombia, Congo y Uganda). El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) calcula que, a pesar de las recomendaciones emitidas por el Gobierno y las agencias internacionales, entre 2003 y 2005 volvieron al país unos 253.000 iraquíes, lo que constituye uno de los mayores movimientos de repatriación del planeta. Ni las dificultades económicas ni la situación en términos de seguridad impidieron su retorno, en particular desde las zonas más cercanas a Irak donde las condiciones de vida eran especialmente precarias. Con todo, se afirma que 1.800.000 personas permanecen aún en el exilio, sobre todo en Jordania y Siria, aunque también en Egipto. Por el contrario, frente a las predicciones, la guerra de 2003 no provocó una huida en masa de Irak por parte de la población, ni tampoco desplazamientos a gran escala dentro del país. Entre 2003 y 20062, sólo unas 200.000 personas realizaron desplazamientos internos, que no incluyen aquellos emprendidos por periodos cortos. Estos movimientos poblacionales fueron el resultado del enfrentamiento armado entre las fuerzas internacionales e iraquíes de una parte, y la milicia, de otra. Además, se trataba de poblaciones que, habiendo sido desplazadas por el viejo régimen, volvían ahora a sus hogares. Este fenómeno empeoró tras el bombardeo del mausoleo chií en Samarra, el 22 de febrero de 2006 , que agravó la violencia sectaria y las represalias entre suníes y chiíes, de modo que, al cabo de unos meses, al menos 300.000 personas se habían visto obligadas a desplazarse3. Los Estados Unidos reconocieron la magnitud del problema y, un año después, Condoleezza Rice organizó un grupo de trabajo al amparo del Departamento de Estado para que estudiara la situación de los refugiados iraquíes, así como el problema de la violencia inter-comunitaria en el país4
La deportación: el arma suprema del partido Baaz
Fue el partido Baaz el que institucionalizó el desplazamiento forzoso de la población en cuanto se hubo instalado definitivamente en el poder en 1968. Esta es la fecha que la Comisión para los Reclamos de Propiedad en Irak (IPCC por sus siglas en inglés) de enero de 2004 (que fue, a su vez, sustituida en marzo de 2006 por la Comisión para la Resolución de Disputas sobre Bienes Inmuebles [CRRPD por sus siglas en inglés]) toma como referencia cronológica del inicio del histórico fenómeno de la deportación.
En cada ocasión, el objetivo de estas migraciones forzosas ha sido compensar la debilidad demográfica de la minoría árabe suní frente a la mayoría árabe chií, que representa entre el 60 y el 65% de la población. La idea consistía en asimilar poblaciones en una identidad árabe común, prohibir toda forma de autonomía regional y dispersar a los grupos sobre los que recayera la sospecha de negar su apoyo al régimen, así como movilizarlos en caso de que estallara un conflicto internacional. La expulsión se realizaba de modo sistemático y rápido, y a veces se llevaba a cabo mediante campañas militares extremadamente agresivas que implicaban el uso de embargos, armamento (ya fuera convencional o no) con el que eliminar a la población, ejecuciones en masa y el traslado de la población a campos de concentración. Al mismo tiempo, existía una política que animaba a los trabajadores árabes suníes a que inmigraran, para lo que se les ofrecían incentivos como ventajas financieras o relacionadas con el alojamiento; sin ir más lejos, en Irak se contrató a un millón de inmigrantes, en su mayoría de origen egipcio.
I Etnocidio: los kurdos faili
Los kurdos faili son un pueblo chií que vive a lo largo de la frontera con Irán, aunque también representa un alto porcentaje de la población en las ciudades de Al-Kut, Amara y Bagdad. Fueron expulsados de Irán en dos bloques: a millares entre 1969 y 1971 (junto a los chiíes considerados iraníes: los estudiantes de teología de la Hawza, el centro de enseñanza de Nayaf, y, más en general, chiíes de otros lugares sagrados), y en la primavera de 1980, menos de un año después de que Sadam Hussein asumiera el poder absoluto y unos meses antes de que lanzara la guerra contra Irán. El pueblo faili fue expulsado de Bagdad, Basora y Amara, junto con miles de árabes chiíes y otros iraquíes “de origen persa” que el régimen veía como una quinta columna. El número total de expulsados en aquel momento asciende a 200.0005.
La arabización del norte y centro de Irak
Sadam no abandonó nunca su política de arabización, ni siquiera cuando firmó el pacto con los kurdos, el 11 de marzo de 1970, para crear la Región Autónoma Kurda. Hubo más expulsiones durante la década de los setenta, especialmente a través de un proceso de división territorial, que se explica a continuación:
Se dividió la antigua provincia de Kirkuk en dos partes: por un lado, la provincia de Al-Tamim, en la que se encuentra la ciudad de Kirkuk propiamente dicha y las zonas con un índice elevado de población árabe; por otro, la nueva provincia de Saladino, con Tikrit como capital, y que incluye la zona de Tuz Jurmatu, poblada por kurdos y turkmenos. Los distritos de Chemchemal y Kalar se anexionaron a la provincia de Suleimaniya
Se creó la provincia de Dahuk, que tuvo como consecuencia que la de Mosul acogiera a una mayoría árabe, así como a un importante número de asirio-caldeos (cristianos) y turkmenos (que hablan una variante del turco).
Se anexionaron los distritos de Janaquin y Kifri a la provincia de Diyala.
Se redujo el tamaño de la provincia de Kerbala y el territorio que quedó fuera se incluyó en la de Al-Anbar.
El proceso de arabización alcanzó también la zona paralela a las fronteras iraní, turca y siria, desde Janaquin a Sinyar6
A lo largo de la década de los setenta y, sobre todo, en la de los ochenta, cientos de miles de nómadas de la llanura semidesértica de Al-Yazira, situada al sur-oeste de Mosul, así como las tribus suníes leales al régimen establecidas dentro de la provincia de Saladino, fueron enviadas a distintos puntos del país marcados por la campaña de arabización y se les encargó la vigilancia de los yacimientos petrolíferos. Igualmente, el pueblo Al-Hadidi había sido recolocado en el distrito de Shaijan entre 1974 y 1975, y el de Shammar había acabado en la provincia de Kirkuk. Algunas investigaciones llevadas a cabo en 2003 revelan que estos traslados de población fueron tanto planificados como sistemáticos7. Entre 1957 y 1977, las poblaciones kurdas y turkmenas que habitaban la ciudad de Kirkuk descendieron de un 48,3 a un 21,4 %, y de un 37,43 a un 16,31 % respectivamente, mientras que la población árabe, por su parte, aumentó de un 28,2 a 44,41%8
Esta estrategia de arabización continuó durante la II Guerra del Golfo, en 1991, a través del cerco de las regiones kurdas que ya no estaban bajo el control de Bagdad, a lo largo de la línea de alto el fuego. Cientos de localidades quedaron vacías, y cientos de miles de personas se vieron expulsadas a través de una serie de leyes y decretos impuestos por el Consejo del Comando Revolucionario. Los títulos de propiedad que habían permanecido en regla bajo el Imperio otomano quedaban ahora invalidados o confiscados sin ningún tipo de compensación, mientras las tierras, que pasaron a ser de propiedad estatal, se alquilaron a la población árabe, que recibió además incentivos económicos para construir en ellas sus hogares. También se expulsó a los kurdos de Janaquin, Kifri y Mandale en la provincia de Diyala, bien hacia otras zonas de la misma, bien hacia Suleimaniya. Fueron familias árabes las que reemplazaron a esta población.
En 2001, se introdujo el concepto de “nacionalidad corregida” a través del decreto 199, que favorecía a la población árabe. Quien se negara a acatar esta nueva norma quedaba automáticamente expulsado de la Región Autónoma Kurda. Los turkmenos abandonaron Kirkuk y Tall Afar, para dirigirse a Erbil y Turquía. Los asirio-caldeos, que habían sido arrancados de las montañas y trasladados a Bagdad, Mosul y Basora durante los años setenta, volvieron a las provincias de Dahuk y Erbil. En total, más de 100.000 personas fueron expulsadas o huyeron a lo largo de la Línea Verde tras la II Guerra del Golfo, en 1991.
Los conflictos militares y la recomposición étnica de Irak
Tras el acuerdo firmado entre Irán e Irak en Argel el 6 de marzo de 1975, por el cual se establecía una zona de seguridad de entre cinco y treinta kilómetros a lo largo de las fronteras turco-iraquí e irano-iraquí, se produjo un éxodo de 250.000 kurdos hacia Irán. Doscientos mil más se trasladaron al centro y sur de Irak, a las provincias de Al Anbar, Qadisiya, Thi-Qar, Missan y Al Muthana. La destrucción de varios cientos de localidades kurdas y de unas 60 asirio-caldeas trajo consigo la despoblación de toda la franja fronteriza. Los movimientos poblacionales en masa se proyectaron en la prensa iraquí como medidas legítimas que se tomaban con el fin de proteger la revolución y el interés nacional9. La operación se completó entre 1983 y 1984.
En 2005, ya había unas 8.000 personas procedentes de los distritos de Shat Al-Arab, Al-Jaseeb y Fao viviendo en campos o en edificios estatales10, 12.000 familias esperaban retornar al interior de la provincia de Missan y la gente que había sido desplazada a causa de la guerra había quedado inscrita en Kerbala, Nayaf y Babilonia.
"II Etnocidio: Al Anfal
La campaña Al-Anfal dio comienzo cuatro meses después de que se hubiera realizado el censo de octubre de 1987. Se lanzaron ocho ofensivas sobre el Kurdistán iraquí, que recibía así su castigo por haber colaborado con Irán. Los ataques culminaron con la destrucción de dos grandes ciudades: Halabia, que fue bombardeada con armas químicas en 1988, y Qaladiza, al año siguiente11. Además, desaparecieron al menos 100.000 personas, quedaron destrozados dos mil pueblos y alrededor de 12 ciudades y centros administrativos, y se despojó de sus pobladores a las provincias de las regiones montañosas: Dahuk, Erbil y Kirkuk.
Se calcula que el número de desplazados en las tres provincias del norte de Irak en 2000 alcanza los 805.500, de entre los que más de la mitad acabó en los campos que habían sido instalados por el régimen en las décadas de los setenta y ochenta.
Una vez firmado el alto el fuego de la II Guerra del Golfo, el 28 de febrero de 1991, se produjeron brotes insurreccionistas en 15 de las 18 provincias de Irak. Aunque los aliados habían animado a los iraquíes a que se rebelaran, también permitieron que la Guarda Republicana y los helicópteros de Sadam reprimieran brutalmente las partes chiíes del país, así como el desarrollo de un ataque implacable sobre el Kurdistán. Esta última operación tuvo como consecuencia el éxodo masivo de dos millones de kurdos hacia Turquía e Irán, que sólo regresarían al norte de Irak tras la votación, el 5 de abril de 1991, de la Resolución 688 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. De acuerdo con este documento, los kurdos se dirigieron al Norte mientras que los chiíes ocuparon el Sur, protegidos por la Operación Provide Comfort. La llegada masiva de estas personas obligó a las milicias kurdas que trabajaban para el régimen a perseguir a quienes luchaban en nombre del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), lo que derivó en la destrucción de varios núcleos poblacionales. Unas ocho mil familias, la mayoría originarias de Akre, y llamadas “Al-Qilaa” a raíz de su estancia en los campos militares en que habían sido retenidas, se dirigieron a Mosul. Las tribus árabes instaladas en el Kurdistán como resultado del proyecto de arabización iniciaron su retirada de la región autónoma, tal y como la tribu de Al-Fahd, originaria del sur del país, había hecho al mudarse a Janaquin en 1997 después de haber vivido durante veinte años en la provincia de Suleimaniya.
III Etnocidio: las marismas
Aunque el proyecto de avenamiento de las marismas databa originalmente de los años cuarenta y, en un segundo intento, de los setenta, finalmente se aprobó en 1984 durante la guerra entre Irán e Irak, y se llevó a cabo a través de la construcción de diques en Turquía y Siria. Una carta fechada el 30 de enero de 1989, descubierta durante el levantamiento de 1991, confirma la existencia de este plan.
Los habitantes de las marismas vivían repartidos en una docena de tribus distintas: Albu Mohammed, Bani Lam, Abu Salih, Bani Isad, Bani Asma, al-Juwaibiri, al-Shumaish, al-Musa, al-Rahma, y otras. El régimen las definía como proiraníes en términos políticos, étnicos y religiosos, tal y como ocurría con las chiíes del sur, sospechosas de haber protegido a desertores y a elementos hostiles12. El ataque que perpetraron entre 5.000 y 10.000 hombres de las Brigadas Badr entrenados por el Consejo Superior para la Revolución Islámica en Irak, que dirigía en Irak Mohamed Baqr Al-Hakim, llevó a la expulsión de los “Madans”, denominados “simios” o extranjeros por el periódico Al-Thawra13. Entre diciembre de 1991 y octubre de 1992, se destruyeron setenta asentamientos y se evacuó a 50.000 personas de los alrededores de Chabaish para ser trasladadas a Nasiriya: se empezó por las ciudades de Maimuna, Salam y Adil, se continuó con la provincia de Missan, que incluía Qalat Salih, y, por último, las marismas de Hammar y Amara. Esta operación se retomó entre 1993 y 1994, de modo que se desplazó a los árabes de las marismas más de una docena de veces tanto dentro como fuera del territorio. Actualmente, estas gentes se encuentran entre los miembros más empobrecidos de la población iraquí.
Se calcula que, en 1950, esta minoría chií estaba integrada por entre 400.000 y 500.000 personas, en su mayoría granjeros. A comienzos de los años noventa, sólo quedaban 250.000, y en 2003, la cifra había descendido hasta los 83.00014
Medidas institucionales en favor de los desplazados y los refugiados
A finales de 2003, tras las tensiones surgidas entre los kurdos y los árabes en Kirkuk y Bagdad, se creó un Ministerio de Desplazamiento y Migración (cuyas responsabilidades quedaron definidas por el Reglamento número 50, aprobado por la Autoridad Provisional de la Coalición, y en vigor a partir del 11 de enero de 2004). El nuevo Gobierno, elegido el 28 de junio de ese mismo año, integra una organización que trabaja con las Naciones Unidas, así como el Grupo de Trabajo número 8 para Irak. El 8 de marzo, el artículo 58 de la Ley Administrativa Transitoria estipulaba que el nuevo Gobierno debía “actuar con rapidez en la adopción de medidas que pongan fin a la injusticia provocada por las prácticas del régimen anterior que alteraron las características demográficas de determinadas regiones (…) al deportar o expulsar a personas de sus propios hogares, forzarlas a emigrar dentro y fuera del país, asentar poblaciones extrañas en las nuevas regiones, privar a sus habitantes de trabajo y modificar su nacionalidad”. El Reglamento también exigía que el Gobierno actuara de acuerdo con lo expuesto en el artículo 10 de la Comisión para los Reclamos de Propiedad, “con el fin de asegurar que estas personas sean reasentadas, reciban la compensación estatal, nuevas tierras del Estado cerca de su hogar en su provincia de origen, o se subvencione su vuelta a dichos lugares”.
El posicionamiento de las autoridades y partidos políticos antes del final del viejo régimen y la cuestión de Kirkuk
Al haber comenzado en cuanto se derrumbó el régimen de Baaz en 2003, el retorno de los refugiados y deportados ha traído consigo mucha agitación, especialmente en las zonas arabizadas del país. Sin infravalorar el número de expulsados que han regresado a sus hogares por su cuenta, parece claro que los partidos políticos kurdos pretendían retomar el control de todas las regiones que los árabes reclaman desde 196115, para lo cual animaron a los kurdos, especialmente en 2003, a volver en compañía de la peshmerga (la milicia kurda). Los líderes kurdos pidieron que la población retornada devolviera la situación al estado de antes del proceso de arabización16. Por supuesto, estos conflictos se complican en el caso de Kirkuk, una ciudad con yacimientos petrolíferos que los kurdos aspiran a controlar, y que resulta especialmente importante a sus ojos, al considerar que ese territorio les pertenece históricamente.
Kirkuk ha sido siempre la manzana de la discordia para los diferentes gobiernos iraquíes, y los acuerdos de autonomía están derogados desde 1970. Con la llegada de las familias a la ciudad y la creación de las comisiones encargadas de evaluar si se había producido una limpieza étnica y de aplicar el artículo 58 de la Ley Administrativa Transitoria, la situación se puso al rojo vivo.
Miles de kurdos, escépticos ya ante las negociaciones entre sus líderes regionales y el Gobierno iraquí, amenazan con retomar sus tierras y hogares por sí mismos si no se aplica la ley. Igualmente, los árabes sospechan que los kurdos han enviado a Kirkuk gente que no era de allí con la intención de "kurdificar" la ciudad. Los seguidores árabes chiíes del clérigo radical Moqtada Al-Sadr han acusado a los kurdos de apostasía; muchos de ellos han huido de Samarra hacia Kirkuk o Suleimaniya. Los turkmenos apoyan a los árabes frente a los kurdos, por lo que, después de enero de 2005, Orhan Ketene, el representante estadounidense ante el Frente Turkmeno, que recibe apoyo de Turquía, acusó a los “grupos terroristas kurdos” de controlar el centro de Kirkuk17.
En 2006, el número de familias kurdas que volvieron a la provincia de Kirkuk fue menor que en los años anteriores. Las autoridades kurdas tratan, sobre todo, de estabilizar el statu quo, que les favorece, mientras esperan a que se celebre el referéndum sobre los territorios pretendidos, algo que, según lo dispuesto en el artículo 140 de la Constitución, ha de estar resuelto antes del 31 de diciembre de 2007, como máximo. También en ese plazo ha de realizarse el censo que se planificó para antes de las elecciones de enero de 2005, y que ya ha sido pospuesto varias veces debido a las diferencias internas del Gobierno, así como a la dificultad de reasentar a los desplazados. Así las cosas, no sorprende el hecho de que uno de los dos líderes prokurdos, Massoud Barzani, denunciara el informe Baker-Hamilton de diciembre de 2006, en el que se sugería retrasar la aplicación de esta parte de la Carta Magna. Los kurdos también exigen la reanexión de los distritos de Kifri, Chemchenmal, Kalar y Tuz Jurmatu, escindidos de la provincia en 1976.
Se espera que se produzca un aumento de la violencia étnica si no se celebra el referéndum ni se elabora el censo. El Comité para la Normalización de Kirkuk firmó un acuerdo por el cual se comprometía a ofrecer incentivos económicos a los árabes que abandonaran la provincia y retornaran a sus regiones de origen. Esta decisión provocó una violenta reacción por parte de la Asociación de Académicos Musulmanes en Irak, que tachó el proceso de limpieza étnica. Por otra parte, los turkmenos se muestran reacios a cualquier cambio en el reparto de poder en Kirkuk, y el plan también ha encendido la ira de Sheikh Raad Al-Najafi, el representante del clérigo radical en el exilio, Moqtada Al-Sadr.
¿Dividir desplazando?
Mientras los árabes dejan Kirkuk y Diyala, los kurdos, a raíz del asesinato de varios alcaldes en 2005, van abandonando la orilla oeste del río Tigris en Mosul18. Además, los insurgentes suníes al sur de Bagdad están perpetrando atentados y secuestros para forzar a los árabes chiíes a marcharse. Tal es el caso en el llamado "triángulo de la muerte" entre Al-Latifiya, Al-Mahmudia y Al-Yusufiya, en el que se asentaron los árabes suníes por razones estratégicas19.
En Bagdad, la gente se está mudando de los distritos mixtos a los homogéneos. Los chiíes se van del centro al sur; los suníes, del sur al centro, sobre todo a la provincia de Al-Anbar. Los kurdos salen de Bagdad para instalarse en las tres provincias septentrionales, en Kirkuk o en Diyala, desde cuyo centro también salen. Las minorías especialmente vulnerables, como la cristiana, van de Bagdad a la llanura de Nínive, a Erbil o a Dahuk.
Los turkmenos se mueven dentro de las provincias de Saladino y Nínive, o van de Nínive a Kerbala y Kirkuk. Las provincias que mayor cantidad de gente acogieron en 2006 fueron Bagdad y Diyala, así como el norte del país, mucho más tranquilo.
El nuevo plan de seguridad, que establece cadenas de mando compartidas entre suníes y chiíes, la purga de elementos criminales dentro del Ejército y la Policía20, la conferencia internacional organizada en Bagdad a la que acudieron representantes sirios e iraníes para apoyar el entendimiento nacional, y el acuerdo del Gobierno a la hora de votar una ley sobre la gestión y el control del petróleo 21 parecen conducir a la reconciliación, pese a lo cual puede que estos desplazamientos acaben siendo el precursor de la división territorial.
© Franóise Brié es doctoranda en la Universidad de la Sorbona (París).
Traducción de Nuria Brufau Alvira
NOTAS
1 ACNUR, “2004 Global Refugee Trends: Overview of refugee populations, new arrivals, durable solutions, asylum-seekers, stateless and other persons of concerns to UNHCR” (Ginebra: UNHCR, 17 de junio de 2005).
2 IRIN, “IRAQ: Another million people could flee homes this year”, 6 de marzo de 2007.
3 International Office for Migration, Iraq Displacement 2006, Year in Review (www.iom.int).
4 David Shelby, USInfo, 7 de febrero de 2007.
5 Iraq Press, 30 de enero de 2004.
6 Véase Babakhan, A. (1994) “Les Kurdes d’Irak, leur histoire, leur déportation par le régime de Saddam Hussein” (Líbano: sin editorial), p. 114.
7 Human Rights Watch, “Claims in Conflict, Reversing Ethnic Cleansing in Northern Iraq", 16, 4, (agosto de 2004).
8 Talabani, N. ([1999] julio de 2002) “The displacement of Kurds and minorities in the Kirkuk region” en International Conference on Refugees and Displaced Persons in Iraq (Manteqat Kirkuk, Baghdad: sin editorial).
9 Isa-Yousif, E. (2004) Une chronique mésopotamienne (1830-1976) (Paris:L’Harmattan) p. 223.
10 Global IDP Project, “Iraq: Insecurity and Lack of Shelter Exacerbate Internal Displacement Crisis” (Ginebra, 11 de julio de 2005), p. 3.
11 Middle East Watch (2003) Génocide en Irak, la campagne d’Anfal contre les Kurdes (Paris: Karthala).
12 Véase Mitchell, C. (2001) “Assault on the Marshlands” en Peter Clark y Sean Magee (eds.), The Iraqi Marshlands: A Human and Environmental Study (London: AMAR International Charitable Foundation) pp. 42-69.
13 Ibid.
14 Nicholson, E. (2005) “Destruction et génocide dans les marais du Sud de l’Irak” en Chris Kutschera (ed.), Le livre noir de Saddam Hussein (Oh Éditions) pp. 279-296.
15 Human Rights Watch, “Claims in Conflict”, p.58.
16 Filkins, D. “Iraqi Kurdish Leaders Resist as the U.S. Presses Them to Moderate Their Demands”, New York Times, 21 de febrero de 2004.
17 “Turkmen Front: ‘We have lost Kirkuk’” en Turkish Weekly, 15 de julio de 2005.
18 “Kurds” Mass Immigration from Mosul to Kurdistan Region (www.almendhar.com), visitada el 26 de julio de 2005.
19 Farraj, S. “Au sud de Bagdad, les chiites fuient le triangle de la mort” en La Croix, 23 de mayo de 2005.
20 Al-Amiry, K. “Interview with the Iraqi PM Nouri al-Maliki” en Al-Hayat, 1 de febrero de 2007.
21 Khalilzad, Z. “A Shared Stake in Iraq’s Future: How the Oil Agreement Points the Way Forward” en Washington Post, 3 de marzo de 2007.