Debats 99 Invierno/Primavera 2008 - QUADERN

La inmigración en Chipre: ¿descubrimiento del problema o postergación?


En 2005, Chipre tenía la mayor tasa de crecimiento demográfico de la Unión Europea, el 2,6 %1. Pero este fenómeno no era debido al crecimiento natural, pues la natalidad no sobrepasaba el 1,4 %. Era debido a una creciente inmigración: entre 110.000 y 116.000 no chipriotas, es decir, el 13-14 % de la población –854.300 habitantes el mismo año– y el 14 % de la población activa. Estas cifras son todavía más sorprendentes si se las compara con las de 1992, cuando el proceso de llegadas se iniciaba apenas: 25.506 personas, es decir, el 4 % de la población2. El mayor problema geopolítico es que esta población está muy poco formada –y muy poco informada– de la lengua y la cultura del país. Personas que residen en Chipre desde hace más de cinco años apenas son capaces de comunicarse en griego y optan a priori por un inglés la mayoría de las veces básico que les basta para vivir y sobrevivir. Incluso después de años pasados en la región, no ven la necesidad de aprender griego. Los contactos con los chipriotas griegos no van, por otra parte, más allá de la vida profesional. Estos inmigrantes se han organizado un marco específico en el interior de la sociedad y no aspirar a mayor integración; quizá ni la desean. He aquí un evidente problema de cohesión nacional.

Chipre había sido, desde los años sesenta del siglo XX, un país de emigración; unos diez años más tarde, se había convertido en un país receptor de emigrantes provenientes principalmente de Asia, África, Oriente Medio e inmediatamente de la ex Unión Soviética.

La economía chipriota conoció un rápido crecimiento, de la invasión turca de 1974 hasta los años noventa, hoy estabilizada entre el 2 % y el 4 %. De ello resultó una demanda de mano de obra que no podían satisfacer los autóctonos, en sectores de baja cualificación cruciales para el desarrollo y el progreso económicos. El Estado cambió entonces de política migratoria, abandonó las restricciones impuestas en el empleo y concedió el permiso de residencia a los inmigrantes, que pudieron, desde ese momento, ser contratados, durante un periodo limitado a seis años, en sectores específicos y abiertos por la situación del mercado autóctono de empleo. Estos trabajadores extranjeros con residencia temporal iban a formar el primer grupo de inmigrantes en Chipre.

La subsiguiente disolución de la Unión Soviética implicó una afluencia de personas provenientes de las zonas contiguas al mar Negro y consideradas por el gobierno griego como de origen griego, poseedoras, por tanto, de pasaporte griego. Esta fue la segunda categoría de emigrantes hacia Chipre: los griegos del Ponto autorizados a residir a largo plazo en tanto personas de origen griego.

Factores internacionales, como la guerra del Golfo de 1991 y el interminable conflicto araboisraelí, han provocado además la llegada de inmigrantes tanto económicos como políticos, y de solicitantes de asilo que buscaban refugio en Chipre para periodos más o menos largos.

Una categoría singular de inmigrantes es el gran número de mujeres llegadas en concreto de los países del ex bloque soviético y muchas veces bailarinas de night-clubs. Estas “artistas” están ligadas, por lo que parece, a los tráficos de todo tipo, incluida, evidentemente, la prostitución, lo que ha solido exponer a Chipre a la crítica internacional3.

Los inmigrantes trabajan esencialmente hoy como empleados domésticos, en los servicios –restaurantes, hoteles, comercio, construcción, garajes, agricultura 4. Los trabajadores de Europa del este son empleados, por una abrumadora mayoría, en la construcción, los servicios, la agricultura, y las mujeres, en actividades “artísticas”. Los sirios y los egipción se encuentran (con excepción de las actividades “artísticas”) en los mismos sectores. Mientras que los ceilaneses y filipinos son sobre todo contratados como empleados domésticos. Nos las vemos, así, con un “mercado de género”: las mujeres trabajan la mayor parte del tiempo como empleadas dométicas y en la limpieza; los hombres, en la construcción.

La demanda de mano de obra ha conllevado igualmente una creciente inmigración clandestina. Según las autoridades y la policía chipriota, la mayoría de los clandestinos vienen del norte de la isla, en particular desde que fueron abolidas las restricciones a la libertad de circulación entre el norte y el sur, a partir de 2003. Según los datos facilitados por la policía, se contaba un total de 5.191 en 2005, de los que sólo 16 habían entrado por el sur. Chipre es el país que, en números relativos, totaliza el mayor número de solicitudes de asilo de la UE: 9.675 en 2004 et 7 745 en 20055. El descenso registrado en 2005 se debió a una política más restrictiva en materia de visados tras el ingreso en la UE en mayo de 2004.

Un gran número de inmigrantes, principalmente de Bangladesh y de Pakistán6 y sin necesidad de protección internacional, piden el asilo político para encontrar un empleo y beneficiarse de los subsidios de los servicios sociales7. Este aumento brutal de las solicitudes de asilo, consideradas por la Oficina para el Refugiado como mayoritariamente no fundadas, ha llevado a esta última no sólo a rechazar la mayoría, sino a adoptar una política mucho más restrictiva en la materia, exigiendo a los solicitantes de asilo a trabajar en sectores necesitados de mano de obra, como la agricultura. Un gran número de solicitantes, que están, literalmente, sin patria, residen en el centro de acogida de refugiados de Kofinou, fundado a iniciativa del gobierno, pero cuyas condiciones de vida no son las más propicias8. Estas prácticas provocan situaciones extremas, hoy ampliamente extendidas y deliberadamente amplificadas por los medios de comunicación: solicitantes de asilo que no quieren marcharse y se dan a actos de desesperación como huelgas de hambre o amenazas de suicidio.

Los matrimonios arreglados son cosa frecuente. Hay, por una parte, los inmigrantes que pagan para casarse y, por tanto, obtener el permiso de trabajo; hay chipriotas que recibieron así 1.500 ó 2.000 libras chipriotas por casarse con extranjeros desconocidos9. O mujeres inmigrantes que se casan con chipriotas, incluso ancianos, con el fin de obtener el permiso de trabajo y, evidentemente, a largo plazo, una rsidencia permanente.

Lo que destaca es que, desde los años noventa, el Estado chipriota trataba el problema de la inmigración conforme iba surgiendo, considerando a los inmigrantes como trabajadores temporales. Había decidido acoger esta mano de obra extranjera, pero no estaba en modo alguno dispuesto a aceptar, a asimilar o a integrar socialmente este número creciente de trabajadores. En suma, no había previsto estas evoluciones. La política llevada a cabo fue implícitamente una política a corto plazo y oportunista. En palabras del ministro de Interior, Neoklis Sylikiotis :

El Estado quería satisfacer de manera prioritaria la necesidad de mano de obra de ciertos sectores de la economía, unificar la gestión de los fenómenos derivados de la situación y mejorar el control de la inmigración clandestina10.

No se trataba de integrar socialmente a los inmigrantes o de hacerlos participar en la vida social según el modelo en vigor en los países de Europa del norte, incluso de asimilarlos como intentan con más o menos suerte Francia y Grecia. Lo que admite Lazaros Savvides, director general del ministerio de Interior:

La razón era que nadie había réalisé ni evaluado a largo plazo a lo que nos enfrentamos hoy. Las medidas adoptadas lo eran todas a corto plazo; las estimaciones a medio y largo plazo iban todas a descubrirse erróneas11.

Ahora bien, la responsabilidad de un Estado que no impone a los inmigrantes la obligación de aprender griego, y, lo que es más, no proporciona el marco adecuado para este aprendizaje lingüístico surge como un factor que nada tiene de despreciable.

Sin contar la falta de organización: no menos de cuatro ministerios y un gran número de servicios se ocupan de cuestiones de inmigración. Todos ellos sin coordinación real y abocando en un tratamiento desordenado e ineficaz del problema. Además, las personas en posiciones clave no poseen un conocimiento específico de los dossieres y no han sido formadas de manera adecuada en el campo de los derechos humanos; toman decisiones arbitrarias, llegado el caso en una atmósfera de xenofobia latente. Es el caso singular de aquellos estudiantes chinos a quienes se les negó el permiso de residencia porque los funcionarios de inmigración, en la policía, juzgaron que no estaban en condiciones de seguir sus estudios12.

A la vez, el marco jurídico heredado del régimen colonial, obsoleto, es ampliamente responsable de la arbitrariedad y se comprueba incapaz de responder a solicitudes de nuevo tipo. Su carácter rígido y anacrónico no permite ni tratar “casos particulares” ni dar prueba de humanidad. Se expulsa a inmigrantes que residen desde hace años en Chipre sin tener en consideración la separación de los miembros de la familia; se detiene a extranjeros sine die o incluso son arrestados bajo presunción de ataque terroristas13. Es por ejemplo el caso de aquella mujer servia, madre de dos hijos, de dieciséis y diecisiete años, que había solicitado una ampliación de su permiso de residencia mientras éstos terminaban sus estudios secundarios; fue rechazada, y la madre fue expulsada junto a sus dos hijos14.

Los ciudadanos tampoco estaban particularmente preparados para aceptar un tan gran número de inmigrantes ni para aprestarse a integrarlos. En una sociedad relativamente homogénea desde la invasión de 1974 y la segregación violenta que siguió, todo elemento extranjero, cualquiera que fuese, desentonaba y alarmaba. Los chipriotas, escépticos en cuanto a la capacidad de integración de personas procedentes de culturas diferentes y temiendo una contaminación de su sociedad, parecen haber preferido mayormente mantenerse a distancia de los inmigrantes o incluso tratarlos con indiferencia.

Para los chipriotas, la inmigración no es un hecho social, sino un problema social que se acompaña de desórdenes. Los extranjeros se convierten fácilmente en chivos expiatorios del paro, la criminalidad, la tasa creciente de divorcios, la marginación social o incluso de las evoluciones demográficas de la isla.

Ciertamente, no podemos aquí ignorar el papel de los medios de comunicación, que se contentan como de costumbre –sensacionalismo o falta de tiempo– con ajustar cifras y estadísticas y bosquejan un retrato muy general de la xenofobia extendida en la sociedad chipriota.

Sin duda hay que ir más lejos y recordar que son las prácticas del Estado las que han alimentado o incluso creado semejante xenofobia en los chipriotas griegos. La incapacidad del Estado de tomar conciencia del fenómeno y de elaborar una política de integración sistemática ha dejado dar a los diferentes órganos de la sociedad libre curso a sus impulsos, incluso tomar a veces decisiones arbitrarias. Para darse cuenta de esto, sólo hay que observar cómo funciona la totalidad del sistema jurídico y administrativo. Se descubre un cierto racismo institucional en los dispositivos y reglamentos que conciernen a la inmigración (entrada en el territorio, permiso de residencia, empleo): “Utilizamos a los inmigrantes cuando y donde los necesitamos”.

Chipre forma ya parte de la UE. Es un Estado que se considera moderno y democrático. Es pues hora de darse cuenta de que su política de inmigración debe cambiar por completo. Como otros países, estamos enfrentados ya al imperativo categórico de tratar este fenómeno de manera apropiada y de elaborar una política de integración a largo plazo, con un enfoque más humanitario, derivándose del hecho reconocido de que los inmigrantes forman parte integrante de la sociedad contemporánea. Los debates considerables que han acabado por tener lugar y que parecen haber sido definitivamente oídos por las autoridades son un aliento. Nos hace falta aún adaptarnos a las directivas de la UE y a las convenciones internacionales, ratificadas, por otra parte, por el gobierno de Chipre (directiva relativa al estatuto de los procedentes de países extracomunitarios con residencia de larga duración; convenciones contra el racismo, las discriminaciones y las violaciones de los derechos del hombre ). Primeros signos de una nueva política y más eficaz, la puesta en marcha de cursos de lengua para extranjeros y de una enseñanza intensiva del griego en las escuelas de destino de los alumnos no chipriotas. ¿El anuncio de un cambio de percepción? Eso esperamos.

© Anna Papasavva
Traducción de Josep Carles Laínez

Anna Papasavva es secretaria general del Daedalos Institute of Geopolitics (Nicosia).

NOTAS


1 Cyprus in the EU scale, Servicio Estadístico de la República de Chipre. Las cifras se refieren a las regiones bajo la autoridad de la República de Chipre, con un número estimado de chipriotas turcos.


2 Tmima Ereunwn Elliniki Trapeza, « Kef. 5 Dimografika » [Departamento de Investigación del Hellenic Bank, capítulo 5, “Demografía”].


3 El gobierno americano ha hecho figurar recientemente a Chipre en la lista de países a vigilar por no haber realizado esfuerzos suficientes en los temas cruciales del tráfico de seres humanos con el fin de la explotación sexual; Trafficking in Persons Report, junio de 2006, www.setimes.com/cocoon/setimes/xhtml/el/features/setimes/features/2006/06/07/feature-01.


4 Informe anual de la Oficina de Trabajo para el año 2005.


5 Cf. Jacqueline Theodoulou, « Illegal immigrants have their rights too », Cyprus Mail, 28 febrero de 2006.


6 Cf. 2004 UNHCR Statistical Yearbook, www.unhcr.org/cgi-bin/texis/vtx.country?iso=cyp.


7 « Cyprus: The twisted reality behind the statistics », UNHCR News Stories, Emilia Strovolidou en Nicosia y Rupert Colville en Ginebra, 13 de enero de 2005.


8 Fwtini Panayi, « Voithoun politikous prosfiges » [“Ofrecen ayuda a los refugiados políticos”], Simerini, 12 de octubre de 2005.


9 Costas Savva, « Gambroi kai nufes enanti £4.000 » [“Novios y novias por 4000 libras chipriotas”], Simerini, 16 de mayo de 2006.


10 Neoklis Sylikiotis, « Metanastefsi kai metanasteftiki politiki » [“Inmigración y políticas inmigratorias”], Politis, 20 de noviembre de 2006.


11 Marios Dimitriou, « I entaxi metanastwn me makroxronia diamoni » [“La integración de los inmigrantes de larga residencia”], Simerini, 3 de diciembre de 2006.


12 Gogo Alexandrinou, « “Porta” se Kinezous foitites » [“Puerta a los estudiantes chinos”], Politis, 13 de febrero de 2007.


13 Yiorgos Michailides, « Sovares kataggelies apo aitites politikou asilou » [“Duras acusaciones por parte de solicitantes de asilo”], Simerini, 12 de noviembre de 2003.


14 Militsa Polemitou, « Eleftherwste ti Giasmin » [“Libertad para Jasmine”], Simerini, 24 de marzo de 2006.


Volver al sumario