Debats 99 Invierno/Primavera 2008 - ESPAIS

¿Por qué gana el Vlaams Belang?


El Vlaams Belang es el mayor partido de Bélgica. No ha perdido unas solas elecciones en veinticinco años, aumentando continuamente el tanto por ciento de sus votantes: 3 % en 1987, 10,3 % en 1991, 12,3 % en 1995, 15,8 % en 1999, 18,2 % en 2003 y 24,1 % en 2004. Ha sido sin duda el colectivo de mayor éxito entre todos los partidos “euronacionalistas”.

Nació en 1977 de una escisión en el seno de la Volksunie, el partido nacional flamenco. Su objetivo principal es el establecimiento de una Flandes soberana, en la parte septentrional y neerlandófona de Bélgica, como república independiente. A finales de los años 80, la organización consiguió transformarse en partido conservador dominante, capaz de colmar el vacío creado por el desplazamiento hacia la izquierda de los liberales de la economía de mercado y de los demócrata-cristianos. El Vlaams Belang es también el único partido euroescéptico de Bélgica, y el único partido belga que rechaza la ideología oficial del multiculturalismo. Se sustenta en tres pilares: la independencia de Flandes, la oposición al multiculturalismo, y la defensa de los valores tradicionales de Occidente.

El Vlaams Belang se distingue de los otros partidos euronacionalistas en tres aspectos:

– Tiene una dirección colectiva y no depende de una personalidad carismática, a veces impulsiva, como Jean-Marie Le Pen en Francia, Jörg Haider en Austria o, recientemente, el difunto Pim Fortuyn en los Países Bajos. Los medios de comunicación, a los que, por su propia naturaleza, les encanta personalizar la política, en muchas ocasiones presentan a Filip Dewinter como presidente del partido, aunque éste no tenga esa función: es el presidente de la sección de Amberes y el presidente del grupo en el Consejo flamenco, pero no el líder del partido ni el presidente de su grupo en la Cámara belga de representantes.

– Aunque se le retrata muchas veces como anti-inmigracionista e islamófobo, el Vlaams Belang no es un partido de una sola causa, sino más bien la reunión de personas que se oponen por variadas razones a los partidos tradicionales y a sus políticas.

– El partido es considerado un enemigo a muerte por el establishment belga no sólo porque rechaza el multiculturalismo, sino porque aspira al desmantelamiento del Estado como tal. ¡No hay más que imaginar a un Frente Nacional francés dotado de una dirección joven y colectiva, que dispusiera de una amplia base capaz de extenderse a un gran número de electores conservadores a los que los otros partidos no satisfacen, y que situase la partición de Francia a la cabeza de sus reivindicaciones!

El Vlaams Belang es un fenómeno único, difícil de reproducirse en otra parte, salvo quizá en el caso en que la Unión Europea se transformase en un super-Estado federal con todos los atributos de éste. En efecto, es posible imaginar fácilmente la emergencia de una especie de Vlaams Belang paneuropeo que luchase a la vez contra el multiculturalismo y la islamización, preconizando la abolición del super-Estado europeo y el reestablecimiento de los antiguos Estados-nación.

La oposición del Vlaams Belang a la Unión Europea se deriva de consideraciones análogas. Para el partido, la artificial Bélgica multinacional construida por las potencias europeas en 1831 es el prototipo de la Europa federal que los eurofederalistas quieren establecer. El Vlaams Belang está contra Bruselas; no distingue en verdad entre Bruselas capital de Bélgica, y Bruselas capital de Europa. Para él, Bélgica y Europa son enemigos de Flandes y del pueblo flamenco, cuya identidad nacional quieren liquidar.

Según el Vlaams Belang, cuyos continuos éxitos se explican por la capacidad de transmitir este mensaje, los inmigrantes son un arma del establishment belga contra los flamencos. En otros términos: la inmigración ha sido promovida deliberadamente para socavar las pertenencias nacionales a las que las personas se adhieren porque dan sentido a cuestiones vitales: “¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestra identidad?”.

Bélgica engloba a diferentes pueblos: los flamencos neerlandófonos, los valones francófonos, y un pequeño número de alemanes. Los inmigrantes que se instalan en el país y obtienen (o más bien han visto que se les ofrece) la nacionalidad belga forman el único grupo de belgas que pertenecen a Bélgica antes que ser de Flandes o de Valonia. Es fácil imaginar de modo semejante que, si Europa llega a ser un super-Estado artificial, los inmigrantes no europeos serán el único grupo que se identifique con ésta y su nueva nacionalidad antes que con las entidades nacionales del pasado. Las autoridades belgas siempre percibieron en el nacionalismo flamenco una amenaza para la Bélgica multinacional. Y no han tenido problema alguno en utilizar a los inmigrantes como un arma dirigida contra el Vlaams Belang.

Hasta 2004, el partido se llamaba Vlaams Blok. Eslogan del partido: “Nuestro pueblo primero”. Desde que se convirtió en el mayor partido salido de las municipales de Amberes en 2000, el establishment belga decidió extender el derecho de voto municipal a los residentes no belgas. Decidió también facilitar la obtención de la nacionalidad belga, siendo el objetivo de tal medida fabricar “nuevos belgas” con derecho a voto en las elecciones parlamentarias. En septiembre de 2000, Leona Detiège, entonces alcaldesa socialista de Amberes, declaraba a la prensa que el Vlaams Blok estaba suprarrepresentado porque los inmigrantes no tenían derecho a voto1; igualmente, Johan Leman, entonces director del Centro para la Igualdad de Oportunidades y Lucha contra el Racismo, agencia gubernamental que trabaja para el primer ministro, proclamaba: “¿Qué querrá decir “nuestro pueblo” en quince años? Vamos a acoger a tantos nuevos belgas que semejante eslogan estará desprovisto de sentido. El Vlaams Blok es una cosa del pasado”2

En las elecciones municipales de octubre de 2006, los votos de los inmigrantes han hecho inclinar la balanza a favor del establishment en el poder. En Bruselas, más de una quinta parte (21,8 %) de los consejeros municipales son ya inmigrantes de origen no europeo. La mayoría son musulmanes, y la mayoría de éstos han sido elegidos como socialistas. Los inmigrantes de origen no europeo votan masivamente socialista; un buen número ha emigrado hacia la Europa occidental atraído por las generosas ayudas del Estado providencia. Los inmigrantes se han convertido en el seguro de vida del socialismo europeo.

En el barrio bruselense de Sint-Joost-ten-Node (donde se encuentra la sede del Vlaams Belang), 11 de los 16 consejeros municipales socialistas son inmigrantes de origen no europeo, al igual que 4 de los 5 demócrata-cristianos, 2 de los 3 verdes, y 2 de los 3 liberales. En Amberes, cerca de un tercio de los consejeros socialistas (7 de 22) son musulmanes, igual que un tercio de los consejeros demócrata-cristianos (2 de 6). En Gante, un cuarto de los consejeros socialistas son musulmanes. En Vilvoorde, ciudad flamenca situada a 20 km al norte de Bruselas, la mitad de los representantes socialistas es musulmana. Muchos de ellos tienen afinidades con el islamismo. Declaración de un consejero socialista al Soir de Bruselas tras las elecciones: “Cuando uno de los candidatos belgo-belgas tenía la desgracia de hablar de esto, era percibido como racista”3. ¡No sorprende por tanto que incluso socialistas francófonos de profundas convicciones hayan comenzado a votar en masa al Vlaams Belang!

Persiguiendo al partido, el establishment belga sólo ha hecho que aumentar la simpatía respecto a él. El 9 de noviembre de 2004, la Corte suprema de Bruselas declaró al Vlaams Blok, que era ya el mayor partido del país, organización criminal. Con el objetivo de liquidar el partido, en los años 90, el Parlamento había modificado la Constitución y votado una legislación que incluía una ley antirracista y una ley antidiscriminatoria; esta última introducía un concepto tan amplio de la “discriminación” que prácticamente todo el mundo podía ser acusado de odio racial. Fue este arsenal de leyes el movilizado contra el Vlaams Blok.

El partido fue declarado culpable sobre la base de una pobre compilación de dieciséis textos publicados por diferentes secciones locales de 1996 a 2000. Aunque en ellos se limitaban a citar estadísticas oficiales de criminalidad y de gastos del Estado providencia, el Tribunal alegó que los documentos habían sido publicados “con la intención de contribuir a una campaña de odio”. Uno de estos textos, que trataba de la situación de la mujer en el seno de las sociedades musulmanas fundamentalistas, estaba redactado por Belkiz Sögütlü, miembro del Vlaams Blok, de origen turco, que había crecido en tal medio social.

El Vlaams Blok fue obligado a disolverse, y sus líderes fundaron rápidamente un nuevo partido, el Vlaams Belang [Interés flamenco], que iba a continuar superándolo en las elecciones siguientes. El partido está actualmente de nuevo pendiente de juicio. El Consejo de Estado, jurisdicción administrativa suprema de Bélgica, decidirá o no, en 2007, de privarlo de las subvenciones a las que tiene derecho. Se trata de una tentativa para asfixiarlo financieramente. Hace diez años, las autoridades belgas decidieron declarar ilegales las donaciones privadas a los partidos políticos; desde entonces fueron subvencionados por el Estado en función del número de votos obtenidos en las elecciones. Los partidos considerados “hostiles al Estado” podrían no ser subvencionados ya, en nombre de una lógica que quiere que éste no subvencione a sus propios enemigos. No hay duda alguna de que el partido será de hecho privado de subvenciones. La dirección del partido declara sin embargo haber constituido un “botín de guerra” para poder participar en las elecciones parlamentarias del 10 de junio de 2007. Pero el Vlaams Belang vencerá aun así con toda seguridad. Por otra parte: si las autoridades belgas lo privan de subvenciones, será un escándalo que provocará más flujo de electores autóctonos.

El partido se da cuenta sin embargo de que la capacidad de imponerse en el plano electoral está en función de la demografía. Su electorado potencial declinará con el número de electores autóctonos. El Vlaams Belang ha sido el único partido que no ha presentado candidatos musulmanes en las elecciones municipales de octubre.

En Amberes, la mayor ciudad de Flandes, obtuvo el 33,5 % de los votos, frente al 33 % en 2000. Esto puede parecer un aumento bien reducido, pero este resultado adquiere todo su valor cuando se tiene en cuenta una composición demográfica de las ciudades belgas que evoluciona rápida y dramáticamente. El municipio de Amberes cuenta con medio millón de habitantes; 4.000 flamencos autóctonos emigran cada año, mientras que 5.000 inmigrantes se instalan, de los cuales la mayoría es musulmana. Estas personas no quieren votar a un partido que no hace figurar a musulmanes en las candidaturas, que se opone al multiculturalismo y que exige de los inmigrantes la asimilación como respeto a los valores del país de acogida.

Según el sociólogo marxista Jan Hertogen, “los inmigrantes han salvado la democracia en Bélgica”4. Él mismo ha calculado que, sin la ampliación del derecho a voto, el Vlaams Belang habría logrado un 40,4 % de los votos en lugar de un 33,5 %.

He aquí por qué Filip Dewinter, el líder de Amberes, pudo declarar a la prensa que el partido no podía continuar ganando:

Soy realista. El número de nuestros electores potenciales desciende cada año (…). En tan sólo una década, el número de nuevos belgas en Amberes, de los cuales la mitad son marroquíes, se ha doblado (…). Si el número de extranjeros en Amberes continúa creciendo a razón del 1,5% al año, como sucede actualmente, habrá en veinte años más personas de origen extranjero que autóctonos en esta ciudad (…). Aunque nuestro partido cuenta con miembros extranjeros, no quiero ser hipócrita. Hoy, no hacemos figurar en nuestras listas a “coartadas”. Pero sé que esto es inevitable. Nosotros tendemos la mano a toda persona de origen extranjero que quiera convertirse en flamenco entre los flamencos.

Sería de todos modos sorprendente que inmigrantes que han sacado tantos beneficios del Estado providencia se uniesen a un partido conservador percibido en general como opuesto a este sistema en Europa.

He aquí por qué pienso que el desplazamiento hacia la derecha del tablero político belga y, más generalmente, europeo occidental acabará a finales de este decenio, cuando el voto inmigrante haya provocado un dramático giro a la izquierda. Los establishments socialdemócratas belga y europeo están siguiendo lenta, pero progresivamente, el consejo que daba Bertold Brecht a los regímenes totalitarios: “disolver el pueblo y elegir otro”.

© Paul Belien
Traducción de Josep Carles Laínez

Paul Belien, redactor jefe de The Brussels Journal, es cronista del Wall Street Journal.

NOTAS


1 Knack Magazine, 13 de septiembre de 2000.


2 De Standaard, 15 de enero de 2000.


3 Le Soir, 11 de octubre de 2006.


4 Gazet van Antwerpen, 9 de octubre de 2006.


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