El triple desafío
Los escenarios presentados por el informe de la United Nations Population Division a partir de 2001 son claros; no puede mantenerse en el horizonte del año 2050 la relación entre trabajadores y jubilados, o, más sencillamente, el nivel de población de la Europa actual, sin recurrir masivamente a la inmigración: 161 millones en el continente europeo (Rusia incluida) y 80 en la UE de los 15 en el primer caso; 100 millones y 47 millones en el segundo. Esto se aplica en particular a países cuyas tasas de natalidad se han hundido en veinte años, como España e Italia. Italia, Alemania y Rusia necesitan respectivamente 13, 18 y 28 millones de inmigrantes para mantener su nivel demográfico; 19, 25 y 33 millones de extranjeros para que se preserve el equilibrio entre trabajadores y jubilados. Sin duda semejante perspectiva (¡en medio siglo!) es perfectamente aleatoria. No sugiere en menor medida el borrado (¿deseado?) de las fronteras, históricamente caducas, y un movimiento universal de poblaciones.
Es, por otra parte, una de las tesis apocalípticas del último Jacques Attali, Une brève histoire de l’avenir: “En total, dentro de un cuarto de siglo, en torno a cincuenta millones de personas se exiliarán cada año. Cerca de mil millones de individuos vivirán en un lugar distinto al de su país natal o del país natal de sus padres”.
El Banco Mundial va más modestamente en el sentido de una migración creciente, pero acompañada de medidas susceptibles de promover el retorno al país de origen. Cifra el número de migrantes actuales en 200 millones, recomendando una mejor gestión de los flujos de mano de obra inmigrante por un sistema de “migraciones circulares”. Se abolen los obstáculos que se oponen a la migración en los países de la OCDE, animando a los migrantes al regreso a fin de que los países de origen se beneficien de la competencia adquirida en el extranjero (cf. Eberhard Rhein, infra, para una crítica implícitade estas propuestas).
Europa constituye aquí un caso paradójico: acogía en 1993 unos veinte millones de inmigrantes, es decir, la cuarta parte de los emigrantes del planeta, en su parte occidental, mientras que su población equivale a menos de un décimo de la población mundial y su territorio corresponde a una decimoquinta parte de las tierras emergidas.
Grecia ya había creado en 1990 su Fundación Nacional para la Acogida y la Reinstalación de los Griegos Repatriados, esforzándose por atraer y alojar a las antiguas diásporas en tanto alternativa a la inmigración extranjera. Y desde que los sondeos alemán, británico o francés van en el sentido de una preocupación nacional a comienzos del milenio, numerosos gobiernos y personalidades, con o sin razón, los siguen. ¿No proponía Gordon Brown, ministro de Economía del Reino Unido, hoy líder del Partido Laborista, en el Parlamento la instauración de un “día de la identidad británica” en un país tanto tiempo ligado al multiculturalismo institucionalizado?. Un último ejemplo hasta la fecha sería el de Francia, donde el actual presidente de la República, Nicolas Sarkozy, sugiere la creación de un Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional; poco importa el repliegue semántico obligado sobre la “identidad republicana” (tras furiosos ataques de los partidos), las cifras están ahí: el 55% de los franceses lo apoya; de ellos, el 58 y 56% respectivamente de empleados y obreros; el 65% de los encuestados cuando la cuestión de la adhesión (o no) de los inmigrantes a la identidad colectiva se plantea en términos de principio.
Por consiguiente, los gobiernos de la Europa occidental están sometidos a un triple desafío:
En primer lugar, la emergencia de bolsas incontrolables de violencia. Por ejemplo, los barrios italianos descritos por Luigino Scricciolo, siendo el caso más célebre el del muro antidelincuencia de Padua para hacer de pantalla entre el “gueto africano” de los traficantes y el resto de viviendas. Esto en un país de inmigración extranjera reciente; en efecto, se debió a las restricciones de flujos de trabajadores marroquíes, tunecinos o africanos, llevadas a cabo por Alemania y Francia a partir de 1974 que éstos se dirigieron hacia Italia a lo largo de los años noventa del siglo XX, y después hacia España. ¿Hay que proceder a “repartos”, evidentemente muy criticados, por todo el territorio? ¿Pero con qué medios? Tal es, en todo caso, el debate llevado a cabo con firmeza por los alcaldes de Sassuolo (que ya probó el método), de Módena, de Bovezzo (Brescia) y del ministro de Solidaridad Social, Paolo Ferrero. Probablemente los Estados están extremadamente preocupados por el posible surgimiento de bandas “autóctonas”, como han podido ser descritas en el caso italiano. Peor aún sería naturalmente la organización de milicias de autodefensa por parte de grupos violentos, es decir, un verdadero paso de la derecha nacional a la extrema derecha.
Lo mismo sucede con las tensiones larvadas entre las zonas insulares por donde los clandestinos intentan infiltrarse en el paraíso europeo y los Estados de los que forman parte, como Canarias o Lampedusa, igual que entre un nuevo miembro como Malta y la Unión Europea. La primera opción tuvo como origen la puesta en marcha de un sistema de vigilancia electrónica en el estrecho de Gibraltar y el refuerzo de la seguridad en los dos enclaves españoles del norte marroquí, Ceuta y Melilla, partiendo la ruta de Mauritania o de Senegal; el gobierno autónomo nacionalista canario del archipiélago no controla ya la llegada de los cayucos, esas grandes canoas sobrecargadas de emigrantes, y se aferra un gobierno central que ha sido incapaz de anticiparse a los acontecimientos; se pide un apoyo reforzado de Madrid e incluso de la ONU; ahora bien, el ejecutivo central, que ha enviado, de enero a agosto de 2006, más de 11.000 inmigrantes en dirección a la capital española, a Barcelona o a Valencia, debe al revés dar cuenta a los gobiernos autónomos continentales que denuncian una presencia cada vez más numerosa de “sin papeles” en su territorio. 1.882 inmigrantes han acabado en la costa maltesa en 2005, es decir, el equivalente en proporción a 270.000 llegados a Francia, pues la isla no cuenta con más de 402.000 habitantes; los dos grandes partidos proclaman que los intereses nacionales priman sobre los derechos humanos; los malteses tienen sobre todo la impresión de que los otros países podrían o bien acoger a contingentes de inmigrantes desembarcados en su isla, o bien organizar repatriaciones comunes; ¿no espera un millón y medio de clandestinos en Libia seguir el camino hacia el pequeño archipiélago?. La misma lógica a pequeña escala para el alcalde de Lampedusa, Bruno Siracusa, de Forza Italia: 20,2 km2 y 5.515 habitantes, pero 2.100 refugiados del 1 al 16 de julio en el puesto avanzado italiano en el canal de Sicilia, una situación que exige el envío de una task force comunitaria.
La conferencia de Rabat sobre migraciones llevada a cabo en julio de 2006 por iniciativa de Marruecos y de España tiene un triple objetivo: el balizaje de nuevas rutas tomadas por los clandestinos desde que Marruecos intensifica sus controles, el reforzamiento de la cooperación con las policías africanas equipadas ya con bases de datos numéricos y sistemas de alarma, así como la elaboración de programas de codesarrollo susceptibles de favorecer el regreso de los emigrantes y sedentarizarlos en su país de origen. La conferencia ministerial Unión Europea/Unión Africana del 22-23 de noviembre de 2006 se acompañó de una negociación italo-libia que va a concluir en bases de reciprocidad: construcción por los italianos de un hospital o del primer tramo de la autopista costera Benghazi-Trípoli para compensar los daños sufridos por Libia durante el periodo colonial y la guerra, por una parte; contratos muy ventajosos para el Ente Nazionale Idrocarburi (ENI) y los libios, por otro. Pero si Libia, 5.850.000 habitantes, que alberga entre 500.000 y más de un millón de clandestinos según las estimaciones y 500.000 inmigrantes en situación regular, ha aceptado que patrullas de la Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores (FRONTEX) vigilen sus costas (bajo dirección maltesa e italiana), también ha reclamado que la UE se encarge de vigilar las pistas de sus 3.000 km de fronteras desérticas. Acusaciones lanzadas por el ministro de Infraestructuras, Antonio di Pietro: los libios intrumentalizarían a sus inmigrantes para obligar a Roma a construir la autopista.
Está por último, en este contexto, el África subsahariana. Kofi Annan ha dejado entender bien que el Estado nación habría sido dejado atrás, es en el contexto de esta tradición legada por los franceses que muchos intelectuales costamarfileños explican el cambio en la restricción de los flujos migratorios, en sus países, en los años noventa. Justamente Francia habría debido, se piensa en Abidjan, comprender.
Sin contar un eventual “choque de diagonales” en la intersección Sur-Norte/Este-oEste. En viaje a Marruecos, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, ha mostrado una preocupación mayor: ¿no va a prolongar Europa el lanzamiento de la ampliación y volverse hacia Ucrania y Georgia (cristianas)? Esto en detrimento del sur mediterráneo. Su colega marroquí se hacía insistente: el cinturón de “vecinazgo” con la Unión Europea debería ser, de Kiev a Rabat, de igual calidad. Los magrebíes conocen la teoría de los relevos migratorios. Habría actualmente más de dos millones de rumanos en Europa (sobre todo en Italia y en España), es decir, en torno al 20% de la población activa del país, de los cuales una mitad son clandestinos; lo que significa que el éxodo ya ha tenido lugar; pero las regiones desertificadas del este de Europa, como el noreste y el centrooeste rumanos –el 35% de la población del departamento de Vrancea– reciben ya a asiáticos porque los moldavos y los ucranianos, reservas tradicionales de mano de obra, prefieren probar suerte en occidente. Igualmente, los países bálticos (en menor medida Estonia) se han despoblado de una juventud formada, dinámica y restablecen por ello la emigración histórica de la época de los pogroms y de la rusificación zaristas; la población letona habría descendido entre 2004 y 2006 en 200.000 personas, pasando de 2,3 a 2,1 millones de habitantes; 350.000 lituanos, es decir, una décima parte de la población del país, habrían emigrado desde la independencia en 1991; estas lagunas en el mercado de trabajo son llenadas con clandestinos bielorrusos, rusos y ucranianos. La Federación de Rusia constituye por otro lado una plataforma giratoria para dos millones de extranjeros al año. Al igual que la migración intraeuropea entre 1950 y 1972 jugó un papel positivo en la emergencia de una “conciencia de proximidad cultural”, igual los movimientos de población a partir del este y del gran este van a provocar una ampliación mental.
© Michel Korinman
Traducción de Josep Carles Laínez
BIBLIOGRAFÍA
Cf. Jacques Barou, Europe, terre d’immigration. Flux migratoires et intégration, Grenoble, Presses universitaires de Grenoble, 20062, pp. 217-218;
United Nations Population Division, World Population Prospects : the 2000 Revision, 2001; Kofi Annan, “Les migrants font avancer l’humanité”, Le Monde, 9 de junio de 2006. Paris, Fayard, 2006, p. 203. International Migration, Remittances and the Brain Drain, Departamento de Investigación del Banco Mundial, Maurice Schiff, Çaglar Özden (eds.), 2005, http://econ.worldbank.org/programs/migration; Migration and Remittances : Eastern Europe and the Former Soviet Union, Ali Mansoor, Bryce Quillin (eds.), 2007 = Un nouveau rapport de la Banque mondiale en faveur de l’équité, www.genreenaction.net/spip. php?article3699.
Cf. Jacques Barou, Op. cit., p. 53. Ibid., pp. 74, 81, 144. Y Laure Mandeville, “Londres s’interroge sur le multiculturalisme”, Le Figaro, 6 de septiembre de 2006.
Cf. Guillaume Perrault, “Politoscope : l’”identité nationale” approuvée”, Le Figaro, 16 de marzo de 2007.
Cf. Richard Heuzé, “Padoue construit un mur antidélinquants”, Le Figaro, 15 de agosto de 2006.
Cf. Jacques Barou, Europe, terre d’immigration, op. cit., p. 50.
Cf. Grazia Maria Mottola, “‘Trasferiamo gli immigratima lo Stato deve aiutarci’”, Corriere della Sera, 5 de septiembre de 2006. Justamente a propósito
de Bovezzo, Marco Imarisio, “Nel Senegal di Brescia ‘È un ghetto autogestito’”, Corriere della Sera, 8 de septiembre de 2006. O también sobre el foso antigitanos cavado por la alcaldía de centro-izquierda de Schio (Veneto), “Veneto, dopo il Muro un fossato anti nomadi”, Corriere della Sera, 1 de noviembre de 2006.
Cf. “El presidente canario pide un gabinete de crisis ante la llegada masiva de inmigrantes”, El País, Agencias de prensa, 17 de agosto de 2006; J. A. R., “Coalición Canaria acusa al Gobierno de actuar ‘tarde y sin sentido de anticipación’”, El País, 1 de septiembre de 2006; J. M. Pardellas, “El presidente canario afirma que la islas ‘son un embalse a punto de reventar’”, El País, 6 de septiembre de 2006; Thierry Oberlé, “Clandestins : crise entre les Canaries et Madrid”, Le Figaro, 25
de agosto de 2006.
Cf. Stéphane Kovacs, “Malte se sent envahie par Les immigrés”, Le Figaro, 20 de junio de 2006.
Cf. Heinz-Joachim Fischer, “Immer vor Lampedusa Afrikanische ‘Bootsflüchtlinge’ machen auch der Regierung Prodi zu schaffen”, Frankfurter Allgemeine
Zeitung (FAZ), 3 de agosto de 2006.
Cf. Thierry Oberlé, “La conférence sur les migrations s’ouvre à Rabat”, Le Figaro, 10 de julio de 2006.
Cf. Hans-Christian Rössler, “Libyens grösstes Problem ist nicht die Küste”, FAZ, 1 de septiembre de 2006, y Dino Martirano, “Libia-Italia, ‘nuove
basi per il negoziato’”, Corriere della Sera, 24 de noviembre de 2006.
Cf. Johannes Leithäuser, “Ein Gürtel von Kiew bis Rabat“, FAZ, 20 de noviembre de 2006.
Cf. Arielle Thedrel, “La Roumanie aussi accueille des immigrants”, Le Figaro, 29 diciembre de 2006.
Cf. Robert von Lucius, “Wie zu Beginn der sowjetischen Besatzung Junge Menschen verlassen in Scharen das Baltikum, um im Ausland ihr Glück
zu suchen – die heimische Wirtschaft leidet”, FAZ, 28 de julio de 2006.
Cf. Jacques Barou, Op. cit., p. 89. Ibid., p. 43.