Debats 92 Primavera 2006 - INTRODUCCIÓN

Introducción

Son las culturas traducibles?, ¿pierden con ello el tono que las identifica para el autóctono?, ¿hasta dónde la mismidad y la otredad son meros conceptos alambicados o fronteras insoslayables? No pretendemos resolver estas cuestiones sobre las que tanto se ha escrito, pero sin duda el presente número de Debats se mueve a través de esta problemática no resuelta.

Lo oriental es para occidente uno de sus otros, la breve zambullida en el discurso fílmico chino más reciente nos ofrece temáticas, tempos, estéticas... que no podemos percibir sino con cierto extrañamiento. Y sin embargo, el éxito, por ejemplo, de su fantasía épica y de su género de aventuras en nuestros lares establece claros nexos de convergencia apreciables en taquilla. Las producciones de la nueva generación, que surge tras el corte político y simbólico que representó Tianamen, nos ofrece documentos imprescidibles para el conocimiento de su situación actual y emociones compartibles como son el desarraigo, la soledad, la angustia frente al futuro. También vislumbramos una manera diferente de enfrentarse al vacío, la crueldad, el horror, que aguijonean la sensibilidad de quien se sienta en el patio de butacas. Sería necesaria una mayor difusión de los films, muchas veces inaccesibles en los espacios comerciales al uso. Esperamos que los artículos recogidos en Espais representen una buena toma de contacto, y un acicate para una más amplia curiosidad.

¿Existe un pensamiento propio de cada país? Aceptar esto invalidaría todo afán universalizador. Evidentemente, la filosofía, al menos lo que por tal reconocemos en la tradición occidental, responde a una tópica común. El paso del mito al logos, la metafísica, el surgimiento de las ciencias humanas, los estudios culturales... marcan una trayectoria cambiante, pero que, en última instancia, no deja de enfrentarse a las grandes preguntas kantianas: “¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar?, ¿qué es el hombre?”. No obstante, la forma de responder a ellas, incluso de rebatir su pertinencia, cambia a través del tiempo y ostenta la marca de la comunidad intelectual en la que se replantean. Desde estas consideraciones, José Luis Abellán contempla el interrogante de si existe una filosofía española y de las circunstancias que han dificultado su reconocimiento internacional. Resulta curioso que una disciplina que se pretende universal, considere como canónicas únicamente las producciones de un puñado de países: Grecia, Alemania, Francia, Inglaterra, ahora EEUU y poco más. En el caso de la filosofía en España, Abellán apunta su estilo no sistemático y la fractura del exilio tras la guerra civil como causas de su minusvaloración. Incluir a personajes como Quevedo, Gracián o Unamuno y reivindicar las aportaciones de Ortega y Gasset o María Zambrano, nos sitúan en la línea de emergencia de un pensamiento, no por autóctono, menos homologable. Sin duda uno de los nombres propios de esta tradición es el de Julián Marías, recientemente fallecido, y a quien queremos rendir homenaje en la sección Finestra.

Pero la traslación de un idioma a otro nos remite a la minuciosidad del trabajo del traductor. Analizar esto a la luz de textos concretos fue la tarea desarrollada por el encuentro “Creación y traducción” promovido por la Institució Alfons el Magnànim, y de cuyas ponencias damos noticia en nuestro Quadern. La poesía se presenta aquí como la pugna por recobrar un lenguaje esencial tras las ruinas de Babel. Existe un camino de ida y vuelta, de la diversidad de los matices a la ecuación de lo originario. El traductor compone y recompone, cuidando de no cortarse con el filo de las palabras, miente para decir la verdad. En un sentido extremo, nada es traducible, en otro, todo encuentra al fin su línea de convergencia.

Los diversos lenguajes: fílmicos, conceptuales, literarios... son el instrumento a través del cual penetramos en mundos paralelos, salimos del estrecho círculo de “lo Mismo”. Frente a la homogeneidad globalizada, la seducción de la diferencia nos ofrece el cedazo en que el raciocinio y la estetica difuminan la extrañeza de “lo Otro”.

© Rosa María Rodríguez Magda

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