Debats 84 Primavera 2004 - FINESTRA

¿Cómo era Luis Vives?

La muy copiosa bibliografía sobre el gran humanista valenciano no cuenta con ningún estudio acerca de su forma de ser, tanto en lo físico como en lo mental o psicológico. Espero que el presente trabajo sea el inicio de otras investigaciones que llenen esta laguna.

1. En cuanto al cuerpo

La única información directa sobre el aspecto exterior de Vives se la debemos a su amigo Francisco Cervantes de Salazar1, que lo conoció personalmente en Flandes2: “era de estatura media, pero tendiendo más a alto que a bajo. De rostro risueño y con cierta dignidad natural”. Indirectamente, esto es, a través de la iconografía3, Noreña descubre las siguientes características4: “El retrato de Jan Van Berghe presenta a Vives como un hombre bien proporcionado de estatura media, anchos hombros y contenida dignidad. La frente es amplia y serena; las cejas, finas y discretas; sus ojos, ligeramente entornados, grandes y penetrantes, tristes pero bondadosos; la nariz, grande y recta; la boca, pequeña y firmemente cerrada con un ligero toque de seriedad y tenacidad debido a un labio inferior fuertemente pronunciado; la poca barba contrasta fuertemente con su robusto cuello”. Lo más importante en lo corporal es lo relativo a su enfermedad, ya que Luis Vives fue fundamentalmente un hombre enfermo. Basta con repasar su epistolario para darse cuenta de esa realidad. Ya en 1521 escribe a Erasmo5:

Como no me recuperaba en Amberes, me vine a Brujas, convencido de que no estaría allí más de dos semanas; pero ya es ésta la sexta semana que me tienen aquí. ¡Tan arraigada estaba en mí la enfermedad! Con todo, ha desaparecido parte del mal. El resto no me espanta demasiado… Preferí demorar el Agustín a sucumbir en la tarea o quedar inútil para otros trabajos, cargado de enfermedades y sin otro medio de vida.

Quejas parecidas encontramos en las cartas 45, 46, 67, 97, 153, 160, 163, 164, 166 y 175. Sobre la naturaleza de su enfermedad, se expresa Vives con claridad en 1531 en carta al Señor de Praets6:

Por lo que a mí toca, el mal de gota me atormenta terriblemente; sube serpenteando hasta las rodillas, hasta las manos, hasta los brazos y los hombros. Algún día llegará el fin de esta cárcel tan terrible.

También en 1534 en carta de Erasmo7:

El mal de gota se me ha hecho tan familiar que me resulta menos molesto por la costumbre.

A estos testimonios tenemos que añadir el de los Diálogos8:

70. Maestro.- Pero ¿qué es de mi amigo Vives?
71. Nepótulo.- Dicen que representa el papel de luchador, pero no de forma atlética.
72. Maestro.- ¿Cómo es así?
73. Nepótulo.- Porque lucha siempre, con poca fuerza.
74. Maestro.- ¿Con qué?
75. Nepótulo.- Con su gota.
76. Maestro.- ¡Luchador traicionero, que ataca primeramente a los pies!
77. Hipodidáscalo.- Antes bien, lictor cruel, que atenaza todo el cuerpo.

Sobre la causa de su muerte escribió Cervantes de Salazar9: “Murió en Brujas a consecuencia de la gota”, mientras el íntimo amigo de Vives, Francisco Cranevelt, señaló10: “Y, sin embargo, apenas terminada esta obra fue arrebatado por los dolores de un cálculo, de la gota y de las fiebres”.

Después de su propia interpretación y de la de sus contemporáneos, podemos examinar cómo han interpretado los médicos modernos la enfermedad de Vives. El Dr. Marañón admite sin más la enfermedad y encuentra las causas de la misma en los excesos gastronómicos de Vives11: “Nada disminuye la gloria intelectual de Vives esta hipótesis de sus excesos gastronómicos; para mí tan ciertos, que sólo por respeto al rigor científico los califico de hipótesis. La gente acomodada de Valencia era, ya por entonces, excelente comedora. A esta clase pertenecía la familia de Vives, y de ella le venía la herencia de la gota”. La poco afortunada hipótesis del Dr. Marañón ha sido criticada por varios autores y no merece el más mínimo crédito, ya que no hay nada en la vida o en el epistolario de Vives que apunte en esa dirección. Todo lo contrario. La imagen que da su correspondencia no es la de un vividor gozoso que sueña y vive entre placeres, sino la de un sufridor paciente que está esperando que la muerte le alivie la vida.

No se puede interpretar como un apoyo a la hipótesis de Marañón las palabras de González y González12: “…en lugar de atarse a un profesor y a un instituto en aquella ciudad, que tenía más de 50 colegios, erró de aula en aula detrás de los maestros de renombre, profesaran donde profesaran, así como de taberna en taberna”. En realidad, se trata de una mala traducción de taberna diversoria, que aparece en el Diálogo IX y tiene el significado de ‘posada’.

Dejando aparte la gota, por el epistolario sabemos que Vives tuvo otras enfermedades, así como que el exceso de trabajo le llevó en ocasiones a crisis nerviosas durante la preparación de sus Comentarios a la ciudad de Dios. Recientemente se ha ocupado de las enfermedades de Vives el Dr. Hernández Gómez, tratando de dar una explicación unitaria y conforme a las investigaciones actuales. He aquí sus conclusiones13: “Recogiendo los rasgos más salientes de su patología resulta que Luis Vives estuvo enfermo desde niño y en por lo menos cuatro diferentes niveles: En el aparato locomotor, con afectaciones articulares en forma de dolor, deformidades y limitación de la movilidad, sobre todo en lo que se refiere a la deambulación, aunque también parecen captarse dismorfias en sus manos en alguno de los retratos que nos han llegado. En el sistema urológico, con la característica generalmente admitida de la existencia de cálculos nefríticos. En el sistema visual, con inflamaciones repetidas a lo largo de los años. En el aparato digestivo, por último, donde hubo afecciones frecuentes que fueron achacadas siempre a las causas más diversas. Si manejamos todos estos factores con una idea clínica de integración la imagen de la gota, renal primaria o no, se nos diluye… Creemos colegir que Luis Vives padeció una forma de poliartritis, probablemente de las incluidas dentro del grupo de las enteropatías reumatógenas. Una enfermedad sistémica. De este modo todo adquiere una nueva fisonomía. Ya no podemos estar seguros de que aquellos dolores en el estómago, en el vientre, incluso en el ‘bajo vientre’, fuesen por mal de piedra. Podrían haberse debido a alteraciones en el íleon, en el colon, en cualquier otra porción del tubo digestivo. Y lo mismo cabe decir de los ‘cólicos’, con tanta frecuencia referidos”.

Además de las reales, ¿tuvo Vives enfermedades imaginarias? Así lo afirma Noreña14: “Nunca pudo ver cerezas sin un sentimiento de náusea porque cuando era niño le habían producido una indigestión maligna”. Esta anécdota la cuenta Vives en De anima et vita15, y también saca a relucir las cerezas de forma negativa en el Diálogo IV16, pero no creo que se puedan calificar de enfermedades tales recuerdos.

Para terminar este aspecto podemos preguntarnos cómo influyeron las enfermedades en la vida de Vives. Es normal que las enfermedades crónicas, sobre todo, las acompañadas de dolor influyan negativamente en la realización de las ideas o proyectos de tales personas, originándose una discordancia o desajuste entre las posibilidades de la mente y las del cuerpo, que las más de las veces lleva a frustraciones. Pero no todos los casos son iguales, ya que ahí entra también en juego la fuerza de voluntad y la capacidad de lucha contra la enfermedad. Por lo que se refiere a Vives, podemos afirmar que estuvo dotado de una voluntad extraordinaria (su amplia y profunda obra constituye la mejor prueba) y que fue un magnífico luchador contra sus enfermedades, y esto hasta los últimos momentos de su vida, como queda demostrado en el pasaje transcrito del Diálogo VII.

2. En cuanto a lo psicológico

La forma de ser de Vives ha de ser deducida fundamentalmente de las cartas, tanto las que él escribió como las que le escribieron. También encontramos algunos rasgos de su rica personalidad en su obra Linguae latinae exercitatio, que tiene un carácter marcadamente autobiográfico17.

1 Sinceridad
En la dedicatoria de su Christi Iesu triumphus dice Vives a Bernardo Mensa18:

Mas todo esto estará lejos de mí, pues detesto enormemente hablar de otra manera diferente de lo que siento, y me gustaría que semejante vicio lo evitaran todos

2 Rectitud, honradez
Con ocasión de los graves problemas entre Enrique VIII y Catalina, Vives proclama en carta a Juan de Vergara el valor de su conciencia19:

La reina se enfadó entonces conmigo, por no haber acatado al momento su voluntad, más que mi conciencia. Pero para mí la conciencia vale más que todos los monarcas.

3 Independencia de criterio Tras haber abandonado definitivamente Inglaterra por las malas relaciones de sus reyes, Vives mantiene su opinión en carta a Enrique VIII20:

Pero si tienes una mujer, a quien la que tú codicias no puede compararse ni en bondad, ni en nobleza de linaje, ni en belleza, ni en piedad para contigo.

4 Humildad (aceptación de las críticas)
En carta a Erasmo Vives expone con claridad su deseo de recibir las opiniones de su maestro y amigo21:

Te agradeceré, maestro mío, que si has visto algunas de las obras que he publicado en tu ausencia, me des por escrito tu parecer, y hasta un aviso de maestro y padre corrigiendo lo que haga falta; porque no hay nada que me aproveche tanto como el parecer ajeno, no sólo cuando la corrección viene de un prudente amigo, sino incluso aunque venga de un imprudente enemigo no daña.

5 Orgullo (alto concepto de su trabajo)
A la vez que se mostraba dispuesto a aceptar las críticas, Vives pone de manifiesto la alta valoración de sus trabajos. En la dedicatoria a Erardo de la Marca de su Somnium et vigilia dice22.

Y, a decir verdad, mucho tuve que velar en la exposición de este Sueño, porque la mucha y variada sabiduría que contiene requiere un expositor bien despierto y dueño de sí y a la vez lleno de una imaginación sosegada y sobria.

6 Búsqueda de la gloria
En sus inicios como escritor Vives buscaba la fama, pero después fue para él cada vez menos importante; con toda claridad lo confiesa a Erasmo23:

Cierto que en otro tiempo me llenaba de admiración la fama, vista de lejos, y corría tras ella; ahora, puesta más a mis alcances y casi tocada con las manos, entiendo que es una sombra totalmente vana y más vanos aún los que tratan de captarla. Si en algo puedo ser útil a la conducta de los demás, esto es en definitiva lo que tengo por sólido y duradero. Te lo digo, para que no me saques a relucir tantas veces el espejismo de la fama, como estímulo; pues quiero que sepas que no le doy ninguna importancia y que no me siento estimulado por ella más que por una brisa tenue; me estimulas más sacándome a relucir el provecho de los demás.

7 Conciliador, pacificador
El espíritu conciliador y pacificador de Vives aparece reflejado tanto en su actuación en los grandes problemas de su época (guerras entre Carlos V y Francisco I, conflicto entre católicos y luteranos), como en la solución de las desavenencias personales entre sus amigos Erasmo y Budé. En relación a esto último escribe a Erasmo24:

Yo te garantizo de su parte, como le garanticé a él de la tuya, que vuestra amistad ha de ser perpetua, y que ella será siempre muy agradable y útil a las letras y a toda clase de estudios. No me atrevería yo a salir responsable de ello, si no supiera que estáis dotados de tal prudencia, que dais más crédito a la realidad misma, que a los rumores vanos e intrigantes.

8 Sentido práctico
En carta a Cranevelt escribe Vives25:

Entiende que a mí no me interesa en qué día vivimos. Todos los días son para mí como una regla de carpintero y todos los días son fiesta para los buenos, como decía aquel famoso filósofo griego.

Por la anterior confesión podría parecer que Vives era un pensador encerrado en su torre de marfil, pero hay indicios de que estaba dotado de sentido práctico. Basta repasar los títulos de sus obras para darse cuenta de que le preocupaban problemas concretos (De Europae dissidiis, De subventione pauperum, De institutione feminae christianae, De officio mariti, De disciplinis). El sentido práctico del pensamiento vivista fue captado muy bien por Gayano y Lluch26: “La tendencia fundamental de la ideología de Luis Vives fue empírico-filosófica, ya que en todas aquellas cuestiones que son del dominio de lo cognoscible quiere que su espíritu se mueva sin trabas y que esté siempre en contacto con la realidad de las cosas y las necesidades de la vida. Por tanto, enemigo de hipótesis y apriorismo, acudió siempre que le fue posible a la experiencia”. Y también por Noreña27: “Ningún otro hombre de su generación tenía una conciencia tan clara del carácter pragmático del conocimiento y de la importancia de la percepción sensorial inmediata como fuente de toda experiencia humana”. Donde mejor se refleja el sentido práctico de Vives es en los diálogos de Linguae latinae exercitatio28, donde describe con minuciosidad el proceso de preparación de las plumas, la compra en el mercado, las diversas formas de fabricar el pan, las características de los distintos vinos y quesos, los juegos de los niños y de los mayores etc.

9 Despreocupación por el dinero
La economía de Vives nunca fue buena, y de ahí que en cuatro de sus cartas encontremos alusiones a problemas de dinero. La forma de expresarse en ellas da a entender que miraba el dinero sólo en cuanto era necesario para poder vivir, como en este pasaje de una carta dirigida a Erasmo29:

Sobre el dinero, lo dejo todo en tus manos y en las de Froben. Bien sabes que no soy nada avaricioso. Sin embargo, hay que vivir en una época muy mala y en un país donde los gastos son grandes y mezquinas las ganancias, para lo que correspondería a un hombre de letras. Si me mandan algo, que sea por conducto seguro y que me llegue sin demora. De momento no diré nada más, no sea que vengas a pensar que he cambiado mi modo de ser y mis costumbres, acerca de las cuales tú mismo has dejado público testimonio en tus obras; pero acuérdate también de ti mismo; tú sabes lo que me prestaste, cuando nos vimos aquí.

10 Trabajador
Que Vives fue muy trabajador resulta evidente con sólo tener en cuenta su amplísima obra, llevada a término en pocos años y en medio de enfermedades. A este respecto resulta significativa su confesión en carta a Erasmo de que sólo cuatro días después de terminar los Comentarios a la ciudad de Dios, que le habían producido agotamiento físico y mental, estaba haciendo planes para otra obra30:

Lo que me dices de la parturienta, me cuadra tan perfectamente, que al cuarto día que me quité de las manos a Agustín, me tracé el plan para una obra nueva. ¡Tan cierto es -dirás tú- que el ave se alimenta a fuerza de trabajar! Pero créeme; quiero dedicar dos o tres meses enteros a reparar las fuerzas de mi ingenio, para lograr así la recuperación de las mismas con el descanso y el sosiego, como sucede con los barbechos.

11 Preocupación social
El hecho de haber escrito De subventione pauperum pone de manifiesto la preocupación de Vives por los más necesitados. También dejó constancia de esto en carta a Cranevelt31:

Quisiera saber de ti, qué te parecen aquellas normas para el socorro de los pobres; pues me interesa más esto que el cuidado de las sílabas y vocablos.

12 Compasión
Relacionado con la preocupación social está el sentimiento de compasión, presente en una carta de Vives a su amigo Pate32:

Pues yo en mis amistades no sigo la fortuna, sino que mi amor crece conforme aumenta su desgracia. La compasión, en efecto, hace crecer en mi el cariño.

13 Agradecido
Que Vives era una persona agradecida lo sabemos por el testimonio de Erasmo, quien con seguridad hubo de tener ocasiones para comprobarlo; en carta a Juan de la Parra afirma33:

Por último, tampoco estoy seguro de que el propio Vives consienta en ser apartado de tan gran patrono, al cual se ha entregado él en alma y cuerpo, como persona sumamente agradecida.

14 Perdón
Para Vives debió resultar muy doloroso que su amigo Erasmo no lo mencionara entre los latinistas en su Ciceronianus. Así se lo comunicó por carta, pero al mismo tiempo le mandaba su perdón34:

Que hubieras hecho mención de mí me hubiera sido sumamente grato; pero te perdono fácilmente ese descuido de tu vejez. Aun en el caso de que lo hubieses hecho a conciencia, también te lo perdono, pues me consta que nada has hecho contra mí con ánimo hostil. Ni hay que extrañarse de que te hubieras olvidado de mí, ya que estabas ocupado en recoger tantos personajes de toda clase y condición.

15 Amor a la familia35
Vives dejó Valencia en 1509, y no tenemos noticias positivas de que volviera a su ciudad durante los períodos vacacionales de sus estudios ni tampoco después de terminarlos. Lo que sí sabemos a través de su correspondencia es que estuvo continuamente en contacto con su familia, así como que vivió con extrema preocupación los desgraciados acontecimientos en que se vio envuelta. En carta a Cranevelt se desahoga así36:

He sabido que el único de mis hermanos había muerto el día de San Juan Evangelista; pero la suerte no contenta con este golpe, me dicen que mi padre está también enfermo de mucha gravedad y que se muere con muy pocas esperanzas; que han entablado un pleito muy serio y con gran saña contra nuestros bienes; que sobreviven tres hermanas mías, pobres y menores de edad. ¡Siempre tengo que comunicarte alguna queja de los hados! ¡Jamás una noticia alegre! ¿Por ventura obran así con tan continuas desventuras para que algún día puedan serme objeto de desprecio? Ni me es conveniente hablar mal de ellos ni tengo tiempo para ello. Y sabiendo que es ésta su naturaleza, llevemos con menos disgusto lo que no puede ser de otro modo. Con estas noticias aumentó mi angustia y la inquietud de mi espíritu, pues estoy pendiente de las cosas de España y no me atrevo a tomar una resolución definitiva para el futuro. No sé si en estas circunstancias es conveniente que vaya allí o que me quede; si le es del todo necesaria mi presencia, no lo sé; de forma que no me queda lugar para reflexionar. ¡Tan atados nos tiene la condición de los acontecimientos!

Unos meses más tarde se encuentra dispuesto a emprender el viaje, según comunica a Erasmo37:

Yo por ninguna causa he podido sustraerme de ese viaje a España, que pienso emprender mañana o pasado. ¡Quiera Cristo hacer próspera la travesía! Marcharé por Inglaterra y allí, y en mi patria, cumpliré contigo el deber de un buen amigo.

De forma parecida se expresa en carta a Cranevelt38:

Mañana parto de Brujas para Inglaterra, donde saludaré a Moro de tu parte con todo cariño, como corresponde a vuestra común amistad; de allí a España, pero por mar, pues por tierra apenas puede uno vivir en tiempos tan calamitosos. Lo he retrasado hasta ahora por si brillaba alguna esperanza desde España. Todo es tinieblas y noche no mayor en los acontecimientos que en mi espíritu y en mis determinaciones, que me las arrancó todas la vehemencia de mis sufrimientos. Ni faltan quienes dicen que todo esto sucede para satisfacción de mi alma. ¡Ojalá no les sobrevengan a ellos tales satisfacciones! Pero dejémonos de quejas.

La marcha de los acontecimientos le hace decir a Cranevelt39:

Mis noticias de España son tristísimas y me obligan muchas veces a lanzar mis velas al pesismismo. En el mismo momento de escribirte, me llega la mala nueva de que acaba de morir uno de mis abuelos, a quien yo mucho amaba, y que se cuidaba de nuestra casa con no menos interés que de la suya. La fortuna con tantos golpes, llegará al fin a golpear en vano, es decir, en un callo durísimo.

No puede caber ninguna duda de que Vives se identificaba con su familia ante esta manifestación a Cranevelt40:

La Fortuna sigue, fiel a sí misma, ensañándose contra mi padre y contra todos los míos e incluso contra mí mismo; pues lo que a ellos hace, pienso que también me lo hace a mí, ya que amo a todos ellos no menos que a mí mismo.

Unos años después del fatal desenlace de su padre, Vives seguía preocupado por la suerte de su familia, tal como queda reflejado en carta a Honorato Juan41:

Voy a llamar a mi hermana junto a mí, pues creo que aquí o se casará más fácilmente o podrá permanecer soltera a mi lado; a no ser que tú hubieras encontrado para ella algo que le convenga, algún dios bajado del cielo; pues de lo contrario será más acertado que venga a mi lado, sea por caminos de tierra, atravesando España, sea por vía marítima, desde algún puerto del Cantábrico hasta Flandes.

De sus hermanas se volvió a acordar Vives en Linguae latinae exercitatio42:

25. Cabanilles.- No, sino por la calle de la Taberna del Gallo, pues en ella quiero ver la casa en la que nació mi amigo Vives; según he oído, está al bajar a la izquierda, la última de la calle, y al mismo tiempo visitaré a sus hermanas.

Digno de especial mención es el amor de Vives por su madre, que estuvo marcado por sentimientos contradictorios, tal como quedó reflejado en el famoso pasaje del De institutione feminae christianae. Durante su niñez, por una parte sabía que era amado por su madre, pero, por otra, no se sentía querido. En cambio, en la adolescencia y madurez su amor no tuvo sombras43:

A ningún hijo amó más tiernamente una madre que la mía a mí; nunca ninguno se sintió menos querido por su madre. Casi nunca me sonrió, nunca fue indulgente y, sin embargo, como me hubiese ausentado de la casa durante tres o cuatro días sin saber ella dónde estaba, casi cayó en una gravísima enfermedad, y, al volver, comprendí que no me había echado en falta; así siendo niño de nadie huía más que de mi madre y a nadie esquivaba más, y de adolescente a nadie quise más; para mí ahora su recuerdo es el más sagrado y, cuando se me presenta, la abrazo en espíritu y en pensamiento dulcísimo al no poder hacerlo corporalmente.

Las palabras de Vives no dejan lugar a dudas sobre el amor a su familia, pero también es cierto que existen puntos oscuros en su comportamiento para con la misma: en primer lugar el abandono del hogar en su niñez, motivado tal vez por esa sensación de falta de amor por parte de su madre, y, en segundo, el no haber vuelto para verlos, si es que realmente nunca lo hizo desde su salida en 1509. Conectando ambos hechos, se tiene la impresión de que la primera huida fue solo un preludio de la definitiva, y que hay motivos para pensar en un cierto despego de Vives en relación a los vínculos familiares.

16 Amor a la esposa
Tal vez animado por el ejemplo de sus amigos Budé, Moro y Cranevelt, Vives había tomado la decisión de contraer matrimonio. De acuerdo con sus propias convicciones no se fijó en cosas exteriores, como la belleza o las riquezas, sino en el interior. Así lo dejó reflejado en carta a Cranevelt44:

Creo que más de una vez te he dicho que tengo el propósito de casarme. Ahora quiero que sepas que lo haré a fines de este mes. ¡Que sea con feliz resultado! Será mi mujer una hija de Bernardo Valdaura. En ella no he mirado ni sus bienes ni su hermosura, sino solamente su formación sencilla y honesta bajo la dirección de su madre y de su abuela, señoras ejemplarísimas; también la bondad de su padre y mi trato y permanencia de doce años en su casa. Y como ciertamente en este asunto me he puesto como objetivo a Cristo, espero que Él hará que no tenga que arrepentirme nunca de esta mi determinación.

Las circunstancias de Londres hicieron que Vives no pudiera llevar allí a su joven esposa, pero su enamoramiento queda patente en dos cartas a Cranevelt45:

Aún en medio de la barahúnda del viaje, cuando me olvido de mí mismo, tu presencia se aviva en mi memoria. Te escribo desde Calais, cuando estoy a punto de pasar a Inglaterra, para continuar, Dios mediante, los trabajos de esta miserable vida, con el enorme aburrimiento del viaje y una mayor añoranza de mis nuevos amores. Llegué a esta mi dulce Brujas, gracias a Dios, añorando y añoroso de mi mujer, el día 10 de mayo.

Tres años después en carta a Juan de Vergara Vives alude a su matrimonio46:

En cuanto al temor que tienes de que los cuidados domésticos me aparten del camino de los estudios que he emprendido, te ruego que sobre este particular estés tranquilo. Pues hace más de tres años que me casé. Hasta el presente, gracias a Dios, el matrimonio no me ha quitado ni una hora de estudio, acerca de lo cual no puedo darte ninguna prueba más segura que mi insuficiencia o pobreza, que de vez en cuando me espanta.

Esta carta y otros indicios llevaron a Noreña a afirmar47: “A pesar del consejo de Erasmo, temo que el matrimonio de Vives estuvo lejos de ser apasionado y saludable”. Creo que en este punto Noreña va más allá de lo sugerido, ya que Vives lo que hace es responder ante el temor de Vergara con clara alusión a que no había emprendido actividades lucrativas. Pero esto no quiere decir que no amase y no se preocupase por su esposa. Ante la carencia de pruebas Pérez Durá se inclina por la necesidad de una matización48: “Las referencias que hemos aducido sobre Margarita Valdaura y –otras que han sido obviadas por aquello de la brevedad– demuestran, creemos, que sin duda habría que matizar un tanto –o bastante– la opinión de los que dicen que Vives no sintió especial predilección hacia su esposa”. Mi opinión es que hay testimonios claros acerca del amor de Vives por su esposa, y que no los hay sobre una posible frialdad entre ambos.

17 Sentido de la amistad
Que Vives fue un buen amigo resulta evidente si se toma en cuenta el número de sus corresponsales y el de las personas a las que dedicó sus escritos. También contamos para la demostración con el testimonio de algunas de sus cartas. El más significativo y apasionado es el referido a Jaime Poterio49:

De tal forma le amo, os lo aseguro, que derramaría la sangre de mi cuerpo por él, si supiera que era esto de su agrado.

Cuando recibía malas noticias de sus amigos compartía con ellos la tristeza, como en esta carta a Erasmo50:

Hace unos días recibía tu carta tan vivamente deseada, la cual, por proceder de ti, no pudo menos de serme muy grata, aunque, como me dabas a entender que ni tu salud era buena, ni tus negocios marchaban del todo a tu gusto, me causó, a fe mía, un gran disgusto, o por mejor decir una gran tristeza.

La amistad con Erasmo se deterioró con motivo de los Comentarios a la Ciudad de Dios, tal como confiesa Vives a Cranevelt51:

Si vieras las cartas que recibo de Erasmo. Hoy mismo he recibido una, ¡y qué amarga! ¡qué exigente! ¡qué cargada de rayos! Tanto que me amenaza de parte de Froben que, si no mando a tiempo el resto del trabajo, la obra saldrá como está, es decir, con mis comentarios hasta el libro XVII, del todo informe e inacaba.

A este respecto resulta esclarecedor un pasaje de De concordia, en el que sin nombrar a Erasmo ofrece Vives la causa del enfriamiento de su amistad, al tiempo que hace interesantes reflexiones sobre la verdadera amistad. Por la importancia del mismo merece la pena presentarlo entero52:

Ahora bien, como necesitamos tanto a los amigos en la discordia, y nos damos cuenta de que sus ayudas son tan importantes, a causa precisamente de sus beneficios empieza a venirnos la sospecha de creer que más que amigos tenemos dueños; a veces resulta claro que los amigos, comprendidas nuestras necesidades y con qué intensidad esperamos su ayuda, se ensoberbecen, se vuelven arrogantes y se muestran con nosottos cada dia menos amables y complacientes; otras veces se presentan a nuestro espíritu imágenes falsas de tales hechos de forma que lo que nunca ha aparecido en sus mentes creemos que apareció. No importa qué haya en realidad, pues nuestras propias sospechas quitan mucho a la influencia, bondad y ternura de la amistad, y empezamos a no confiar bastante (tal como es conveniente) en los amigos, y no por gusto; pero como nos hemos imaginado que nos quieren menos que antes y, sin embargo, los necesitamos, ya no nos comportamos con ellos clara y llanamente ni con la verdadera confianza de la amistad, sino que lo encubrimos y lo adornamos todo, y en lugar de la lealtad sencilla viene la benevolencia simulada y la amabilidad adulatoria; y así como en la concordia los tratamos como iguales y por esta razón nos resultan agradabilísimos y amabilísimos (nada hay, en efecto, mas agradable que los amigos iguales), en la discordia nos sometemos a ellos, y la amistad no puede conservar ese nombre, una vez eliminados sus componentes más importantes: el amor, la igualdad, la sencillez, la confianza. Así, por una parte nosotros poco a poco bebemos en profundidad el aborrecimiento de los amigos y, por otra, ellos por nuestros pensamientos, pues no pueden quedar ocultos y encubiertos con tanta diligencia que no salten con frecuencia fuera y se manifiesten, se apartan, al ver que bemos perdido la confianza en ellos, que es muy agradable para todos; así, pues, o se separan por completo o si, ya apagado el amor, continúan atendiéndonos, entonces precisamente se convierten en lo que sospechábamos: en dueños en lugar de amigos.

18 Amor a la naturaleza53
A través de los Diálogos de Linguae latinae exercitatio se percibe que su autor tenía una especial sensibilidad hacia la naturaleza: le debían de gustar los paseos por los alrededores de las ciudades, las excursiones al campo, el canto de los pájaros, el murmullo de las hojas, los ríos, las fuentes etc. Muestras de todo esto se encuentran en los Diálogos VIII, IX y XI, como, por ejemplo, en el paseo por las afueras de Lovaina54:

82. Juanito.- Fíjate: no hay ningún sentido que no se llene de algún noble placer: los ojos en primer lugar. ¡Qué variedad de colores! ¡que adorno en la tierra y en los árboles! ¿qué tapices o pinturas pueden compararse a éstos? Éstos son naturales y verdaderos, aquéllos fingidos y falsos. Con toda razón el famoso poeta español llamó a Mayo pintor del mundo… Añade a esto: ¡qué olor exhala por doquier, ya sea de los prados, ya sea de las mieses, ya de los árboles e incluso de los mismos campos abandonados y áridos. El sabor, sea lo que sea lo que acerques a la boca e incluso del propio aire, es como el de la primera y recién obtenida miel.

19 Defectos
Como todas las personas Vives debió tener defectos, si bien no quedaron reflejados en la correspondencia, cosa normal tratándose de amigos. Solamente en una carta se alude a esos defectos, concretamente a su modo de ser y de hablar; con motivo del desagradable episodio entre Vives y Resende escribe Conrado Goclenio a Dantisco55:

Y en cuanto a Vives, aunque no parezca del todo indigno de provocar un juicio precipitado de parte de toda la pléyade de los poetas a causa de las vigilias de Gelio, ni de que se le cargue el sambenito que infundadamente le han puesto, sin embargo, el resto de las inculpaciones, con las que ha ofendido principalmente a los más eruditos, tiene su fundamento en su modo de ser y en la desfachatez con que habla. Por eso ciertamente juzgo que hay que censurar con más parsimonia o saber perdonar sus pequeños vicios en atención a sus no exiguas cualidades.

20 ¿Apasionado?
A pesar de que por otros indicios el carácter de Vives parece dominado por la serenidad, en una carta a Erasmo y con ocasión de los ataques llevados a cabo contra el holandés se deja traslucir un cierto apasionamiento56:

Yo también iré a la corte así que haya terminado mi Agustín, donde con el calor de mi elocuencia disiparé en gran parte esta tempestad, pues no se me juzga a mí como el menor de todos y me tienen como de la familia de Fernando.

21 Pesimismo
En varios pasajes de su correspondencia se percibe una actitud bastante pesimista ante la vida, como en éste de una carta a Cranevelt57:

En efecto, ¿a quién la muerte en medio de este mundanal ruido no es motivo de una gracia especial? A mí al menos la vida no me es demasiado placentera y me felicito de haber vivido ya la mayor parte de ella.

Es posible que este pesimismo le produjera alguna depresión, aunque encontraba un buen antídoto en su profunda fe tal como confiesa a su amigo Miranda58:

En cuanto a mí, cuando considero por cuántos trabajos y miserias arrastramos esta vida miserable, muchas veces me asalta y se adueña de mi ánimo el deseo de pedir a Dios el final de mis trabajos y como la llegada al puerto en medio de la tempestad; pero me retracto y no permito que se apodere de mí el crimen de poner límite a la misericordia y a los juicios de Dios acerca de mi persona.

22 Sentido del humor59
La imagen que normalmente se tiene de Vives es la de una persona seria y moralista, pero también se puede descubrir en él una vena humorística orientada, sobre todo, a la ironía. En varios pasajes de Linguae latinae exercitatio se hace patente este aspecto de su personalidad, como en esta ridiculización de las disputas pseudofilosóficas60:

52. Espudeo.- Es el defensor, que resiste los ataques de todos; por las prolongadas vigilias se ha vuelto macilento y pálido; tiene grandes conocimientos de filosofía y teología. ¡Eh!, calla ya y escucha, pues el que ataca ahora suele buscar argumentos agudísimos y sutilísimos, ataca de forma muy dura al defensor, en opinión de todos puede ser comparado con los mejores de esta disciplina y con frecuencia obliga al oponente a desdecirse. Observa cómo aquél ha intentado esquivarle, cómo el otro le ha refutado con fuerza, con un argumento irrefutable, y cómo aquél no ha podido resolverlo; este dardo es ya inevitable, este argumento es claramente un Aquiles invencible; se dirige al cuello. El defensor no podrá defenderse; en seguida se rendirá, a no ser que algún dios le envíe a la mente algún subterfugio. ¡Eh! La cuestión está resuelta gracias a la pericia del presidente. Te suelto ya tu lengua; di lo que quieras, pues el que ataca ahora es una nulidad; lucha con un puñal de plomo y, sin embargo, grita más alto que los demás. Observa; lo verás retirarse ronco del combate; siempre ocurre así, y, por más que se hayan rebatido sus dardos, con todo sigue insistiendo, con obstinación, por cierto, pero con ineficacia; nunca quiere dar un argumento por perdido ni conformarse con la respuesta del defensor ni con la decisión del presidente. El que ahora entra en el combate pide con mucha delicadeza la venia del presidente, empieza a hablar con cortesía, pone argumentos débiles, siempre se retira cansado, incluso jadeando, como si hubiese llevado a cabo con energía un tremendo trabajo. Salgamos.

23 Fe profunda
El hecho de que la última obra de Vives lleve por título De veritate fidei christianae deja fuera de toda duda que se mantuvo fiel a la fe cristiana hasta el final de su vida. También dejó constancia expresa de su fe en la dedicatoria a Guillermo de Croy de sus Meditationes in septem psalmos quos vocant poenitentiae61:

La recta inteción y el propósito santo con que la escribí me consolarán, me reanimarán y me reharán, por cuanto sé que el Señor me tiene preparado un premio mucho mayor y más importante, cuanto menor sea el que reciba de los hombres; más aún me sentiré muy feliz fiado en las promesas de Cristo, si me granjeare el odio de los hombres en paga al favor de mis buenas obras.

24 Contra la astrología
La profunda fe que Vives tenía en Dios le hacía despreciar por completo la adivinación astrológica; así lo expresa con motivo del envío de un horóscopo por parte de su amigo Cranevel62:

Muchos piden a los astros su buena suerte, como si no estuviera solamente en las manos de Dios. Sólo a Dios pertenece el conocimiento del porvenir. Buscarlo en otra parte es una notable propensión a la idolatría, y esto hace que, contentándonos con lo que vemos, poco a poco nos vayamos descuidando de Dios.

25 Moralismo63 Una de las notas que mejor identifica la personalidad de Vives es la tendencia moralizadora, ya que en sus obras se percibe por doquier la intención de hacer del hombre un ser virtuoso. En varios pasajes hace referencia Noreña a este carácter moralista64: “Al igual que muchos de los reformadores reformadores londinenses, como Colet, Lily, Tomás Moro y el propio Erasmo, Vives coloca la educación moral del individuo como la meta primaria del proceso educativo”. “La tendencia moralizante de Vives no es algo incidental o temperamental, sino que arranca del mismo núcleo de su pensamiento”. “No obstante, en conjunto Vives aparece como mucho más próximo a aquellos que insisten sobre el carácter moral y natural de la sabiduría que a aquellos que subrayan sus aspectos noéticos y revelados”. Donde mejor se percibe ese moralismo es en sus relaciones contradictorias con la poesía, que examinaremos con detenimiento en el apartados dedicado a la imaginación. También está impregnada de moralismo su teoría educativa, tal como aparece en los dos últimos Diálogos de Linguae latinae exercitatio, en los que ofrece un serie de preceptos encaminados a conseguir la buena formación de los jóvenes65. Incluso en los juegos pretendía Vives que los jóvenes encontraran un medio para el desarrollo intelectual y moral, y de ahí que estableciera las leyes que debían regular el proceso lúdico66.

26 Inteligencia
La poderosa inteligencia de Vives queda plenamente avalada por su extensa y profunda obra, pero también por el testimonio de los que lo conocieron, como el de Erasmo67:

¡Tan poderosa es su inteligencia, se incline a donde se incline, y versátil sobremanera! Cuando se aplicaba a aquellas sutiles disciplinas de muchacho, nadie disputaba con más agudeza, nadie sofisticaba mejor su argumentación. Ahora está dedicado de lleno a estudios más tranquilos, y de tal forma está a ellos consagrado, que apenas conozco a nadie que en nuestro siglo pueda compararse con él. Pues aunque concedamos que haya quienes le igualen en la elocuencia, no veo, sin embargo, ninguno que llegue a conjuntar tanta elocuencia y tan profundo conocimiento de la filosofía. Es una inteligencia fecunda, en plenitud de salud y lozanía. Su memoria no puede ser más vivaz. Su pasión por el estudio, infatigable.

En términos parecidos se expresó Cervantes de Salazar68:

ahora bien, esto no resultará extraño a quien conozca gracias a mí que tenía una inteligencia agudísima, un juicio maduro y una memoria segurísima.

Tal vez fuera la memoria lo que más destacaba en Vives, ya que también alude a ella Conrado Goclenio69:

Merece toda mi aprobación la prudencia con la que tan eficazmente sales en defensa de la reputación de Resende, de manera que tengas en mucho la causa de Vives, cuya memoria nada vulgar nadie puede negar.

27 Amor al estudio70
La capacidad intelectual de Vives estuvo orientada hacie el estudio y, posteriormente, a la composición de obras de variada temática. Su afición al estudio queda reflejada en varios pasajes de Linguae latinae exercitatio, como en este del Diálogo XX 71:

50 Sofobulo.-… Aguanta un poco y soporta esta corta molestia que hay que sufrir en el aprendizaje de los fundamentos. Inmediatamente después seguirán increíbles deleites; no es de extrañar que quienes todavía no los han gustado huyan del estudio científico, pues a los que los han experimentado antes los apartarías de la vida que de los libros y del conocimiento de las cosas.

Estas últimas palabras parecen anticipar las de su amigo Cranevelt, que atribuye en parte la causa de la temprana muerte de Vives a sus esfuerzos intelectuales72:

…lo arrebataron de sus trabajos a los cuarenta y ocho años de edad, agotado (como es mi opinión) por sus incesantes esfuerzos en pro de sus estudios, ya que nada había para él más grato en esta vida.

28 Disgusto por la enseñanza
A pesar de que no fue mucho el tiempo dedicado por Vives a la enseñanza, ya en una fecha tan temprana como 1522 confiesa a Erasmo su hartazgo por ella73:

He cogido tal aversión a la enseñanza que haría cualquier cosa antes que volver a esa porquería y estar metido entre chavales.

29 Imaginación74
Las cualidades personales que subyacen en las obras de Vives desde el punto de vista de su inspiración son la racionalidad discursiva, la memoria, la cordura y el sentido práctico. A ellas habría que añadir cierta dosis de imaginación que, aun sin ser predominante en su psicología, se percibe por ciertos indicios, sobre todo por su afición a la poesía desde muy joven. Lo confirma su confesión de que seguía al poeta sevillano Parthenio Tovar a todas partes75, y el de hecho de que incluyó versos en varias de sus obras: Meditationes in septem psalmos poenitentiae, Genethliacon Jesu Christi, Commentaria ad libros De civitate Dei, De concordia et discordia in humano genere y Linguae latinae exercitatio. A pesar de eso su opinión como poeta no era muy favorable, según se desprende de su propio testimonio: en la Dedicatoria del Genethliacon afirma76:

Había decidido componerlo en verso, pero tanto las variadas y ahora incluso frívolas ocupaciones, como mi torpeza y esterilidad en la composición de versos me alejan de mi propósito; con todo, al final he metido algunos versillos, que asigno al canto de los pastores; por ellos conocerás la calidad de mis versos y te darás cuenta de que soy un poeta cuerdo.

En el Diálogo XXI se encuentran unos versos de Vives y su valoración negativa77:

151. Valldaura.- Puedo aseguraros que es un poema bien expresado, como sacado de una esponja seca. 152. Lupiano.- ¡Con tanta dificultad compone él poemas? 153. Valldaura.- Con mucha, ya sea que los hace pocas veces o de mala gana, ya sea que la inclinación de su genio lo lleva a otra parte.

Contamos también con la opinión negativa del humanista Baltasar Céspedes78:

… por el contrario muchos antiguos y modernos, que siendo humanistas, por no tener natural de poetas no lo han sido, como fueron de los antiguos Marco Varrón, a quien San Agustín conoce por el más docto humanista del mundo, Nigidio, Plinio el Mayor, y de nuestros tiempos Luis Vives…

Además de componer versos en latín, Vives conocía y saboreaba a los poetas griegos, latinos e incluso a los que escribían en lenguas vulgares, como queda plenamente demostrado con las numerosas citas de los mismos a lo largo de su obra, así como con su afirmación en Veritas fucata79:

Yo estoy cogido maravillosamente por el gusto por las musas, y creo que apenas son hombres los que les tienen aversión completa.

Por otra parte sus creencias religiosas y su moralismo estricto le llevaron a una concepción estrecha de la poesía, como se pone de manifiesto en estos dos textos80:

La poesía fue dada a los hombres… para exaltar a Dios… y sus obras.

E incluso claramente negativa81:

De este modo en la poesía, como si de un desagüe se tratara, todos los vicios confluyeron y fueron acogidos. Y si el poeta no es en definitiva sino quien divulga en verso las mentiras, ¡váyase en hora mala la poesía!.

A este propósito afirma Ijsewijn82: “Per lui si trattó sempre di sapere como possiamo mettere l´arte poetica al servizio exclusivo della fede e de la morale cristiana”. Esta concepción moralizante de la poesía le llevó a aconsejar la eliminación de los pasajes obscenos de los poetas, lo que le provocó las iras del portugués A. Resende83. Hasta tal punto era importante la moral en sus juicios literarios que Vives llega a aceptar la lectura de La Celestina porque su desgraciado final sirve de condena a las obscenidades de la obra84:

Más sabio fue en esto el autor en nuestra lengua de la tragicomedia La Celestina, pues estableció una estrecha ligazón entre el progreso de los amoríos y los encantos del placer y un final muy amargo, a saber, las desgracias y muertes violentas de los amantes, de la alcahueta y de los alcahuetes.

Las contradicciones subyacentes al gusto personal por la poesía y la condena en relación a la educación de los jóvenes no han de ser imputadas por completo a la personalidad de Vives, ya que existían con anterioridad en ciertos ambientes humanísticos, como puso de relieve Ijsewijn85.

© Francisco Calero

BIBLIOGRAFÍA


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- Vives, Juan Luis. De disciplinis. Traducción y notas de Marco Antonio Coronel etc. Ciudad de Valencia, Ayuntamiento, 1997.

NOTAS


1 Sobre este importante humanista, cfr. Calero, F. “Francisco de Salazar, autor de la primera biografía de Luis Vives”.
2 Cervantes de Salazar, F., Commentaria in Ludovici Vives Exercitaciones Linguae latinae, fol. 3.
3 Sobre la iconografía de Vives cfr. Gil y Calpe, J. “Iconografía de J. L. Vives”.
4 Noreña, C.G., Juan Luis Vives, p. 151.
5 Jiménez, J., Epistolario, 35, pp. 225-226.
6 Jiménez, J., Epistolario, 153, p. 551.
7 Jiménez, J., Epistolario, 166, p. 580.
8 Vives, J.L., Linguae latinae exercitatio, VII, p. 22.
9 Cervantes de Salazar, F., Commentaria in Ludovici Vives Exercitaciones Linguae latinae, fol. 3.
10 Cranevelt, F., Dedicatoria al De veritate fidei christianae de Vives.
11 Marañón, G. Luis Vives (Un español fuera de España), p. 43.
12 González y González, E., Joan Lluis Vives, p. 137.
13 Hernández Gómez, R., “La enfermedad de Luis Vives”, pp. 128-129.
14 Noreña, C.G., Luis Vives, p. 151.
15 Vives, J. L., De anima et vita, pp. 121-122.
16 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, p. 12.
17 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 30-32.
18 Jiménez, J., Epistolario, 1, p. 106.
19 Jiménez, J. Espistolario, 142, p. 516.
20 Jiménez, J. Epistolario, 152, p. 549.
21 Jiménez, J. Epistolario, 121, p. 452.
22 Jiménez, J. Epistolario, 22, p. 168.
23 Jiménez, J. Epistolario, 145, p. 534.
24 Jiménez, J. Epistolario, 27, p. 193.
25 Jiménez, J. Epistolario, 83, p. 372.
26 Gayano y Lluch, R., El folklore en las obras de Luis Vives, p. 7.
27 Noreña, C. G., Juan Luis Vives, p. 216.
28 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 100-102.
29 Jiménez, J. Epistolario, 44, p. 260.
30 Jiménez, J. Epistolario, 46, pp. 266-267.
31 Jiménez, J. Epistolario, 111, p. 433.
32 Jiménez, J. Epistolario, 149, p. 542.
33 Jiménez, J. Epistolario, 16, p. 147. Jiménez traduce, creo que erróneamente, ‘grata’ en vez de ‘agradecida’.
34 Jiménez, J. Epistolario, 140, p. 511.
35 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 32-35.
36 Jiménez, J. Epistolario, 53, pp. 289-290.
37 Jiménez, J. Epistolario, 61, p. 313.
38 Jiménez, J. Epistolario, 62, pp. 314-315.
39 Jiménez, J. Epistolario, 88, pp. 382-383.
40 Jiménez, J. Epistolario, 93, p. 391.
41 Jiménez, J. Epistolario, 155, p. 555.
42 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, XXII, p. 119.
43 Vives, J. L., De institutione feminae christianae, II, X, p.168 (traducción del autor del presente trabajo).
44 Jiménez, J. Epistolario, 78, p. 357.
45 Jiménez, J. Epistolario, 85, p. 375 y 96, p. 401.
46 Jiménez, J. Epistolario, 129, p. 478.
47 Noreña, C. G., Juan Luis Vives, p. 118.
48 Pérez Durá, F. J., “Las referencias de Vives a su gente y a su tierra a través de sus obras”, p. 301.
49 Jiménez, J. Epistolario, 3, p. 110.
50 Jiménez, J. Epistolario, 36, p. 227.
51 Jiménez, J. Epistolario, 42, p. 250.
52 Vives, J. L. De concordia et discordia in humano genere, pp. 151-152. Sobre este pasaje cfr. Calero F. “Traiciones a Luis Vives”, pp. 241-243.
53 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 90-93
54 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, p. 55.
55 Jiménez, J. Epistolario, 54, pp. 291-292. Sobre este episodio cfr. Bataillon, M., “Humanisme chrétien et littérature: Vivès moqué par Resende”, y Calero, F., Europa en el pensamiento de Luis Vives, pp. 80-82.
56 Jiménez, J. Epistolario, 36, p. 229.
57 Jiménez, J. Epistolario, 136, p. 497.
58 Jiménez, J. Epistolario, 64, p. 321.
59 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 99-100.
60 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, pp. 66-67.
61 Jiménez, J. Epistolario, 10, p. 129.
62 Jiménez, J. Epistolario, 105, p. 421.
63 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 102-105.
64 Noreña, C. G., Juan Luis Vives, pp. 211, 237 y 332.
65 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, pp. 141- 144.
66 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, pp. 122-124.
67 Jiménez, J. Epistolario, 32, p. 212 (he modificado algo su traducción).
68 Cervantes de Salazar, F., Comentaria in Ludovici Vives Exercitationes Linguae Latinae, fol. 3.
69 Jiménez, J. Epistolario, 54, p. 291.
70 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 89-90.
71 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, p. 106.
72 Jiménez, J. Epistolario, 191, p. 636.
73 Jiménez, J. Epistolario, 46, pp. 267-268.
74 Calero, F., Los diálogos de J. L. Vives, pp. 93-96.
75 Vives, J. L., Virginis Dei Parentis Ovatio, p. 75.
76 Vives, J. L., Genethliacon Jesu Christi, p. 18.
77 Vives, J. L., Linguae latinae exercitatio, p. 117.
78 Céspedes, B., Discurso de las letras humanas, p. 243.
79 Vives, J. L., Veritas fucata, p. 66.
80 Vives, J. L., Sapiens, p. 24.
81 Vives, J. L., De Disciplinis, I, 129 y I, p. 130.
82 Ijsewijn, J. “Vives e la poesia”, p. 472.
83 A este espinoso asunto está dedicado el artículo de Bataillon, M., “Humanisme chrétien et littérature. Vivés moqué par Resende”. cfr. también Calero, F., Europa en el pensamiento de Luis Vives, pp. 80-82.
84 Vives, J. L., De disciplinis, I, p. 132.
85 Ijsewijn, J., “Vives e la poesia”, pp. 472-474.a

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