Sociedad y cultura en el Paraguay actual
El Paraguay es uno de los países más desconocidos de Sudamérica. El hecho geográfico de estar situado en el corazón subcontinental ha determinado históricamente su alejamiento de los centros políticos y culturales desde la época colonial. De hecho, quienes estudiamos algún aspecto del país guaraní, aún citamos frases hechas de sus intelectuales para bautizar su estado: “la isla rodeada de tierra” (Josefina Pla y Augusto Roa Bastos), “la isla sin mar” (Juan Bautista Rivarola Matto), “el pozo cultural” en el ámbito intelectual (Carlos Villagra Marsal) y “la incógnita del Paraguay” en referencia a su literatura (el crítico peruano Luis Alberto Sánchez). “Isla”, “pozo”... sustantivos que connotan aislamiento y marginalidad periférica. Paraguay es conocido por sus dictadores y por intentos de golpes de estado para reponer el orden militar en el poder. Quizá suena aún en Europa el nombre del tirano Alfredo Stroessner, que gobernó durante treinta y cinco años, entre 1954 y 1989... además de algunos futbolistas. También lo recordamos como escondrijo de nazis refugiados en el corazón de América, en las selvas bajas de las fronteras entre Brasil, Paraguay y Argentina, paraíso de las mafias del contrabando y de los delincuentes más buscados por la Interpol. No son mentira estas afirmaciones, pero un país tiene sus habitantes y es algo más que unos lemas convertidos en tópicos a largo plazo. Tampoco son sus únicos intelectuales paraguayos Augusto Roa Bastos en literatura, Carlos Colombino en arte y Edda de los Ríos en teatro. Si pretendiésemos enumerar los protagonistas de la cultura paraguaya actual, el elenco elegido sería más amplio de lo esperado, pero lleno de personalidades desconocidas para los estudiosos, de ahí que sea más esclarecedor para su comprensión el analizar los problemas de la vida intelectual del país, que mostrar a sus actores. Paraguay posee una rica cultura y un mundo sociopolítico más complejo de lo que parece a simple vista. Sus peculiaridades no se analizan expresando algunas obviedades y generalidades que demuestran el desconocimiento de quien las pronuncia. La cultura depende de una sociedad porque ésta la produce y la vive, aunque las manifestaciones más destacadas tengan un creador individual. Por esta razón, resulta necesario revisar su situación sociocultural, y penetrar en los problemas de un país cuya entrada a la democracia dura demasiados años, y su “transición cultural” prácticamente ni ha comenzado, dado que se arrastran hábitos excluyentes del pasado.
1. Particularidades nacionales
Paraguay es un país pequeño. Si no en extensión, ya que tiene cuatrocientos seis mil kilómetros cuadrados, sí por su situación intermedia, a modo de parapeto, entre los dos gigantes del sur americano: Brasil y Argentina. Su población supera levemente los seis millones de habitantes en el año 2003, por lo que queda una densidad media de 14,84 habitantes por kilómetro cuadrado. Este dato es engañoso, ya que en un amplio territorio al noroeste del país, el Chaco más árido, la densidad apenas alcanza el medio habitante por kilómetro cuadrado. Las zonas más pobladas son los bordes de los grandes ríos Paraguay y Paraná. En este sentido, en Asunción, la capital, vivían más de quinientas cincuenta mil personas en 1997, fecha del último censo, lo que supone cerca de un quince por ciento de la población nacional. Encarnación y Ciudad del Este, otras ciudades importantes, superan levemente los cien mil habitantes. Por tanto, es una sociedad con predominio rural, salvo el núcleo capitalino, hecho determinante para su desarrollo cultural.
1.1. Contexto económico
El contexto económico permite entender el estado sociocultural en el país en la actualidad. El PIB en 2002 alcanzaba los veinticinco mil millones de dólares. La tasa de crecimiento económico era negativa en un dos y medio por cien ese mismo año, y la renta per cápita de cuatro mil doscientos dólares. El crack argentino de 2001 afectó a la economía paraguaya, aunque sin llegar a la gravedad del vecino por su mayor dependencia del gigante brasileño. Como se observa, datos y cifras propias de un país en crisis, sin apenas visos de salir de ella, y dependiente de los vaivenes y capitales exteriores. El sistema económico productivo del Paraguay se fundamenta en una mentalidad basada en el proteccionismo y el latifundismo casi feudal, herederos de la encomienda y el mitazgo coloniales, y del sistema patriarcal de las reducciones jesuíticas. Quienes ocuparon el poder desde la independencia consideraron el país como una estancia de su propiedad manejado a su antojo. La arbitrariedad del gobernante sometía al individuo a la voluntad del Estado, feudo del tirano, lo que provocaba el incremento gradual de los aparatos burocrático y policial.
Las revueltas de los campesinos y las ocupaciones de tierras se siguen produciendo en la actualidad. Es uno de los problemas sociales sin resolver. El dictador Alfredo Stroessner aprovechó la tradición proteccionista y autárquica de la economía paraguaya para fortalecer al Estado corporativista, en teoría protector de las clases más débiles, sin pretender por ello desfavorecer a los más pudientes ni acabar con sus privilegios porque aumentaron su riqueza hasta límites insospechados. Después, crecieron el contrabando, a pesar del Mercosur (teóricamente tendría que eliminarlo con la supresión de tasas entre fronteras), el latrocinio y el fraude como formas de enriquecimiento, lo que impidió el dinamismo económico en un universo globalizado. Por otra parte, el stronismo había incrementado en exceso la deuda externa y la burocracia: se creaban puestos de trabajo como premio a la fidelidad personal o al partido en el poder. La consecuencia fue una excesiva funcionarización de la vida pública y privada: el sometimiento total del país al Estado y su jefe. La economía y la mentalidad productivas no pudo despegar. El régimen autárquico creó una industria nacionalizada, que acabó siendo el refugio de sus dirigentes y empleados afiliados al Partido Colorado que sostenía a Stroessner. Solamente al amparo de la construcción de las grandes represas hidroeléctricas (Acaray, Itaipú y Yacyretá), a partir de los ochenta, se formó una clase media integrada sobre todo por ingenieros, parte de ella considerada fraudulenta por algunos críticos políticos1. Esta incipiente burguesía media aportó un leve equilibrio a la pirámide social donde la desigualdad era cada vez mayor, como ocurre en la sociedad latinoamericana en general.
A raíz del desarrollo de las relaciones comerciales en las zonas fronterizas con Brasil y Argentina, han proliferado los negocios derivados del contrabando. Y también el establecimiento de empresas y multinacionales, sobre todo de Taiwán y Corea. El desarrollo del sector financiero descapitalizó las zonas rurales. Los latifundistas invierten hoy día en acciones de grandes empresas y en fondos de ahorro que ofrecen réditos sustanciosos sin vender sus grandes extensiones de tierra, con lo que muchas quedan yermas y se agrava el problema campesino, quien, si en el pasado quedaba sometido a la esclavitud, hoy día se encuentra sin empleo viendo cómo el campo no se trabaja por falta de medios técnicos o de semillas. Sin embargo, varias quiebras financieras y el abandono de algunos grupos bancarios, como el del BSCH español, han dejado el país en la incertidumbre en los albores del siglo XXI.
Por consiguiente, cada gobierno aumentó el gasto público hasta el incremento excesivo de la deuda externa, lo que supone el tener que aplicar las recetas incómodas e injustas del FMI finalmente, y la adopción de una política neoliberal demasiado dura con un país tan pobre. El Mercosur tampoco aporta unas soluciones factibles a la realidad paraguaya, pero al menos es una vía de “progreso” al emparentarse con una economía amplia como la brasileña. Pero la realidad es que el país actual continúa sumido en el subdesarrollo y la miseria y, lo que es peor, en una situación de inseguridad en todos los ámbitos, con el incremento de la delincuencia del secuestro rápido y fácil, la coima y la especulación como medios productores del beneficio empresarial, quizá ahora ya no por la posibilidad del golpe de Estado, pero sí por el obstáculo de la inestabilidad económica para el progreso.
1.2. Contexto histórico-político
La historia política paraguaya ha determinado la evolución intelectual del país, si cabe, aún más que la economía. El Paraguay nace de la consideración autónoma de un territorio fronterizo, el suyo, por parte del poder virreinal. Era el límite con el imperio portugués. Con esta circunstancia, no sorprende que el país tenga un pasado militar perseverante a lo largo de la historia. La importancia de las armas en sus territorios no comportó apenas evolución política civil. La aproximación más “civilizada” fue la utopía jesuítica de las reducciones, también replanteable si pensamos en el beneficio que reportó a la orden el comercio de yerba mate, y el descontento que ello provocó en las clases patricias de la Paracuaria. Como se observa, toda afirmación absoluta, si no cuestionable, sí al menos necesita de comprobación y determinación parcial de su alcance. De ahí que la historia paraguaya haya sido en tantas ocasiones objeto de polémica.
La era de las dictaduras del siglo XIX, en la que podemos incluir el período del despotismo criollo de Francia y las presidencias de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López, sigue siendo objeto de debate. Lo importante en estos momentos es que con algunas obras literarias y teatrales se ha puesto en entredicho la supuesta “bondad” igualitarista de estos regímenes. Incluso el mentado socialismo real de Francia2: en realidad expropió bienes para adjudicárselos a su nombre, dado que “el Estado era él”, y la frase más emblemática del despotismo ilustrado –el régimen admirado el Supremo Dictador Francia– tiene poco que ver con el socialismo. Y los López asentaron este modelo de estado gobernado como una estancia. Aunque Carlos Antonio modernizó el país, e importó técnicos y materiales extranjeros que lo empujaron al progreso, su hijo se encargó de devolverlo a la Edad de Piedra, con el pretexto de acabar con el imperialismo británico en la región y un presunto reparto del país entre Argentina y Brasil. Estas razones, y una propaganda basada en la ridiculización del vecino iniciada poco después de 1840, provocaron la guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Paraguay le declaraba la guerra a Brasil, Argentina y Uruguay, con el pretexto de defender al gobierno de la Banda Oriental, ante una disimulada anexión del amigo del norte. El mariscal López midió mal las consecuencias, imbuido de su educación en la corte de Napoleón III, y declaró la guerra a los tres vecinos3. El resultado es harto sabido: la destrucción de gran parte del país y su hipoteca para el futuro. Desde ese momento, Paraguay ha vivido la mayor parte del tiempo entre dictaduras, guerras civiles y corrupción. Pero detengámonos en el pasado reciente para entender el presente y entrever el futuro. El firme bastión de la dictadura de Stroessner para los Estados Unidos en la época de la Guerra Fría trajo inyecciones económicas a las arcas del país. Incluso de la China nacionalista4. Era la garantía contra el comunismo y la guerrilla en Sudamérica. Un ejemplo sólo para demostrarlo: desde Asunción se puso en marcha el Operativo Cóndor, acuerdo entre las dictaduras del Cono Sur en los años setenta para aniquilar a los opositores e izquierdistas5. En esta situación, era imposible la lucha contra el dictador, y que acababa en prisión, muerte o exilio6.
La aniquilación de tantos cientos de opositores, la caída de los regímenes militares del Cono Sur y el deterioro y desintegración consiguiente de la URSS suavizaron la dureza de la represión a mediados de los ochenta, aunque su firmeza mantenía al viejo dictador. Hasta que en 1989 su consuegro, el general Rodríguez, lo derribó. Aunque el coloradismo siguió en el poder, se inició una transición democrática que, lastimosamente, tiene difícil culminación por la duración excesiva de la crisis económica. La situación material ha empeorado y el futuro político continúa siendo incierto a pesar de que el Partido Colorado, con su confusa e inefable ideología, permanece asido a un estado del que no se despega con un mínimo de solvencia democrática, también porque la oposición liberal ha cometido errores en ciertos pactos políticos de la transición.
1.3. El bilingüismo
Paraguay destaca por ser el primer país hispanoamericano que adoptó la lengua indígena, el guaraní, como oficial junto al castellano en su Constitución de 1992. El artículo número 140 expresa lo siguiente:
El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe. Son idiomas oficiales el castellano y el guaraní. La Ley establecerá las modalidades de utilización de uno y otro. Las lenguas indígenas, así como las de otras minorías, forman parte del patrimonio cultural de la Nación7. Asimismo, en el artículo 77, se reconoce el derecho a la educación en cualquiera de ambas lenguas y el respeto a otras minoritarias: “La enseñanza en los comienzos del proceso escolar se realizará en la lengua oficial materna del educando. Se instruirá asimismo en el conocimiento y en el empleo de ambos idiomas oficiales de la República. En el caso de las minorías étnicas cuya lengua materna no sea el guaraní, se podrá elegir uno de los dos idiomas oficiales”. Otra cuestión es el tiempo que cuesta la reforma educativa y la preparación de los docentes para cumplir con el mandato constitucional y de las autoridades. El actual presidente de la nación, Nicanor Duarte8, fue un emprendedor de la reforma por la enseñanza bilingüe siendo ministro de Educación y Culto en 1995, pero permanece como una cuestión en vías de vertebración.
El guaraní es lengua materna y de uso cotidiano especialmente en las zonas rurales y entre las clases populares, mientras que el castellano domina en Asunción, en la vida pública y de la empresa. Desde luego, estamos ante un país bilingüe donde conviven ambas lenguas y una tercera denominada jopará (que significa “mezcla”, en guaraní) surgida del contacto, préstamos lingüísticos y contaminación, del guaraní con el castellano, a la que cabe tener en cuenta porque es el habla más extendida entre la población. Lo cierto es que el guaraní es el signo de identidad real y eficaz: la raíz de la paraguayidad, cuya oficialidad da carta de existencia al país y le diferencia de sus vecinos. Se habla en otros países, pero sólo es oficial, signo cultural y de pertenencia a una raza singular en Paraguay. Por esta razón diferencial, el guaraní fue uno de los elementos de reivindicación nacionalista de las dictaduras del siglo XX, pero sin tratarlo como lengua de cultura. Las clases patricias preferían hablar en castellano y eludir la educación en guaraní incluso al final de este siglo. Así, el bilingüismo paraguayo ofrece características peculiares, al entremezclarse la vertiente lingüística con la social. La diglosia no es solamente un hecho lingüístico perceptible, sino un fenómeno de jerarquización social: el guaraní suelen hablarlo las clases populares o de zonas rurales, mientras que el castellano se impone en el mundo de los negocios, el comercio, entre las clases altas y también en el mundo cultural9. Aunque empieza a ser así considerada, faltan muchas décadas para el abandono de la connotación folklorista y el paso de algunas generaciones para sentirse realmente como lengua de cultura.
1.4. La mixtificación nacionalista.
El nacionalismo fue el arma fundamental de los regímenes dictatoriales paraguayos. En ocasiones también otros factores ideológicos, como el anticomunismo durante el stronismo, pero la polémica y división del país en bandos según su postura favorable o contraria a un personaje o a unos acontecimientos históricos, pervive vigente. Los casos más recurrentes son los de Francia y el mariscal López, generadores de polémicas interminables, donde quien se atreve a ponerlos en entredicho con datos científicos será avasallado por una cascada interminable de acusaciones. Y si no, recordemos que la novela Caballero (1986) indagaba por medio de la ficción en la verdadera historia del personaje fundador del Partido Colorado oficialista, lo que generó una reacción furibunda de las plumas más fervientes del régimen de Stroessner contra el autor, Guido Rodríguez Alcalá, acusándolo de antipatriota y vendido, indagando en la historia de sus ancestros para descalificarlo y desvirtuarlo moralmente y, por supuesto, tildándolo de antiparaguayo, la descalificación más común10. De ahí que el revisionismo histórico produzca episodios que pueden parecer grotescos. El valor y la capacidad de sacrificio de los paraguayos les permite pensar en su superioridad cuando su selección de fútbol pierde por la mínima contra Brasil, Argentina o Francia, en un alarde de elevada autoestima nacionalista. Su música folklórica es la más elaborada del mundo, aunque se carezca de conocimientos musicales. De hecho, se valora a José Asunción Flores, el creador de la guaranía, y, en cambio, se ignora a Agustín Barrios, el mejor compositor clásico que ha dado el país. Pero la guaranía tiene un autor concreto, y no procede de una tradición anónima, secular y genuinamente paraguaya: Flores la creó, y era un hombre urbano, basándose en un ritmo ternario y lento muy extendido en otras zonas latinoamericanas y similar a algunos de Canarias. Éstos son unos ejemplos de los clishés creados por la mixtificación nacionalista paraguaya. ¿Ello qué ha supuesto? La pervivencia de una mentalidad muy provinciana, endeble intelectualmente, y cierto infierno en la convivencia, cuando no la subsistencia cultural por medio de la picaresca11.
2. La situación cultural actual
De este examen de circunstancias económicas y sociales, se desprende la idea de que la cultura ocupa un lugar subsidiario en el P.I.B. nacional. El pueblo no sabe o no puede leer literatura o degustar una obra de arte por su escasa formación, por la carencia de medios para adquirir libros –y mucho menos objetos artísticos, cuyo valor en Paraguay resulta prohibitivo incluso para los europeos medios– y por la inexistencia de redes de bibliotecas o de museos perfectamente dotados. Al artista se le considera una persona inútil, salvo cuando se ha consagrado en el extranjero; no se respeta su oficio y se desanima con frecuencia, no por la escasez de ventas para subsistir, sino porque nadie lee libros ni aprecia el buen arte. La pobreza de las clases bajas obliga a invertir en supervivencia y no en cultura, pero cuando se tienen medios si se invierte en inteligencia suele ser por esnobismo o por afán de apariencia. Consecuencia: el bien inmaterial que es la cultura es un hecho marginal. Sólo hay que observar la inexistencia de páginas específicas de cultura en los diarios (las noticias de este ámbito aparecen entre las sociales), la estrechez de los suplementos culturales semanales en la prensa, y la práctica inexistencia de revistas, lo cual es más grave en un país de enormes carencias educativas y vacíos pedagógicos como Paraguay que en algunas provincias españolas cuyos periódicos huyen de la nota cultural.
Por ello, no puede resultar sorprendente el que la dictadura de Stroessner no censurara casi ningún libro. La obra de Elvio Romero, poeta social de filiación comunista, fue declarada de utilidad pública, lo que suponía que se autorizaba su lectura en la Universidad, aunque pocos pudieran leerlo porque publicaba en Buenos Aires y difícilmente llegaban los libros a Asunción a un precio asequible. Uno de los pocos casos conocidos de censura es el de Paloma blanca, paloma negra de Jorge Canese; poemario que era posible adquirir en las comisarías de policía. ¿Para qué censurar si nadie leía? Si no era oral, la poesía no podía ser peligrosa; si no reproducía iconos izquierdistas, el arte tampoco; y si el teatro escenificaba comedia, drama extranjero y las connotaciones políticas se representaban por medio de vanguardistas connotaciones simbólicas incomprensibles para un pueblo semianalfabeto, las conciencias no se removían. ¿La canción protesta?... Demasiado pensamiento. En este estado se llega a la transición democrática. Los gobiernos nacidos de ella heredaron una situación compleja. Con masas de mentes dormidas y desprovistas de pensamiento individual, era fácil atribuir los males a la democracia. Ello provocó el apoyo de una parte nada insignificante de la población al militar de corte fascista Lino Oviedo. Más o menos como ocurre en tantas transiciones de dictadura a democracia. Pero en el país guaraní actual el problema cultural sobrepasa el político, porque la técnica se engulle la vertebración de nuevas instituciones para el desarrollo de las artes, las letras y la música.
Si penetramos en la sociedad paraguaya actual, varios son los fenómenos culturales que apreciamos. En primer lugar, la susodicha escasa interacción entre público y creador. La imagen ha desplazado a la cultura oral sin pasar apenas por la escrita. Habría que aplicar en este país la frase que Neruda dedicó a la literatura hispanoamericana: “nuestros lectores no han nacido aún”12. Las razones son diversas y atienden a las deficiencias educativas generalmente. Maestros de lengua que desconocen el concepto de encabalgamiento poético, y profesores de literatura de bachillerato sin hábitos de lectura, de asistencia a un concierto o a una exposición, abundan en las escuelas del país. Se intenta extender la enseñanza, y se consigue, a los ámbitos de hablantes de guaraní. Pero aunque se enseñe en guaraní o en castellano –disquisición que ha protagonizado uno de los grandes debates nacionales de la transición–, la base cultural de los formadores es baja. El problema en un pueblo con carencias formativas no es el instrumento pedagógico, sino el contenido y las formas de enseñanza y aprendizaje. De ahí que, con el ritmo actual, tendremos que esperar varias generaciones para obtener una competencia docente generalizada.
Se han atribuido estas carencias a la mediterraneidad del país. Su aislamiento propició históricamente, desde que fue periferia virreinal durante la época colonial, la separación de las corrientes culturales que circularon por los países de alrededor. Las vanguardias irrumpieron cuando estaban en decadencia o en extinción en los países vecinos y, en algunas artes como el teatro, cuando se vivía un momento cultural neovanguardista a finales de los años sesenta del siglo XX. Las autarquías del siglo XIX propiciaron la mediterraneidad mental, pero en realidad fue también el revisionismo histórico y las mitificaciones nacionalistas las que propiciaron un sentimiento exclusivista y aislacionista en los paraguayos. Su música y su lengua eran únicas en el mundo, su ñandutí el mejor arte conocido13, y sus presidentes los más heroicos y sacrificados de la historia de la humanidad. Todo un prodigio de exaltación y fervor ensalzador del sentimiento patriótico. Lo peor fue que ello fomentó el desprecio hacia lo exterior, sobre todo europeo, al que se acusa de imperialista y de esquilmador de las riquezas de los pueblos que viven en la espontánea pureza inocente. El efecto intelectual es obvio: la única cultura existente es la nacional, por lo que hay que rechazar lo foráneo. Culturalmente ello, además de retraso, supone ahondar las carencias. Increíblemente, está siendo la televisión internacional por cable y vía satélite la que más está influyendo en la actualidad en la apertura de las mentalidades. Alguna vez la televisión iba a provocar una consecuencia positiva.
En paralelo a la mediterraneidad se sitúa la oralidad de la cultura paraguaya. La ausencia de centros culturales virreinales es el principio de ello. La primera universidad se crea casi a finales del siglo XIX y la primera imprenta civil llega a Asunción poco después de 1840. No existe tradición de escritura ni de partitura ni de estudio de las formas y técnicas artísticas que no sean artesanales, hasta que la clase un poco más formada comienza a viajar al extranjero con becas o por esfuerzo personal a partir de los años sesenta del siglo XX. Junto a la cultura oral, el creador paraguayo trataba de ofrecer divertimentos, en lugar de obras con transcendencia. Ello agravó la debilidad de las estructuras comerciales: las galerías existentes tienen escasa actividad, las editoriales publican de forma irregular y gracias a la autofinanciación del autor, subvención pública o un premio, y no existe un archivo musical paraguayo competente, y mucho menos una industria del disco. Los museos, salvo el del Barro y alguno de reciente creación, tienen escaso interés. A las bibliotecas se les dedica escasa dotación presupuestaria. Los últimos gobiernos están intentando subsanar estas carencias, pero harán falta muchos años para conseguirlo.
Y, por último, hagamos mención al penoso estado de la Universidad paraguaya. La mediatización por el poder desde 1938 es patente, pero en la actualidad la mayor preocupación es la carencia de medios materiales y de recursos humanos racionalizados. Desde mediados de los años noventa se han ido creando universidades privadas, dada las deficiencias de la pública Universidad Nacional, y la dependencia religiosa de la Universidad Católica, las dos con mayor arraigo. La pionera fue la Universidad del Norte, que alcanzó cotas de competencia aceptables con el rectorado del profesor de literatura Juan Manuel Marcos. Sin embargo, el tiempo ha arrasado las licenciaturas en letras y en artes (salvo las manuales) y actualmente la Universidad paraguaya es un gran centro de formación profesional técnica, y no un centro del saber universal. Incluso en la Universidad Nacional, dependiente del presupuesto nacional, han desaparecido buena parte de estudios humanísticos. Hemos revisado sincrónicamente el estado de la cultura paraguaya actual, y nos hemos detenido en algunas características y problemas arrastrados desde hace décadas o siglos. Y acabamos con interrogantes: ¿Hemos prestado atención y cooperación suficiente en España a alguno de estos intelectuales sumido en la oscuridad del pozo cultural paraguayo? Después de Augusto Roa Bastos, ¿hemos publicado algún autor menor de setenta años? ¿Conocemos suficientemente a Carlos Colombino o a Ticio Escobar? Si una discográfica francesa editó la música de Agustín Barrios, ¿por qué no se edita aquí también? Afortunadamente, el pozo ya no es tan profundo, pero pocos acudimos a ayudar a quienes se encuentran en su fondo. La conexión cultural hispano-paraguaya es tenue… ¡Menos mal que se conoce a Chilavert!
© José Vicente Peiró
NOTAS
1 La Central Hidroeléctrica de Itaipú costó diez veces más de lo previsto (veinte mil millones de dólares en lugar de los dos mil presupuestados inicialmente). Ver Ricardo Caballero Aquino: La tercera república paraguaya 1936-19... Asunción, El Lector, 1988.
2 Ver Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina. México, Siglo XXI, 1971.
3 Por muchas razones que se arguyan, nuestras investigaciones nos han permitido pensar en que la correlación de fuerzas de la contienda fue desigual en extremo, dado que en la actualidad sería semejante a una guerra de Austria contra Alemania, Italia y Hungría en coalición, por ejemplo.
4 En Asunción hay una barrio conocido como el Chang-Kai-Shek, con una estatua suya a la entrada.
5 Prueba máxima del Operativo Cóndor es el falso pasaporte paraguayo de los asesinos de Letelier en EE.UU.
6 En realidad, el exilio paraguayo por motivos políticos comienza con la ascensión al poder del general Morínigo y su triunfo en la guerra civil del 47, que dio paso a la definitiva ocupación del poder por parte de los colorados hasta fechas actuales.
7 Se puede consultar la Constitución paraguaya de 1992 en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com/servlet/ SirveObras/12926752680110164198513/index.htm).
8 Fue proclamado presidente el 15 de agosto de 2003.
9 El correo electrónico se está convirtiendo en el verdugo del aislacionismo paraguayo. Además de poder realizarse antologías literarias hoy día gracias a este medio en cualquier país, este medio permite la comunicación permanente y diaria entre intelectuales paraguayos y extranjeros.
10 Para examinar este polémica, ver Mar Langa Pizarro: Guido Rodríguez Alcalá en el contexto de la narrativa histórica paraguaya, Alicante, Universidad (tesis doctoral), 2001. Se puede encontrar en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: (www.cervantesvirtual.com).
11 Se puede examinar el anexo III de mi tesis doctoral para comprobar que el escritor Augusto Roa Bastos no se exilió por motivos políticos, sino personales o económicos. Su biografía oficial está llena de tergiversaciones. Se pueden encontrar copias de recortes de prensa donde se comprueba que el autor visitó Asunción en ocasiones durante su “exilio”. Una de ellas fue para dedicar un poe- ma de corte fascista titulado “Eternamente hermanos” a Stroessner y Perón, durante la toma de posesión de la presidencia de la República por parte del primero en 1954. Hasta que en 1982 el régimen dictatorial le denegó el pasaporte. El motivo fue el recelo del régimen hacia el prestigio que estaba adquiriendo en Europa, por lo que le disgustaron unas declaraciones a favor de una transición democrática. Ver José Vicente Peiró: Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995), Madrid, UNED (tesis doctoral), 2001. Esta tesis también se encuentra el portal de literatura paraguaya de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (www.cervantesvirtual.com) que dirijo.
12 Pablo NERUDA: Confieso que he vivido. Barcelona, Plaza y Janés, 1997 (4ª edición), p. 385.
13 El ñandutí es un tejido bordado en forma de tela de araña característico del folclore paraguayo. En guaraní significa “telaraña”.