Gitanos nómadas
No es fácil ser un hombre libre. Escapar a los tópicos que se le imponen. De acuerdo a su historia la contingencia gitana ha sido más triste que alegre, lo que se desprende de las históricas leyes antigitanas y los efectos padecidos por la actitud de intolerancia. La resistencia al embate de los siglos no se puede explicar si no fuera por esa creatividad que le ha permitido desarrollar el máximo de potencia de afirmación. Esto es de lo que saben los gitanos. La alegría gitana no es un tópico mas, sino inherente al gitano. Les ha sido necesario para reafirmarse en la vida.
El tópico de los tópicos no tan tópico
Ya que uno de los tópicos que mas se le atribuye al gitano es el de nómade, voy a abordar esta idea para adaptarla al pueblo gitano. Digo idea, la cual puede ser adecuada o inadecuada, intentando salir del tópico. Se trata de hacer nomadismo con el pensar: salirse de la idea tópica. Para esto me propongo acercar el concepto de “nómade” del filósofo que hizo del mismo una producción sustancial y fluida: Gilles Deleuze. Curiosamente, no toma este concepto como un movimiento entre grandes territorios. Se fundamenta en el hallazgo de Toynbee, quien muestra que los nómadas, en sentido estricto, en sentido geográfico, no son ni migrantes ni viajeros. Al contrario, son los que no se mueven, los que se apegan a la estepa, siguiendo una línea de fuga inmóvil. Porque las fugas pueden hacerse sobre el terreno en un viaje inmóvil. Deleuze lo llama “huir”. Que no es lo mismo que viajar. Ni siquiera moverse. Tampoco significa evadirse en lo imaginario, o quedarse pegado a la ilusión. Al contrario, es producir lo real, crear vida. Poder salir de una contingencia triste o dolorosa, o de un encuentro desagradable. Es una “desterritorialización” que es relativa mientras atañe a la relación histórica de la tierra con los territorios. Que se esbozan o esfuman. A su relación geológica con eras y catástrofes. A su relación astronómica, con el cosmos y el sistema estelar del cual forma parte. Pero absoluta cuando la tierra penetra en el mero plano de inmanencia de un pensamiento. La desterritorialización dentro del plano de esta índole no excluye una reterritorialización, pero la plantea como creación de una tierra nueva futura. Esto es lo que ha hecho el pueblo gitano, huir de una vida de esclavo, yo diría: huir de una vida de sujeto.
Suerte y destino en la rueda de la fortuna
Miguel Mendiola, ingeniero gitano de origen español que trabaja como técnico de asuntos sociales para el gobierno del estado de California, considera al gitano como “existencialista” en cuanto cree que el hombre es responsable de sus propias acciones y “pragmático” en cuanto que reconoce que no todas esas acciones pueden controlarse como él quisiera y que tiene que adaptarse a las circunstancias. El gitano es un forjador de causalidades y casualidades. Mendiola representa la antigua noción de causa y efecto bajo la cual funciona el mundo occidental en una función matemática como y = f(x). Siguiendo su reflexión vemos como la “y” representa el destino y la “x” la suma de las circunstancias propias y ajenas ya determinadas. Resulta que la “y” no es tan variable, sino que está también determinada. Esa “x” que determina su destino es una equis gadyi (payo, no gitano). El gitano, según Mendiola, rechaza esa noción.
Esta es una ecuación que resulta muy antipática porque el destino gitano queda sujeto a las determinaciones payas. El gitano con su destino contingente necesita de un arma para combatir esa ecuación tan enojosa. No es de sorprender que la palabra suerte sea fundamental en su vocabulario. Es la suerte la que puede cambiar su destino para no estar sujeto a las determinaciones payas. Tampoco es extraño en ese sentido que los gitanos eviten a los payos, o abrirse de ellos. Si no puede, se adapta momentáneamente y, tan pronto como es posible, se pira, se mueve, se sale de la circunstancia (M.Mendiola, Una diferencia alegre). El gitano reconoce la causalidad pero trata de cambiarla para evitar sus efectos. Incluso en su creencia supersticiosa el gitano es práctico: No cree con fe absoluta en la mala suerte que un determinado objeto, palabra o acción puedan acarrearle, pero por si acaso los evita (idem).
El trazado de esta función y el arma para combatirla nos permite ver cierto grado de rechazo y resistencia gitana. En este sentido, las determinaciones payas no son sólo modificables por la suerte. Incluso si se le agrega una pragmática o un poco de vivencia; alegría, cante y baile.
Aplicado a lo anterior, volvemos al concepto deleuziano de nomadismo: Moverse de la circunstancia desgraciada, infeliz o triste, para esquivarla o evitarla. Hay más que suerte en la forma de perseverar del gitano, de vivir frente a lo desgraciado, a las determinaciones payas desde las que son simplemente antipáticas a las más siniestras. Como dice Mendiola bellamente, forjador de causalidades y casualidades. Hay más que buena o mala fortuna. Hay acción. Es un movimiento que es todo un arte. Aunque el nomadismo puede ser sin tan solo moverse. Un movimiento que puede realizarse dentro de situaciones, circunstancias y terrenos familiares. Una huida, una fuga. De eso se trata el movimiento nómade. No es un desplazamiento, sino que es una huida inmanente hacia lo intenso. No se trata tampoco de porque bailan, o porque hacen música, sino que se hace absolutamente necesario.
Utilizar estos conceptos filosóficos tan fluidos permite entender lo real indiscernible. Fluidez que se parece entender con el movimiento de la vida interior de las cosas y permite oír como resuena la realidad. Nos sumerge en su movimiento y en su música. Eso que desborda cualquier función posible. Permiten plegarse y desplegarse (Leibniz). La filosofía comenzó por la música. Se despliega y pliega en la realidad para dejarnos oír las infinitas intensidades y vibraciones que habitan en la naturaleza. Para no perder ese trozo de realidad virtual necesario para explicar la potencia gitana en el embate. Lo virtual-actual del gitano Sin embargo hay que distinguir y no confundir el nomadismo con el éxodo. Este último ha sido impuesto mayormente por las circunstancias. No es que los gitanos se desplazaban de un país a otro por su espíritu aventurero. La mayor de las veces se trataba de una “emigración necesaria” e incluso “obligada” por decretos reales, como ha sido en el caso de España. Porque solo cuando se establecen en un país los gitanos practican un verdadero nomadismo, moviéndose de una región a otra. Moviéndose de una circunstancia. La buena suerte se busca, la mala suerte se evita. Buscando los buenos encuentros y evitando los malos, dirá Deleuze, siguiendo en este sentido la naturaleza humana por la ruta estoico-spinoceana. Persecuciones, rechazos y exclusiones. Pero aun, como todo hombre, siervo de la imaginación al que las cosas se le aparecen como contingentes y libres de favorecerle o perjudicarle dentro de ese orden, la idea de fortuna ya no funciona porque no queda más que las dos caras de la suerte. ¿Y entonces, lo echamos a suertes o producimos lo real?
¿Como conciliar azar-destino?
No se puede eliminar el carácter fortuito de los encuentros, sean éstos felices o desafortunados, con las cosas y las personas. No hay nada raro en esto. Forma parte de la física estoica. Los estoicos hablan de destino (heirmoeméne): un cuerpo tiene ciertos poderes de actuar y padecer, es su destino. Pero en la dinámica del obrar y padecer de un cuerpo interviene el azar.
En el amor fati (amor al destino), los estoicos basan la ética del acontecimiento. Depende del azar de los encuentros con otros cuerpos exteriores: cada encuentro realiza o actualiza un poder de afectar o ser afectado (Brehier). En cada tirada de dados, se produce algo nuevo. Hay múltiples combinaciones. En la línea de Deleuze las cosas chocan contingentemente unas con otras: un sinsentido general en que los encuentros contingentes generan efectos locales de sentido a fin de comprender qué quiere decir lo subjetivo. Subjetividad que se constituye con el goce. Lo virtual es lo que puede. Y se actualiza en lo real. Produce realidad. Vida. Y el gitano se afirma a la vida como el nómada a la estepa. Cuando lo virtual se actualiza en lo que puede (“nadie sabe lo que puede un cuerpo”) en ese actualizar aparece lo nuevo (el acontecimiento) y hay un excedente: de creación, de invención. La pragmática gitana de resistencia y de vida basada en el arte: baile, la música, el cante es un movimiento nómade de acción para salirse de la circunstancia desgraciada, de la contingencia triste. Aceptar lo que sucede, estar a la altura del azar y sacar provecho de las contrariedades. No significa resignación. La huida del nómada es una acción. Son esas intensidades alegres o dolorosas que frente al dolor, las catástrofes y las desgracias, afirman al gitano a la vida. No sería posible la vida de otra forma. ¿Cómo se podría salir de otro modo? Ha sido el pasaporte gitano para transformarse en potencia resistente frente a los genocidios y etnocidios. Ya se sabe que el tormento ajeno es la alegría de los infelices.
El imperio de intensidad
El arte gitano: la música, el baile, el canto, no pueden darse si no es en fuga. Creando bloques de emoción. Empujados al límite de lo que sucede. Percusiones compuestas de ritmos para bailar y cantar. Y en la historia Universal de la contingencia, donde se producen los encuentros, el cine se encuentra con la música. Kusturica1 y Gatlif2, músicos ambos dos, se encontraron “con” lo gitano en la zona de lo indiscernible. Los personajes quedan suspendidos en una frontera interior. Nómadas sí, pero moviéndose en la pura intensidad. Más que de la imagen una resonancia musical. Creando nuevas maneras de sentir. Cine-música-arte-vida, forzando el límite de los encuentros azarosos. Destino.
Frente a los horrores pocas cosas conmueven. El cine de Kusturica, en medio de la tragedia y la hipocresía, resquebraja el sentido. Esas instantáneas postales de intensidad donde la imagen y la música se mezclan hasta dar efecto de una misma sustancia. Los fervorosos por la música tienen esa capacidad, ese poder de transformar lo trágico en bello. Llegar al fondo cara a cara con lo siniestro y salir vivos. Con música y baile. Si los gitanos han sido a menudo objeto de odio, temor e incomprensión a la vez gozan de gran prestigio en el mundo de la música, de orígenes ancestrales, ritmos y percusiones destinados a acompañar el canto y la danza. Han ido incorporando ritmos por donde transitaban. Anexando a su paso las intensidades rítmicas de cada trozo de tierra inmóvil. Un imperio de intensidad. ¿Los antiglobalización los acusaran de imperialistas?
Tiempo y devenir de gitanos
La dureé bergsoniana. Cuando Bergson dice que entre dos instantes, por muy próximos que estén, siempre hay tiempo, sigue sin salir del ámbito de las funciones. Lo que sucede de un punto a otro de un instante es el acontecimiento. Entretiempo que se superpone entre los tiempos que se suceden. Actualiza una realidad distinta. Deleuze lo llama devenir. Los sonidos devienen hasta el límite de lo que puede el alma o lo que puede el cuerpo. Los sonidos no sólo se oyen, tienen ciertas cualidades afectivas dentro del orden de la sensación.
El destino une al judío y al gitano de la catástrofe nazi. Una película, El tren de la vida3, produce un encuentro virtual en la misma contingencia: huir de la muerte. La música forma parte del encuentro y la huida. Liberando la música que les permite mantenerse cuerdos. Goran Bregovic4 es el responsable. Nuevamente Bregovic, el mismo que se mezclaba con el punky Kusturica Tiempo de gitanos, Underground. El tren que huye de la muerte es la salvación, es la liberación Cineastas-músicos-personajes participan de un encuentro con el destino. Afecto inorgánico. Pura intensidad. El Kusturica subyugado por lo gitano va hacia un encuentro de intensidades afectivas que se combinan con él. En Underground (1995) Kusturica-Bregovic contaron con la una banda de músicos gitanos. En Tiempo de gitanos los aspectos más perturbadores son relatados en término de destino (tráfico de mendicidad e incluso tráfico de niños), y llevados en esos bloques de sensación-emoción que no se puede dejar de amar el destino de su protagonista. Perham se transforma en un personaje querido que repugnaría a la razón moral. Kusturica hace que la fuerza de sus películas afecten de tal modo que no haya otra posibilidad que experimentar el amor fati estoico. Nos introduce en la posibilidad de un encuentro afectivo mas allá del bien el mal. Un Perham que se vuelve codicioso. Ese es su destino. El de este gitano de Rumania y sus azarosas circunstancias. Si hubiera nacido en otro contexto, podría conducir una empresa. Y hacer otro tipo de cosas turbias. Kusturica, seducido por las situaciones insólitas, originales e inverosímiles de los gitanos, incluyendo historias de la propia realidad como la de una boda que debe aplazarse por el fallecimiento del abuelo. Pero alguien decide esconder el cadáver y posponer la noticia. Finalmente la boda se celebra.
Es curioso que tanto Gatliff como Kusturica tejen tramas narrativas que seden ante la intensidad de cada escena, donde lo importante no es su sentido sino los bloques de afecto-emoción. Sólo desde ahí se entienden estos personajes que se aman. En este tipo de películas la música no está subordinada a la imagen. Se escapa, la desborda. Se insubordina. Llevando la imagen a un torrente. A los confines del ritmo intenso.
El cineasta Tony Gatlif se introduce en el mundo, en la intensidad gitana una y otra vez. En Gadjo Dilo (extranjero loco, en romaní) se desarrolla una historia sencilla y emotiva donde el sentido se redescubre a cada instante en la intensidad de cada escena.
Es invierno en Rumania. Stephane, un joven francés, sigue una ruta buscando a una cantante gitana; el camino lo lleva a la intensidad de la cotidianeidad de un asentamiento gitano: las relaciones con los gadjos, las fiestas, la tristeza, las alegrías, las costumbres, la música, el baile y la trama social que envuelve a esta comunidad y mucha historia de desprecio y prejuicios. Isidro, jefe de familia de la comunidad y Sabina, une el mundo de Stephane al de los suyos. Stephane deviene gitano. Al final de la ruta, cuando deja la comunidad, vuelve por el camino que comenzó. Pero ya no es el mismo.
Final
El gitano, aunque necesariamente esté sujeto a determinaciones y a encuentros buenos o malos como todo humano, sigue el orden común de su naturaleza y se acomoda a lo que ésta le exige. En su propia relación y en relación con lo otro.
Percibimos, pero desconocemos, las causas simultáneas que intervienen en esa percepción (Spinoza5). La causa indeterminable a que se atribuyen los sucesos malos o buenos es lo que se da en llamar fortuna: las dos caras de la suerte. Ya que difícilmente la fortuna sea siempre favorable, se sale de los sucesos de la fortuna (los que no caen bajo nuestra potestad, o sea no se sigue de nuestra naturaleza). Se depende del azar, de los encuentros con otros cuerpos exteriores: cada encuentro que realiza o actualiza. El gitano es nómada en cuanto a que sale de la circunstancia desgraciada, de la contingencia triste, produciendo lo real.
Favoreciendo a los buenos encuentros. Afirmando la vida ante las catástrofes y las desgracias. Cierto que siempre habrá inquisidores que lo intenten impedir. Ser nómade frente al dolor no es nada fácil. Pero para el gitano le supuso y supone un buen pasaporte a una mayor potencia y alegría. Es eso que fascina a estos cineastas-músicos que devienen gitanos: el imperio de la intensidad. Sin hundirse en el caos.
NOTAS
1 Emir Kusturica, Guernica (1977), Do you remember Dolly Bell? (1981), Tiempo de gitanos (1989), Arizona Dream (1993), Underground (1995), Gato Negro, Gato Blanco (1998)
2 Tony Gatlif: “La Tête en ruines” (1975), “La Terre au Ventre” (1978), “Canta Gitano” (1981), “Corte Gitano” (1982), “La Rue du Depart” (1985), “Pleure pas my love” (1988), “Gaspard et Robinson” (1990), “Latcho Drom” (1993), “Mondo” (1994), “Gadjo Dilo”(1997), “Je suis né d’ne cicogne” (1999), “Vengo” (2000).
3 Radu Mihaileanu, Train de vie, Francia, Bélgica, Holanda / Año 1998
4 El músico Goran Bregovic, el mismo que hizo la música que conformara la dupla alquimica con Kusturica en Tiempo de gitanos, en Underground
5 La fortuna es la ignorancia de las causas simultáneas con la percepción de algo. Spinoza, Ética
© Claudia Korz
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