Introducción
El pensamiento feminista ha dejado, desde hace mucho, de ser exclusivamente un voluntarismo o una militancia para convertirse en una disciplina con una genealogía, una historia, unos textos fundacionales, un cuerpo de doctrina y toda una serie de corrientes bien diferenciadas en sus componentes ideológicos y su geografía específica, amén de impregnar campos colindantes como puedan ser la crítica literaria, la historiografía, la crítica artística, la filosofía de la ciencia o la crítica cinematográfica. No pretendemos, pues, en este número, dar cuenta de tan vasto panorama, sino hacer una incursión en las más actuales tendencias. Sirvan estas líneas para pergeñar una aproximación terminológica y acotar el espacio que los autores invitados por Debats van a ir desbrozando. Partiendo de que toda clasificación histórica resulta necesariamente simplificadora y de que la secuenciación rara vez suscita la unanimidad, creo conveniente apuntar una periodización, con la nomenclatura más habitualmente aceptada y las obras más significativas, cosa que nos permitirá valorar el momento presente. Podríamos concordar en que el feminismo teórico arranca no solo de actuaciones pioneras, sino de aportaciones discursivas explícitas que van enunciando un necesario paso hacia la visibilidad de las mujeres y su denuncia de la misoginia. En este sentido, cabría resaltar, a modo de ejemplo, a algunas precursoras como fueron Christine de Pizán (S. XIV-XV) o Marie de Gournay (S. XVI-XVII).
No obstante, el primer feminismo nace con el espíritu ilustrado que manifiesta el deseo de igualdad y emancipación. Así, en el S. XVIII, encontramos figuras como Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft. El movimiento sufragista primero y los ideales del socialismo después fueron los escenarios en los que aparecen nombres decisivos. S. XIX: Claire Demar, Flora Tristan, Harriet Taylor-Mil... Finales del S. XIX-principios del XX: Concepción Arenal, Lou Andreas-Salomé, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai...
La publicación en 1949 de El segundo sexo, por Simone de Beauvoir, representó un salto cualitativo en la consolidación de la teoría feminista. Posteriormente a ello, el panorama se hace más complejo con múltiples autoras y tendencias. La consecución generalizada del voto femenino abre toda una profundización en la búsqueda de la equiparación más allá de la mera igualdad formal; surge asi la segunda ola del feminismo, también llamada neofeminismo, que se desarrolla en los años 60-70 del siglo XX. Pensadoras, obras y momentos emblemáticos son Betty Friedan (La mística de la feminidad, 1963), Kate Millet (Política sexual, 1969), Juliet Mitchel (Psicoanálisis y feminismo, 1972), creación del NOW (Organización Nacional para las mujeres) y del Women's Liberation Movement, surgidos en la segunda mitad de los 60.
Las exigencias de reconocimiento van haciéndose más globales dando paso a un feminismo radical, que comporta un rechazo total del sistema patriarcal y en muchos casos una segregación del varón. Recordemos las propuestas de autoras como Valerie Solanas (Manifiesto SCUM, 1967), Shulamith Firestone (La dialéctica del sexo, 1970), Carla Lonzi (Escupamos sobre Hegel, 1970), Germaine Greer (La mujer eunuco, 1971), Evelyn Reed, Lidia Falcón... Dos tendencias van adquiriendo cuerpo. En primer lugar, el feminismo de la diferencia, que, partiendo de la diferencia sexual, busca profundizar en la esencia femenina; su plasmación geográfica europea nos ofrece pensadoras como Luisa Muraro, Rosi Braidotti (Italia), Luce Irigaray, Hélène Cixous (Francia) o Victoria Sendón de León y Milagros Rivera Garretas (España). Esta corriente tiene claras concomitancias con el feminismo cultural norteamericano que, coetáneo y muchas veces anterior, situó en el siguiente apartado, por haber sido el magma de formación del feminismo de tercera ola, cuyo mayor desarrollo se encuentra en los Estados Unidos. Frente a ello, el feminismo de la igualdad denunciará que toda esencia femenina es una creación del Patriarcado, por lo que, si no queremos caer en las trampas del "eterno femenino", debemos luchar por la consolidación de espacios de reconocimiento en pie de igualdad con los varones. Estos planteamientos beben en las fuentes del socialismo teórico, y una de sus concreciones últimas es la lucha por la paridad. En un sentido amplio, podemos calificar como feministas de la igualdad a Iris Young, Zillah Eisenstein, Nancy Fraser, Seyla Benhabib, Christine Delphy, Celia Amorós, Amelia Valcárcel... La tercera ola del feminismo, años 80-90 del siglo XX, arranca de los planteamientos del feminismo cultural: Mary Daly (ecofeminismo), Adrienne Rich (feminismo lesbiano), teniendo un punto de inflexión en los debates en torno a la pornografía protagonizados en su lucha contra ella por Andrea Dworkin y la posterior configuración de un feminismo contra la censura defendido por Carole Vance y Ann Snitow.
En la tercera ola, encontramos un rechazo frente a planteamientos consolidados en el feminismo de los setenta, que será considerado como monolítico, elitista y poco abierto a la pluralidad cultural, racional y sexual. Será este nuevo protagonismo de las mujeres negras, chicanas, lesbianas, de los transexuales,el que dará dinamismo al movimiento. Por otro lado, a las corrientes teóricas radicales, marxistas, socialistas, etc. se unen ahora las aportaciones del postestructuralismo. Encontramos así un feminismo postmoderno, postcolonial..., Linda Nicholson, Gayatry Spivak... A menudo, al feminismo de tercera ola, por sus planteamientos críticos frente al feminismo anterior y su apuesta por la deconstrucción de los conceptos de género, raza, sujeto, identidad... se le ha denominado postfeminismo. Sin embargo, a mi modo de ver, esta denominación debería reservarse no para formas de feminismo cultural, claramente esencialista y con claras similitudes con el feminismo de la diferencia continental,sino para aquellas tendencias que, arrancando de la crítica postestructuralista, apuestan por la deconstrucción, y así tendriamos un panorama de las últimas tendencias que, iniciadas en los noventa, protagonizan nuestra actualidad.
¿Cuarta ola, postfeminismo? S. XXI. Feminismo queer: Judith Butler, Eve Kosoksky Sedgwick. Ciberfeminismo: Donna Haraway, VNS Matrix, Faith Wilding, Sadie Plant, Guerrilla Grrls. Feminismo transexual: Sandy Stone. Plantearse hoy cuales son los caminos del feminismo implica enfrentarse a un panorama múltiple donde siguen vivas la mayor parte de las tendencias abiertas en el siglo pasado, pues no se trata de una evolución, sino de perspectivas que ahondan en diferentes direcciones una misma problemática. Resta por seguir estudiando las aportaciones de tantas teóricas cuyas producciones no han logrado un reconocimiento parejo al del saber académico, reformular la historia de las disciplinas y la historia en general incorporando la presencia de la mujer. Quizás algunas proclamas del feminismo radical de los sesenta hayan envejecido, por fortuna, pues ello implica también la consecución de logros. Sin embargo, siguen pendientes los retos de un feminismo de la igualdad hoy centrados en la equiparación de derechos, espacios de poder y legitimidad intelectual. No parecen tampoco prescindibles los intentos del feminismo de la diferencia por profundizar en un imaginario, un lenguaje y una genealogía propios. Los debates en torno a la mujer como sujeto del saber y agente social, como objeto de violencia y discriminación, la utilización erótica del cuerpo femenino, la identidad sexual, el posicionamiento del feminismo frente a los conceptos de género y raza, las tecnologías reproductivas, la imagen de la mujer en las diversas esferas de la cultura... siguen siendo problemáticas abiertas donde las diversas tendencias aportan perspectivas enriquecedoras.
El postfeminismo no debe entenderse como la muerte y superación del feminismo, sino como la vigencia de éste a través de las críticas postmodernas, enfrentado a innovadoras circunstancias cual puedan ser las tecnologías de la información, la ingeniería genética, las nuevas formas de comportamiento sexual, la fragmentación del cuerpo en el arte actual... El ciberfeminismo se nos aparece como un fenómeno sociológico disperso y desigual, pero que nos habla de imaginativas maneras de ejercer la presencia femenina más allá de los estereotipos dominantes en el pasado reciente. Todo un panorama de avances consolidados y presencias activas, que en este número, esperamos, contribuye a divulgar.
© Rosa María Rodríguez Magda
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