El compromiso babélico. Traducir la traducción en nuestros días. Introducción
Reflexionar sobre la traducción es hoy una necesidad inaplazable. A ello nos urgen las características de nuestra época y de nuestro mundo. No en vano, es la nuestra la era de la comunicación y de la información, los años en los que el diálogo cultural y los intercambios entre los pueblos se han vuelto tan instantáneos como obligatorios; asimismo, es nuestro mundo, paradójicamente, el primero que pregona su propia mundialización, la expansión de esa aldea global en la que el ser humano más distante, más remoto, puede ser y de hecho es nuestro vecino, nuestro oyente, nuestro interlocutor y nuestro destinatario. Tejiendo esas redes entre la infinita diversidad de culturas y lenguas humanas, la traducción se configura como una realidad fundamental y ubicua en nuestro tiempo. Desde esta perspectiva, se hace vital plantearse la necesidad de pensar la traducción.
Pero además es importante caer en la cuenta de la posibilidad de pensar a través de la traducción, algo en lo que desde tiempos inmemoriales, y de manera destacada a partir del llamado “giro lingüístico” iniciado en el pasado siglo, han venido reparando múltiples eruditos adscritos a disciplinas tan diversas como la filosofía, la semántica, la semiología, la literatura, la teología, la sociología o la antropología, amén, por supuesto, de ámbitos de creación más reciente como los estudios poscoloniales, los estudios culturales o los estudios de traducción propiamente dichos. En todos estos campos, en efecto, la traducción se ha visto de un modo u otro como paradigma de las relaciones entre los hombres, cuando no de su propia naturaleza. En este sentido, en Después de Babel, George Steiner sostiene que la traducción está en el fondo de la comunicación humana, de todo acto hermenéutico, e insinúa que sería de esperar por tanto que en último extremo subyaciera a los cimientos de cualquier inquisición filosófica acerca de la conciencia y el significado del significado. Todo es traducción, sugiere con igual contundencia Octavio Paz, sin que sea esencialmente distinta, continúa este autor en Traducción, literatura y literalidad, la operación entre dos lenguas de la que ocurre cuando un niño pregunta a su madre por el significado de una palabra, es decir, por una traducción del término que no entiende a su lenguaje. La traducción es el estado natural del hombre, afirma nuestro colaborador Lluís Duch, y gracias a ella va configurando su lugar en el mundo. Steiner, Paz y Duch no son sino tres de los numerosos pensadores que, en definitiva, han vislumbrado en la traducción una metáfora de la condición humana por cuanto tiene de inestabilidad, desplazamiento, negociación, tránsito. Y es que, etimológicamente, traducir significa trasladar; a la traducción le es consustancial, en origen, un avance, un movimiento, una evolución, un progreso.
Y, como de ello se han dado cuenta las teorías de la traducción que se enmarcan en un panorama influido por el postestructuralismo, la desconstrucción, el pensiero debole y el postmodernismo, es preciso reiterarlo porque en la esfera social primordialmente la traducción suele concebirse en términos opuestos: como reproducción fiel, como réplica exacta, como calco invariable de un original que, implícitamente, se presupone de esta manera fijo, estático, estable, inmóvil, muerto. El pensamiento desarrollado en las últimas décadas sobre la traducción se ha esforzado, efectivamente, por huir de la pesada carga que históricamente y aun en la actualidad impone la conceptualización, tan ideal como imposible, de la traducción como equivalencia total; por corregir los tropos y las expectativas vigentes que la imaginan como absoluta identidad y plena correspondencia, a lo sumo salvo por la obligada permuta de lengua y a veces incluso a pesar de ella. La traducción no es una simple resurrección del original, afirma Hans-Georg Gadamer en Verdad y método, sino una recepción del texto condicionada por la comprensión de lo que se dice en él. Traducir no se limita a transcribir lo que le da origen: entraña, comenta Walter Benjamin, otorgarle una sobrevida; comporta, dice Jacques Derrida, añadirle un suplemento; supone inyectar, asegura desde otra perspectiva George Steiner en su Errata, oxígeno en el texto y, a la par, también en la cultura que decide acogerlo en su seno.
Desde luego, hoy se impone la idea de que, lejos de ser una mera transformación lingüística, automática e inocente, la traducción se convierte y por otra parte se engrana en una intensa negociación entre las culturas, entre las diversas mentalidades, entre los distintos pueblos. La traducción es, ante todo, una vía de tráfico intercultural, una puerta de entrada de nuevas ideas, formas, movimientos, vanguardias y géneros. Está, por eso mismo, por ese potencial innovador, cuando no subversivo, que le es inherente, a un tiempo relacionada con la autoridad, en su mira y sujeta a ella. Como bien apunta Francesc Parcerisas en un artículo titulado "Poder, traducció, política", "[l]a traducció com a element imprescindible en les relacions interlingüístiques i interculturals, com a element, per tant, imprescindible en el món actual, manté un lligam molt estret amb allò que de vegades denominem els sistemes de poder i amb les maneres com aquests sistemes de poder actuen, és a dir, amb les seves polítiques". De ahí que, frente al discurso histórico sobre la traducción, fundamentalmente preocupado por juzgar la (im)precisión lingüística del traductor y sus (des)aciertos, quepa y urja reivindicar la traducción en términos de macropolítica cultural, como importantísima instancia en la construcción de las sociedades, en la medida en que fomenta su consolidación o su cambio al exponer, de una cierta manera, una comunidad a otras realidades. Y es importante subrayar la idea de que traducir no es transmitir el texto o la cultura originales, sino hacerlos llegar de una cierta manera, y no de otras. Nunca se traduce sin más, dice Theo Hermans, sino que se traduce siempre en un momento y una cultura particulares, y en función de las que se perciben como sus necesidades y circunstancias, desde una posición de sujeto precisa, con un tipo de lector en mente, a partir de una disposición hacia la cultura y el texto originales concreta, contextualizada, y con una intención y unas miras determinadas. La traducción no se produce en un vacío; está-en-el-mundo, de hecho se le exige que responda ante él, y en todo caso inexorablemente contribuye a su constante recomposición.
Los artículos recopilados en este volumen abordan, desde diversos enfoques, los temas expuestos. Pilar Elena traza una breve historia del pensamiento en torno a la traducción. A través de un recorrido por las fluctuaciones sufridas por la definición y las exigencias de la traducción en las diversas épocas, esta autora nos recuerda la relatividad histórica de la actividad que nos ocupa. Estas visibles oscilaciones no son, por otra parte, sino prueba de la tesis que argumenta Lluís Duch, quien insta a concebir la traducción como estructura antropológica básica del ser humano. Según Duch, éste vive, asimila y obra el cambio porque traduce. Las diferentes concepciones de la traducción en las distintas culturas y a lo largo de las diferentes épocas pueden interpretarse, desde esta perspectiva, como un reflejo de la necesidad que sienten las comunidades humanas de modificar y adecuar sus convenciones, estructuras e instituciones, hasta el punto de precisar traducirse la traducción misma. M. del Rosario Martín, por su parte, lo ilustra en el terreno concreto de la traducción bíblica, donde en los últimos tiempos también se observa la influencia de tendencias post-estructuralistas y desconstructivistas. En su artículo, en efecto, contrapone las exigencias históricas que han marcado la traducción bíblica en un paradigma metafísico con la revisión que reivindican y suponen ciertas versiones “inclusivas” de los textos sagrados, recelosas de los antiguos modelos universalistas.
Si para Duch la traducción constituye una característica fundamental de todo ser humano, para Dora Sales es paradigmáticamente inherente a las experiencias y a las escrituras transculturales, híbridas, de quienes funden en sí diversas culturas, discursos y lenguas, tan en alza en nuestro tiempo global. Nos urge Sales, de todos modos, a recapacitar no sólo sobre lo que estas vidas y obras por naturaleza “traducidas” tienen de unión y conciliación, sino también sobre el trasfondo de conflicto, de negociación, de hegemonía y subordinación en el que se gestan. La traducción no es nunca gratuita, y en la era global, a la par que lo muestra, apuntala o combate la desigual situación de globalizadores y globalizados, o la posibilidad de crear espacios de resistencia.
Precauciones semejantes nos hace Jesús Torres del Rey en su artículo “Ciberb@belia”, donde relaciona íntimamente la traducción con nuestra sociedad virtual. Internet es, para este autor, un nuevo babel; un mito, por lo tanto. Y, según Torres, es en ocasiones, aunque por distintos motivos, tan cegador como el primigenio. Como Sales en su ámbito, Jesús Torres apremia a mirar nuestra cultura de internet actual con ojos críticos, a ser conscientes de las mediaciones y manipulaciones que, aun invisibles, comporta un caudal cultural que en esencia es traducción o que, en todo caso, está necesitado de ella.
Y es que, como sugiere el artículo que elabora Rosemary Arrojo de la mano de Borges y desde una perspectiva postestructuralista, se hace preciso repensar la definición y las implicaciones de la traducción; una empresa inseparablemente unida a la revisión, que en su artículo acomete esta autora, de otras nociones fundamentales aparejadas a este fenómeno, como son “original”, “autor”, “escritura”, “lengua”, “lectura”, “interpretación”, “sentido”, “fidelidad”, “equivalencia” o simplemente “texto”. En una época en la que, ya lo hemos dicho, la traducción es ubicua, urge entender lo que hay en juego.
Si esto es cierto en todo momento, con más razón si cabe lo será en un contexto poscolonial como el que nos presenta Tejaswini Niranjana. En su artículo, esta autora explora la situación y el futuro del feminismo en La India, vertebrados ambos en torno a la traducción. No en vano, para Niranjana la traducción deriva en una doble vertiente: por un lado, como muestran sus “escenas de traducción”, es reflejo de una situación en la que rige una trama asimétrica de relaciones de poder; por otro, constituye asimismo un espacio a partir del cual reformarla.
La traducción contribuye en el diseño del futuro en la medida en que colabora en la construcción de nuevos conceptos y formulaciones políticas y en la formación de sujetos con capacidad de agencia. Como se comprueba en los artículos recogidos en este volumen, son diversísimos los enfoques que actualmente ayudan a pensar (desde) la traducción. Ni que decir tiene, estos ensayos constituyen una limitadísima representación del cada vez más fructífero campo de los estudios de traducción, en pleno auge en la esfera internacional y de manera especial en nuestro espacio cultural, donde la creación de facultades, departamentos y programas universitarios específicos relacionados con la traducción ha alentado en los últimos años un gran caudal bibliográfico e investigador. A pesar de que en el espacio de que disponemos se hace imposible darles a todos voz, no podemos dejar de acordarnos de la importante labor de autores tan importantes como Theo Hermans, Susan Bassnett, Edwin Gentzler, Mona Baker, Maria Tymoczko, José Lambert, Yves Gambier, Gideon Toury, Gayatri Spivak o Lawrence Venuti. Como los de éstos, los ensayos de nuestros colaboradores constituyen, a nuestro modo de ver, valiosas aportaciones para revisar nuestras creencias y expectativas en torno a esta actividad esencial y para idear nuevas formas de reflexionar, de actuar a través y a partir de ella. Se trata, en definitiva, de seguir traduciendo la traducción a sabiendas de que nunca estaremos ante la versión definitiva.
REFERENCIAS
Benjamin, Walter: "La labor del traductor" [1923], en Dámaso López García (ed.), Teorías de la traducción. Antología de textos, Cuenca, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha/ Escuela de Traductores de Toledo, 1996, págs. 335-347.
Duch, Lluís: Mito, interpretación y cultura, Barcelona, Herder, [1995/ 1996], 1998. Trad.: Francesca Babí i Poca y Domingo Cía Lamana.
Gadamer, Hans-Georg: Verdad y método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica, vol. I, Salamanca, Sígueme, [1975] 1984. Trad.: Ana Agud y Rafael Agapito. Hermans, Theo: Translation's Other (Inaugural Lecture), Londres, University College London, 1996.
Parcerisas, Francesc: "Poder, traducció, política" (Lliçó inaugural del curs acadèmic 1998-99 de la Facultat de Traducció i Interpretació), Barcelona, Universitat Pompeu Fabra, 1998.
Paz, Octavio: Traducción, literatura y literalidad, Barcelona, Tusquets, [1971] 1981.
Steiner, George: After Babel. As-pects of Language and Translation, Nueva York, Oxford University Press, [1975] 1976. [Hay versión española: Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción, Madrid, FCE, 1981. Trad.: Adolfo Castañón.]
Errata. Examen de una vida, Barcelona, Siruela, 1990. Trad.: Catalina Martínez Muñoz.
África Vidal Claramonte
Catedrática de Traducción en la Universidad de Salamanca. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre crítica literaria, arte, filosofía y traducción, entre los que destacan Traducción, manipulación, desconstrucción (Colegio de España, 1995), El futuro de la traducción (Institució Alfons el Magnànim, 1998), En los límites de la traducción: aplicaciones desconstructivistas (Comares, 2001), o el volumen Translation/Power/Subversion, editado en colaboración con Román Álvarez (Multilingual Matters, 1996).
Anne Barr
Profesora de Traducción en la Universidad de Salamanca y traductora profesional en el campo del arte, la fotografía y la filosofía. Ha coeditado en colaboración con M. Rosario Martín y Jesús Torres del Rey el volumen titulado Últimas corrientes en los estudios de traducción y sus aplicaciones (Ediciones Universidad de Salamanca, 2001).
M Rosario Martín Ruano
Doctora en Traducción por la Universidad de Salamanca y profesora de traducción del C.E.S. "Felipe II (Universidad Complutense) de Aranjuez. Ha publicado diversos libros y artículos en torno a la traducción, la posmodernidad, el post-estructuralismo y los estudios culturales, entre los que destacan A propósito de lo políticamente correcto (Institució Alfons el Magnànim, 1999), Traducción y corrección política (Ediciones Universidad de Salamanca, 2001) o la coedición de Últimas corrientes en los estudios de traducción y sus aplicaciones (Ediciones Universidad de Salamanca, 2001).
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